Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

La tarde transcurre tranquila, Shoy sigue entusiasmada observando todo lo que le rodea con detenimiento, acaricia y huele las hojas de todas las plantas y hierbas nuevas que nos rodean, mientras una hembra fae la acompaña por los alrededores.

Riven por su parte consigue relajarse un poco y observa el lago que baña la parte trasera de la casa de Numanier.

—Esta agua fue la que bebimos aquel día en el norte —le digo acercándome por detrás.

Riven se gira mientras me acerco lentamente hasta quedar a su lado.

—Es extrañamente hipnótico —dice con su calma habitual.

Riven sigue llevando la ropa con la que ha llegado, Numanier le ha ofrecido ropa cómoda y se ha negado a vestir como ellos.

—¿Cómo te sientes? —le pregunto volteando hacia él.

Tarda unos segundos en contestar.

—No lo sé, todo esto… —señala con una mano—, es como una ilusión, no confío en ellos.

Clava sus ojos en los míos buscando alguna reacción. Le cojo la mano, intentando devolverle un atisbo de confianza.

—Por ahora, tenemos que confiar, no tenemos otra opción .

Riven asiente y baja la mirada a nuestras manos que siguen entrelazadas.

Los pasos de Numanier acercándose a nuestra espalda nos hacen dirigir la atención hacia él. Se mueve con una gracia y una elegancia propia de este lugar, su cabello se balancea a cada paso al igual que lo hace la capa vaporosa que le cuelga por la espalda.

—Bienvenidos a Novalene —dice extendiendo los brazos en nuestra dirección.

—¿Novalene? Para nosotros es el Bosque de Lobos.

—Exacto pequeña Zaja, el Bosque maldito ¿verdad? Hicimos bien nuestro trabajo antes de establecernos aquí cuando decidimos irnos .

Riven lo examina en silencio, tan calculador como siempre, Numarier en cambio, le devuelve la mirada con una sonrisa imperturbable.

—Pero tu amigo sabía dónde encontrarnos ¿Verdad? —dice refiriéndose a Riven.

—Sí, es una larga historia… —logra decir Riven.

—Si hay algo que nos sobra por aquí, es tiempo, ya encontrarás el momento de explicarnos tan entrañable historia —dirige la mirada hacia mí con una impecable sonrisa—, la inmortalidad puede llegar a ser abrumadora.

Lo miro atónita; inmortal… Mil pensamientos recorren mi mente al escucharlo. Numanier sigue mirándome mientras no digo nada, cuando vuelvo en mí me doy cuenta de que tengo la boca abierta. Trago saliva.

—Riven, Zaja ¿os importaría acompañarme? —nos hace un gesto para que le sigamos .

No decimos nada pero caminamos a su lado, lo hacemos bordeando el lago que se adentra poco a poco en un jardín lleno de rosales. La hierba a mis pies está cuidada, se siente tan agradable que creo que nunca volveré a usar mis botas.

—Y bien —dice Numanier apacible—, necesito que deis respuesta a mis cuestiones.

Antes de que Riven diga una palabra, intervengo.

—Riven, tenemos que contárselo todo. Saben que me han dado caza.

Riven asiente, comienza a explicarle todo lo que nos ha traído hasta aquí con todo detalle, como sí estuviera leyendo un libro en su mente. Permanezco en silencio a su lado mientras paseamos por el jardín, Numanier le escucha con detenimiento, asintiendo a todo lo que Riven le explica.

—Entonces ese muchacho os conoce bien, eso no juega a vuestro favor —dice Numanier con la mirada puesta en la hierba —no tenéis muchas opciones…

Riven aprieta los labios antes de decir.

—Si consiguiera desvincularlos a él y su dragón, quizá tendríamos una oportunidad.

—Así que, ¿quieres arrebatarle ese poder? —pregunta mirando a Riven.

—Sí… —Riven se pone tenso—, era el objetivo principal cuando decidí acogerlos, ellos lo saben.

