Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

He dormido poco, cada vez que cierro los ojos vuelvo a ver las escamas oscuras entre los árboles, los destellos verdes bajo la luz del sol y aquellos ojos que parecen observarme desde algún lugar dentro de mi propia mente y esa voz:

«Escucha al forastero»

Me coloco la capa y salgo temprano de casa, Neil todavía duerme.

El aire frío me golpea la cara, la aldea apenas despierta, algunos vecinos abren sus puertas, otros encienden los primeros fuegos del día.

Camino sin rumbo aparente, aunque en realidad sé exactamente hacia dónde voy.

El sonido del martillo golpeando el metal resuena a lo lejos cuando doblo la esquina.

Me detengo unos pasos antes de llegar, fingiendo observar unas cestas apiladas junto a la pared llenas de pieles de oveja.

Entonces la puerta de la forja se abre y él sale, lleva la misma capa oscura que había visto en el mercado, aunque ahora la luz de la mañana me permite observar con más claridad.

Es un hombre de unos treinta años, su rostro transmite calma y seguridad.

Le sonríe al herrero antes de voltearse, tiene barba incipiente apenas sombreando la mandíbula, cabello castaño claro, y ojos verdes que me atraviesan con una confianza serena.

Es alto, fuerte, hombros anchos, brazos musculosos; alguien acostumbrado a viajar y a enfrentarse a lo desconocido.

Me ve enseguida, sus ojos se detienen en mí como si supiera que iba a aparecer allí.

Doy un paso hacia él.

—Te estaba buscando. —le digo en cuanto me acerco.

El forastero inclina ligeramente la cabeza.

—Te estaba esperando. —contesta con confianza.

Su voz es grave,pero suave, como si no quisiera asustarme..

—Necesito respuestas —digo, respirando con dificultad—. Todo esto… todo lo que está pasando, necesito entenderlo.

Él me observa en silencio, sus ojos verdes fijos en los míos.

—Entonces hablemos —responde con calma—. Pero antes, debes escucharlo todo.

—¿Quién eres? —pregunto, conteniendo el temblor de mi voz.

—Riven. Riven de Élion.

El nombre no significa nada para mí, pero la forma en que lo dice me obliga a escuchar.

Nos alejamos de la forja caminando por las calles silenciosas de la aldea, hablamos despacio y casi susurrando, cada palabra medida, como si temiera romper algo que no entiendo.

Nadie nos presta atención; a lo lejos, solo la vida cotidiana de mis vecinos comienza.

—¿Por qué ahora? —pregunto, sin poder evitarlo—. ¿Por qué conmigo?

Riven se detiene un instante y me mira con calma.

—Porque te he observado desde que llegué. Sabía que necesitabas encontrarte con la verdad.

Siento frio repentino, mezclado con alivio, miedo y falta de confianza hacia este forastero.

—Necesito saber qué me está pasando .

Él asiente con suavidad.

—Y lo sabrás. Pero debes seguirme primero.

Lo hago, y después de una larga conversación comienzo a comprender…

Dos días después celebramos la boda de Neira.

La ceremonia ocurre al atardecer, en un pequeño claro a las afueras de la aldea.

Para la ocasión elijo un vestido azul cielo, las mangas son largas y ligeramente abullonadas, con puños ajustados en las muñecas, es vaporoso y ligero, se mueve con cada paso mientras camino hacia el lugar donde se celebrará la ceremonia.

Una cinta del mismo tono recoge media melena, mientras el resto de mi cabello cae suelto sobre los hombros.

La madre de Neira me ha hecho una corona de flores silvestres, sencilla, que completa un conjunto que combina elegancia y comodidad.

Me siento ligeramente nerviosa, consciente de que hoy será un día diferente.

Los vecinos han dispuesto bancos improvisados con troncos y tablones, el altar está adornado con flores silvestres y guirnaldas que hemos preparado durante días.

El sol desciende lentamente detrás de los árboles cuando Neira aparece.

Lleva una corona de flores en el cabello y un vestido sencillo de lino blanco que se mueve suavemente con la brisa del viento.

Tim la espera junto al altar, su sonrisa le llena la cara.

Nunca había visto a alguien mirarla así y Neira brilla.

Sonríe con una felicidad tranquila que no necesita demostrarse.

