CAPÍTULO 15
Estamos desayunando en la cocina, Riven me está pidiendo que hable con Nyvral para que nos diga dónde se encuentra Thasvol.
No estoy especialmente receptiva, la conversación de ayer todavía pesa.
Laiyor está sentado frente a mi, cuando sus ojos me examinan, no puedo evitar apartar la mirada.
Riven a ratos nos mira un poco desconcertado, se huele algo.
—Pronto tendréis que volver a la ciudad —dice Riven—, he mandado hacer algo muy especial.
Nos mira con una sonrisa.
—¿Tu autobiografía? —dice Laiyor guiñandole un ojo.
—No, no es tan interesante como la historia de mi vida —dice relajado—, pero es algo necesario —añade.
Nos levantamos de la mesa y antes de que Laiyor y Riven se vayan. Riven me observa con ternura.
—Lo siento si ayer mis palabras… —hace una pausa corta— no sé lo que sientes, el vínculo, desconozco como es vivirlo.
—Está bien Riven. No te preocupes. —Digo un poco cortante.
Salimos de la cocina, cruzamos el gran salón en el que anoche Laiyor y yo nos besamos, Laiyor va a mi lado y aunque parece algo involuntario, su mano roza la mía, sé que me está mirando y de reojo veo su sonrisa. No digo nada, pero tampoco me aparto.
Una vez fuera, mientras ellos se preparan para recorrer los alrededores en busca de alguna pista de Thasvol, yo les observo desde el umbral de la puerta, apoyada en el marco de brazos cruzados.
Llevan las capas puestas y han cogido las espadas, las de verdad, no las de madera.
Se me hace un nudo en el estómago, espero que no se pongan en peligro.
—Zaja, —dice Riven— aprovecha y explora tu vínculo con Nyvral, parece que a ese dragón le gusta tu compañía —no aparta la mirada de los estribos del caballo mientras los ajusta—. Evita hacer una prueba de vuelo, hoy estás sola y no quiero que corras ningún riesgo —ahora sí sostiene mi mirada.
Asiento con la cabeza manteniendo la postura.
Una vez suben a sus caballos y comprueban que todo está en orden, se ponen en marcha. Laiyor nada más arrancar me mira y dice:
—Adiós cervatillo, —me guiña un ojo— se buena.
Mis mejillas arden, soy incapaz de contestar.
Riven se gira hacia Laiyor como si hubiera dicho algo prohibido y se dirige a mí con la mirada, buscando una reacción o al menos eso parece. Lo único que consigo es hacer una pequeña mueca con la cara y me encojo de hombros. Esto es realmente incómodo.
Una vez les pierdo de vista, intento conectar con Nyvral.
—Dragón perezoso, ¿Dónde estás?
Tarda un rato, pero empiezo a notar esa sensación. Se ha despertado.
—Buenos días humana, ¿Cómo va tu mañana, está siendo igual de ardiente que tu noche ?
No puedo creer lo que dice, sólo quiero enterrar la cabeza en la tierra.
Unos segundos después le veo acercarse por el cielo, tan grande como majestuoso. Aterriza a una distancia prudente para no hacerme daño por accidente. Me acerco segura de mis pasos.
—Riven quiere que exploremos nuestro vínculo, —le digo acercando mi mano a su hocico —¿Porque yo?¿Que viste en mi?
—No es una elección —parece que algo le frena, entonces añade — simplemente siéntete afortunada.
Le miró a los ojos, él me está analizando con los suyos, pero no me intimida. Ambos tenemos que conocernos, confiar el uno en el otro.
— Riven dice…— el vapor que sale de su nariz me para en seco.
—Riven quiere…Riven dice… aparta a Riven por un día, hoy las reglas las ponemos nosotros.
Me sorprende el tono gamberro, siempre ha sido sarcástico, pero hoy siento que me está desafiando, y me gusta.
— Sube —dice firme— lo estas deseando o a caso Riven… — me clava la mirada, y parece que sonríe.
—Bueno, ha sido bastante claro, nada de volar.
—Al cuerno con ese humano, si lo deseas, sube. Confía en mí pequeña humana.
Dudo, por unos segundos no estoy segura de lo que voy a hacer a continuación.
Nyvral ha bajado su hombro para que trepe hacia su espalda.
Me acerco con cuidado, nunca he sido muy hábil trepando, el tacto de sus escamas en mis manos es muy cálido y agradable, poco a poco voy acercándome a su espalda, es un poco resbaladizo pero Nyvral se va moviendo lentamente ajustándose para que no me caiga.
