Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

El encuentro con Nyvral acaba cuando él decide alzar el vuelo y volver a donde sea que tenga su guarida.

Entre los libros que estoy leyendo, hay uno que habla sobre los hábitos y cómo viven la vida los dragones.

Las relaciones entre ellos son fuertes, las jerarquías se respetan como una ley sagrada entre ellos.

Entre esas leyes está una que llevan grabada a fuego; un dragón no podrá matar a ningún humano vinculado a uno de su especie.

Las consecuencias se desconocen si deciden cometer el delito, por lo menos en las batallas que surgieron al final de la segunda era de los dragones, nunca quebrantaron dicha regla.

Volvemos al calor de la casa de Riven, empapados Laiyor y yo nos acercamos a la gran chimenea que mantiene un fuego fuerte que chispea con furia. Miro alrededor de la sala buscando a Riven, sé que ha visto a Nyvral y tendrá preguntas. Laiyor me mira fijamente antes de decirme:

—Ahí fuera parecías muy feliz —dice mirándome suavemente—. Me alegra que tu vínculo con Nyvral avance.

Entonces lo veo, claro en sus ojos, él ansía ese momento con Thasvol, lo desea de verdad y quizá Nyvral no tenga razón, no son celos, es envidia sana .

Le contesto cogiéndole la mano:

—Pronto tú podrás hacer lo mismo con Thasvol —le digo con cariño—, hay que ser paciente.

Él asiente bajando la mirada, como si estuviera avergonzado.

Riven entra en la sala de la chimenea e instintivamente suelto la mano de Laiyor, Riven se fija en el gesto y nos mira de soslayo. Laiyor y yo nos colocamos como si hubiéramos hecho algo malo.

—Enhorabuena Zaja —dice Riven en tono calmado, en su mirada hay una mezcla de ternura y desconfianza—, el dragón ha decidido dar el paso, es una muy buena señal, vuestro vínculo es fuerte, creo que pronto podrás comenzar a acercarte más.

—Gracias…–digo casi sin convicción—, aunque ¿estás seguro de que puedo seguir cerca de él? Creía que al querer romper el vínculo, no lo aprobarías.

—Zaja tienes que explorar este vínculo tan fuerte que estás sintiendo, pero no puedes perder el control —dice con convicción, por un momento creo que cambiará de opinión—, tú y Nyvral tendréis que romper el vínculo en algún momento, para que pueda ser libre de volver a su tierra, con los suyos.

Algo se rompe en mí, no sé si es algo dracónico que el vínculo ha instaurado en mi pecho, porque ahora mismo siento que quema.

La rabia empieza a recorrer mi cara y aprieto los puños para no gritar. No puedo perder el control.

—Pequeña humana, no es momento de sentirse afligida. Sigo aquí —dice Nyvral intentando calmarme.

Ya lo sabía, llevo semanas estudiando para averiguar cómo romper el vínculo, lo que no me esperaba es que esto que siento creciera de una forma tan fuerte, que el simple hecho de pensar que no estará cerca de mí, como ahora, dentro de mi mente me rompe en mil pedazos.

Riven me mira fijamente. Está leyendo mi cara; sabe que esto me va a doler. No dice nada, seguidamente dirige la mirada a Laiyor y baja los ojos.

—Deberíais descansar. Mañana será un día largo —dice con calma.

Antes de salir, vuelve a mirarme.

—Sobre todo tú, Zaja. Mañana pasarás el día con Nyvral.

Después de decirlo, abandona el salón, dejándonos a Laiyor y a mí solos frente a la chimenea.

El fuego crepita entre nosotros, llenando la sala con su calor. Entonces Laiyor se acerca y me envuelve entre sus brazos. Me besa suavemente en la frente.

—Es lo mejor para todos —murmura—. Nos debemos a Riven.

Su voz es suave, y su boca permanece demasiado cerca de la mía cuando termina la frase. Por un instante me quedo inmóvil entre sus brazos. Luego me aparto despacio y lo miro, las lágrimas amenazan con brotar de mis ojos.

No digo nada.

Simplemente me doy la vuelta y camino hacia mi habitación.

Cierro la puerta de un portazo, la rabia contenida ha explotado.

Me dejo caer tras la puerta y meto la cara entre mis rodillas, lo sabía, y he estado de acuerdo todo este tiempo, en el fondo sé que es lo correcto.

Pero duele aunque no logre comprender el porqué.

Me cuesta no odiar a Riven en este momento.

