CAPÍTULO 42
Nyvral y yo volamos sin un rumbo aparente en medio de la noche que nos acompaña,ninguno decimos nada. El miedo por el hecho de la batalla inminente se apodera de mí, Nyvral en cambio parece que hoy vuela más decidido que nunca, bate sus alas con una fuerza que no había sentido antes.
—¿Hacia dónde nos dirigimos exactamente? —le pregunto.
— A Élion. — Dice Nyvral con todos sus sentidos puestos en el cielo.
Riven habrá reunido a sus hombres y desde allí partiremos hacia el norte, pienso para mí.
—Te equivocas pequeña humana, la batalla será en Élion.
—¿Cómo dices? — no puede ser verdad.
—El ejército de Riven digamos que es… escaso. Aprovechará los recursos de sus tierras para defender su pueblo.
La respiración se me corta durante unos segundos, he visto la brutalidad de los guardias reales del palacio, yo misma la he vivido en mis carnes.
El miedo se intensifica, la imagen de que esa brutalidad recaiga sobre los habitantes de la tierra que tanto me ha enseñado me sobrecoge. No voy a permitir tal cosa .
— No lo vamos a permitir — dice Nyvral con un gruñido profundo.
Llegamos a Elion de madrugada, el campo en el que aterrizamos está helado.
A nuestro alrededor se levantan decenas de carpas y restos de hogueras que han permanecido encendidas hasta que las ha consumido la escarcha.
El estruendo de nuestro aterrizaje despierta a algunos hombres que comienzan a salir de sus carpas.
Nos miran atónitos, se escucha algún grito a lo lejos, caigo en cuenta de que es la primera vez que están viendo a un dragón.
—Me encanta cuando gritan —dice Nyvral burlón.
En el centro del campamento hay una carpa que sobresale de las demás, es la única que permanece iluminada a estas horas, tiene que ser la de Riven. Mientras me acerco, los curiosos que se han desvelado me observan y murmuran entre ellos.
—Es la chica del dragón… —escucho a lo lejos.
Algunos inclinan sus cabeza a mi paso como si fuera una reverencia, les miró confundida. Cuando llego a la carpa, Riven me está esperando fuera. Su cara me desconcierta, se alegra de verme sí, pero me mira con demasiado detenimiento.
—Numarier te ha preparado mejor de lo que yo lo hubiera hecho —dice sonriendo.
Me coloco el yelmo que hasta ahora permanecía bajo mi brazo, y giro sobre mi misma para que me vea.
Cuando levanto el yelmo, le brillan los ojos junto a la sonrisa que se le dibuja.
Nos fundimos en un abrazo que lo dice todo, acerca su cara a mi pelo e inhala muy fuerte, como si pudiera alimentarse de mi olor.
Entramos dentro de la tienda, está provista de alfombras y varias camas, resulta más acogedor de lo que imaginaba .
—¿Qué tenemos? —le preguntó a Riven señalando la mesa de estrategia que ha improvisado en la carpa.
—No mucho —dice apenado—, pero he pensado que si dirigimos la batalla a esta zona de aquí —señala un punto en el mapa—, todo quedará rodeado de árboles que nos darán ventaja a la hora de escapar…
Habla como si ya nos hubieran derrotado, verle así me rompe un poco más por dentro, todo este tiempo ha sido tan cabal, que verle sin esperanza me hace perder la poca fe que tengo de que al menos tengamos una posibilidad de ganar.
Le observo sin prestar atención a sus palabras, hasta que se da cuenta.
—¿Qué? —pregunta.
Antes de contestar bajo la vista a mis manos que descansan en la mesa.
—No te reconozco —le digo.
Me mira confundido pero no dice nada.
—El Riven que conozco, todavía no se habría dado por vencido.
Aprieta los labios, pone los brazos en jarras y suspira.
—El Riven que tienes delante, no tiene un ejército, tampoco armas para todos sus guerreros, sólo coraje y la certeza de que mi pueblo y yo lucharemos hasta nuestro último aliento.
Me apena y a la vez me llenan de orgullo sus palabras.
—El Riven que tengo delante se olvida de que me tiene a mí y mi dragón escupe fuego, con sed de sangre y a los Sylvethar de su parte.
—Thasvol también estará en la batalla…
Observo el mapa que tengo delante, lleno de figuras que indican nuestra posición .