Cuando finalmente llego a su lomo, no sé cómo colocarme .
— Nyvral, tengo miedo, no estoy segura de dónde debo sujetarme — miro alrededor y lo único que hay son unos pequeños cuernos que le recorren la espalda.
—Agárrate fuerte, aprieta las piernas, espalda inclinada pero recta, sujeta tus manos donde puedas. —dice con convicción. Y comienza a moverse hacia el frente.
— Espera… — me acabo de arrepentir de lo que estoy haciendo.
No me da tiempo a acabar lo que voy a decir cuando Nyvral se impulsa hacia el cielo, el batir de sus alas levanta tanto aire que los árboles parecen no poder soportarlo.
Aprieto las piernas contra su cuerpo, soy incapaz de mirar al frente, la sensación de vértigo me sube por la garganta.
Me aferro a los cuernos tan fuerte que creo que se los voy a arrancar.
Pero cuando consigo abrir los ojos, estamos volando.
El mundo se abre bajo nosotros como un mapa. Estamos sobrevolando el bosque, puedo verlo todo. En el suelo, como si fuera un dibujo; la sombra de Nyvral. Hace un pequeño giro, me tambaleo un poco, estoy a punto de perder el control, pero Nyvral se endereza nuevamente y puedo recolocarme.
Nos dirigimos al acantilado, por un momento pienso que no es una buena idea, la imagen de Thasvol aún me perturba. Cruzamos el precipicio y sobrevolamos el mar.
A lomos de Nyvral soy consciente de lo lejos que veo mi vida en la aldea, el mercado, Neira, Neil… ¿Volveré algún día?
Mientras estoy absorta en mis pensamientos, Nyvral vuelve a hacer un giro y como la vez anterior, pierdo el equilibrio.
—Joder…
Una mano se me resbala y cuando siento que mi cuerpo empieza a deslizarse hacia abajo, Nyvral baja despacio de frente, haciendo que pueda volver a reincorporarme.
—Gracias…
— Agárrate fuerte, no quiero tener que pescart e —se gira para mirarme.
Asciende hasta las nubes y por un instante parece que son ellas las que nos sostienen en el cielo, al fondo se vislumbra una tormenta y comienza a descender.
Una vez fuera de las nubes, apenas se ve tierra en el suelo, sobrevolamos un bosque tan denso que solo se ven las copas y los pájaros que alzan el vuelo.
Volvemos hacia la casa de Riven, Nyvral comienza a prepararse para el aterrizaje y me avisa.
—Sujétate más fuerte, aprieta todo tu cuerpo contra el mío.
Nyvral despliega las alas y se llenan de aire para ir frenando, una vez tocamos tierra, del impacto salgo disparada hacia el cuello del dragón, intento agarrarme como puedo pero no lo consigo. Me doy de bruces contra el suelo.
—Mierda.
Nyvral me mira desde arriba,
— ¿Estás herida? — me zarandea con el hocico.
—Creo que no, pero me he dado un buen golpe.
Me pongo en pie un poco aturdida por el golpe. Estoy bien, mañana tendré todo el costado izquierdo lleno de cardenales pero sobreviviré.
Nyvral sigue observando mientras me sacudo la tierra. Sus enormes ojos amarillos parecen divertidos.
—Podría haber sido peor —dice con calma—. Algunos humanos gritan más .
— No he gritado —protesto, aunque todavía tengo el corazón golpeándome el pecho.
Nyvral resopla y una pequeña nube de vapor caliente me envuelve el rostro.
—No con la boca.
Frunzo el ceño.
— ¿Cómo?
—Pero tu mente… —añade con un tono casi divertido— ha estado bastante ocupada.
Me cruzo de brazos, todavía algo mareada.
—Lo que no he encontrado en tu mente mientras volábamos ha sido a tu humano.
Frunzo el ceño y aparto la mirada.
—No es asunto tuyo —no, no lo és.
Nyvral inclina ligeramente la cabeza. Sus enormes ojos me examinan con un brillo difícil de descifrar.
—Oh, pero cuando volamos, tu mente no es precisamente un lugar silencioso.
Resopla con suavidad y el vapor caliente vuelve a rozarme la cara.
—Aunque debo admitir que esperaba encontrarlo ahí. A tu humano.
Siento cómo el calor me sube a las mejillas.
—No es mi humano.
Nyvral guarda silencio un momento, como si saboreara la respuesta.
Luego deja escapar una especie de bufido que suena sospechosamente parecido a una risa .
—Claro.
