Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Los días que siguen se vuelven monótonos, pero no con esa monotonía cómoda de los días anteriores a que todo cambiara.

Riven nos pidió que los dragones se mantuvieran alejados y nosotros apenas hemos salido cuatro veces contadas al jardín, ni hablar de volver a la ciudad de Élion.

La tensión se corta en el ambiente y aunque he intentado mantenerme relajada, a duras penas lo he conseguido.

Hemos recibido todos los días visitas de mensajeros y caballeros con el estandarte de la corona, buscando a Laiyor, entregando cartas y más cartas a Riven. Las cortinas mantienen cubiertas las ventanas todos los días.

Cada vez que alguien toca a la puerta debemos permanecer callados.

Estamos Riven y yo practicando con la espada cuando tocan a la puerta.

—Lord Riven, ¡abra la puerta! —dice alguien.

Riven deja la espada en el suelo sin apenas hacer ruido y llevándose un dedo a los labios me pide que permanezca en silencio.

Sale del salón y cierra la puerta tras él, intento distinguir algo de la conversación, pero tras la puerta de madera maciza, apenas puedo percibir el sonido de la puerta principal al cerrarse.

Me aparto de la puerta, sé que en breve entrará Riven, y así es, diez segundos después cierra la puerta a su paso.

—¿Quién era? —le pregunto.

—El mismo de todos los días…—está agobiado.

—¿Cuánto va a durar esto? —pregunto con hastío.

—Hasta que lo encuentren —dice clavándome la mirada.

La conversación con Riven se corta en el momento que Laiyor entra al salón.

—Esto tiene que terminar —dice Laiyor cruzando en dirección a Riven.

Riven se mantiene erguido, él también está cansado se queda callado ante las palabras de Laiyor que se detiene a un par de pasos de él, sus brazos caen a los lados, pero sus puños se aprietan ligeramente. No aparta la mirada y la tensión que emana es casi tangible.

—Esto tiene que terminar —repite, más firme esta vez—. No puedo seguir escondido mientras ellos me buscan como si fuera un ladrón.

Riven me mira de reojo, luego vuelve a fijar sus ojos en Laiyor, su postura tan recta y calmada como siempre, pero puedo percibir la presión contenida bajo esa paciencia que parece infinita.

—No puedes decidir eso tú solo —responde Riven con voz baja, medida—. Hay cosas en juego.

Riven suspira, un gesto breve que parece más humano que cualquier otra cosa que haya mostrado hasta ahora.

—Sé que estás agotado —dice, casi suavizando su tono—. Pero precipitarse no ayuda a nadie.

Siento un nudo en la garganta. Me mantengo a un lado, observando la frustración de ambos que pesa como si fuera mía .

Abro los ojos y veo a Laiyor recostarse ligeramente, sus hombros caen un poco, pero no su mirada. La rabia y la preocupación luchan en sus ojos.

—Entonces, ¿qué hacemos? —pregunta finalmente, con un hilo de voz que no le pertenece por completo.

Riven da un paso hacia él, pero no invade su espacio.

—Esperar. Prepararnos. No puedo solucionarlo todo, y tú tampoco —dice con firmeza—. Pero mientras estemos aquí, tenemos que permanecer unidos y controlar lo que esté en nuestras manos.

Laiyor baja la mirada, respira hondo, y por un instante parece relajarse, aunque la tensión sigue ahí, como un hilo fino que podría romperse en cualquier momento.

La tarde transcurre tranquila, la hora de la cena ha sido incómoda, igual que las tres últimas. Cuando finalmente acabo de cenar,recojo mi plato y vuelvo a mi dormitorio.

Mientras me cepillo el cabello me doy cuenta de que en mi rostro no se dibuja una sonrisa desde hace ya demasiados días, echo de menos la conexión con Nyvral, cuanto más lejos está, más débil se vuelve en mi mente.

Me pongo el camisón y me deslizo por la cama, necesito descansar, olvidarme de mis pensamientos y adentrarme en un sueño profundo.

Mientras intento encontrar la postura, un golpe suave en la puerta me sobresalta.