—Sí Nyvral mantiene distraído a Thasvol por esta zona —digo colocando las dos figuras de dragón en un lado del mapa—, nos darán ventaja en este flanco de aquí.
Señalo un pequeño valle al lado de lo que ahora es un pueblo en ruinas, fundida por el fuego de dragón de la Segunda Era.
—…los árboles podrían ayudarnos con los soldados enemigos que vengan de este lado, dejando completamente desprotegido a este otro.
Riven me observa con detenimiento.
—¿Dónde has aprendido todo eso? —pregunta perplejo.
—Me lo has enseñado tú —le digo con una pequeña sonrisa.
Riven vuelve la vista al mapa y asiente mientras mueve las figuras colocándolas con los movimientos que le he sugerido.
—¿Crees que Laiyor estará en la batalla? —le pregunto sin mirarle.
Durante unos largos segundos no dice nada.
—No lo dudo —dice con un hilo de voz—, el miedo le ha llevado a hacernos esto.
—Corvin… ¿qué hay de él?
—Es su consejero de guerra, él le ha llevado a tomar esta decisión, esa rata ansiosa de poder es quien le ha hecho creer que conspiramos contra Laiyor y la corona.
—Pero eso es absurdo, Laiyor sabe…
—Laiyor sabe que tienes a Nyvral, una fuente de poder igual que la que tiene él —lo dice preocupado—. ¿Por qué crees que te pidió que te quedarás?
No puedo creer que esté cuestionando los sentimientos de Laiyor hacia mí .
—Me lo pidió porque me ama —le digo firme.
Riven niega con la cabeza, traga saliva antes de contestar.
—Una persona que te ama no te declara la guerra cuando la rechazas, no te oculta quién es durante meses, no te arrastra a sus tierras llena de traidores… —sus ojos arden en furia y rabia.
Doy un golpe en la mesa y doy por terminada esta absurda conversación, me retiro de la carpa con los ojos inundados en lágrimas.
Eso no ha estado bien, sé que lo que está haciendo Laiyor es horrible y nunca podré perdonarle que nos haya llevado a esta situación.
Pero lo que un día vivimos, fue real, nunca le vi como si fuera un príncipe, solo le vi a él.
Riven sale unos minutos más tarde, sigo parada de espaldas a la carpa intentando recomponerme de este golpe bajo.
—Zaja, lo siento. No quería herirte.
Me giro hacia él y mirándole a los ojos le digo:
—Esto ya me lo has dicho alguna vez.
Vuelvo a dentro y empiezo a quitarme la armadura, quiero estar cómoda para intentar descansar al menos unas horas. Riven no vuelve, y lo agradezco. Necesito estar un rato a solas.
Cuando despierto envuelta en mantas con las que no recuerdo haberme tapado, el sol se cuela por el pequeño hueco que hay entre las telas de la entrada, junto con el barullo delos que se están preparando para la batalla.
Salgo en busca de un poco de agua, no hay ni rastro de Riven entre toda la gente.
Me acerco a un montón de cubos que hay llenos y aprovecho para lavarme la cara y beber un poco.
Entre las muchas personas que hay por el campamento reconozco a una de ellas, el guarnicionero. Me acerco a él.
—Buenos días —le digo intentando que se acuerde de mí .
Pero no lo hace.
—Buenos días.
—Por casualidad no habrás visto hoy a Lord Riven… —le preguntó queriendo sonar casual.
—Anoche le vieron salir con su caballo, por lo visto hay cambio de planes en cuanto al lugar en el que se desarrollará la batalla…
Bajó un poco la cabeza a modo de agradecimiento y decido volver a la carpa, Riven todavía no ha vuelto desde anoche, un halo de preocupación me recorre la mente.
La idea de que lo hayan capturado los hombres de Laiyor me atraviesa la mente. Nyvral los habría visto primero, pienso para mí intentando convencerme de que está bien.
Cuando Riven entra por la carpa, todo mi cuerpo se relaja, suelto un suspiro de alivio.
—¿Dónde te habías metido? —le pregunto preocupada.
—Pensé que querrías estar sola, así que he aprovechado para ver el terreno que sugeriste, y… es perfecto.
Me sorprende su respuesta, agradezco que se diera cuenta de que necesitaba espacio, pero más agradezco que tenga en cuenta mi palabra en todo esto.
—Laiyor y sus hombres están cerca, mañana será el día que nos volvamos a ver las caras.
Y quizá también sea el último.