2. El secreto del corazón de un brujo. #4
Ante la forma en que su rostro cambia tras hablar del rey.
Su apariencia es la de un gran guerrero, pero yo puedo ver su fragilidad en la forma en la que cuenta sus recuerdos y observa el cuadro.
O incluso en la manera en la que necesitaba que sus labios y los míos se uniesen.
Eso me resulta más intrigante aún. Más fascinante.
Parece que Draegor y sus historias han sido importantes para él, sus ojos se apartan emocionados. Pero sobre la bruja…
—¿Qué piensas tú sobre la historia de Hécate? —sujeto las manos al frente al desenvainar una sonrisa.
—¿Yo? —Azohr estira la frente cuando recibe mi pregunta—. Creo que solo se trata de una historia triste sobre los brujos encerrados en la fortaleza.
—Los que poseen la magia negra… —Maren está al bulto y a la conversación.
—Leí que fueron encerrados cerca del castillo de Carsley, en la fortaleza de Borh —llevo la mirada pesada hacia los ventanales—. Es una triste y sangrienta historia.
Observar desde aquí el trabajo de los brujos me recuerda a mis despertares. Estas hermosas vistas son capaces de hacerme sentir parte de este sitio, y eso es algo que todavía no pude sentir en mi propio hogar.
—Por eso pagan su condena —la mirada del teniente tiembla.
—Una condena larga… —inflo el pecho—. ¿No lo crees así?
—Tanto que ya solo existen canciones para recordarla —asiente.
—¿Y Hécate? —aparto la cortina para ver mejor los detalles de las tierras—. ¿Ella no tenía familia? Algún objeto o escrito…
Devuelvo la mirada al teniente antes de colocar ese hermoso cuadro en el centro de mi campo de visión.
—¿Y si realmente existió y ese rey no estaba loco? —recorro el cuadro de principio a fin.
—No hay ninguna información sobre ella en el reino. Ni siquiera encontramos restos en la necrópolis —Azohr se encoge de hombros.
Maren tira de la tela que recubre el bulto una y otra vez en vano.
Río al ser testigo de su torpeza. En ocasiones se tensa tanto que parece que cederá, pero debe estar bien amarrada para que eso no suceda.
Azohr observa la escena con una sonrisa contenida entre los dientes.
Se acerca sacudiendo la cabeza en un gesto de negativa.
Desata la cuerda de un gancho engastado al suelo, estira los brazos para impedir que se resbale e impacte de golpe contra la madera.
Maren separa los ojos. Retrocede despacio.
Su rostro transforma la curiosidad por el pánico cuando la figura de un imponente animal se postra ante ella.
Debe de medir más de dos metros de altura.
Sus garras afiladas brillan por la capa de barniz que las cubren.
Yo también observo ojiplática. Camino fascinada por la mezcla de colores blancos que forman los tonos de su pelaje por la luz que traspasa el ventanal más cercano.
Desde lo inmaculado cuando la poca claridad que entra choca de lleno con un lado de la criatura, hasta el grisáceo o cremoso a medida que va escondiéndose de los rayos del sol.
—Es solo un oso fantasma disecado de los reinos nevados de Avka. Un trofeo de Ebhan de tiempos pasados —el teniente amplía la sonrisa ahora que ella palidece.
—Pero… —Maren niega horrorizada—. ¿Por qué tenéis esto aquí? —contempla el animal—. En Ravenbell tenemos jarrones decorando las esquinas.
—Al príncipe le gusta mucho visitar Avka y tiene fascinación por todas sus criaturas —Azohr se acerca al oso. Agarra la tela para colocarla de nuevo sobre él—. Este oso estaba enfermo e iba a morir, así que Ebhan decidió quedárselo como recuerdo.
—Un recuerdo maravilloso, si me permites —acaricio el pelaje antes de que la tela lo cubra por completo. Cierro los ojos cuando siento la suavidad impropia de una bestia.
—¿Maravilloso? —Maren me mira atónita.
Pasea por la habitación con el gesto descompuesto.
—Desde luego que sí —afirma el teniente mientras ajusta la cuerda al gancho—. Traerlo fue mucho más complicado de lo que podrías imaginar.
—¿Podemos utilizar el sentido común? —Maren se lleva las manos a la cabeza.
—¿Cuántas veces has tenido la oportunidad de ver a un animal tan bello como este? —uno mi mano con la del oso por encima de la tela. Las comparo—. Si pudiera respirar, no serviría que entendiera mi súplica.
—Ninguna salvo esta —Maren se sujeta las manos al frente en forma de súplica a modo de demostración.—. Gracias a los dioses.
—¿Hablas con los animales de Avka? —Azohr detiene su mirada sobre la mía al recuperar la postura.
—Entiendo la lengua madre de todos —asiento, todavía fascinada por este animal.
—Es mucho más impresionante verlos en persona —Azohr sacude las manos cuando termina—. Me encantaría saber qué quiere decirme cuando ruge.
—¿Qué eres un buen aperitivo? —Maren eleva las cejas de forma traviesa.
Jamás hubiese imaginado que desearía con tanta fuerza escuchar el sonido de un oso hasta ahora.
Habiendo descansado ya lo suficiente, y después de tomarme esa copa intragable, vamos hacia el exterior del castillo.
Por alguna razón ya no consigo sentirme tan preocupada por Tien como antes.