Antes de que pueda reaccionar, la puerta se abre.

Allí está, lleva la capa puesta, la luz de la luna que entra por la ventana le ilumina la cara. Es Laiyor.

—Zaja —dice desde la puerta.

Me incorporo sin salir de la cama.

—¿Laiyor? —mi voz tiembla .

Se decide a entrar y cierra la puerta sin apenas hacer ruido. Sus ojos buscan los míos y puedo distinguir una mezcla de cansancio, preocupación ycariño.

Se acerca, pero mantiene cierta distancia. Sus manos se aferran a los bordes de la capa como si necesitara sostener algo. A un lado puedo ver la empuñadura de su espada.

—Lo siento —dice, con una sinceridad que me atraviesa—. Por todo. Por no explicarte, por los silencios, por no haber estado contigo cuando más lo necesitabas.

Siento un calor extraño en el pecho, una mezcla de alivio y dolor. No sé si reír, llorar o lanzarme a abrazarlo. Pero no digo nada.

Laiyor niega con la cabeza, con esa mezcla de dureza y tristeza que me parte el corazón

—No podía irme sin decírtelo.

Sus palabras golpean mi pecho con fuerza. Durante unos segundos intento entender lo que está pasando.

Trago saliva y solo me sale decirle.

—¿Te vas?

Me mira fijamente y seguidamente aparta la mirada. Está sentado al borde de la cama, parece devastado.

—Volveré. Te lo prometo.

No, no puede marcharse así sin más. Mis ojos se abren, lo está diciendo en serio.

—Quédate —intento no sonar suplicante, pero las palabras me queman.

—No puedo —responde—, me vuelvo a casa. Pero quiero decirte… que lo nuestro…

Respira hondo, esto le está doliendo igual que a mi .

—Déjame ir contigo —no quiero perderlo.

Antes de que pueda decir nada, está a apenas unos centímetros de mí acariciándome la cara, me observa con ternura.

—No es posible, tienes que quedarte con Riven.

Me besa la frente y me promete que volverá.

Antes de que pueda decir nada sale por la puerta con el mismo sigilo con el que entró.

No me hace falta pensarlo mucho, salgo de la cama de un salto, me cambio tan rápido como puedo, cojo la espada que me regaló Riven, cuando apenas me he colocado las botas, estoy bajando las escaleras.

Antes de cruzar la puerta le dejo una nota a Riven:

Volveremos, lo siento.

Zaja.

Laiyor está ya montado al caballo cuando salgo por la puerta principal.

—No te vas a librar de mí tan fácilmente —le digo casi sin aliento.

Puedo ver que no está de acuerdo con mi decisión, pero se le escapa una sonrisa. Cuando me doy cuenta, estoy volviendo a escaparme en la noche con un hombre cargado de secretos, pero esta vez no sé si está dispuesto a compartirlos conmigo.

—¿Hacia dónde nos dirigimos?–le digo.

—Al norte-

Cabalgamos toda la noche, cruzamos el bosque como si detrás nuestro lleváramos a la mismísima muerte. Mientras amanece, antes de que los primeros rayos de luz del sol toquen la tierra, Laiyor frena.

—Zaja, todavía estás a tiempo de dar la vuelta.

Me paro en seco y bajo del caballo, él me mira fijamente y hace lo mismo. Me acerco a él despacio pero decidida .

—Mírame —le digo mientras le sostengo la cara con suavidad—, tu y yo juntos, contra el mundo.

Me mira fijamente unos segundos y nos fundimos en un beso que deja atrás todos los silencios.

Laiyor me rodea con sus brazos y enreda sus manos en mi pelo, tirando suavemente de mí hasta que no queda espacio entre nuestros cuerpos.

El beso se intensifica, volviéndose más profundo y urgente, como si ambos estuviéramos tratando de compensar cada momento de distancia que hubo entre nosotros.

Una de sus manos desciende, trazando la curva de mi cintura hasta posarse en mi cadera, mientras la otra se aferra con más fuerza a mi nuca. Respondo abrazándolo por la espalda, sintiendo el calor de su piel a través de la tela y el firme latido de su corazón contra mi pecho.

