Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

Me acerco a Laiyor, cuando estoy a unos pocos metros bajo del caballo. Me quito el yelmo para que pueda mirarme a la cara. Él se mantiene indiferente, como si no le importara, por un momento puedo ver como sus ojos se suavizan.

—Zaja… —dice con un hilo de voz.

Le clavo una mirada furiosa, todo esto es culpa suya, pero a lo mejor puedo cambiar el desenlace de este conflicto.

—Tienes que parar esto, Laiyor —intento sonar tranquila.

Se pasa la mano por el pelo y aparta la mirada, por un momento parece que duda, empiezo a tener fe de que esto puede terminar pronto.

—Te he amado, fuimos a rescatarte —no le aparto la mirada—. Nos has traicionado Laiyor.

Vuelve la cabeza para mirarme, esta vez no sé descifrar su cara, no conozco a este Laiyor, no sé si es el miedo o el resentimiento que tiene hacia mí.

—Vosotros conspirasteis, me habéis estado ocultando información todo este tiempo, tú y él —dice apuntando a Riven que sigue inmerso en la batalla—, siempre habéis estado muy unidos ¿no crees cervatillo? .

Sus ojos negros se ensombrecen y el odio que desprende de ellos me hace retroceder.

—¡Eso es absurdo! —aunque si le oculté información, no le hable de los Sylvethar, tampoco tuve ocasión de contarle lo de los fae—. Riven ha sido nuestro mentor, de los dos ¿O ya no lo recuerdas? Esto ha sido cosa de Corvin ¿Verdad Laiyor?.

Recuerdo cómo Corvin nos observaba a Riven y a mí en el palacio, estoy segura de que ha sido él quien ha sembrado esta semilla de sospecha y odio en Laiyor.

—No puedes…

Los dragones vuelven a robar el protagonismo en la batalla, Thasvol está más furioso que antes, intenta derribar a Nyvral con todas sus fuerzas.

Los dragones permanecen enredados en alas y fuego, veo a Thasvol desgarrar un ala de Nyvral, pero este vuelve a morder en su cuello con fuerza, al dragón gris se le escapa un chillido ahogado.

Nos estremecemos ante la escena que estamos contemplando, finalmente Laiyor se acerca hacia mí con la vista en el cielo.

—¡Nyvral! —grita con todas sus fuerzas.

Con un movimiento que no veo venir me agarra de la trenza con una mano y con la otra desenvaina mi espada y la tira al suelo.

Mierda.

Tira de mí agarrando la trenza con fuerza, un grito de dolor se me escapa. Acerca su boca a la mía y me susurra:

—Ahora vas a ver como muere tu dragón —la ira en sus palabras me hace estremecer.

Nyvral pierde la concentración unos segundos, suficiente para que Thasvol le desgarre la otra ala, Nyvral vuelve a hincar sus garras en el vientre de Thasvol, ambos dragones caen del cielo haciendo que tiemble el suelo.

—¡No! —grito desesperada.

Laiyor me arrastra con él hacia donde han caído los dragones.

—¡Suéltame malnacido! —pataleo con todas mis fuerzas, pero no consigo zafarme.

—¡Cállate! —dice furioso.

Nos acercamos a la zona, los árboles están destrozados, todo cubierto de sangre, cenizas y el humo que emana de los dragones.

Nyvral respira con dificultad y apenas puede abrir los ojos, sus alas están destrozadas.

Thasvol en cambio, no se mueve, tiene los ojos abiertos pero su brillo se ha apagado. Ha muerto.

Laiyor se da cuenta de que Thasvol yace sin vida al lado de Nyvral y se aferra a mí trenza con más fuerza. Me pone de frente a los dragones, se acerca por detrás y el susurro en su oreja me provoca arcadas.

—No puedes llamarme Laiyor, ahora soy Su Majestad rey Laiyor.

—¡Para mí solo eres un traidor!

Seguidamente noto como el acero atraviesa mi armadura, miro hacia abajo y veo la punta de su espada ensangrentada.

—Si no eres mía, tampoco serás de Riven.

Saca la espada que tiene atravesada con un movimiento brusco y me tira al suelo, haciéndome caer de rodillas.

Un grito ahogado sale de lo más profundo de mi garganta, Nyvral se estremece contemplando la escena, pero no puede hacer nada.

Laiyor me observa unos segundos, echa un última mirada a Thasvol confirmando que sigue sin vida, finalmente gira sobre sus talones para después desaparecer de mi campo de visión .

Intento acercarme a Nyvral a gatas, pero el dolor que siento es insoportable, como puedo llego hasta él y me recuesto en su cabeza. Aprieto la herida de mi abdomen, pero es absurdo, la sangre sale a borbotones que se escapa entre mis manos.

—Nyvral… vamos a morir.

—Sí, y tú lo harás como una humana estúpida.

Nos quedamos en silencio a las puertas de la muerte, empiezo a sentir mucho frío y mis dientes empiezan a castañear. El chirrido de antes se vuelve a escuchar, Shoy aparece en el carro, ha visto todo desde donde le dije que se mantuviera oculta.

—Shoy… —digo extendiéndole una mano.

—No… —dice ella.

