Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 1 .El despertar de Eladriel. #3
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1 .El despertar de Eladriel. #3

Lynn sonríe al observar la escena. Puedo asegurar que es la más parecida a todos. Tiene la alegría de Maren, la diversión de Lugh, la energía de Rani y mi curiosidad. Por eso disfruta la escena sin analizar nada más.

Hacia la mitad de las cataratas, a la altura de los torreones del palacio, el profesor Sheilag vuela junto a Tien.

Podría considerarlo un amigo dentro de palacio.

Aunque quizás la palabra amigo sea demasiado.

Como su padre, el cancilier Drieden, considera que relacionarse con Maren, Lugh y Lynn es solo una pérdida de tiempo.

Creen que se trata de criaturas que no tienen nuestro estatus.

No estoy segura entonces de cómo debería llamarlo.

Pasar demasiadas horas con su padre y el rey, y ser de la primera generación de sangre de Ravenbell, lo han convertido en un ser con el carácter agrio.

Pero debo admitir que, además de ser un buen entrenador, es el mejor en las clases de vuelo.

Quizás por eso siempre es él quién nos muestra las técnicas.

Desciende junto al profesor en las orillas.

Toma el lugar vacío junto al resto de profesores del consejo.

Hoy se peinó diferente. Los detalles dorados que aparecen alredor del castaño por el sol, resalta de alguna forma el verde de sus ojos.

Ese traje de vuelo se sigue ajustándose bien a su cuerpo.

Hasta las botas pesadas lo hacen. Reconozco esa hebilla que sostiene su cinturón, fue un regalo de mi padre y está hecha de plata nativa forjada por las manos de enanos orfebres de Bhulkahdur.

—Buenos días, muchachos —Sheilag sonríe. Recorre la multitud con la mirada—. Adelanté las clases por orden del dios Kona, quién planeó una nueva estrategia de vuelo que cree prioritaria enseñar.

Un pequeño murmullo se produce alrededor, pero ninguno que interrumpa su explicación. Está claro que un dios impone más, que una simple criatura.

—El hada entrenadora Tien hará una demostración de las maniobras de vuelo tras aprender la técnica con eficacia en apenas unas horas —Sheigal lo señala.

Lo contempla con la misma mirada de orgullo que su majestad, mi padre.

—Que novedad… —Lugh rueda los ojos a la derecha.

—Dicen que es el mejor de las clases de vuelo —golpeo mi hombro contra el suyo de forma ligera. Le sonrío.

—Él solo es bueno siendo escoria —Lugh me dedica una mirada con una ceja arqueada. —Deseando tu trono también es bueno.

Devuelvo la atención a la clase tras observar por el rabillo del ojo cómo Tien despliega las alas. Su comisura izquierda se eleva para dedicarme una sonrisa antes de impulsarse a tomar el aire.

Gira hacia la derecha. Esquiva uno de los rayos de sol que la profesora Ilta le envía y se coloca perpendicular al suelo.

Tras unos segundos, su cuerpo comienza a inclinarse cuando bate las alas para tomar altura.

Esquiva otros dos rayos que Ilta arroja con habilidad contra su espalda.

Sheilag le ataca por la izquierda justo cuando se libra de ellos.

Hace que de la catarata emerja una ola de más de doce metros de altura que intenta engullirlo.

Ralentiza el vuelo. Después de hacer un giro inesperado, cambia el rumbo y ahora su vuelo se dirige hacia las aguas del lago.

Cae a toda velocidad. Mis ojos se entrecierran cuando parece que se introducirá a prisa entre los peces, pero reconduce el vuelo en espiral a ras de la superficie.

El profesor aprovecha para desplegar una red tejida con hilos finos de agua que crece y se extiende entre sus manos mientras la moldea.

Proyecta la sombra de sus uniones sobre su cuerpo.

Acelera formando ondas en el agua por escapar.

En el último momento, gira a la derecha. La red se deshace al tocar las gotas líquidas bajo él.

—Yo habría hecho mejor ese giro —reclama Lugh con gesto de suficiencia.

La profesora Emer le lanza bolas de granizo desde la orilla tan grandes cómo el puño de Rani.

Tien las esquiva una a una. Serpentea entre las direcciones desde las que son enviadas.

Tarda un segundo en recuperar la estabilidad para redirigirse.

Justo cuando Emer le lanza un látigo creado con una pequeña ráfaga helada de viento moldeado por su hálito.

De él se libra por apenas un suspiro. Golpea uno de los árboles de la montaña mientras Tien sobrevuela la copa.

Un búho albino con ojos amarillos y grandes sale despavorido al notar su cercanía, e impacta contra su sesera.

En un pestañeo se ha desestabilizado y cae en picado contra unas rocas afiladas varias varas hacia abajo.

—¡No! ¡Tien! —mi garganta sacude un grito que se vuelve el centro de las miradas.

Mi rostro se vuelve pálido. Una punzada aprieta mi estómago para avisarme de que mi sentido de la intuición acaba de encenderse.

Me olvido del lugar en el que estoy al desplegar las alas para lanzarme a volar hasta encontrarlo.

No puede ser casualidad que las dos cosas hayan sucedido al mismo tiempo.

Sé lo que significa, algo malo sucederá.

Mis alas se han desplegado sin que yo haya dado la orden.

—¡Eladriel! ¡Espera! —Grita Maren a mis espaldas.