Me cambio la ropa que todavía sigue mojada, no pienso bajar a cenar así que me pongo mi camisón y entro en la cama.

Intento dormir, pero tengo el sueño demasiado ligero, demasiadas emociones viven ahora mismo en mi cuerpo.

Cuando hace unas horas que el sonido de la casa amaina me levanto y decido salir de mi habitación, con suerte todos duermen y podré pasear por la casa sola con mis pensamientos.

Salgo al pasillo y oigo unos pasos que se acercan, quien quiera que sea está a punto de girar hacia la estancia donde se encuentran los dormitorios, me vuelvo a mi habitación y miro a través de la puerta que dejo entre abierta. No quiero que nadie me vea en camisón.

A los segundos una figura aparece al final del pasillo, le identifico rápidamente, es Laiyor que se acerca dubitativo hacia mi dormitorio.

Se ha cambiado de ropa, lleva una camisa blanca medio desabrochada, los pantalones de combate que usa cuando entrenamos con las espadas, veo como se pasa la mano por el pelo mientras avanza, parece que duda de sus pasos.

Antes de que llegue, abro la puerta y este da un paso atrás.

—¿Qué haces despierta? —dice con sorpresa.

—No puedo dormir… —digo asomando solo la cabeza a través de la puerta.

—Ah, comprendo —me mira arqueando la ceja— ¿ibas a alguna parte?

Su pregunta me coge de sorpresa y dudo unos segundos.

—Mmm no, solo quería bajar al salón, pero… —no sé cómo decirle que no me apetece que nadie me vea en camisón, así que abro la puerta por completo y abro los brazos en gesto de desaprobación mirándome el camisón.

Laiyor ríe por lo bajo, yo me sonrojo al momento.

—Entiendo, no quieres que nadie te vea así —dice— ¿Te recuerdo tu entrada triunfal? Te he visto en camisón, desmayada, envenenada, enfadada… —enumera todas y cada una de las maneras en las que me ha visto, no puedo evitar sentir una vergüenza terrible.

Vuelve a mirarme de arriba a abajo y me tiende la mano.

—Vamos, estira las piernas un rato.

Le cojo la mano y aunque voy descalza salimos al pasillo.

Todo está en silencio, no es un silencio incómodo, es el silencio agradable de la madrugada.

Seguimos cogidos de la mano, Laiyor me va guiando por la casa de Riven, el que ahora es mi hogar.

Hasta que llegamos al gran salón, donde estudiamos los miles de tomos que nos trae Riven, el lugar donde entrenamos con la espada por primera vez.

A estas horas está oscuro, solo entra una ligera claridad por las ventanas, la luz de la luna.

Laiyor se para, se pone frente a mí y sus ojos me atraviesan y yo, yo no digo nada, me dejo llevar por el silencio y el calor de su mano.

Está parado delante de mí demasiado cerca, me coge la cara con las dos manos. Vuelve a mirarme fijamente y me aparta el pelo de la cara.

—¿Recuerdas el primer día en esta sala con las espadas? —no me mira directamente a la cara, está concentrado acariciándome el pelo.

—Sí… —digo dejándome llevar.

—Aquel día tu pelo, —hace una pausa— mientras nos movíamos con las espadas…

Traga saliva antes de volver a mirarme a los ojos.

—Parecía una danza de fuego oscuro.

Laiyor se queda mirándome unos segundos más, como si dudara de lo que acaba de decir. Sus manos siguen en mi rostro, cálidas, ásperas de años sosteniendo una espada. Mi corazón late tan fuerte que temo que pueda oírlo.

—¿Una danza? —susurro apenas, no consigo decir nada más .

Una pequeña sonrisa aparece en sus labios.

—Sí —dice en voz baja—. No podía dejar de mirarte.

Entonces se inclina.

El primer contacto es suave, casi un roce. Sus labios encuentran los míos con cautela, como si temiera romper algo frágil entre nosotros. Pero el beso dura solo un segundo antes de profundizar, siento cómo su mano se desliza hasta mi nuca, atrayéndome un poco más hacia él.

Mis dedos se cierran en la tela de su camisa.

El beso se vuelve más intenso, más cálido.

Nuestros labios se buscan una y otra vez, y cuando se separan apenas un instante para tomar aire, Laiyor roza mi labio inferior con el suyo antes de atraparlo suavemente entre sus dientes en un pequeño mordisco que me arranca un suspiro.

Vuelvo a besarlo sin pensar.

