Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Entro en la habitación de la posada y cierro la puerta tras de mí.

La luz tenue de la lámpara ilumina el pequeño espacio, dejo la ropa nueva sobre la cama y apoyo la espada junto a ella.

Durante unos segundos me quedo mirando todo; la tela limpia, el cuero oscuro del chaleco y la empuñadura de un arma que aún no sé bien cómo usar.

Todo es nuevo, demasiado nuevo. Me aseo un poco y el cansancio me vence antes de probarme la ropa, me tumbo sin desvestirme y el sueño me arrastra enseguida, profundo y pesado.

Horas más tarde, unos golpes suaves en la puerta me despiertan. No sé cuánto tiempo he dormido.

—Zaja —dice la voz de Riven al otro lado—. Baja, es hora de cenar.

Me incorporo despacio y me paso una mano por el rostro para espantar el sueño, cuando salgo al pasillo, lo encuentro esperándome.

Bajamos juntos a la sala común de la posada, el ambiente está lleno de conversaciones, olor a comida caliente y leña.

Nos sentamos frente a frente en una mesa pequeña, el posadero nos trae pan, queso y un poco de carne cocida, comemos en silencio durante unos minutos. Riven levanta la vista hacia mí .

—¿Has podido descansar? —pregunta alzando la mirada sin dejar de comer.

—He caído rendida, pero sí, lo necesitaba —digo.

—Tu vínculo con Nyvral… —empieza, como si midiera las palabras—. Es fuerte.

Alzo la vista.

—Entonces, ¿por qué no aparece? —tampoco sé si quiero que lo haga.

Riven toma un trozo de pan antes de responder.

—Porque no debe.

Arqueo la ceja casi sin querer.

—¿Por qué los humanos le temen?

—Los dragones despiertan algo en los hombres —dice con calma—. Ansia, ambición, poder…si alguien ve a uno, no solo pone en peligro a la persona con la que mantiene un vínculo, si no a él mismo.

El sonido de la sala parece apagarse un poco a mi alrededor.

—¿Y Nyvral?

—Por eso permanece oculto —continúa—. Hasta que estés preparada.

Mastico despacio, pensando en ello.

—A veces le siento muy cerca.

—Porque estás ligada a él —Sus ojos verdes se clavan en los míos—. Y eso no lo entiende casi nadie.

Terminamos la cena sin hablar mucho más. Cuando volvemos al pasillo de las habitaciones, cada uno se detiene frente a su puerta.

—Descansa —dice Riven.

Asiento y entro en la habitación. Esta vez sí me pruebo la ropa, los pantalones son resistentes, se ajustan a mis piernas como un guante, la blusa es ligera y fresca, el chaleco de cuero se ajusta bien a mi cuerpo.

Me coloco el cinturón y pruebo a enganchar la espada, me cuesta un par de intentos hasta que consigo que quede firme.

Nunca había llevado una, cuando me miro al espejo, no me reconozco.

Me tumbo en la cama con la espada apoyada junto a mí, el silencio de la habitación es profundo, entonces vuelve esa presencia. Calmada, antigua y poderosa, la voz llega a mi mente como un eco distante.

— No temas, Zaja .

Hoy no me asusta su voz, poco a poco siento que empieza a formar parte de mí.

—Confía. Estoy aquí.

Nyvral. Cierro los ojos y el sueño me envuelve de nuevo.

A la mañana siguiente bajo al establo, donde me espera Riven. El aire es fresco y húmedo, pero diferente al de la aldea. Riven ya está allí preparando los caballos, me acerco y ajusto la montura mientras él me observa en silencio.

—Te sienta bien la ropa —dice finalmente, aunque apenas me mira unos segundos.

—Gracias—siento como me ruborizo.

Terminamos de preparar los caballos y montamos, salimos de la ciudad, las calles empedradas dan paso al camino de tierra dejando las casas de piedra atrás. El mundo es más grande de lo que imaginaba.

