CAPÍTULO 43
Riven se reúne con los hombres y mujeres que han decidido luchar por Élion, yo soy una de ellos, no seremos más de quinientos.
Permanezco a su lado mientras escuchamos atentos a las instrucciones que tenemos que seguir mañana cuando nos dirijamos al punto en el que nos encontraremos con Laiyor y los suyos.
Miro las caras de todos ellos, son leales, fuertes, valientes y honorables.
No llevan armadura, pero tenemos buenas armas.
El carpintero ha trabajado codo a codo con el herrero fabricando ballestas, lanzas y escudos.
En la forja que se ha improvisado en el campamento no han parado de amartillar espadas, dagas y cuchillos. El orgullo me recorre todo el cuerpo.
Cuando Riven acaba con un discurso esperanzador, todos le vitoreamos y aplaudimos. Me emociona ver cómo es con todos ellos. Mientras él conversa con los herreros, me escabullo al bosque donde Nyvral permanece oculto.
— ¿Dónde estás pequeño dragón? — le pregunto buscándole entre los árboles.
No obtengo respuesta, no me gusta.
Entro un poco más adentro hasta que dejo de escuchar el barullo del campamento, por un momento me parece ver que algo se mueve entre los árboles, cuando busco un poco más detenidamente, lo veo, las manos leñosas de un Sylvethar se posan en un tronco, cuando miro un poco más arriba, veo su rostro sin rostro observándome.
—Hola… —le digo intentando no temblar.
No me acostumbro a mirarlos y no sentir miedo. El ser no dice nada, inclina su cabeza ligeramente y extiende su brazo hacia mí y me acerca lo que podría ser un dedo, hago lo mismo hasta que nuestros índices entran en contacto.
Siento una pequeña corriente que pasa por mi dedo, permanecemos inmóviles unos segundos que se hacen eternos, hasta que por mi cabeza empiezan a pasar imágenes del ejército de Laiyor, están más cerca de lo que pensamos. Hombres a caballo, arqueros, sus guardias, Thasvol en el cielo…
Me deshago de la conexión con el Sylvethar que sigue sin decir nada, pero entiendo lo que está intentando decirme. Le agradezco con un leve movimiento de cabeza y corro hacia el campamento.
Mis piernas corren más rápido que mi mente, tengo que avisar a Riven, vamos a llegar tarde, Laiyor no puede cogernos desprevenidos, la única ventaja que tenemos es ese punto del mapa. Cuando llego al campamento, todos me miran como si estuvieran viendo un fantasma.
—¡¿Dónde está Riven?! —pregunto sin bajar el ritmo.
—¡Se dirige hacia su carpa! —me grita alguien a lo lejos.
La carpa parece quedar a kilómetros de distancia, intento llegar lo más rápido que puedo, no tenemos tiempo. Cuando entro a la carpa Riven me mira atónito.
—Están aquí —digo jadeando—, tenemos que salir ¡ya!. Ahora.
Riven no da crédito a mis palabras, pero antes de salir de la carpa logra decirme.
—Coge tu armadura Zaja .
Riven toma mis palabras sin cuestionar y avisa a todos de que nos ponemos en marcha ya.
Empiezan a preparar los caballos. Llenan carros con armas y escudos, si salimos ya llegaremos al mismo tiempo que Laiyor.
Me pongo la armadura con una rapidez que me sorprende, mientras lo hago, Shoy entra en la tienda.
—Shoy… —no, ella no puede estar aquí.
Shoy se acerca a ayudarme a colocarla sin decir nada.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto.
—Alguien tendrá que asistir a los heridos… —dice cansada—. No entraré al campo de batalla si es lo que te preocupa.
Me relajo un poco, acabamos de ajustar la armadura y con el mismo cariño de siempre me recoge el pelo en una trenza.
—Gracias por todo Shoy.
La abrazo con todas mis fuerzas y me dirijo a la puerta.
—Zaja, vuelve por favor. —Ella también tiene miedo.
Vuelvo para abrazarla de nuevo.
—Te lo prometo.
Media hora más tarde estamos todos dirigiéndonos al valle, mientras todos avanzan en silencio le cuento a Riven las imágenes que el Sylvethar me ha mostrado, el número de hombres que nos supera con creces, y Thasvol surcando el cielo.
—No he encontrado a Nyvral, tampoco ha hablado conmigo —le digo preocupada.
Nyvral es clave para que ganemos esta batalla.
—Confía en él —dice Riven con calma.
El también lleva armadura, es diferente a la mía, es completamente negra y a la espalda una larga capa ondea, hoy si parece el noble que realmente es, ese que siempre intenta ocultar .
Llegamos antes que el ejército de Laiyor, Riven recorre a caballo las filas de hombres que se colocan estratégicamente para el combate, yo permanezco al frente observando la que en unos minutos será la línea enemiga, la de Laiyor.
A mi mente vienen todas las cenas con él, las horas de entreno y estudio, el paseo por la playa…
esa corriente que me estremece me hace volver a este momento.
—Esos recuerdos no harán que tenga piedad con él en cuanto acabe con Thasvol.
No digo nada, recuerdo su ley sagrada, no pueden atacar a un humano vinculado a uno de ellos.
—¿Todavía crees que detendrá esta guerra cuando te vea aquí?
