CAPÍTULO 8
El día está soleado, sin rastro de nubes ni niebla. Me siento más fuerte que ayer, casi completamente recuperada, la curiosidad que no había sentido desde que llegué a Elion me impulsa a salir. Hoy quiero ver un poco de mi nuevo ¿hogar?, todavía no sé si esto es temporal.
Me pongo el vestido que llevé ayer en la cena y decido dejarme la melena suelta.
Paso por los pasillos silenciosos de la casa, maravillándome otra vez con los arcos amplios, los ventanales abiertos que dejan entrar el aire fresco y el leve aroma que penetra a través de las cortinas.
Mis pasos ligeros por la escalera apenas se escuchan, paso por el gran salón de la mesa enorme de roble y las lámparas de araña, sintiendo la amplitud y la elegancia contenida de la casa.
Cuando llego a la puerta principal empujo un portón enorme con forma de arco, bastante pesado hasta suena un leve crujido.
En algún momento ya he cruzado estas puertas, pero lo hice inconsciente.
Afuera el mundo me parece diferente, inmenso, la casa se levanta imponente con piedra gris clara, el tejado se ve lejano y se intuyen varias chimeneas.
El jardín no es un jardín al uso, es una pradera verde que se extiende hasta llegar al bosque, sin flores ni grandes adornos, solo las hortensias que riegan la parte baja de la gran casa.
Camino hacia la parte trasera, hacia lo que parece que son los establos, disfrutando del olor a heno fresco.
Mientras camino, noto que no hay ni rastro de Laiyor, recuerdo su comentario en la cena de la noche anterior y de lo incómodo que fue, sentado allí en silencio, observando todo con esa expresión seria que parecía estudiar cada gesto mío.
La idea me hace sonreír levemente. La sensación de que este lugar es completamente distinto a mi aldea me recorre de nuevo, aquí todo es más grande, más elegante, más vivo y yo me siento pequeña en medio de tanta perfección.
Alzo la vista hacia las colinas cercanas y me detengo en seco. Dos siluetas de dragones surcan el cielo, el corazón se me acelera y sin poder evitarlo, pienso en voz baja.
—A lo lejos… resultas muy hermoso.
La voz familiar resuena en mi mente, irónica y un poco ofendida.
— ¿¡A lo lejos!? Cuidado con lo que dices… —Nyvral se hace sentir— ¿no te gustó verme tan de cerca?
Me estremezco un instante ante la fuerza que percibo, y luego río suavemente para mí misma.
Riven aparece a mi lado, como si hubiera estado esperando mi reacción. Su porte tranquilo me da seguridad.
—Tu instrucción empieza esta misma tarde —dice, observándome con los ojos fijos en los míos—. Te veo completamente recuperada. Te esperaré en el gran salón.
Cuando él da un paso para marcharse, le detengo.
—¿Son dos? —pregunto con la vista fija en los dragones.
—Sí —responde Riven con calma—, por el momento son dos.
—¿Y ese, está vinculado a ti ?
Él frunce levemente el ceño y me responde con un simple no, seco y definitivo.
—¿Me vas a dar alguna lección que requiera escritura? —pregunto, tratando de cambiar de tema, levantando una ceja con ligera curiosidad.
Riven arquea las cejasy una pequeña sonrisa curva sus labios.
—No —responde—. Será mucho más divertido.
Con un último vistazo a los dragones, él se aleja hacia la casa dejándome sola en los establos, contemplando el cielo y la sensación de que mi vida en Elion está a punto de empezar de verdad.
La mañana pasa rápido y damos paso a una tarde preciosa, llego al gran salón y me detengo en la entrada.
El espacio está vacío, la mesa y las sillas que había visto antes han desaparecido.
La luz se filtra desde los enormes ventanales y resalta la amplitud de la estancia, todo parece todavía más elegante sin muebles y un silencio expectante llena el aire.
Riven aparece primero, y a su lado está Laiyor, su presencia me hace ponerme un poco nerviosa, parece sereno y a la vez disgustado.
Viste con camisa negra y lazada a la altura del pecho, ceñida a los brazos y al pecho, las mangas remangadas hasta los codos.
Lleva pantalones negros y botas similares a las de montar.
Yo sigo con mi vestido de lino y zapatos planos, y de inmediato me siento ridícula frente a ellos. Quiero pedir que me dejen cambiarme, pero no quiero parecer idiota, así que me mantengo segura y me quedo donde estoy.
Riven lleva dos espadas de madera, mi mirada se posa en la que me entrega, es más pesada de lo que esperaba, mucho más que la espada que me dio en la posada, la sostengo con ambas manos notando cada centímetro de su peso y la firmeza del mango .
Laiyor me observa de arriba abajo, la desaprobación en su mirada que apenas puede esconder con expresión de incredulidad.