Numanier no aparta la mirada de Riven, lo está estudiando. Se da unos golpecitos en la barbilla, cierra los ojos como si repasara información almacenada.

—Nosotros vimos la caída de la segunda era —su mirada se pierde en la nada— solo hay una manera de conseguirlo…

Riven se relaja y espera la respuesta que lleva tantos meses buscando. Tantos libros y días sumergidos en los textos, cuando la respuesta ha estado siempre en los fae.

—Para que el vínculo se rompa, es sencillo, jinete o dragón tienen que morir. Solo la muerte es capaz de destruir un vínculo tan ancestral.

Riven se lleva la mano a la frente, lo que tanto lleva persiguiendo acaba de darle una bofetada en la cara. Se lo que está pensado: ¿matar a Laiyor o matar a Thasvol?.

La idea me golpea a mí también, no vamos a hacer tal cosa, lo sé.

—Entonces —digo—, estamos condenados.

Numanier se gira para mirarme con sorpresa.

—¿Por qué dices eso Zaja? —pregunta totalmente en serio—, tienes un dragón.

Lo dice como si fuera una respuesta, una solución a nuestros problemas.

—No pienso poner en peligro la vida de Nyvral, Thasvol es mucho mayor que él.

—¿Estás subestimando el poder y la fuerza de tu dragón? —pregunta como si no creyera lo que acaba de escuchar—. Zaja, tu dragón es una máquina de guerra, no un gatito que tengas que acunar.

Riven continúa sin decir nada, esto le ha atravesado como una lanza. No podemos hacer nada, a no ser que…

—¿Y si me entrego? —digo esperanzada.

—Ni hablar, ¡No puedes estar hablando en serio Zaja! —Riven alza la voz.

No pienso amedrentarme ante él. Numanier nos observa con paciencia .

—¡No te permito que me vuelvas a alzar la voz! —le digo poniéndome a su altura—. No entiendes que si no me sacrifico, tú y Shoy vais a morir…

Riven aprieta los labios antes de contestar, esta vez su tono es más bajo.

—No entiendes Zaja que esto no va solo de tí, Laiyor cree que todo Elion le ha traicionado. Todos estamos condenados.

Esto me cae como un jarro de agua fría, tiene razón, Laiyor nos vio marcharnos a los dos, Thasvol ha estado sobrevolando Élion…

Riven fue quien le tendió la mano, el que estaba dispuesto a cualquier cosa para romper el vínculo con su dragón, Laiyor sabe que tarde o temprano Riven lo conseguirá, y eso ahora mismo es un problema.

La única ventaja que tenemos es toda la información que ahora tenemos y Laiyor no.

El paseo se acaba después de nuestra ridícula discusión. Me adelanto a ellos para volver antes a mi habitación, mientras camino a paso ligero, sé que Riven le va a pedir a Numanier que me vigile por si intento escapar y entregarme al norte.

En mi mente no paran de resonar las palabras de Numanier, ya tenemos resuelto el enigma que nos ha llevado de cabeza todos estos meses, ya sabemos cómo romper el vínculo con un dragón, y no podemos hacer nada.

En el fondo siento un gran alivio por Nyvral y por mí, no estoy dispuesta a perderlo.

Sé que el sentimiento de Laiyor es el mismo por Thasvol, no le pondrá en peligro, al menos eso creo.

No vamos a matar a Laiyor, no podemos matar a Thasvol, nos abrasaría antes de poder llegar a él.

Cuando llego a mi habitación me dejo caer sobre la cama, intento permanecer con la mente en blanco unos minutos, dejar que el aroma de las rosas me saque de mi conflicto emocional.

Antes de que pueda cerrar los ojos, Riven está en la puerta.

Me incorporo y le observo desde la cama, en su cara solo hay arrepentimiento, con un leve gesto con la cabeza le invito a entrar.

