Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 37
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CAPÍTULO 37

Cuando entramos, la casa está oscura y en silencio, por un breve momento veo la tensión en Riven, como si no acabara de sentirse seguro. Escuchamos unos pasos que vienen de arriba y nos quedamos inmóviles, esperando a ver quién aguarda por nosotros.

Shoy nos observa incrédula desde lo alto de la escalera.

—¡Ya habéis llegado! —dice llena de alegría.

Baja rápido por las escaleras y nos abraza a ambos.

—La casa se siente tan vacía… —mira a nuestro alrededor—. ¿Dónde está Laiyor?

El silencio vuelve a ser el protagonista, Riven mira a Shoy con gesto de desaprobación, después me mira a mi, y le dedico una media sonrisa.

—No puede ser… —nos mira atónita—, el dragón gris ha estado por aquí.

Riven y yo nos miramos preocupados.

—¿Cuánto hace de eso? —le pregunta Riven.

—Estuvo sobrevolando la casa y el acantilado esta tarde…—no sabe nada—, supe que estarías cerca, así que os he preparado la cena .

Su cara es un poema, nos hace un gesto para que la acompañemos a la cocina. Bajamos en silencio, y una vez nos sentamos, Shoy nos sirve, pero ni Riven ni yo podemos pegar bocado. Nuestras miradas se quedan fijas en la nada.

—¿Alguno va a contarme qué está pasando? —la desesperación en las palabras de Shoy es latente.

Riven se recuesta sobre el respaldo de su silla y deja ir un suspiro. No sabe por dónde empezar.

—El norte —comienza —, es la cuna de los traidores.

Sus palabras le pesan, las arrastra como si le doliera. Shoy lo mira con incredulidad, como si no entendiera.

—Nos capturaron, nos torturaron, Laiyor fue finalmente rescatado por su dragón el día del juicio, Eryas murió devorado —levanta la mirada y continúa—, mientras lamíamos nuestras heridas, el consejo forzó a Laiyor a tomar una decisión con respecto a su posición de heredero, a aceptado, pero ya no es el Laiyor que conocemos, quiere llevarse a Zaja…

Riven me dirige la mirada con preocupación, aprieta los labios y cierra los puños encima de la mesa.

Shoy no consigue decir nada, solo niega con la cabeza.

Apoyo los codos en la mesa y dejo caer la cabeza entre mis manos.

Laiyor va a robarme mi hogar, no quiero poner en peligro a Shoy.

Shoy, ella es el corazón de esta casa, si le pasara algo…

Intento borrar ese pensamiento de mi mente.

Sí me quedo me encontrará y si no me encuentra se los llevará a ellos.

—Tengo que irme —digo decidida mirándolos.

—¡Ni hablar! —dice Riven alzando la voz—. No permitiré tal cosa, este es tu hogar, nuestro hogar .

Shoy me tiende su mano.

—No tienes que hacer tal cosa chiquilla —sus ojos están clavados en los míos.

Los miró a ambos, y cada vez lo tengo más claro, no dejaré que les pase nada, no voy a permitir que Riven vuelva a ser torturado por mi culpa.

—Nos vamos todos —les digo con firmeza—, volveremos cuando sea seguro, Thasvol ha estado aquí. Viene a por nosotros, si no me encuentra a mí ¿qué crees que hará con vosotros?.

—¿A dónde piensas llevarnos Zaja? —dice Riven cuestionándome —¿A la aldea? ¿A qué ese borracho vuelva a ponerte una mano encima? —hay rabia en su mirada.

—No… al Bosque de Lobos.

—Allí solo hay criaturas hostiles y saber qué más —dice Shoy.

Riven me mira fijamente y esta vez no sé descifrar que hay exactamente en su mirada, aunque parece que está valorando lo que digo.

—No pienso ir sola —no pienso marcharme sin ellos—, o vamos todos, o nos quedamos todos.

Shoy no dice nada, pero en su cara puedo ver que cree que estemos hablando en serio. Riven baja la cabeza y cierra los ojos. Esto es muy duro para todos.

—Numanier nos acogerá… —digo con un hilo de voz—, él me prometió asilo.

—Te dije que no confiaras en los fae —dice Riven cansado.

—¿Fae? —dice Shoy.