—Yo no he…
— Lo has pensado, recuerda que no puedes escapar de mí pequeña humana.
Permanecemos en silencio, esperando a que Laiyor y sus hombres aparezcan, un estruendo en el cielo no sobrecoge a todos.
Thasvol nos sobrevuela, muchos gritan, temen que el dragón nos reduzca a cenizas.
Nyvral aparece a lo lejos captando la atención del fantasma alado y alejándolo de nosotros.
Riven observa al frente, los dragones no le han hecho apartar la mirada.
Poco a poco empezamos a ver la línea enemiga, los jinetes llegan primero, los arqueros en los puntos más altos entre los árboles, la infantería se mantiene en la retaguardia, Laiyor se mantiene alejado en lo alto de la colina.
Coloca una bandera con el estandarte de la corona y los arqueros hacen sonar unos cuernos anunciando su llegada.
Nuestra gente se mantiene firme, no estamos tan preparados como ellos, pero tenemos coraje y valor para afrontar lo que se avecina.
Riven recorre una última vez nuestras filas .
—¡Gentes de Élion, vecinos, amigos! ¡Ha llegado la hora de demostrar quienes somos y como defendemos nuestro honor y nuestro pueblo!
Le responden golpeando las lanzas contra el suelo, provocando un estruendo que deja atrás el sonido de los cuernos. Riven vuelve a mi lado.
—Mantente entre los árboles, no intervengas por el momento, espera a mi orden.
Le miró con desaprobación, pero no lo voy a discutir, no ahora, llegado el momento haré lo que tenga que hacer.
Alza su espada y los jinetes del rey avanzan hacia nosotros. Riven permanece inmóvil sin dar ninguna orden y con un hilo de voz dice.
—Ahora.
Me giro hacia nuestras filas y todos permanecen inmóviles mirando al frente.
Cuando vuelvo la vista dos dragones verdes aparecen volando ante nosotros, salen de los lados, ambos llevan jinetes.
Estos escupen fuego hacia los caballeros que se dirigen hacia nosotros, los gritos y relinchos de los caballos que mueren abrasados invaden el campo de batalla.
Miro a Riven y este tiene una sonrisa de oreja a oreja en la cara, me mira de soslayo.
—Uno tiene que guardarse un as en la manga —dice mientras me guiña un ojo.
Le miró con la boca abierta. Los dragones y sus jinetes se han marchado con la misma fugacidad con la que aparecieron.
—¡Ahora! —Riven se coloca el yelmo y avanza a caballo.
Nuestra infantería le sigue alzando los escudos, veinte segundos después los arqueros de Laiyor lanzan una lluvia de flechas que impactan en nuestros soldados .
Me muevo hacia los árboles y observo la batalla con un ojo puesto en el cielo, no hay ni rastro de Nyvral y Thasvol. La infantería de Laiyor también ha avanzado, cada vez caen menos flechas y se escuchan más gritos al fondo de las líneas enemigas, los Sylvethar empiezan a hacer su trabajo.
A lo lejos Laiyor también observa nervioso, lo sé porque mantiene los puños apretados. Riven es de los pocos de los nuestros que va a caballo, se desenvuelve muy bien en la batalla, derriba a la infantería de Laiyor casi sin esfuerzo, pero estos son demasiados.
Siento la mirada de rabia de Laiyor clavada en mí que me observa a lo lejos, sus ojos cargados de odio me penetran.
No puedo evitar sentir lástima por él, se ha convertido en todo lo que odiaba.
A mis espaldas escucho un chirrido, me vuelvo con la mano aferrada a la espada, cuando abro bien los ojos veo un carro, lo conduce Shoy.
—¿Shoy? —pregunto.
—Soy yo —dice levantando las manos—. Si estoy cerca, podré salvar más vidas. —Dice convencida.
—Mantente oculta —le ordeno.
Vuelvo a acercarme al frente, esperando la señal de Riven para unirme a él, pero ni siquiera vuelve la mirada.
Sorprendentemente la batalla está bastante igualada, los hombres de Laiyor caen, igual que lo hacen los nuestros, ver los cuerpos tendidos en el suelo hace que el corazón me de un vuelco.
Cuando vuelvo a mirar hacia el acantilado donde está Laiyor, él sigue con la mirada fija en mí, cuando observa que yo también miro en su dirección me hace un gesto con la mano, me pide que me acerque .
Aprieto las riendas y me pongo en marcha hacia Laiyor, todavía estamos a tiempo de parar esto. Nyvral y Thasvol irrumpen en el cielo, una bola de humo y fuego nos sobrecogen. Están luchando entre ellos, puedo ver claramente la diferencia de tamaño entre ellos, aunque Nyvral es más rápido.
— ¡Vuelve a tu puesto humana estúpida! —grita Nyvral.
No le contesto.
Thasvol tiene la atención puesta en su jinete.
Nyvral aprovecha ese descuido y con la boca le agarra del cuello, arañando su vientre con las patas.
El dragón gris aúlla de dolor y bate sus alas con fuerza intentando deshacerse de Nyvral, mientras la sangre del dragón baña las copas de los árboles.
Laiyor observa a los dragones igual que yo, se pasa la mano por el pelo con nerviosismo, hay alguna posibilidad de que pueda perder a su dragón y con él el poder que le hace especial a los ojos de su corte.