—Perdóname, Zaja —dice arrepentido—. No quería herirte, pensar en que te entregues me quema, arde en mi pecho, no voy a permitirlo.

—Está bien, tienes razón, yo también lo siento por pensar que esto va solo de mí, no quiero que el pueblo de Elion sufra por una decisión estúpida.

Se acerca a los pies de la cama y me observa mientras permanezco sentada. De repente, se lleva las manos a la cabeza y aprieta sus cejas, niega con la cabeza. No entiendo nada.

—Laiyor va a declararnos la guerra —palidece de golpe.

Siento que la sangre abandona mi cuerpo. Lo que sea que está viendo en su mente le estremece.

Permanece así unos segundos, se masajea las sienes como si intentara borrar la imagen de su mente.

—Tengo hombres leales por todos los rincones de Élion, no son muchos pero creo que podré reunir un ejército —lo dice como si estuviera pensando en voz alta—, tengo que marcharme Zaja, esto es inminente.

No puede estar hablando en serio, apenas acaba de llegar, apenas hace un día que llegamos del norte.

—Por favor tengo que pedirte que te quedes aquí con Shoy…

Intento salir del trance en el que ha decidido entrar mi cuerpo y reacciono levantándome y poniéndome frente a él.

—Si tú vas a la guerra, yo voy a la guerra, no pienso esconderme en este extraño paraíso mientras tú y nuestro pueblo entregáis vuestras vidas a las fauces de Thasvol.

No puedo imaginar nuestro hogar reducido a cenizas por la furia de ese dragón, no permitiré que destruyan un lugar tan maravilloso y que tanto me ha enseñado.

—Zaja… —no puede mirarme a la cara—. Laiyor cree que conspiramos contra él, está furioso, no permitirá que nadie vuelva a pasar por encima de él. No puedo permitir…—se atraganta con sus palabras— que te haga sufrir. Quédate.

—No, Nyvral y yo vamos contigo, por favor.

Riven aprieta los labios y me agarra de las manos con fuerza, sigue sin poder dirigirme la mirada. No sé qué está pasando por su cabeza, pero le está matando por dentro.

Apoya su frente en mi cabeza y puedo sentir como afloja su tensión y suspira. Aprieta con fuerza mis manos unos segundos y da un paso atrás. Esta vez sus ojos me atraviesan.

—Me marcho mañana, Numanier te avisará cuando sea el momento de que Nyvral y tú os unáis.

Asiento sin apartarle la mirada, sus ojos recorren los míos como si pudiera guardarlos en algún lugar de su mente.

—Deberías descansar —consigo decirle.

—Todavía no me han asignado un dormitorio —dice casi avergonzado.

—Puedes dormir aquí, te dejaré a solas un rato, volveré más tarde.

Suelto nuestras manos y me dirijo hacia la puerta, antes de que llegue al umbral. Siento como sus ojos se clavan en mi espalda.

—Zaja… —dice—. Aquella noche en la aldea, tú también me salvaste a mí .

Sus palabras me cogen por sorpresa, me detengo antes de cruzar al pasillo.

—¿Recuerdas cuando me envenenaron? —le digo apoyando las manos en el marco.

La sombra del recuerdo le cruza la mente, puedo verlo en sus ojos.

—Nunca hemos hablado de ello… —le recuerdo.

—La culpa me acompaña desde entonces —dice bajando la mirada al suelo—, pasé mucho miedo, te morías en mis brazos…

Se mira las manos como si pudiera revivir la sensación que sintió entonces, al verle así no puedo evitar pensar en todos los errores que he cometido con él, y sí en vez de a Laiyor, me hubiera entregado a él.

Nunca me he permitido mirarle del mismo modo al que miraba a Laiyor, como si siempre hubiera estado prohibido.

—Te lo debo todo, y pienso pagar mi deuda.

Salgo y no miro atrás, no puedo, necesito reunirme con Numanier.