Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 2. El secreto del corazón de un brujo.
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2. El secreto del corazón de un brujo.

(Eladriel)

Maren y yo pasamos los segundos que suceden a su llegada en absoluto silencio.

Absortas en el teniente como si nunca hubiéramos visto a una criatura de Néferien.

Ella podría sentirse incómoda ante su presencia por ser un ser despreciable a sus ojos, y no me resultaría extraño.

Mi padre se ha dedicado a manipular al pueblo para creerlo.

Pero, por cómo le brilla la mirada… Estoy completamente segura de que está tan fascinada con su presencia como yo.

Él no ha dejado de observarme desde que dejó el castillo atrás.

Al principio era incómoda tanta atención excesiva.

Ahora lo siento como si hubiera entre nosotros una confianza inexplicable.

Como si pudiera hablarme a través de esa mota titilante que oscila en su pupila cuando le presto la atención que aparenta necesitar.

Siento que dice más con su mirada, de lo que podría expresar con sus labios.

—Princesa —el teniente me dedica una reverencia.

Arruga el entrecejo cuando ve a Maren.

—Maren —confiesa ella señalándose con energía.

Sonríe tanto, que parece forzado.

—Disculpad —Azohr carraspea. Señala a Yeziel por encima del hombro—. Ese guardia es un bromista y olvidó comentarme ciertos detalles —lanza una mirada acusadora al guardián.

El hecho de que esté tan centrado en mí debería encender aún más mi esa desconfianza de la que siempre alardeo, pero siento tanta curiosidad por saber el motivo de su mirada insistente…

No puedo dejar de pensar en el motivo de ella.

Aunque, tal vez él se sienta de la misma forma.

Yo tampoco he podido dejar de centrarme en él desde que ha aparecido.

—¿Princesa? —Azohr da un paso al frente.

Se acerca a mí lo suficiente como para sentir que escucha lo que pienso.

—Yeziel mencionó que podías hablar, ¿también bromeaba sobre eso? —me dedica una sonrisa de chanza.

—Debe estar exhausta —niega Maren mientras coloca los brazos en jarra—. Se ha obligado a volar durante todo el camino.

—¿Cómo sabéis que soy la princesa? —rompo por fin mi silencio ignorando por completo la teoría de Maren—. Yo no logro recordaros.

—Yeziel, aparte de bromista, es observador —Azohr sonríe. Se pasa la mano por el pelo. Se aleja ese paso que lo acercó—. Dio de vos, una precisa descripción.

—Bien —asiento conforme—. Ahora que las presentaciones formales están hechas, podemos marcharnos a Eryas.

—Según me ha comentado Yeziel, necesitáis ayuda con uno de vuestros hadas —Azohr pasa la lengua por el labio inferior centrando de nuevo la vista en mí—. Pero si la señorita Maren asegura que estáis exhausta, deberíais descansar.

—Agradezco vuestra preocupación, pero no me siento con ganas de tomar descanso ahora —me fuerzo a sonreír.

—No querréis arriesgaros a que alguna de vuestras alas se rompa, ¿no es cierto? —sus cejas se elevan, pero no sé si por ironía o advertencia.

—¿Están rotas? —Maren trata de ladear el cuello para verlas.

—Tus alas están perfectas —agarro su brazo para tranquilizarla—. No podemos retrasarnos más, el camino es largo y la situación crítica.

—Creí que la princesa hada sabría qué clases de heridas terminan con los suyos —el teniente resopla bastante más alegre de lo que dicta el protocolo—. ¿Un simple golpe?

—¿Ves? —Maren señala al teniente. Me mira con los ojos entrecerrados—. Pero no. Ella tiene la manía de ser dramática y ansiosa.

—Parece que vuestro guardia bromista también olvidó mencionar que el golpe fue en la cabeza —me cruzo de brazos. Arqueo una ceja.

—Sigue siendo un simple golpe para un hada —Azohr ladea ligeramente la cabeza hacia un lado.

—He volado hasta el punto de casi perder las alas para buscar ayuda, para volver a prisa —le dedico una mirada llena de autoridad—. Dije que partiremos ahora.

—¿Os iréis sin la ayuda? —el teniente alza la barbilla. Sonríe.

—¿Disculpad? —tuerzo el cuello con asombro.

—Si acepto ir con vos, seré responsable ante vuestro padre por vuestra seguridad, y no llegaré ante el rey Eliot con el ala de su princesa en la mano —Azohr dibuja media sonrisa. Estira los párpados—. No os ayudaré si no seguís mis recomendaciones.

—Solicitaré a vuestro amable guardia que busque otro brujo que esté dispuesto a hacerlo —entrecierro los ojos desafiante.

—Yeziel no dará un paso sin mi permiso —su espalda se recoloca solo para imitar mi postura.

—¿Sabéis que las ordenes de una princesa no pueden ser rebatidas? —dejo caer los puños como exigencia.

—Estáis en mi castillo —dobla el brazo para señalar el alrededor—. ¿Sabéis que no podéis rebatir las órdenes del teniente de Brenshire estando en sus dominios?

—Nuestra visita no es de cortesía, teniente Bradosck —ruedo los ojos a la derecha. Resoplo—. No vinimos a tomar el té, vinimos por ayuda.

—Es una lástima, porque te agradarían los paisajes del reino —se encoge de hombros.

—¿Jugáis conmigo? —asevero con los labios apretados y la respiración algo acelerada—. Soy la princesa de Ravenbell.

