Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Las conversaciones no se detienen cuando entramos, pero cambian, se vuelven más bajas, más contenidas, todos nos miran con sospecha.

Siento sus ojos recorriéndome como cuchillas, no pertenezco aquí y ellos lo saben.

Riven no se detiene, camina entre las mesas con una seguridad que corta el ambiente, como si este lugar le debiera algo.

Yo voy detrás de él intentando no perder el ritmo, intentando no mostrar lo incómoda que me siento.

Nos dirigimos al fondo, allí en una mesa apartada, hay un hombre solo, lleva la capucha baja, espalda relajada, una copa llena en la mesa.

Riven se detiene frente a él.

—Sigues bebiendo como si no tuvieras nada que perder.

El hombre sonríe sin levantar la cabeza.

—Y tú sigues apareciendo cuando todo empieza a ponerse interesante.

Alza la vista, sus ojos son claros, demasiado limpios para este lugar.

Se clavan primero en Riven y luego se detienen en mí.

—Vaya… —murmura—. No vienes solo.

No me gusta cómo me mira .

—Necesitamos información —dice Riven sin rodeos.

El hombre suelta una risa baja.

—Claro que sí. Siempre necesitas algo.

Se inclina hacia atrás en la silla.

—La pregunta es ¿qué me ofreces?

Riven no responde al instante, eso me inquieta.

—Depende de lo que sepas.

—Sé muchas cosas —dice el hombre—. Pero tú no vienes por «muchas cosas».

Hace una pausa.

—Vienes por el príncipe.

El silencio cae como una losa, siento cómo se me corta la respiración. Riven no se inmuta.

—Habla.

El hombre chasquea la lengua.

—Directo, siempre tan encantador.

Apoya los codos en la mesa y entrelaza las manos.

—Lo capturaron en la catedral. Delante de medio reino, bonito espectáculo.

Aprieto los puños.

—¿Dónde está? —pregunto antes de poder evitarlo.

Sus ojos vuelven a mí esta vez, sonríe de verdad.

—Tiene carácter.

Riven me lanza una mirada rápida, no de reproche sino de advertencia. Demasiado tarde.

—Está en el ala norte del palacio —dice el hombre—. No en las mazmorras comunes, es demasiado valioso para eso.

Mi corazón se acelera .

—¿Vivo?

—De momento.

Trago saliva.

—¿Qué significa eso?

El hombre se encoge de hombros.

—Significa que el príncipe Eryas tiene planes.

Riven se inclina ligeramente hacia delante.

—¿Qué tipo de planes?

El hombre duda y sonríe.

—Ah… eso es información de verdad.

Silencio.

—¿Qué quieres? —pregunta Riven.

Ahí está, el precio. El hombre se queda pensativo unos segundos, tamborileando los dedos sobre la mesa.

Luego me mira.

—A ella.

Se me hiela la sangre, Riven reacciona de inmediato.

—Ni lo sueñes.

—Tranquilo —dice el hombre con una sonrisa ladeada—. No en ese sentido.

No le creo.

—Quiero saber qué es —añade—. No todos los días alguien entra aquí oliendo a dragón.

El mundo parece detenerse, Riven se queda completamente inmóvil.

—No sabes de lo que hablas.

—Oh, sí lo sé —responde el hombre con calma—. Y si yo lo sé, otros también pueden llegar a saberlo .

Siento un escalofrío.

—No es negociable —dice Riven, más bajo, suena peligroso.

El hombre se encoge de hombros.

—Entonces no hay trato —Se recuesta en la silla—. Y tú te vas sin saber cuánto tiempo le queda con vida a tu querido príncipe.

El golpe es directo, Riven aprieta la mandíbula, yo doy un paso adelante.

—¿Qué quieres saber?

—Zaja—advierte Riven.

Pero no me detengo.

—Dímelo.

El hombre me observa, evaluándome.

—Quiero confirmar lo que eres.