Antes de que pueda responder, su cabeza se eleva de golpe. Su cuerpo se tensa, las alas se separan ligeramente de su costado.
— ¿Qué pasa? —pregunto.
Nyvral no responde enseguida. Sus pupilas se estrechan mientras mira hacia el horizonte, más allá del bosque. Sigo su mirada, pero desde el suelo solo veo una extensión interminable de árboles yde nada.
—Nyvral…
El dragón exhala despacio.
—Hay algo en el cielo.
Un escalofrío me recorre la espalda.
—¿Thasvol?
Nyvral no aparta la mirada del horizonte.
—Sí…está cerca. Marchate.
Nyvral se sacude el cuerpo, sacando el polvo de la tierra. Extiende las alas y, sin más, se eleva hacia el cielo cubierto de nubes, deslizándose con elegancia sobre los árboles. Observo cómo su figura se hace pequeña mientras se aleja, pero no siento miedo; sé que él estará bien, y que yo también.
Camino de regreso a la casa de Riven. Cada paso me recuerda la fuerza de nuestro vínculo, y cómo confiar en Nyvral me ha enseñado a confiar en mí misma.
Al llegar a la puerta, entro con calma dejando que el frío del exterior se quede atrás.
Subo a mi habitación y me siento junto a la ventana, mirando hacia donde Nyvral se pierde entre las nubes.
Mis pensamientos se entrelazan con la idea de Thasvol, sé que está cerca, que espera su momento, pero no es mío enfrentarlo. Esa tarea le corresponde a Laiyor .
Suspiro y cierro los ojos, dejando que la sensación de calma me llene. Por ahora, puedo disfrutar del vínculo que he formado, de la confianza que Nyvral me ha dado, y de la certeza de que, cuando llegue el momento, Laiyor será quien deba culminar el encuentro con Thasvol.
—Lo haremos bien… —susurro para mí misma—. No hoy, no yo, pero juntos… y todo a su tiempo.
El silencio de la tarde me acompaña en la casa de Riven, todavía con la adrenalina corriendo por mis venas.
Afuera la lluvia vuelve y el viento mueve ligeramente las hojas de los árboles, las nubes cubren el cielo, dejando filtrar un poco de luz gris.
A lo lejos, un sonido familiar me hace girar la cabeza: el repiqueteo de cascos acercándose.
Mi corazón se acelera un poco al reconocerlos, Riven y Laiyor vuelven de su recorrido.
Me apoyo contra la barandilla, observando cómo los caballos avanzan con firmeza, los jinetes concentrados, y noto la diferencia entre ellos y yo, Riven siempre tan serio, calculador; Laiyor, con ese dejo de tensión contenida, la misma que yo siento cuando estoy con Nyvral.
Cuando desmonta, Laiyor se sacude la capa y se limpia la lluvia reciente de su rostro.
Sus ojos se encuentran con los míos, y puedo notar un brillo diferente, lo ha conseguido.
Ha conseguido acercarse a Thasvol, lo intuyo por la forma en que endereza la espalda y exhala, como si acabara de lidiar con algo formidable.
—Esa bestia alada no ha sido nada fácil —dice finalmente, mientras sujeta la rienda del caballo—. Pero parece que hemos hecho algo de progreso.
Asiento, aunque mi mente sigue con Nyvral y la sensación de libertad que me ha dado el vuelo. Él lo nota, y su mirada se suaviza.
—¿Y tú? —pregunta.
Una sonrisa se dibuja en mis labios mientras recuerdo cada batir de alas, cada ráfaga de aire levantada por el vuelo del dragón.
—Ha sido impresionante —susurro—. Mucho más de lo que esperaba.
Laiyor asiente, sin quitarme la vista de encima, y noto un ligero matiz de orgullo en su expresión. Riven se acerca a nosotros, observando de reojo mientras baja del caballo.
—Bien hecho, Zaja —dice, con esa mezcla de seriedad y aprobación que solo él sabe transmitir—. Parece que Nyvral confía en ti.
Me siento ligera, pero también consciente de la responsabilidad que tengo ahora.
La tarde sigue nublada, el cielo pesado sobre nosotros, pero algo ha cambiado: la conexión con Nyvral es fuerte, tangible, y aunque Thasvol sigue fuera de mi alcance, sé que Laiyor también ha dado un paso importante con su vínculo.
Nos quedamos un momento en silencio, escuchando los pasos de los caballos y el viento en los árboles, compartiendo sin palabras la sensación de que, aunque cada uno de nosotros está aprendiendo de un dragón distinto, todos avanzamos hacia un mismo objetivo.