—Laiyor se encargará de instruirte con la espada —explica Riven—. Es un excelente guerrero y domina el arte del manejo de la espada.
Me disgusta un poco al oírlo, la responsabilidad de enseñarme recae sobre él, y la seriedad en sus ojos no me permite subestimarlo. Sostengo la espada con más fuerza, recordando que no hay marcha atrás, esto es solo el inicio de lo que debo aprender.
La espada de madera sujeta entre mis manos, se siente incómoda, demasiado pesada. Me miro las manos y las muñecas, nunca he sostenido algo así.
Laiyor cruza los brazos y me mira con los labios apretados, esa expresión seria que todavía no sé si es de molestia o de concentración.
—¿De verdad tanto te disgusta enseñarme? —pregunto con descaro tratando de romper el hielo—. ¿Por qué no dejas que Riven lo haga?
Él arquea una ceja, sin mostrar ninguna emoción más allá de la rigidez de su postura, y niega con la cabeza.
—Lo hago porque simplemente lo tengo que hacer —responde firme—. Deberías hacer lo mismo.
Su voz es grave, sin ser tosca. Me enseña cómo colocar los pies y como sujetar la espada. Intento imitar sus movimientos, pero mis manos tiemblan y la espada pesa más de lo que puedo soportar.
—No la cojas así —me corrige—. Usa las dos manos de momento, te vas a hacer daño.
Asiento, tratando de concentrarme. Cada instrucción es simple pero mi cuerpo aún no entiende. La espada parece un brazo más de Laiyor, mientras que para mí es un tronco imposible de manejar.
—Controla la respiración—continúa—. Solo así llegarás a tener el control de una espada. Sígueme y respira con cada movimiento.
Nos movemos por la estancia, él enfrente de mí, yo siguiéndolo torpemente. Sus correcciones son constantes, un toque suave con su espada en mi brazo, otra vez en mi hombro, y siempre acaba con la misma palabra.
—Muerta. —dice con voz suave, y sus ojos parecen relajarse un poco.
Intento recordar todo al mismo tiempo, postura, equilibrio, respiración, cómo girar la muñeca, cómo anticipar sus movimientos.
Cada choque de espada me obliga a reaccionar, a ajustar, a levantarme de nuevo cuando pierdo el ritmo.
Poco a poco, el entrenamiento se convierte en una danza de espadas que chocan y se cruzan, pasos que giran y saltos cortos para esquivar, mi respiración entrecortada y la suya constante y medida son el único sonido que nos acompaña.
Me esfuerzo hasta que cada golpe, cada corrección, empieza a tener sentido, y aunque todavía siento que voy a caerme, algo en la coordinación comienza a aparecer.
—Muerta —dice de nuevo, mientras su espada roza mi cuello y me obliga a dar un paso atrás.
Siento un poco de vergüenza mezclada con frustración. Esto es solo el comienzo y ya noto que el control de la espada es algo que tendré que ganarme con esfuerzo y paciencia.
El entrenamiento termina cuando la luz de la tarde empieza a descender, y dejamos las espadas de madera quedan apoyadas contra la pared.
Respiro con dificultad, tengo las manos doloridas pero me acompaña una sensación de logro que me sorprende.
Las muñecas están a punto de abrirse, no estoy tan en forma como creía.
Laiyor cruza los brazos, examinándome con ojos críticos, y yo intento recuperar la compostura mientras camino hacia la salida del gran salón.
La casa está tranquila a esta hora, al bajar hacia la cocina, el aroma de la cena me envuelve, no sabía que tenía tanta hambre. Hay pan recién horneado, guisos y verduras, todo preparado con cuidado y sencillez. La mesa redonda ya está lista, y Riven nos espera ya sentado..
—¿Tengo que asumir alguna tarea mientras viva aquí? —pregunto mientras tomo asiento, jugando con la tela de mi vestido.
Riven sonríe levemente y niega con la cabeza.
—No —responde—. Elige lo que quieras hacer. Todo está cubierto, tu única tarea es aprender de Laiyor.
Frunzo el ceño, algo confundida.
—¿Por qué tengo que instruirme con la espada? —pregunto—. ¿De qué me va a servir eso con Nyvral?
Riven se inclina un poco hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa, y me mira con detenimiento y seriedad, aunque su expresión es suave.
—Cuando se culmine el vínculo con tu dragón —dice despacio, midiendo cada palabra—, será necesario que tengas todos los conocimientos de cómo usar la espada. Porque entonces el mundo será peligroso para ti.
Laiyor asiente con un movimiento leve de cabeza, mostrando acuerdo con las palabras de Riven.
Sin más, nos servimos la cena y comenzamos a comer. El aroma de los guisos y el calor de la cocina envuelven la estancia, poco a poco, empiezo a sentir que este lugar puede ser mi hogar, aunque todavía es extraño, grande y lleno de lecciones que debo aprender.