Pasan las horas, el sol sube al cielo y el hambre aparece de repente, apretando el estómago. Riven lo nota y antes de que diga nada, abre una de sus alforjas y me lanza un trozo de pan y queso .

—Come.

Sin pensarlo muerdo con ganas, pero de repente un sabor metálico me sube a la boca, un mareo intenso me envuelve y el mundo se tambalea bajo la silla del caballo.

—Riven… —murmuro—. Necesito parar.

Bajo del caballo con dificultad, apenas llego al borde del camino antes de vomitar. Las piernas me tiemblan y tengo que arrodillarme en la tierra para no caer.

Riven se agacha a mi lado con rapidez, sus manos me sujetan con firmeza, pero con cuidado, apoyándome contra él para que no me hunda en el suelo.

Siento como me aparta el pelo de la cara y el cuello y entonces ve las finas líneas negras que recorren mi cuello, como tinta que se abre bajo la piel.

Se extienden hacia atrás, perdiéndose detrás de mis orejas, descendiendo lentamente hacia los hombros.

Su ceño se frunce al instante, los labios se aprietan con tensión.

—Veneno — la palabra cae pesada entre nosotros.

No hay tiempo de reaccionar, con movimientos rápidos y precisos, me coloca delante de él sobre el caballo, ajustando mi peso contra el suyo y asegurando que ambos estemos equilibrados. Sus brazos me envuelven firmemente, controlando cada temblor de mi cuerpo.

—Aguanta —ordena con voz grave mientras el caballo arranca al galope—. No te duermas ahora.

El viento golpea mi rostro y el aroma de la tierra y los árboles se mezcla con el sabor metálico que aún sube por mi garganta. Todo gira. Siento cómo la adrenalina y el miedo se mezclan con el veneno que me quema por dentro.

—Cervatillo —susurra Riven cerca de mi oído—. Mantente despierta .

Cada palabra es medida, lenta, diseñada para calmar y enfocar. Sus ojos están fijos en el camino, evaluando cada movimiento del caballo, cada posible peligro. Sus hombros se tensan, la mandíbula apretada pero mantiene la calma suficiente para que yo sienta que no estoy sola.

—El veneno era para mí —dice con la respiración entrecortada—. Alguien me reconoció en la ciudad.

Intento girar la cabeza hacia él, pero apenas puedo sostenerla.

—¿Quién… eres…? —pregunto, débil.

—Alguien que tiene enemigos —responde, seguro, controlando la situación—. Solo concéntrate en mantenerte conmigo.

Una sombra enorme cruza por encima de nosotros, Nyvral. Su presencia irrumpe en mi mente con fuerza, llenando cada fibra de mi ser de furia, miedo y algo más oscuro.

Riven aprieta las riendas, manteniendo al caballo firme, absorbiendo cada movimiento del animal, cada sacudida, para que yo no caiga. Su respiración es constante y aunque sus gestos muestran preocupación, no deja que el miedo lo domine.

—Aguanta, cervatillo —repite—. Estamos cerca.

La amenaza de Nyvral retumba en mi cabeza, pero sentir el control silencioso y seguro de Riven me da un hilo de estabilidad. Mis párpados pesan, la visión se oscurece, pero sus brazos firmes y el traqueteo constante del galope me mantienen aferrada al presente.

Cada sombra entre los árboles, cada rugido que atraviesa mi mente, me recuerda que Nyvral está cerca, furioso, vigilante e implacable.

Un escalofrío recorre mi cuerpo y mi respiración se acelera, pero también hay algo más, la certeza de que no estoy sola. Riven no me suelta, no titubea, y por un instante extraño, el miedo y la adrenalina se mezclan con una extraña sensación de protección.

Nyvral grita en mi mente, su poder sacude todo a nuestro alrededor, y mi cabeza cae contra el pecho de Riven. Lo último que percibo antes de que todo se vuelva negro es su abrazo firme, el ritmo seguro de su respiración y el rugido del dragón retumbando sobre Élion.