CAPÍTULO 10 #2
El camino empieza a descender hacia la playa.
—¿Y los dragones?
—Sobrevivieron algunos.
—¿Nyvral y Thasvol?
Riven niega con la cabeza.
—Ellos llegaron mucho después.
El mar aparece finalmente ante nosotros, extendiéndose hasta donde alcanza la vista.
—Tras la guerra —dice Riven mientras desmonta— los reinos humanos establecieron fronteras estrictas. Los dragones que quedaban se retiraron más allá de ellas.
—¿Pero aún existen?
—Sí.
Laiyor se acerca entonces, guiando su caballo por la arena .
—Y de vez en cuando alguno vuela demasiado cerca de nuestras tierras —añade con voz tranquila.
—Entonces… ¿por qué Nyvral y Thasvol están aquí?
Riven me observa directamente.
—Porque alguien tenía que protegerlos.
Tardo un momento en comprender.
—¿Protegerlos de los humanos?
—De todos.
El viento sopla con más fuerza cerca del agua.
—Ahora mismo no corren un peligro inmediato —continúa Riven—. Pero si alguien descubre que viven en estas tierras…
—Pensarán que empieza otra guerra —termino.
Riven asiente lentamente.
—Exactamente.
El sonido de las olas llena el silencio.
—¿Y qué pasará contigo? —pregunto.
Riven sostiene mi mirada.
—Lo que estoy haciendo se considera alta traición —me mira con atención.
Las palabras caen con la misma fuerza que las olas contra la arena.
—Ocultar dragones en territorio humano… —añade Laiyor— es una provocación.
El sonido del mar llega antes de que podamos verlo. Riven desmonta primero y deja que su caballo avance libremente unos pasos, yo hago lo mismo y sigo su ejemplo, dejando que el animal camine tranquilo mientras nosotros nos acercamos a la orilla.
El agua se extiende hasta perderse en el horizonte y el viento levanta pequeñas crestas de espuma sobre las olas .
—Es difícil imaginar que algo tan grande exista —murmuro.
—El mundo está lleno de cosas que no imaginas —responde Riven.
Caminamos un rato en silencio por la arena húmeda. Laiyor se mantiene un poco más atrás, observando el mar como si buscara algo en la distancia.
—¿Por qué hemos venido aquí? —pregunto finalmente.
Riven tarda unos segundos en responder.
—Porque ayer me dio la sensación de que empezabas a sentirte atrapada. — dice bajando la mirada.
Eso me hace fruncir ligeramente el ceño.
—Bueno, solo me apetecía salir un poco.
El viento arrastra sus palabras hacia el mar.
Riven está serio, Laiyor se mantiene a su lado, se ha quitado las botas y hunde los dedos de los pies en la arena.
—Si no encontramos pronto la manera de detenerlo —dice Riven—, Ithara cambiará de una forma que nadie podrá controlar.
Lo miro.
—Hablas como si ya hubiera empezado.
—Para algunos de nosotros empezó hace mucho.
Hay algo en su tono que me hace girar completamente hacia él.
—¿A qué te refieres?
Laiyor se encoge ligeramente de hombros, pero su mirada permanece fija en el horizonte.
—A que antes todo era más sencillo.
El viento mueve su cabello oscuro mientras habla.
—Tenía una vida —añade después de un momento—. Una vida que me gustaba .
Riven lo observa, pero no dice nada.
—¿Y ahora? —pregunto.
Laiyor deja escapar una pequeña exhalación, casi una risa sin humor.
—Ahora todo gira alrededor de vivir lo suficiente para que este mundo no se desmorone.
El sonido de las olas llena el silencio que sigue.
Camino unos pasos hacia el agua y dejo que la espuma fría roce mis botas.
—Entonces será mejor que encontremos una forma de evitarlo.
Riven me observa con atención.
—Eso esperamos.
Miro el horizonte una vez más. El mar parece tranquilo, casi pacífico, pero algo en el aire me dice que esa calma no durará para siempre, y por alguna razón que no sé explicar, tengo la sensación de que lo que está por venir ya ha empezado a moverse bajo la superficie.
Seguimos caminando por la arena mientras la brisa del mar me revuelve el cabello. Me detengo un momento, dejando que el sol me dé en la cara y miro a Riven con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—Riven —digo en voz baja—. ¿Puedo hacer algo para evitar lo que se avecina?
Él me mira fijamente, sus ojos verdes están llenos de seriedad, respira hondo antes de responder.
—Por ahora, lo único que podrías hacer es romper el vínculo que existe entre Nyvral y tú.
Parpadeo, desconcertada .
—¿Romper el vínculo? —pregunto—. Pero… ¿Nyvral? ¿Thasvol? ¿Qué pasará con ellos?
Riven habla con calma, midiendo cada palabra, sin apartar la vista del horizonte donde el sol refleja su luz en el mar.
—El vínculo es profundo, nace de la confianza y la comprensión entre humano y dragón.
No puedes destruirlo con un gesto impulsivo.
Para romperlo, primero debes entender cómo se forma.
Debes estudiar los textos de antes de la caída de la Segunda Era, investigar cómo los humanos lograban vincularse con los dragones y cómo esas conexiones podían deshacerse.
Un vértigo me recorre al imaginarlo, ni siquiera puedo concebir cómo se puede romper un vínculo así.
—¿Y por qué me entreno si quieres romperlo? —pregunto, con la voz temblorosa—. Nyvral ¿confía realmente en mí?
Riven no aparta la mirada del horizonte, donde el sol sigue reflejándose en las olas.
—El entrenamiento no es solo fuerza o habilidad.
Para proteger a los dragones y al mismo tiempo, protegerte a ti.
Intento evitar que su vínculo provoque un desastre, necesitas conocerlo por completo.
Tienes que aprender a leer sus señales, comprender sus emociones y anticipar lo que puede hacer.
Solo así podrás tomar decisiones conscientes más adelante.
Me quedo en silencio, absorbiendo cada palabra, sintiendo miedo, responsabilidad y asombro al mismo tiempo. Nyvral está en mi mente y poco a poco en mi corazón, pero comprendo que lo que se aproxima es más grande que nuestra relación. Lo que aprendo no es solo para mí, sino para todos.
—Entonces —susurro—, lo que aprendo no es solo lucha ni supervivencia.
Riven asiente lentamente.
—Exactamente. Nadie más puede hacerlo por ti, ni siquiera ellos.
El sonido del mar nos envuelve. Observo como rompen las olas, como si eso consiguiera llenarme de fuerza, y lo miro de nuevo.
—¿Y si fallo? —pregunto, casi sin atreverme—. ¿Si no consigo entenderlo a tiempo?
—Aprenderás del error —responde él con calma—. Pero ahora aprende a observar, escuchar, leer y sobre todo, a pensar. Nyvral y Thasvol no corren peligro inmediato, pero cada acción cuenta.
Me quedo unos segundos en silencio, procesando la magnitud de sus palabras. Siento que la responsabilidad que recae sobre mí no es ligera, no se trata solo de mí ni de ellos, sino del equilibrio de Ithara entera. Tendré que aprender aunque duela.