Detengo el impulso cuando casi rozaba el aire. Observo como ladea la mirada hacia Rani antes de desplegar sus alas. Él solo asiente.

Volamos hacia el lugar en el que Tien ha debido caer.

Apenas descendemos, los profesores ya se encuentran a su lado.

Sus ojos están cerrados, no parece consciente.

Un grueso hilo de sangre brota de un costado de su cabeza.

Ensucia el color avellana de su pelo, y algunas ramas y hojas secas del suelo.

Mi pupilas oscilan con detenimiento entre los moratones y magulladuras que hay por su cara, la herida de la ceja que ha cerrado su ojo por completo… Esa parte se llevó el golpe más fuerte.

De nuevo, mi intuición brilla con fuerza y no duele me duele el abdomen. La angustia trepa en compañía del desasosiego a través de mi garganta. Aprieta el pecho para que respirar sea complicado. Es como si un mal presagio hubiese nacido de mi don, y se revolviese para encontrar una salida.

—Debemos llevarlo a la enfermería —Ilta se ajusta sus gafas tras agacharse a inspeccionarlo—. Es primordial que nadie toque su cabeza.

—Necesitamos asegurarnos de que todo en su interior está bien —Sheigal descubre la parte superior del uniforme.

Deja al descubierto una hendidura profunda en sus costillas.

—Las enfermeras de Ravenbell tienen conocimientos sobre como sanar y sus ungüentos son muy efectivos, pero necesitamos la ayuda de brujos de magia verde —Ilta observa a Emmer y Sheilag.

Da igual a quiénes tengan que traer, incluso si son esos brujos que mi padre desprecia, no es momento de dudar cuando la vida de una criatura está en peligro.

—Eladriel, Maren —anuncia Emmer—. Volad al reino de Néferien. Buscad a un brujo de magia verde rápido.

—Es importante mencionar que su herida fue en la cabeza —Ilta me mira tan seria, tan profundo, que consigue erizarme el bello.

Vuelo tan rápido, que me olvido de que mi padre hace años me prohibió salir de Eryas. Cualquier padre, cualquier rey en su lugar, comprendería que debo desobedecerlo ante esta situación. Estoy segura de que él no lo hará. Él es uno de esos que encierra a su hija en un reino.

Después de una hora, comienzo a sentir las alas duras en la zona cercana a la raíz.

Ralentizo el vuelo hasta tocar el suelo.

Ahogo algún que otro gemido de dolor al pasar mis manos por la base del ala para masajearla, cierro los ojos con fuerza ante el tacto.

Maren se coloca a un costado con gesto de molestia ahora que ha cesado el aleteo.

Las heridas de Tien aparecen en mi mente.

Él espera que llevemos ayuda y yo me quejo de un poco de molestia…

Cada imagen es peor que la anterior. Ahora lo veo tumbado en una camilla sin vida porque no llegamos a tiempo.

Anoche se reunió conmigo a pesar de que ni siquiera sentía ganas de aceptar nuestro encuentro.

Terminé sonriendo más de lo que esperaba.

Es la compañía más grata que me impuso su majestad, supongo que por eso disfruto de su charla.

Sé que a él también le impone esos encuentros, pero aun así nunca tuerce el semblante al verme aparecer.

Hasta veo como se preocupa por algunos de mis intereses… Ya descansé lo suficiente.

Despliego las alas por lanzarme al aire de nuevo.

—No es justo que te sobre esfuerces, Eladriel —Maren eleva la voz a mis espaldas—. No servirá de nada si, al llegar a Néferien, tienen que atender tus alas.

Sé que si mi ala se rompe, no podré volar de vuelta.

La distancia con el reino de los brujos es larga, se debe utilizar demasiada energía para llevar a cabo el vuelo con la misma velocidad.

Pero si no lo hago... Solo veo la cara de los profesores.

La sangre corriendo. La profesora Ilta parecía insistente en que mencionase el lugar en el que se ha golpeado…

—Debemos llegar ahora, ¿viste cómo brotaba la sangre? —mis ojos se vuelven vidriosos y no hay tiempo para llorar—. Podría desangrarse. Morir —estiro los párpados.

—Tien es un hada —Maren estira los labios en una mueca de poca paciencia—. Solo puede morir si pierde la cabeza o utilizan una espada.

—Hay casos de hadas que han muerto por golpearse en pleno vuelo… —Niego. Aparto la mirada.

—A más de mil metros de altura… —resopla Maren—. Los únicos que podrían morir por un golpe como ese son los brujos, y sólo porque son mortales.

Hemos hablado tantas veces de esto, que no sé por qué soy incapaz de verlo en este instante.

—Maren, es una herida en la cabeza. La profesora Ilta se veía preocupada y… —la angustia me sella los labios.

—¿El miedo borra tu memoria? —Maren posa las manos en mis hombros para sacudirme—. Ilta mencionó eso porque los brujos tienen prohibida la entrada a Eryas.

Sus palabras me hacen recuperar algo de aliento. En realidad, creo que solo pienso en esto porque mi intuición se encendió justo cuando Tien se golpeó contra las rocas. Me cuesta pensar que sea una simple coincidencia.

—Mi intuición se encendió justo al verlo caer. Creo que es un aviso de que algo sucederá —ahora sí, mis lágrimas salen como el nudo de mi garganta—. Tengo miedo de que muera porque no llegué a tiempo.