Silencio. Mi pulso retumba en los oídos.

—Y si lo haces… —añade—,te diré qué piensa hacer Eryas con él.

Cierro los ojos un segundo.

Nyvral, siento su presencia, lejana pero atenta.

— No confíes —susurra en mi mente.

Abro los ojos.

— No tenemos tiempo —respondo mentalmente.

—Eso nunca ha sido excusa para la estupidez.

Aprieto los dientes, Riven me mira y en sus ojos hay algo que no había visto antes. Miedo. Algo me dice que es por mí.

Miro al hombre.

—¿Cómo?

Su sonrisa se ensancha.

—Solo quiero oírlo .

El silencio se vuelve insoportable.

—Dilo.

Respiro hondo.

—Fui yo la que salí volando con el dragón…

Las palabras caen de forma irreversible, el hombre no reacciona de inmediato con una risa inusual.

—Interesante, muy interesante.

Riven está tenso a mi lado.

—Tu turno —digo.

El hombre asiente lentamente.

—Eryas no va a matarlo.

El alivio me golpea tan fuerte que casi me tambaleo.

—Todavía.

Se me hiela la sangre.

—Quiere un juicio público —continúa—. Acusarlo de traición y convertirlo en ejemplo para que todos le sean leales.

Riven aprieta los puños.

—¿Cuándo?

El hombre inclina la cabeza.

—En cuatro días.

El alivio y la tensión chocan dentro de mí.

—Entonces tenemos tiempo…

—No —corrige Riven—. Tenemos margen, no es lo mismo.

—Exacto.

Silencio..

—El ala norte del palacio… —murmura.

El hombre levanta una ceja.

—¿De verdad creéis que vais a entrar ahí ?

Riven lo ignora.

—Entramos cuando dejen de mirar —dice—. Y para eso… necesitamos prepararnos.

El hombre sonríe.

—Quizá.

Se inclina hacia delante.

—Pero hay un problema.

Demasiados problemas.

—Habla.

—Está esperando a que vayáis a buscarlo.

El pulso se me detiene.

—Y ahora sabe que tiene un dragón.

Siento cómo el aire se vuelve insoportable.

—La ciudad está en alerta —añade—. Guardias en todas partes, están haciendo el doble de registros y controles.

Riven asiente despacio.

—Eso lo complica.

—Lo hace casi imposible —corrige el hombre.

Riven se gira hacia mí.

—¿Estás segura de esto?

La respuesta ya está en mi pecho.

—Sí.

No hay duda, no con esto. Riven asiente decidido. Se vuelve hacia el hombre.

—Necesitamos una forma de entrar.

El hombre sonríe. Como si hubiera estado esperando esa pregunta.

—La hay .

Se inclina un poco más.

—Pero no os va a gustar.

Mi estómago se contrae.

—Habla.

El hombre clava sus ojos en los míos.

—No vais a entrar como sombras.

Hace una pausa.

—Vais a entrar sin rostro.

Inmediatamente coge un papel y se lo entrega a Riven.

Salimos de la taberna sin mirar atrás, sacudo la cabeza con fuerza, como si intentara despejar todo lo que acaba de ocurrir, pero no lo consigo. Las palabras del hombre siguen resonando en mi cabeza.

Ala norte. Palacio. Juicio.

Camino junto a Riven en silencio, con el papel aún apretado entre mis dedos, no me atrevo a abrirlo otra vez.

No quiero ver ese nombre que no es mío, esa vida que tendré que fingir.

Las calles de la ciudad baja parecen más estrechas ahora, están más oscuras que cuando llegamos como si se cerraran a nuestro paso.

Riven no se detiene hasta que dejamos atrás el vocerío de la taberna. Solo entonces reduce el ritmo, no me mira, pero sé que está pensando, siempre está pensando en cambio yo no puedo dejar de sentir.

—El juicio será en cuatro días.

Su voz rompe el silencio sin previo aviso.

