Danza de legado y libertad (Corona de sombra y luces 1) 1 .El despertar de Eladriel. #2
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1 .El despertar de Eladriel. #2

Las que se encargan de la recolección recogen bellotas de las encinas, frutas que llevan a la cocina del palacio para que preparen los postres favoritos de mi padre.

Las orillas están divididas en las tres clases que entrenan los dones más poderosos de las hadas.

En la zona sur están las de viento. En el oeste las de agua.

Y en la parte este, la más cercana a los árboles de sangre de dragón, los que tenemos la luz.

Mis comisuras se elevan al ver como Lugh ha dejado el hueco preparado para mi descenso justo a su lado.

Presume de tener el mismo poder que yo, pero se frustra cada vez que intenta mover un rayo.

Despeja los mechones cortos y castaños que caen sobre sus ojos marrones.

El color miel que los baña disimula la fealdad de su nariz aguileña resultado de una pelea en la que defendió a Maren de un abusón.

Siempre parece frágil en comparación con otros hadas porque sus músculos no son voluminosos, pero en realidad, muchos envidiarían su resistencia y fuerza.

—Hola, pequeño anacardo —desciendo. Junto las cejas al verlo con la mirada perdida y las manos vacías—. Dijiste que hoy traerías los apuntes que pidió Ilta.

—¿Qué? —Lugh ladea el cuello mientras trata de recuperar el sentido de la orientación.

—Los apuntes —mi frente se arruga asombrada por su parsimonia.

La sombra llega a las briznas del suelo que indican, justo, el momento en el que la profesora debe aparecer.

—Relájate, pequeña y débil hada —Lugh cierra los ojos. Niega—. Hoy presenciarás el mejor desplazamiento de rayos que hayas visto jamás.

Coloca la postura mientras habla, pero sus pies se lían entre sí y cae de boca. Podría considerarse familia cercana del suelo, porque prácticamente vive ahí.

—Nunca dudo sobre tus capacidades —contengo la risa burlona entre los labios. Extiendo una mano para ayudarlo—. Pero, te recuerdo, que debes mantenerte de pie para conseguirlo.

—En vez de darme lecciones sobre cómo desplazar rayos, podrías explicarme cómo mantenerme de pie —resopla frustrado—. O callarte.

—Estoy bastante segura de que sabes cómo conseguirlo —ya no puedo contener la risa—. Te vi hacerlo muchas veces.

—Sabes que si Rani estuviese aquí ahora, utilizaría este momento para avergonzarme en cualquier ocasión. —Lugh se resigna. Sacude la arena de sus pantalones.

—Vamos… Habrá otras hadas que toquen el suelo con tanta frecuencia como tú —le ayudo sacudiendo la parte del torso.

—No es necesario que un anacardo como tú me anime —entrecierra los ojos antes de clavarme la mirada—. Eres pésima haciéndolo.

Pasaron más de cinco minutos desde que todos estamos reunidos en las orillas, pero no hay rastro de la profesora.

El resto de grupos ya comenzó con sus clases.

En viento, están formando una especie de flechas con puntas afiladas que lanzan con las manos.

Al soltarlas, se vuelven invisibles hasta que atraviesan el objetivo.

Ilta emerge a lo lejos con semblante tranquilo, ni siquiera bate sus alas con rapidez para llegar con más premura.

Estiro los labios en una mueca de descontento.

Si yo me retraso dos minutos en el desayuno con el rey, quiere levantar el palacio para hablar con mis padres.

Al menos, puedo maravillarme como siempre con la combinación de colores elegidos para que aviven el tono blanco de su cabello.

Qué jovial parece con ese tono naranja a pesar de los milenios que arrastra…

—Buenos días, jóvenes hadas —Ilta ajusta las gafas de pasta negra con su dedo índice. Nos recorre sonriente con la mirada—. Veo que, hoy, todos habéis acudidos puntuales.

—No todos… —murmullo.

—Sin embargo… —continúa Ilta—. Las clases de luz de hoy quedan suspendidas.

Por un segundo, todos los que forman la fila de la clase de control de luz lanzan preguntas y se forma un alboroto donde las voces se mezclan sin poder sacar nada en claro.

La profesora permanece inmóvil frente a todos.

Ha sellado sus labios para convertir su mirada en una feroz, propia de quién espera ser determinada solo con presencia.

—¡Silencio! —Ilta vocifera. Retumba por los árboles cercanos—. No es necesario tanto desorden.

—¿Qué sucede? —Lugh mira hacia los lados con mirada confusa.

—Las clases de vuelo han sido adelantas por orden del profesor Sheigal. Debe tratar con vosotros y el resto de los alumnos unos asuntos relacionados con el dios de la guerra Kona —explica Ilta con gesto de molestia por la falta de comportamiento.

—La suerte me acompaña —Lugh me dedica una sonrisa entre dientes—. Me he librado de desplazar el rayo, y en clases de vuelo soy de los mejores.

—Olvidas que también trata sobre la estrategia —le lanzo una mirada de reojo. Sonrío.

—Yo no podré con el peso de ser el mejor en todo, pon algo de tu parte —sus ojos se cierran mientras toma aire.

Me encanta encender su rabia, sus respuestas me resultan fascinantes. Es quién me hace reír.

La profesora de viento, Emmer Wixker, se acerca junto al resto de hadas.

También Lynn, Maren y Rani. Nos reunimos en clase de historia y vuelo, y disfruto estos momentos, pero Lugh no está para nada de acuerdo conmigo.