Esta vez nuestras respiraciones se mezclan, y el beso se vuelve más lento, más profundo, hasta que siento el leve roce de su lengua contra la mía.

El mundo desaparece, ahora no existe la casa de Riven, ni siquiera los dragones. Solo este momento.

Cuando finalmente nos separamos, su frente descansa contra la mía. Ambos respiramos con dificultad, como si acabáramos de correr una larga distancia.

Su mano acaricia mi espalda.

—Zaja —me susurra.

Pero no termina la frase. Y entonces, en el silencio de mis pensamientos se rompe con una voz grave resonando en mi mente.

— Interesante .

Me quedo inmóvil. Nyvral .

Siento cómo el calor me sube a las mejillas. Cierro los ojos un instante, intentando recomponerme, abro los ojos de nuevo y me encuentro con la mirada de Laiyor, tan cerca que casi vuelve a robarme el aliento.

—Tengo que aprender a no dejarle entrar en mi mente… —logró decir bajando la mirada—. Es Nyvral.

Laiyor me observa unos segundos antes de sonreír.

—Tranquila —murmura—. Los dragones siempre se sienten atraídos por el fuego.

Ambos reímos y nos relajamos. Seguimos de pie en medio del gran salón, aún demasiado cerca el uno del otro. Afuera la lluvia ha cesado.

—Ven —dice finalmente Laiyor.

No pregunta. Solo me toma de la mano otra vez, caminamos por la casa en silencio.

La madera cruje bajo mis pasos descalzos y el aire de la madrugada es frío al contacto con la piel.

Pero su mano sigue envolviendo la mía con cariño, devolviéndome el calor que no sabía que tanto anhelaba.

Me acompaña hasta mi habitación, y antes de que llegue a la puerta, se detiene.

Sus ojos buscan los míos, intensos, y siento un calor que recorre todo mi cuerpo.

—Buenas noches… cervatillo —susurra, con un tono irónico que me hace sonreír a pesar de todo.

Me quedo un instante observándole, sin atreverme a soltar su mano. No me gusta que él me llame así, pero no le digo nada, prefiero no romper este momento.

—Buenas noches —respondo, intentando que mi voz suene más entera de lo que me siento .

Laiyor inclina la cabeza ligeramente, como si estuviera evaluando mi estado, y finalmente aprieta mi mano una última vez antes de soltarla.

—No tardes mucho en dormir o Nyvral se pondrá celoso —agrega, con un toque de sarcasmo que me hace reír por dentro.

Me quedo mirando la puerta mientras se aleja, y una sensación cálida se instala en mi pecho. No puedo evitar sonreír, aunque mis mejillas todavía arden por el beso.

Cierro la puerta y me apoyo contra ella, respirando hondo. La casa vuelve a quedar en silencio, me pregunto si ha sido real o solo un sueño. Entonces, como un susurro, siento su presencia en mi mente. Nyvral.

—Interesante, pequeña humana —resuena, con un toque de diversión y curiosidad—. Tu humano te ha dejado algo… agitada.

Cierro los ojos un instante, intentando recomponerme, pero una sonrisa se dibuja en mis labios sin querer.

Mis mejillas arden y mi pecho se agita, recordando el beso, la fuerza de su abrazo, lo cerca que estuvimos.

Y al mismo tiempo, un hilo de dolor se mantiene, la obligación, lo que no podemos permitirnos…

— No puedes entrar siempre que quieras en mi cabeza… —susurro bajando la mirada, tratando de contener la mezcla de deseo y frustración.

—Oh, no te preocupes por mí —responde Nyvral, burlón—. Solo asegúrate de que no te deshagas del todo con él.

Su comentario me arranca una risa nerviosa. Sí, me deshago un poco. entre la emoción, el calor de la cercanía y el dolor que todavía arde en mi pecho. Aun así, siento que algo ha cambiado, que la conexión con Laiyor, y con Nyvral, ha tomado una fuerza que no puedo ignorar .

Me acuesto en la cama, abrazando la almohada, dejando que la mezcla de sensaciones me inunde.

Dolor, excitación, alegría, incertidumbre…

todo al mismo tiempo. Cierro los ojos, intentando ordenar mis pensamientos, pero sé que mañana traerá más desafíos, más emociones y nuevas oportunidades de acercarme a ellos, sin perder el control que Riven exige.

Y mientras el calor de la noche me envuelve, una sonrisa tímida cruza mi rostro. El beso, su abrazo, la mirada de Nyvral y un fuego que no puedo ignorar: el que arde en mi pecho.