Cuando pronuncian sus votos, se toman de las manos y entrelazan el listón de compromiso, sellando así su unión. Los aplausos llenan el lugar. mis ojos se clavan en ellos mientras un nudo se forma en mi estómago.

El recuerdo de mi boda sigue presentea pesar de que ya hace un año, y los intentos de borrar tal esperpéntico momento de mi mente,resultan en vano.

La celebración continúa en la plaza de la aldea.

El mercado ha desaparecido; largas mesas llenas de comida, jarras de cerveza y vino las llenan, guirnaldas de flores colgando entre los postes y las fachadas, y lámparas de aceite que bañan el espacio con luz cálida y tenue.

La música comienza pronto, alguien toca un violín, otro lleva el ritmo con un tambor, y la gente empieza a bailar, mientras otros observamos desde las mesas.

Neira me encuentra y me arrastra al centro.

—No pienso casarme y que te quedes mirando desde una esquina —dice riendo.

Caminamos entre la música, riendo como cuando éramos niñas.

—¿Eres feliz? —le pregunto.

—Mucho —responde ella, segura.

Giramos al ritmo de la música, mientras intento seguirle el ritmo a Neira, veo al fondo de la plaza entre los rincones más oscuros, a Neil.

Se escabulle hacia un callejón, y a su lado está Maina, tomados de la mano.

Ante esta imagen no hay ni una pizca de resentimiento en mi.

Hoy no es día para escándalos, estoy feliz por Neira y Tim, ellos se aman de verdad.

Esa certeza me golpea, y aunque no lo reconozco del todo, algo cambia en mí.

Cuando la noche avanza, me escapo entre la gente y abandono la plaza. Las lámparas, la música y el ambiente de la fiesta quedan atrás mientras camino hacia mi casa. Hasta que todo queda en silencio .

Abro la puerta con cuidado, la casa está a oscuras y fría igual que la noche. Avanzo unos pasos y entonces escucho el movimiento detrás de mí. El olor a alcohol llega antes que las palabras.

—Sabía que volverías.

Neil está apoyado contra la pared, tambaleándose. Sus ojos brillan con el mismo furor turbio que tantas veces he visto.

—La fiesta sigue —digo, calmada—. Deberías estar allí.

Se acerca un paso.

—¿Y dejarte ir tan pronto?

Su mano se cierra alrededor de mi muñeca demasiado fuerte, con la otra rodea mi cintura.

—Neil…—su aliento alcohólico me da nauseas.

—Siempre tan fría conmigo —murmura.

Intento apartarme, pero no lo logro. Se inclina hacia mí, intentando levantar mi falda, roza mi cuello con los labios. Mi corazón se dispara. Siento pánico y adrenalina mezclados, me quedo paralizada, con el paso del tiempo he aprendido a no luchar. Pero hoy no, ahora no…

De repente, la puerta se abre como si una ventisca hubiera decidido arrancarla.

—¿Qué…?

Su expresión cambia, pero no retrocede, sigue con sus asquerosas manos sobre mí.

—¿Quién eres? —va demasiado borracho.

Riven, el forastero. Lleva su espada en la mano, sus ojos están llenos de odio.

—Apártate de ella. Ahora. —El tono de Riven es pasivo, pero firme .

Neil se aparta de mí, aprovecho para recuperar el aire que estaba conteniendo. El muy idiota va a intentar medirse con él, antes de que Neil pueda siquiera poner un dedo encima de Riven, este le suela un puñetazo que le tira al suelo y le deja inconsciente.

Riven se va sin decir nada, pero antes me atraviesa con la mirada.

No espero más, cojo mi capa, la bolsa que dejé escondida debajo de ella y salgo corriendo.

Ni siquiera me molesto en cerrar la puerta, el sendero hacia el bosque se abre oscuro ante mí.

Corro con el corazón desbocado, el viento en la cara, la emoción y el miedo mezclados en cada fibra de mi cuerpo.

Allí está, esperando al inicio del camino.

Riven, ya sobre su caballo, y a su lado, otro espera con las riendas sueltas.

Sigue sin decir nada, solo me mira, respira hondo, casi un suspiro.

—Vámonos.

Subo al caballo y los dos animales arrancan al galope, dejando atrás la aldea y las luces de la fiesta que se desvanecen lentamente en la oscuridad.