Nos separamos solo para respirar, con las frentes apoyadas y los labios hinchados.

—No puedo dejar de pensar en ti —susurra con la voz ronca.

Y sin esperar respuesta, me besa de nuevo, esta vez con una pasión que me quema por dentro.

Me guía hacia atrás hasta que mi espalda choca suavemente contra un árbol y su cuerpo me presiona contra él, demostrándome con cada movimiento que esta vez no hay vuelta atrás.

Se retira suavemente, sus ojos atraviesan los míos.

—Te quiero —dice.

No me aparta la mirada, nos quedamos así unos segundos. No soy capaz de articular palabra. ¿Me quiere? Hacerme esta pregunta me sobresalta.

—No contestes nada —dice tranquilo sin apartar la mirada—, pronto tendrás respuestas Zaja.

Me quedo confusa, quiero saber más de él, pero su hermetismo con su pasado me desconcierta. De pronto noto ese estremecimiento en mi mente. Cuando nos damos cuenta los dragones sobrevuelan sobre nosotros.

— ¡Te pedí que no huyeras! — no hay sarcasmo en su tono.

— No estoy huyendo — quiero parecer tranquila, pero tengo que enfrentarme a Nyvral y parece furioso.

Los dragones aterrizan en un claro que hay unos metros delante de nosotros. Nos acercamos poco a poco y ahí están, Thasvol ruge tan fuerte que su aliento amenaza con arrastrarnos. Nyvral en cambio está erguido, demasiado para ser él, está más calmado que Thasvol que está muy agitado.

Nos mantenemos a una distancia prudente, no nos van a hacer daño, sus leyes se lo prohíben.

Nos separamos y cada uno nos acercamos a nuestro dragón.

—¿A dónde creéis que vais tú y tu humano? —me mira desafiante.

— Al norte

—¿Ya sabes lo que hay en el norte pequeña humana? —pregunta.

—No…

—Entonces quizá, lo más inteligente es que le pidas a tu humano que te lo explique ¿no crees?

Miro a Laiyor, él también me está mirando. Nos acercamos poco a poco.

—Cree que deberías explicarme a qué vamos a norte

—Tiene razón —se aparta el pelo con la mano—, ya no hay vuelta atrás.

Así es, no hay vuelta atrás. Riven estará muy furioso, decepcionado y seguramente devastado. No se lo merece.

—Zaja –susurra, apenas audible sobre el rugido del viento .

Me inclino hacia él, sujetando sus manos para que nos mantengamos unidos. Sus ojos se clavan en los míos, serios, y por primera vez en días parece que va a confiarme algo.

—¿Te acuerdas de los mapas? —dice Laiyor.

—Sí…—respondo un poco confusa.

—En el norte está la capital, allí nos dirigimos —continúa—…a la boda de Eryas, mi hermano.

Mi corazón da un vuelco. No me sorprende del todo, pero el hecho de escucharlo de su boca me hace sentir que estoy entrando un poco más en su mundo. Intento mantener la calma, aunque las preguntas se arremolinan en mi mente.

Laiyor me mira, y puedo leerlo sin palabras: la boda de su hermano no es solo una celebración; es también un paso hacia algo que él mismo debe enfrentar y yo estaré allí, a su lado, aunque no me diga todo lo que sucede en su corazón.

—Una vez lleguemos a la capital —dice realmente serio— tenemos que convertirnos en fantasmas. ¿Lo entiendes?

Asiento y su mirada se suaviza, me atrae hacia su pecho y me abraza. Nos quedamos así un rato, me besa la frente y dice.

—En marcha.

Montamos a los dragones, y las órdenes son sencillas y firmes. Volaremos muy alto, por encima de las nubes para que nadie pueda notar nuestra presencia. Será un vuelo largo de más de medio día.

Nyvral está más calmado, ascendemos casi en vertical y llegamos al punto más alto donde la tierra no se ve, solo las nubes. No sé qué nos depara en el norte, pero la idea de la boda de Eryas me hace pensar que nada tendrá que ver con la de Neira.