CAPÍTULO 16
Terminamos de cenar y nos quedamos en el gran salón, sentados frente a la chimenea. El fuego ilumina la estancia, lanzando sombras que bailan por las paredes. Me siento entre Riven y Laiyor, los sillones individuales se sienten como un abrazo, la tela es suave y cálida, como todo en esta casa.
—No vais a creerlo —empiezo, incapaz de contener la emoción—. Volé con Nyvral.
Los ojos de ambos se abren de par en par, y siento cómo la memoria de cada instante vivido con Nyvral me desborda.
—Al principio —continúo, gesticulando sin darme cuenta—, estaba aterrada.
Apenas podía sujetarme a sus escamas, y el viento me azotaba con tanta fuerza que parecía que iba a despegarme de él ¡y sin embargo sigo viva!
Cada movimiento suyo era exacto, cada giro, cada ascenso me hacía sentir segura y libre al mismo tiempo.
Hago una pausa, intentando ordenar las palabras.
—Pude sentir la fuerza de sus alas, cómo me envuelve y me protege, y al mismo tiempo he sentido que él confía en mí.
Nunca pensé que volar pudiera ser tan… —me detengo, buscando el término correcto— tan completo.
Es como si nos entendiéramos si n palabras, como si cada latido de su corazón y el mío estuvieran sincronizados.
Riven aprieta los labios, observando pero finalmente su expresión se suaviza. Se inclina hacia mí y me coge la mano.
—Está bien, Zaja —dice —. Nyvral te ha cuidado, y tú has sabido mantener la calma. Me alegra ver que el vínculo funciona.
Lo dice sincero, en su cara puedo ver su emoción por este sentimiento que empiezo a sentir.
Laiyor me sonríe, y un brillo travieso y orgulloso se cuela en sus ojos.
—Yo también avancé mucho con Thasvol. Esa bestia, no ha sido nada fácil, pero he logrado acercarme más. Está más cerca de Nyvral ahora, y eso nos da margen para trabajar con ambos.
Mi corazón late con fuerza, y no puedo evitar sentir una mezcla de emoción y alivio por todo lo que hemos logrado hoy.
—Bien —interviene Riven, con un tono serio pero satisfecho—. Ambos habéis hecho progresos notables. Esto no es solo un juego de fuerza o control, estáis construyendo algo más profundo. Mañana seguiremos explorando a los dragones.
Dice mientras se dirige hacia la puerta.
—Voy a mi habitación a seguir leyendo, descansad del día —dice con calma, y se retira dejando la puerta entreabierta.
Riven nos deja solos en la sala de la chimenea.
Nos quedamos en silencio, cada uno en un sillón.
Me miro un momento en el espejo que hay a un lado y veo que la trenza que llevaba esta mañana es una maraña llena de hojas.
Laiyor se reclina en el sillón dejando las piernas estiradas y los brazos caídos a los lados.
Me mira como atravesandome con la mirada. Esta vez, no aparto la vista .
—¿Pasa algo? —le pregunto con un hilo de voz.
Niega con la cabeza, una sonrisa canalla se le dibuja en los labios. Luego, con un tono más suave, más cercano:
—Eres preciosa.
El fuego ilumina su rostro y siento que algo dentro de mí se acelera. No dice más, pero sus ojos hablan por él, lo dicen todo. Por un instante, el mundo se reduce a nosotros dos, al calor del fuego y a la tensión que flota en el aire.
—Acércate —susurra, con voz baja.
Lo miro, dudo en hacerlo. Se a donde nos va a llevar esto. El deseo me quema por dentro, arde en llamas.
Finalmente me levanto del sillón, él sigue recostado mirándome con una media sonrisa. Tomo asiento junto a él, en el reposabrazos.
—¿Qué? —le repito, todavía dudando, la respiración me va un poco más rápido de lo normal.