—Yo creo recordar que ya me había presentado —Azohr inclina la cabeza hacia la izquierda con una sonrisa—. Aunque también soy el líder de los mendaveris.

—¿Quiénes? —Pregunto con pocas ganas.

—Los brujos sanadores de Brenshire —sus cejas suben y bajan sugerentes—. Sé mejor que vos lo que le conviene a vuestra ala —señala a Maren sonriente—. Y parece que ella tampoco está de acuerdo con la princesa…

—Rechazar las órdenes del teniente no está permitido, Eladriel, lo escuchaste —Maren señala a Azohr con los ojos y unas comisuras que suben tímidas—. Estamos en sus tierras, podrías crear un conflicto.

El teniente sonríe antes de señalar el castillo en un golpe sugerente de sesera. Yeziel sigue sus pasos cuando comienza a caminar para alejarse.

—Espera, no os vayáis, la salida está por… —estiro el brazo para señalarle el otro lado del camino.

Maren golpea su hombro contra el mío de forma suave. Por fin, esa sonrisa tímida sale transformada en una de satisfacción. De placer por saber que ha acertado una vez más.

—Me encanta el momento que viene a continuación —declara Maren con tono emocionado.

Eleva la frente en espera de mis palabras, pero sus ojos perciben todo lo que Azohr hace a lo lejos.

—Sí, Maren —pongo los ojos en blanco mientras afirmo—. Debo darte la razón. No sé qué haría sin ti en mi camino.

—Me encanta tu sentido de la ironía —Maren alza una ceja—. Y de la intuición… —sus ojos sorprendidos acompañan al rubor de sus mejillas—. ¿Lo has visto? Porque yo no puedo dejar de verlo.

—No puedo negar que es un teniente atractivo —cierro los labios con torpeza—. Pero… —titubeo—. ¿No es raro que me mire de esa forma tan intensa?

—Eres la princesa de Ravenbell —diría que hay retintín en la forma en que Maren cierra los ojos.

—Maren, él vive con un príncipe —curvo las cejas—. No se sorprendería al ver una princesa.

—Yo me refería a que debe conocer el odio que tu padre siente por los de su reino —Maren pone los ojos en blanco, y a mí se me abren como platos—. Al menos, ellos nos ofrecen comida y no guardias con espadas y una orden de ejecución.

—Podría ser, aunque… —inclino la cabeza para analizarlo más a fondo—. No noto maldad en la forma en que lo hace.

Trato de disimular la media sonrisa que mi comisura izquierda quiere hacer traviesa al contemplarlo.

—Es más, lo encuentro cercano —no puedo evitarlo. Dibujo media sonrisa.

—No sé, yo estoy ocupada analizando cuestiones alrededor de su armadura —ríe Maren.

Azohr se acerca. Coloca su capa por el lado derecho y mi respiración se acelera.

No tengo claro por qué me gusta lo que veo, entre otras cosas porque no debería.

Tendría que preocuparme por los dioses, pero las palabras de Maren…

Si Tien descubre esto lo interpretará como algo más.

No me conviene tenerlo de enemigo ahora que su cercanía con mi padre se ha vuelto más evidente.

—He ordenado que preparen algo rápido de comida dulce que os recomponga. Dejaremos la visita a los alrededores para otro día —se inclina el teniente.

—Insisto en que deberíamos salir ahora —carraspeo. Dedico una mirada nerviosa a Maren.

—Desde luego que sí, eso seguro que nos sentará bien —Maren sonríe de forma genuina antes de colocarse al lado del teniente de un salto.

—Maren —hundo en ella una mirada de condena.

—Si deseas volver con Tien, solo dilo —Maren inclina la cabeza hacia delante con gesto de impaciencia.

—No, claro que no es eso… —titubeo. Mi frente se estira.

—Entonces iré a por esa comida —afirma Maren con cejas arqueadas en un gesto de condescendencia—. Con tu pertinente permiso, mi princesa.

—Os aconsejo entrar, o a mitad de camino tendréis que avanzar caminando para no quebrar el ala —Azohr ajusta los hombros de un movimiento tenso.

Se da la vuelta y toma la misma dirección que Maren.

Algo en mí no duda en seguirlos. No es que me haya convencido con su argumento, aunque quedarme sin ala me parece un motivo de peso suficiente como para hacerlo.

Es solo que… No puedo controlarme. Ya sentía curiosidad sobre él, pero la forma en la que ha reaccionado al comentario sobre Tien solo ha hecho que quiera descubrir más.

Accedemos al interior tras la reverencia de los guardias.

Todo está bastante oscuro dentro, pero lejos de sentirme nerviosa como esperaba, un hormigueo de paz y calma es el que me ha visitado.

Pasillos a la izquierda y derecha. Una gran escalera central que lleva a los diferentes pisos del castillo.

Aunque no puedo distinguir cuántos son, pierdo la cuenta en tres.

El viento se cuela entre los huecos de los años de los muros, sacude la luz de las velas.

Parece que, en cualquier momento, quedaremos sumidos en la completa negrura.

El olor a madera y cera quemada me produce interesantes sentimientos.

Ambienta la estancia justo con el toque que le faltaba para terminar de considerarla cautivadora.

En el suelo hay una alfombra verde con flecos unidos por hilos dorados.

Recorre la fortaleza de punta a punta, y se ensancha en la zona del centro como si estuviera hecha a medida.

No resulta tan raro pensarlo, el mercado está en su reino.

Ellos tienen el acceso a las mejores telas y sastres de todo el reinado.