Nos quedamos unos minutos en silencio, unos minutos que son oro, no tenemos mucho tiempo. Riven no ha levantado la cabeza todavía y Shoy mira alrededor de la cocina como si buscara algo imposible de encontrar. Cuando Riven finalmente se incorpora dice:

—Tenemos que descansar, así no puedo pensar con claridad —Riven nos mira a las dos—. Dos horas, coged vuestras cosas, partiremos hacia el Bosque de Lobos antes de que amanezca. Zaja tú volarás con Nyvral, llegarás antes, tendrás que hablar con Numanier y pedirle que nos acoja a nosotros también.

—Lo haré, os pondré a salvo. Lo prometo.

Shoy sigue al margen, nos mira como si nos hubiéramos vuelto locos.

Subo las escaleras que conducen a los dormitorios, acaricio la madera del pasamanos como si fuera una despedida.

Observo el gran salón mientras subo, tan hermoso, donde he aprendido más que en todos mis años en la aldea, donde practicaba con la espada y he pasado tantos momentos con Laiyor.

Todo esto quedará atrás, pero no será para siempre.

Cuando llegó a mi dormitorio me empapo del olor salino que impregna la estancia, me dejo caer en mi cama, disfruto del roce de las sábanas acariciándome la cara, las mismas que me abrazaban cuando llegué envenenada.

Miro hacia la puerta, la primera vez que le vi estaba ahí, observándome.

¿Cuándo podré volver? ¿Qué tiene que pasar para que eso ocurra?

No tengo respuesta a mis cuestiones, quizá Numanier las tenga. Un halo de esperanza me envuelve con ese pensamiento, pero no me reconforta. Me levanto y preparo una bolsa con mis cosas. No esperaré las dos horas que me ha pedido Riven, cuanto antes me ponga en marcha, antes podremos volver.

—¿Estás preparado? —le digo a Nyvral.

—¿Para volver a ver a esos feos fae ?

—No, para poner fin a todo esto —quiero sonar convincente.

—Pequeña humana, cada día me gustas más. Te espero en el claro.

Unos pocos minutos después escucho como Nyvral aterriza. Bajo las escaleras rápidamente pero intentando hacer el menor ruido posible. Abajo está Riven, cuando llego al hall parece que me espera.

—Ten cuidado Zaja —me abraza—, nos veremos en unas horas.

Hay preocupación en todo su ser, me mira de arriba abajo como si fuera la última vez.

—Te lo prometo, confía en mí.

Nos volvemos a dar un abrazo, esta vez es más largo.

—Cervatillo —me dice al oído—, no me rompas el corazón, mantente a salvo.

Asiento, nos deshacemos del abrazo y antes de que cruce el umbral de la puerta nos miramos por unos segundos y tengo la sensación de que Riven lo hace diferente, o ¿siempre lo ha hecho así?.

Llego hasta Nyvral que me mira con ojos impasibles. Me acomodo en la montura y cuando quiero darme cuenta nos alzamos hacia las estrellas, hoy serán ellas las que acompañen nuestro vuelo.

—¿Estás segura de lo que estás haciendo ? —pregunta Nyvral.

—No tengo otra opción… —le digo.

—Si la hay, yo podría ocuparme —lo dice en serio.

—No voy a permitir que ninguna de las personas y criaturas que amo sufran.

—Oh, me vas a hacer llorar… —Una sonrisa cruza mi mente.

—No te hagas el duro, tengo derecho a preocuparme por ti igual que tú lo haces por mi .

No dice nada, nos centramos en el vuelo.

Cuando estamos cerca del sur el cielo es impresionante, una inmensidad de estrellas ilumina el cielo, hoy la luna se mantiene oculta y el espectáculo que nos regala esta noche espero que sea el augurio de lo bueno que está por venir.

El bosque inmenso se abre paso ante nuestros ojos, si a la luz del día es imponente, ahora en la noche se ve aterrador.

Quizá no tenga la misma suerte que la última vez que vine aquí, hoy no traigo ningún objeto, sólo la promesa que me hizo Numanier.

Nyvral llega al claro, sabe que no puede entrar.

Yo sé que debo hacerlo sola, no puedo dudar, pero el miedo vuelve a atravesarme como una lanza.

Pero entraré de la misma manera que entré la primera vez, con una mano en la empuñadura de mi espada, dispuesta a usarla.

Me adentro en la oscuridad, apenas veo las ramas que crujen a cada paso que doy, como si anunciaran mi llegada, toco la corteza de los árboles, intentando que los Sylvethar adviertan a los fae de que soy yo, que recuerden la promesa.