Acaricia mi pierna sin devolverme la mirada. —Nada… —murmura, en un susurro bajo, me roza la piel al inclinar el rostro hacia mí, provocando un ardor que me sube a las mejillas—. Solo quiero sentirte aquí, a mi lado.
Siento la proximidad de su cuerpo, el aroma cálido de su piel fusionado con el eco del humo y dragón que impregna nuestras ropas.
Lentamente, sin desviar su mirada de la mía, me guía hasta sentarme sobre él.
Sus dedos trazan un camino suave por mi espalda mientras se incorpora, acercándome hasta que apenas sus labios están a unos centímetros de los míos.
—Te quiero comer —confiesa, y sus ojos arden en deseo.
No lo pienso dos veces. Le beso con una intensidad que nos consume, enredando mis manos en su cabello, deslizándolas hasta su cuello. Él me aprieta contra sí, y un gemido se escapa de mi boca, que se pierde en el contacto.
Lo estoy sintiendo todo. La evidencia de su deseo, dura e insistente, se presiona contra mí mientras nuestras lenguas danzan en un ritmo propio. En este instante, nada más existe. Muevo mis caderas, buscando su fricción, y él niega con la cabeza, un gesto casi imperceptible, sin soltarme.
Mi corazón late tan fuerte que temo que se salga de mi pecho.—Fóllame —le susurro al oído, con la voz rasgada por la necesidad—. Aquí. Ahora.
Y como si mi frase hubiera sido la clave, me despoja de la camisa.
Mis dedos, torpes y ansiosos le corresponden, abriéndose paso en la suya.
Sus labios abandonan los míos para recorrer mi cuello, mi clavícula y el hueco de mi hombro.
Una de sus manos se posa en mi vientre, acariciando la piel justo debajo de mis pechos, mientras la otra ya se ha adentrado en mis pantalones, descubriéndome.
En un movimiento fluido, me levanta en brazos y me transporta al rincón del salón, donde la luz titilante del fuego es más tenue.
Me deja sobre la madera y con una lentitud que me vuelve loca, se deshace del resto de la ropa.
Me mira con una intensidad que me desarma y vuelve a besarme, entrando en mí con una fuerza que me roba el aliento.
Un gemido profundo inunda la habitación mientras sus dientes se posan en mi labio.
Mi pulso se desboca con cada embestida. Laiyor, intenta silenciar mis gritos, cubre mi boca con su mano pero yo la aparto, buscando sus labios en una demanda silenciosa.
Unos minutos después, el mundo se desvanece en un orgasmo compartido, una explosión que nos deja sin fuerzas, jadeando uno sobre el otro en el silencio de la habitación, pero ahora estamos en el suelo, no sé en qué momento hemos llegado aquí.
Laiyor mueve apenas la cabeza y deja que su frente roce la mía. Nuestras respiraciones se unen, esta vez más lenta y tranquila,siento cómo cada latido de su corazón me golpea. Nuestros cuerpos arden de calor, como fuego de dragón.
Se hace a un lado y se recuesta a mi lado.
—Eres increíble —susurra, tan bajo que casi me parece que lo invento yo misma.
No sé qué responder. Solo me inclino un poco más hacia él, apoyando la cabeza sobre su hombro y cerrando los ojos. Cada pequeño contacto, cada roce me llena de calma y deseo a la vez.
Desde algún rincón de mi mente, siento a Nyvral vigilando, pero sólo como presencia. Ni un comentario, ni una palabra; parece respetar este instante, y por primera vez puedo disfrutar de Laiyor sin distracciones.
Él aprieta suavemente mi mano, y yo aprieto la suya en respuesta, como si con ese gesto pudiéramos decir todo lo que nos quema por dentro. Nos quedamos así, abrazados escuchando el crepitar del fuego, compartiendo un silencio cálido y eterno.
—Me alegra que estés aquí —susurra después de un rato, y no necesito más palabras. La certeza de que estamos juntos, aunque solo sea en este instante, lo dice todo.
