Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 1 .El despertar de Eladriel. #5
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1 .El despertar de Eladriel. #5

—Mi señor —arrugo el entrecejo—. El reino de Ravenbell necesita la ayuda de un brujo de magia verde. Una de nuestras hadas entrenadoras tuvo un accidente en una de las clases de vuelo, su cabeza está muy golpeada.

Trato de mantener la imperatividad de mi nombre, pero mi tono revela los nervios de mi verdadero yo.

—Si así lo deseáis, puedo buscaros uno de los mejores sanadores del castillo —la mirada de Yeziel está firme sobre el empedrado del suelo.

—No deseo a uno de los mejores —niego. Doy un paso al frente con autoridad—. Traerás al mejor de los brujos para curar a un hijo de mi corona.

El guardia dobla su espalda en una reverencia silenciosa antes de voltear para acceder al interior.

Maren aprovecha que el único soldado que parecía amable nos ha dejado a solas para sujetarme el brazo con fuerza.

Mi rostro cambia de inmediato. Tira de mí hasta que considera que hemos tomado la suficiente distancia, dedica una rápida mirada alrededor guardando el labio inferior entre los dientes.

Yo la sigo observando sin comprender nada.

Su cara de que no querer levantar sospechas…

—¿Aún sigues preocupada por Tien? —el entrecejo de Maren se arruga con tanta preocupación, que me siento incapaz de ocultarle la verdad.

—Sí —trago saliva—. Conseguí alejarlo de mi mente por un momento, aunque saber que el príncipe no se encuentra aquí… No he podido evitarlo.

—Hace tiempo que deseo decirte algo, Eladriel… —se sujeta el brazo a la altura del codo. Su tono se vuelve inseguro—. Y desearía que fueras sincera por una vez.

—¿Sincera? —ordeno a mi rostro que borre la expresión.

—Tu silencio comienza a resultarme exasperante —Maren resopla y deja salir todo lo callado.

—¿Debería comprender a qué te refieres? —mis pupilas la observan sin brillo.

Podría entender sus reproches pidiendo sinceridad, pero no acerca de Tien. Ella sabe que es la única criatura con la que puedo hablar acerca de él…

—No puedo mentir —carraspea Maren—. Me hubiera gustado que tú me confiaras vuestra unión —se sonroja ligeramente—. Sé que eres princesa y es normal mantener la discreción sobre estos asuntos, pero…

—Maren… —muevo la lengua antes de que continúe diciendo mentiras.

—Pensé que me contabas todo lo que sucedía con él —guarda silencio de forma repentina. Sus ojos se clavan sobre los míos—. O… —veo su garganta deglutir—. ¿Es porque es un hada entrenadora?

Me centro en ella cuando aún no ha cerrado la interrogación.

Con más profundidad de la que me hubiese gustado.

Es la ira la que recorre mi piel cuando pienso que ella puede pensar así sobre mí.

¿Cómo puede considerarme tan intolerante y déspota como mis padres?

La interrumpo sin apenas darme cuenta de que, quizás, el tono elegido no es el que debería usar.

Me aclaro la garganta al recordar el protocolo de la profesora Charmglow.

Sujeto las manos al frente. Relajo la expresión de la cara y lleno el pecho de aire antes de dirigir una mirada de reojo al guardia que todavía custodia la puerta. Estiro una sonrisa nerviosa al comprobar que contempla lo que sucede con las cejas elevadas.

—Detente, por favor. —apoyo la manos sobre su hombro—. No tengo ningún tipo de relación romántica con Tien —alzo las cejas a modo de aviso.

—Tal vez deba recordarte todas nuestras charlas. O las íntimas cosas que habéis hecho en tu cuarto —Maren arruga la barbilla en un gesto de burla.

—Entonces, yo debo recordarte que, para una princesa sin un compromiso oficial, eso no significa nada —tapo su boca para que guarde silencio.

—Eladriel… —aparta mis manos con semblante lleno de reproche—. Fueron varias veces.

—Tan solo tres, Maren —me cruzo de brazos—. Sabía que podía confundir las cosas, pero no hasta el punto de tener un compromiso.

—¿Y si solo es así para ti? —trata de buscar en sus labios la posición indicada—. No sabes si él siente algo por ti.

—Nunca hablamos sobre el amor. No es necesario —estiro la comisura izquierda por su insistencia—. ¿Es que acaso sucede algo?

—Nada, querido pétalo —niega. Resopla con una sonrisa forzada—. ¿No es mi deber preocuparme por las relaciones amorosas de mi amiga?

—¡Maren! —tan solo el tono que utilizo al pronunciar su nombre cambia su semblante.

No sé por qué, pero comienza a inquietarme que tema hablar cuando es su entretenimiento favorito.

—Solo es que… —la risa de Maren se escapa temblequeante—. Tien asegura que hay sentimientos sinceros. Nobles.

—Me causa más inquietud cómo has llegado a descubrirlo, que sus palabras —trago saliva.

—Por Rani —Maren ni siquiera titubea al delatar al lenguaraz.

—¿Rani? —debe estar de broma—. ¿Estás segura de que fue con Tien con quién habló?

Me dolería saber que es cierto, y decidió guardarse esto para sí.

Tiene constancia de lo importante que para mí hubiera sido su apoyo.

Por qué querría acercarse a ellos ahora, cuándo yo le pedí durante años que nos reuniéramos con mis amigos aprovechando las imposiciones de mi padre.

Más de una vez le rogué que pidiese permiso al rey para ir a la taberna.

Estaba convencida de que si lo pedía Tien, no recibiría una negativa, pero él temía que su majestad se la diera a golpe de castigo.

Esa era la única forma de poder verlos desde que mi padre decidió imponerme como castigo mi encierro en Eryas.

—Es claro que sí. Lo conocemos, lo hemos visto en tu compañía en más de una ocasión —asiente Maren—. Encuentro todo un detalle por su parte el interés que parece mostrar en tus amigos. Se nota que el hijo del cancilier Drieden está bastante interesado en ti.

—Eso es extraño —sujeto su brazo para atraerla hacia mí—. Tendrás que contarme todo lo que Rani sabe.