Quizás han conseguido tranquilizarme con eso de que las hadas no mueren por una herida en la cabeza.
Las puertas se abren y la luz impacta sobre nosotros.
Caminamos por el estrecho pasillo de vuelta al suelo de la colina.
Después de cruzar el puente, el teniente se dirige hacia una pendiente de hierba verde intensa que dirige al campo de fénixes donde los brujos entrenan el vuelo con ellos.
—Debo buscar a Hai para partir, yo tengo que valerme de sus alas —Azohr sonríe sobre el hombro antes de alejarse.
La explanada está llena de vegetaciones variadas.
Los árboles, que parecen centenarios, apuntan directamente al cielo.
Sus praderas verdes son tan diferentes a los campos secos que se encontraban al inicio del reino...
Una montaña cubierta de nieve en su extremo superior que un grupo de fénix sobrevuela se impone al fondo.
El otro grupo se encuentra en las orillas del río que pasa justo delante afinando sus poderes con el fuego.
Hay una gran concentración de brujos en las zonas más cercanas al castillo, están divididos en secciones.
Algunas infunden energía en las rocas y las dispersan, los fénixes deben entrenar con ellas y capturar parte de sus poderes.
Otras secciones se encargan de encender con antorchas los círculos de madera envueltos en resina y aceite para que los jinetes que los montan pasen a través de ellos.
Creo que tratan de mejorar la resistencia y agilidad de ambas criaturas a la vez.
La sección más grande se encarga de los combates.
Se ha generado un cuerpo a cuerpo entre dos aves y sus pilotos.
La última sección a la izquierda, la más extensa y alejada de las montañas, practica lo que una vez leí que era la prueba del fuego del nido eterno.
A pesar de que no recuerdo exactamente como era, creo que debían imbuirse en sus propias llamas para poder resurgir de nuevo.
Podrían renacer en medio de una batalla en cuestión de segundos.
—Nunca podré hacerme a la idea de que monten en esos pájaros desmesurados —Maren se agarra a mi mano temblorosa—. Son impropios de la naturaleza.
—No debes temerlos —sigo la trayectoria de los que sobrevuelan con la mirada—. Sé todo lo que hay que saber acerca de ellos, y no atacan sin la orden de su jinete.
—No creo que para más de uno fuera un problema eso de mandarnos matar. Solo tienes que ver cómo nos mira ese grupo de ahí —Maren señala al fondo.
—Exageras, como siempre —pongo los ojos en blanco.
—Menciona que eres la hija del rey Eliot —entrecierra los ojos—. Todos vendrán a por nosotros y nos convertirán en abono para el reino.
En la sección derecha hacia el norte, unos fénixes y sus jinetes nos miran con firmeza.
Para ellos no somos más que criaturas objeto de su curiosidad, como lo son ellos para nosotros.
Yo no les temo. Cerca, hacia la sección centro, Azohr ha detenido su paso hace cuestión de segundos.
Se encuentra con un grupo de brujos que parecen ser cercanos a él por la forma en la que hablan.
Un brujo alto y atlético, con el cabello pelirrojo profundo como Maren, nos dirige una mirada acompañada de una sonrisa.
Es el único que parece amable. Después de intercambiar unas palabras más, los dos inician la trayectoria de vuelta hacia nosotras.
—¿Por qué crees que el teniente trae a ese otro brujo? —Maren habla entre dientes. Me golpea el brazo con el codo—. ¿Querrá presentarte a sus amigos? —sonríe.
—No tenemos tiempo para más presentaciones —niego.
Un par de fénixes lanzan un chillido ensordecedor, despliegan un par de alas blancas para sobrevolar sobre Azohr y su acompañante.
Ellos no se estremecen, pero nosotras… Solo nos atrevemos a agacharnos y cubrirnos con las manos.
Maren tira de mí para colocarme delante de ella y desaparecer de la vista de las aves.
Veo como Azohr y su acompañante se ríen al ver como a estado a punto de hacer que toque el suelo con los labios.
Se ve que les resulta gracioso que sus mascotas nos hayan dado tremendo susto.
—Este es el coronel de brigadas, Mim —Azohr le señala con bastante cercanía—. Le conté la situación en la que se encuentra el futuro príncipe de las hadas, que era urgente llegar cuánto antes.
Azohr tuerce el cuello con una sonrisa que ocupa todo su rostro.
—Se ha ofrecido a que Maren vuele con él en Shae para acortar el trayecto —el teniente sonríe. Golpea con ligereza el pecho de Mim.
—Glorioso. Entonces podemos iniciar el vuelo ya —asiento. Asesto una mirada autoritaria sobre el teniente—. Podéis ir delante y que ella os indique el camino. Yo os seguiré detrás.
Tomo impulso para alejarme del espacio donde deben montar a su fénixes.
—Para ser una princesa… —Azohr sujeta mi brazo para detener mis pasos—, has sido bastante grosera…
—¿Grosera, dices? —arrugo el entrecejo.
Bajo la mirada hacia mi brazo y su mano alrededor de él. Lo deja caer.
—No has ofrecido tus saludos a mi coronel —Azohr insiste en perder las formas con una princesa—. ¿No te parece un gesto de poca cortesía después de ofrecerse a ayudar a tu reino?
—No es importante —sonríe Mim con labios temblorosos.
—Es importante —Azohr ni si quiera permite que sus ojos pestañeen mientras me mira.
—Gracias, coronel Mim —asiento sonriente.