Avanzo despacio, apenas la luz de las estrellas entra aquí adentro, tropiezo con una raíz que sobresale, me reincorporo rápidamente, entonces lo escucho.

—Shhh.

Observo a mi alrededor, buscando de dónde proviene el sonido, miro detrás, a los lados, arriba en los árboles. No veo nada, solo oscuridad.

—Shhh.

Esta vez lo escucho más cerca, quien sea o lo que sea sabe que estoy aquí.

—¿Quién eres? —digo.

Durante unos minutos me quedo en silencio, pego mi espalda a un árbol, así si alguien quiere atacarme por detrás, no podrá .

Me volteo alrededor del tronco y le veo. Como un fantasma, me hace dar un sobresalto. Me tapo la boca para ahogar el grito que se me escapa.

Numanier, sosteniendo una pequeña luz fae que le ilumina la cara.

—Hola Zaja, no pretendía asustarte —dice tranquilo—, ¿qué os trae por aquí a ti y a tu dragón?

Intento recomponerme del susto casi mortal, cojo aire como puedo.

—Necesitamos tu ayuda —voy directa al grano.

Me mira de arriba abajo, como si me estudiara, como si pudiera ver dentro de mí.

—Entiendo… —frunce el ceño— ¿para qué exactamente?

—Me han dado caza, a mí y a mis amigos.

—¿Qué has hecho pequeña humana?.

—Elegir mi destino —lo digo con orgullo.

—¿Y porque te trae problemas ese destino?.

Trago saliva antes de contestar.

—He decidido no ser reina.

Una sonrisa se dibuja en su cara, se acaricia la barbilla y asiente.

—Bien hecho pequeña muchacha. ¿Y dónde están tus amigos? —mira a su alrededor moviendo los brazos.

Me estoy poniendo nerviosa, parece que está jugando conmigo, si esto sale mal estamos perdidos.

—Están de camino, yo he llegado con Nyvral, el dragón.

Da unos pasos hacia donde estoy, asintiendo. Mi cuerpo se tensa, trago saliva e intento parecer segura de mí misma. Pero ahora mismo no lo estoy .

—Relájate Zaja, te prometí un lugar seguro y lo tendrás.

—¿Y mis amigos? —intento descifrar su mirada.

—Cuando lleguen lo averiguaremos, no es una decisión que yo tenga que tomar.

Me mira pasando de largo y me invita a seguirle.

Quiero contestarle, necesito que me diga que sí que los aceptará, pero al menos no me ha dicho que no.

Me sudan las manos, las piernas me tiemblan, pero ahora no es el mejor momento para demostrar mis debilidades.

Acompaño a Numanier por el bosque hasta que la ciudad se asoma entre los árboles.

Se ve muy distinta a la última vez, de noche es más hermosa si es que eso es posible, las luces mágicas flotan y se unen a las estrellas que nos acompañan.

Huele a fresco, a flores y a algo que no se descifrar, cuando me doy cuenta no siento frío, tampoco calor, la temperatura es perfecta.

Numanier me vuelve a llevar al mismo edificio con columnas de la última vez.

—La casa del lago es mi hogar, hoy podrás pasar la noche aquí.

Entramos en el majestuoso edificio, subimos unas escaleras antes de la salida que da al lago.

Me señala con un movimiento sutil y elegante una puerta hermosa que tiene la misma forma puntiaguda de sus orejas, me acompaña dentro de la estancia, es un dormitorio precioso, con vistas al lago lleno de nenúfares.

La cama es enorme, con un dosel que cae como una cascada.

Un rosal de flores rosa pálido se cuela por la ventana, que deja entrar la luz de las estrellas, hay tanta belleza aquí dentro que no me siento digna de este lugar.

Mientras observo abrumada, Numanier me observa a mí. Una sonrisa se me escapa, él me la devuelve cuando sus ojos se cruzan con los míos .

—Descansa Zaja, tus amigos llegarán en unas horas. Acomódate, yo vendré a buscarte para reunirte con ellos —dice desde la puerta.

Sus palabras me dan calma, tengo que confiar en él aunque no me ha prometido nada.

Asiento y tras el gesto, Numanier cierra la puerta tras él. Me quedo un rato de pie en el mismo lugar, observando todo lo que me rodea.

No sé si podré dormir, pero al menos aquí sé que estoy segura, oculta del mundo humano, de los ojos de Laiyor y Thasvol. Y pronto las personas que quiero también lo estarán. Y entonces podremos preparar nuestro plan.