Riven aparece tras ella lleno de sangre que se mezcla con la suya, viene corriendo hacia mí y se deja caer de rodillas a mi lado sin aliento.

—¡Zaja! —dice desesperado.

—He cometido un error —le digo arrepentida.

Vuelve la mirada a Shoy desesperado.

—¡Haz algo! —grita.

Shoy niega despacio mientras se acerca hacia nosotros. Su mirada lo dice todo, no se puede hacer nada. Una lágrima se me escapa y no es de dolor.

Riven se levanta de un salto, se acerca al árbol más cercano y posa las dos manos en la corteza.

—¡Numanier! —el grito es desgarrador—¡Numanier!

Shoy lo mira apenada, se acerca hacia mí mientras Riven pierde el control.

—Zaja querida, esto es grave… —me acaricia la cara, sus ojos están llenos de lágrimas .

—¡No! —dice Riven—¡No la toques!

Suspiro, y recuesto la cabeza en Nyvral.

—Ayúdale a él, por favor —refiriéndome al dragón.

Shoy se acerca un poco más a Nyvral, éste no protesta, no tiene fuerzas. Shoy contempla las heridas del dragón y el desgarro de sus alas.

—Puedo intentarlo… pero nunca he visto nada parecido.

Siento como los ojos empiezan a pesarme, la respiración se vuelve entrecortada y siento el sabor de la sangre en mi boca, cada vez siento menos el dolor.

Riven vuelve a estar a mi lado. Sus manos sujetan mi cara, su calor es tan agradable…

—Zaja, no te duermas, aguanta, solo un poco más.

Le miró por última vez antes de cerrar los ojos.

Todo se vuelve negro, ya no siento frío y el sabor metálico ha desaparecido.

Ahora estoy en la aldea, veo a de Neira embarazada paseando de la mano de Tim por el mercado, Neil atiende en la parada de carne de Maina mientras el herrero martillea un cuchillo.

Camino hacia mi casa, o la que había sido mi casa, entro en ella y la chimenea está apagada, aunque cuando me acerco puedo ver esa luz, como una de esas luces fae que flotan por Novalene, está ahí, en la chimenea.

Cuando me acerco, está se hace un poco más grande, de repente se convierte en un fogonazo de luz que me expulsa violentamente de la casa.

Abro los ojos y una bocanada de aire llena mis pulmones. Veo a Riven que me observa sentado en el suelo con las manos en la cabeza, Shoy está de pie llorando y a mi lado Numanier despeinado, serio, todos me miran fijamente .

—Bienvenida de nuevo —dice Numanier—. ¿Qué sientes?.

Riven se acerca arrastrándose hacia mí, me observa con detenimiento como si buscara algo en mi cara. Seguidamente miro mis manos llenas de sangre, mi sangre.

—¿Estoy muerta? — pregunto.

Numanier se relaja y suelta una leve sonrisa.

—Todavía no.

Nyvral, pongo una mano en Nyvral y está frío, no, no… intento incorporarme pero Numanier me frena.

—Alto, no te muevas. Tengo que llevarte a Novalene. No estás muerta, pero si no te llevo conmigo, pronto podrías estarlo.

Riven me coge la cara con cuidado y lentamente la gira hacia él.

—Sigues siendo tú —la sangre y las lágrimas se mezclan en su cara.

Mientras tanto Shoy recita cosas que no logro entender mientras busca algo en el carro.

—Nyvral, por favor, ayudad a Nyvral. No me salves si no puedes salvarle a él.

Numanier me mira con lástima.

—Por ahora céntrate en seguir con vida, nos encargaremos también de él.

Nyvral suelta un pequeño gruñido, se lo que piensa de los fae, sentir que reacciona a estas cosas me da esperanza de que logre recuperarse.

Numanier se pone en pie y le pide a Riven que le siga, se alejan unos pasos, lo suficiente para que lo que hablan sea inaudible. Minutos después vuelven hacia donde estamos Nyvral y yo.

—Nos vamos Zaja —dice Numanier .

Inmediatamente miro a Riven confundida.

—Confía en él —dice Riven.

—Pero, yo quiero volver a casa contigo.

Riven baja la mirada, aprieta los labios y niega con la cabeza.

—Zaja, has vuelto de entre los muertos. Tu herida sigue abierta, tus órganos tienen que recuperarse y aquí no puedo ayudarte —lo dice resignado.

Vuelvo la mirada a Numanier.

—¿Cómo pretendes que vaya a Novalene? —no puedo evitar pensar en ir volando con Nyvral. Pero eso ya no es posible, él también se debate entre la vida y la muerte.

—De la misma forma en la que he llegado —dice sereno—, pero antes de marcharnos, tienes que dormir.

Riven vuelve a estar en cuclillas a mi lado acariciando mi mano.

Numanier se acerca demasiado a mi cara, y sopla directamente en mis ojos, siento su aliento golpearme la cara y solo puedo girar la cara.

Antes de ser incapaz de poder abrir los ojos, siento como Riven aprieta mi mano con fuerza, recordándome que sigue ahí, lo siguiente que siento, es como alguien me levanta del suelo.

Después caigo en un sueño tan profundo que creo que jamás lograré volver a despertar.