Levanto la mirada hacia él.

—¿Estás seguro ?

Asiente levemente.

—Tiene sentido. Eryas no quiere matarlo sin más. Quiere que todos lo vean, tiene que justificarlo.

Un nudo se forma en mi garganta.

Cuatro días, no es mucho… pero tampoco es inmediato.

—Entonces tenemos tiempo —le digo.

Riven niega con la cabeza.

—Tenemos margen.

La diferencia pesa más de lo que esperaba.

Seguimos caminando, el frío pesa pero ya no lo noto igual. Mi mente está en otro sitio, en una celda fría, en el ala norte de un palacio que no conozco. En Laiyor, encerrado, esperando.

Aprieto el papel sin darme cuenta.

—Ahora mismo no podemos entrar —añade Riven al cabo de unos pasos.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

—Porque lo que ha pasado hoy lo ha cambiado todo.

—Entonces, esperamos.

La palabra me sabe amarga, Riven se detiene y gira hacia mí.

—Nos preparamos.

Sostengo su mirada y esta vez no discuto, porque sé que tiene razón.

El camino de vuelta se hace más corto, o quizá soy yo la que ya no presta atención a nada que no sea lo que viene. Cuando la casa aparece entre la oscuridad, siento algo extraño, no es alivio, no exactamente. Más bien se siente comouna pausa.

Nyvral levanta la cabeza en cuanto nos acercamos .

Sus ojos brillan en la noche, no hace falta que diga nada, está dentro de mi sintiéndolo todo.

Me acerco a él y apoyo la mano en su cuello. Esta vez su temperatura es más estable, pero sigue habiendo algo incómodo en su postura.

El norte no es su lugar.

— Va a haber juicio —le digo en mi mente.

El silencio que sigue es pesado.

—Entonces no lo matarán aún.

—No .

Otra pausa.

—Pero lo harán .

Nyvral exhala una nube de vapor.

—Entonces no falléis.

La firmeza en su voz me recorre entera.

—No lo haremos.

Dentro, la casa está igual que la dejamos, Riven se mueve por la estancia con rapidez, como si cada segundo contara ya.

No pierde tiempo, no duda. Saca mapas y papeles.

Cosas que no había visto antes. Yo me quedo de pie un momento, observando, intentando ordenar todo.

Cuatro días, cuatro días para entrar en el lugar más peligroso del reino, cuatro días para no fallar.

Me acerco a la mesa.

Riven ya ha extendido un mapa de la ciudad. Sus dedos recorren las murallas, los accesos, las zonas más densas.

—No vamos a improvisar —dice sin mirarme—. Cada paso tiene que estar medido.

Asiento .

—¿Por dónde empezamos?

Esta vez sí me mira.

—Por ti.

Parpadeo.

—¿Por mí?

—No puedes entrar ahí como estás ahora.

Bajo la mirada un segundo, tiene razón. Tendré que ser invisible en un sitio así.

—Necesitas saber moverte como ellos —continúa—. Hablar como ellos y lo más difícil, pensar como ellos.

Nobles. La palabra me resulta ajena.

—Y necesitas controlar lo que sientes —añade.

Eso pesa más. Levanto la vista.

—Lo intento.

—No basta.

No lo dice con dureza, lo dice como un hecho. Y eso lo hace peor.

—Tendremos que trabajar en eso —concluye.

Asiento despacio, se que no hay otra opción.

La noche avanza sin que me dé cuenta, el cansancio vuelve, pero no como antes, no es físico es otra cosa, más profunda y constante.

Subo a mi habitación, pero no me tumbo enseguida. Me quedo junto a la ventana, mirando la oscuridad. En algún lugar, al otro lado de las montañas, está la capital, y en su interior… Laiyor.

Está solo, cierro los ojos. Puedo verlo, no físicamente pero lo siento.

Como un hilo tenso que no se rompe.

—Aguanta… —susurro.