Cierro los ojos de nuevo, dejando que la noche nos envuelva un rato más.
Me incorporo despacio cuando el frío del suelo se hace evidente, él hace lo mismo. Nos miramos un instante largo, procesando lo que acaba de pasar, y finalmente nos levantamos. Cada movimiento es más consciente, casi delicado, como si el mundo entero se hubiera detenido para dejarnos atrás.
Nos vestimos sin prisa, compartiendo miradas cómplices que no necesitan palabras. Cada gesto es ligero, casi un roce, y aún así siento que todo lo que hemos vivido sigue vibrando entre nosotros. Él se inclina y deja que su mano roce mi hombro al pasar, un toque fugaz que me eriza la piel.
Salimos al pasillo, caminando uno al lado del otro, sin hablar, pero con la sensación de que nada nos separa realmente.
Dejamos atrás el salón de la chimenea con las llamas como único testigo de nuestro encuentro.
Cada tanto, Laiyor gira la cabeza y me mira sin decir nada, pero sus ojos transmiten más que las palabras.
Al llegar a la puerta de mi habitación, nos detenemos. Él me observa, con esa sonrisa que mezcla ternura y desafío.
—Hasta mañana —dice suavemente, pero sus palabras parecen prometer más.
—Hasta mañana —respondo, con un hilo de voz.
Me acuesto en la cama, todavía con el perfume de su piel en mi ropa y el eco de su respiración cerca en mi memoria. Me quedo mirando el techo, recordando cada detalle del salón y cada instante compartido.
Amanezco con la luz grisácea que se cuela por la ventana. Todavía siento el calor de Laiyor en mi piel y el recuerdo de sentirle me hace sonreír, no pueda evitar ruborizarme. Me levanto despacio, intentando no romper la calma de la mañana .
Me acerco a la ventana y miro hacia el bosque, donde las nubes pesan sobre la tierra como un manto gris. Nyvral debería estar allí, esperando. Siento la conexión que compartimos y, aunque todavía hay un hilo de nerviosismo, me invade la emoción, hoy volveré a volar con él.
— Buenos días, Zaja —resuena su voz en mi mente, burlona y cercana al mismo tiempo—. Espero que tus sueños no fueran demasiado traviesos.
Sonrío, aun con algo de sueño, y le devuelvo el saludo en mi pensamiento. La confianza que hemos construido me da seguridad.
Me visto con rapidez, dejando que la tela de la ropa se adhiera suavemente a la piel todavía templada, y salgo al aire fresco de la mañana. Nyvral me espera, majestuoso como es él. Cuando me acerco, su mirada se encuentra con la mía, y un escalofrío de emoción me pone la piel de gallina.
—Hoy, no solo volaremo s —dice en mi mente—. Hoy aprenderemos a movernos juntos, a anticiparnos el uno al otro. ¿Estás lista?
Asiento sin pensarlo, el corazón me late con fuerza, y me subo a su espalda con cuidado.
Esta vez siento cada músculo suyo bajo mis manos, también su respiración pausada y cada movimiento que me ayuda a seguir subida a él.
No tengo miedo, sólo unas ganas terribles de seguir explorando el mundo junto a él.
Mientras nos elevamos, dejo que la brisa me envuelva y pienso en Laiyor, en la noche anterior, en el calor de su abrazo, en sus manos acariciándome con ternura y fuego. Todo se mezcla con la adrenalina de este vuelo, y siento que estoy viva de una manera que nunca antes había sentido.
— Tranquila —susurra Nyvral en mi mente, divertido por mis pensamientos desordenados—. No dejes que las emociones te dominen aquí arriba.
Sonrío sobre su espalda, y mientras subimos sobre el bosque, la casa de Riven se ve pequeña y distante. Sé que el mundo es enorme, pero por primera vez siento que tengo un lugar en él, entre la fuerza de los dragones y el calor de aquellos que me importan.