Tiene una relación complicada con uno de nuestros amigos…

Ya ha arqueado las cejas porque sabe que aparecerá en cualquier momento.

Aparte de él, Maren es mi brújula. Ver su pelo rojo en el viento me transporta a cuando la conocí el día que Twig me sacó a caminar por las orillas.

Ella tenía trescientos años y el pelo como una amapola.

Somos diferentes. Ella es alocada y alegre, eso me gusta y me condena.

Lynn apareció una día en clases de control sin poder hablar ni explicar que se había equivocado.

Su piel es tan blanca debido al albinismo, que en esos momentos fue evidente que estaba sonrojada, y no me quedó más remedio que acercarme a ella.

Gracias a su amistad, descubrí que mi corazón no bombeaba el mismo veneno que el de mi padre.

Yo no quería destruirla porque no me asustaba. Me maravillaba.

Y Rani… No quisiera tener que pensar en él.

Nos acompaña desde que se unió a Maren como pareja.

Todavía recuerdo el día que lo trajo al cenador del invierno.

Apareció con un peinado de cazo rubio con mechones más largos que otros, y orgulloso no solo del corte, si no del chaleco que le envolvía.

Lugh no dejaba de asegurar que el cuero de la prenda cedería en cualquier momento.

No comprendo por qué su comportamiento tosco y su mente atrasada le agrada, se pasa el día soltando chanzas sobre mujeres y vino.

Sin embargo, cuando están cerca, lo rosado de las mejillas de Maren potencia sus adorables pecas. Solo por eso acepto su compañía.

—Chicos —sonríe Lynn. Recoge sus mechones largos aúreos para dejar a la vista sus ojos grises—. Se cancelaron todas las clases de control.

No comprendo cómo algunas criaturas pueden ser reacia a ella solo por la blancura de su piel.

Supongo que los rumores sobre que sus padres son pecadores han causado miedo entre los súbditos.

También aseguran que los brujos blancos de Néferien tomaron su esencia para preparar conjuntos…

Yo la veo solo como un ser más a pesar de su color de pelo, de ojos o de piel.

—Lo sabemos —dejo caer mi peso sobre la cadera. Me apoyo sobre el hombro de Lugh—. Sheilag debe estar al llegar, las clases de vuelo de hoy serán duras.

—No os quiero negativos —Maren muestra todos sus dientes en una sonrisa—. Estoy convencida de que hoy, será un día en el que solo pasarán cosas buenas.

Hay momentos en los que Maren me hace sentir como si fuera una auténtica aficionada al drama. Me cuesta reconocer que a veces tiene razón. Aunque desprecio ser tan confiada como ella lo es, también envidio como todos despiertan en su pecho las ganas de compartir espacio.

—Algo debe suceder ¿no creéis? —Rani entrecierra los ojos. Ladea la mirada hacia la multitud de hadas alrededor.

—Cariño, necesitaremos afirmaciones más concisas. —Maren rodea su brazo con suavidad.

—Llevamos asistiendo a clases de control unos seiscientos años, y nunca se cancelaron unas —Rani coloca los dedos en su cinturón con seguridad.

Esto es, probablemente, la deducción más inteligente que jamás le escuché.

—¿Cuál es tu teoría? —me inclino hacia delante intrigada y sorprendida por su reflexión en solitario.

—¿Teoría? —Lugh eleva las cejas mientras nos dedica una sonora carcajada—. Eladriel, por favor, no creo que sepa que significa eso.

—El cerebro de pollo hoy parece tener un brote de gracia —Rani arruga la nariz con desprecio.

La enemistad entre ellos comenzó en el mismo momento en que se conocieron. Lugh disfruta de bromear sobre los demás. Sabe reírse de sí mismo y no aprecia los insultos que le dedican, pero Rani… Digamos que él tiene un carácter algo más apagado.

—Apuesto dos platos de frutos a que no sabes qué significa —Lugh separa las piernas. Se cruza de brazos.

—Lo sé. Pero si lo desvelo tú lo sabrías —Rani mueve los ojos sobre Lugh. Parece haberse puesto nervioso.

—Pero… ¿Qué dices? —Lugh deja caer los brazos—. ¿Ves? Si apenas se te puede entender.

—No habrá bromas —me coloco entre ellos con manos estiradas—. Acabaréis como siempre.

—Podremos ver como vocalizas después de que hunda mis nudillos en tu boca —Rani espeta una mirada a Lugh por encima de mis hombros.

Me ignoran por completo, pero no debería sorprenderme.

—Te advierto que tengo un puño bastante interesante y no tengo miedo a que me destrocen la cara —Lugh dibuja una media sonrisa—. Vivo con ella así.

Lugh da pequeños saltos con las manos en forma de puño, aunque, el hecho de que esté entre ellos lo detiene en su intento de dar un paso al frente.

Espero por su bien que no se atreva. Aparte de que dejaron de parecer formales hace varias palabras, en la pasarela de Eryas siempre hay guardias que vigilan las clases.

Tardarán segundos en atravesar el lago desde las puertas para capturarlos. Ojalá fuera por protegerme de verdad.

Escondo la sonrisa para mantenerme imparcial, pero ver a mi pequeño anacardo actuar como si fuera el mejor luchador es divertido.

—Sois los dos igual de estúpidos —Maren deja caer los brazos con fuerza. Estira los labios molesta.