Curvas Bajo el Sol Ardiente Capítulo 3
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Capítulo 3

CAPÍTULO TRES

Tanner

Ella pide un taxi y, pocos minutos después, un coche se detiene frente a The Red Crab. Al parecer, el conductor es un amigo de su madre.

—¿Habías salido a cenar solo? —pregunta Twila.

Trago saliva, totalmente prendado y cautivado por esta mujer. Es la chica que vi desde mi balcón, y siento como si estuviera predestinado que nos volviéramos a ver.

—He venido para la boda de mi hermano —le digo—. Habíamos salido un grupo a cenar.

Ella arquea las cejas. —¿Y no has querido quedarte con ellos?

—No. Puede que sea mi hermano, mi única familia, en realidad, pero no nos parecemos en nada.

—¿Por qué sois tan distintos? —pregunta mientras baja la ventanilla del taxi.

El aire templado de la noche recorre el coche y exhalo, relajándome en su presencia más de lo que lo he hecho en mucho tiempo.

El conductor no deja de mirar por el retrovisor como si comprobara dónde tengo las manos.

Las tengo sobre mis rodillas; pero maldita sea, desde luego no es ahí donde me gustaría que estuvieran.

—Mark tiene poco respeto por las mujeres —explico—. Por el trabajo duro, por cualquier cosa, en realidad, que no se consiga fácilmente.

Ella asiente despacio. —Ya veo. ¿Y tú eres lo opuesto a eso?

Me encojo de hombros, dándome cuenta de que eso podría sonar engreído. —No soy perfecto, ni de lejos, pero sí tengo valores diferentes a los suyos. —Me paso una mano por la mandíbula—. ¿Y tú? ¿Tienes alguna rivalidad fraternal?

Ella sonríe, con su pelo oscuro revuelto como si lo hubieran despeinado las olas. Dios, me muero por hundir los dedos en él. —No, soy hija única. Mi madre me crió sola. Así que solo hemos sido nosotras dos contra el mundo.

—Eso y tu millón de seguidores.

Se ríe. —¿Has mirado mi Insta?

—Mientras esperaba el taxi y tú has ido al baño, sí. Joder, después de que me enseñaras una foto en el bar, necesitaba ver más.

El conductor tose con fuerza y Twila sonríe, bajando la barbilla. Me susurra un «Lo siento».

A los pocos minutos, nos bajamos del taxi y la música de la discoteca retumba en Main Street.

—¿Y bien? ¿Te ha gustado lo que has visto?

—pregunta mientras caminamos por la acera.

Busco su mano y, cuando entrelaza sus dedos con los míos, me detengo y me giro hacia ella.

Lo juro, estar a su lado me está provocando la sensación más intensa de mi vida.

Me siento fuerte, poderoso. Como si pudiera luchar contra demonios, matar dragones, enfrentarme a lo que sea para proteger su honor.

Ella inhala, bajando la barbilla, pero yo se la levanto con el dorso del dedo.

—Me ha encantado lo que he visto —le digo.

Y lo digo en serio. Dios, sus fotos eran espectaculares.

Una belleza en bikini en la playa. Se me ha agitado la polla con cada imagen mientras pasaba las fotos rápido.

—Pero no han sido las fotos lo que me ha ganado desde el primer momento.

—¿No? —Su lengua rosada asoma por su boca, lamiendo sus labios. Se ve tan endiabladamente dulce.

Niego con la cabeza. —No. Han sido los pies de foto.

Tu valor no tiene nada que ver con tu peso.

La vida es demasiado corta para no ser amable contigo misma.

Tu cuerpo, tus reglas.

—¿Ah, sí? —pregunta ella—. A algunos tíos les intimidan mis decisiones.

—Yo no soy «algunos tíos». —Le paso una mano por la espalda y ella se acerca. Lo suficiente para un beso.

—No, no lo eres, ¿verdad?

—Tenía una amiga, Adeline, en la universidad. Era tan divertida, inteligente y hermosa. —Niego con la cabeza—. No sé por qué te estoy contando esto.

—No pasa nada, quiero escucharlo.

—Era encantadora. El tipo de persona que siempre se acordaba de llamar a su madre y que te ayudaba a estudiar para los exámenes.

En fin, era todas esas cosas y, sin embargo, se odiaba a sí misma.

Su piel. No podía ver lo que veían los demás.

Así que, cuando he visto tus fotos, me ha hecho desear que Addie hubiera podido verlas.

Quizá habrían significado algo para ella.

—¿Habría podido?

—Se quitó la vida en nuestro último año. —Me paso una mano por el pelo—. Joder, esto se ha vuelto muy intenso. Pero tengo la sensación de que no huyes de la oscuridad.

—Oh, Dios, Tanner. Lo siento muchísimo. —Twila me rodea con sus brazos y yo la estrecho con fuerza.

—Fue hace cinco años —digo—. He pasado el duelo, ya sabes, pero a veces...

—A veces te acuerdas. —Twila me mira con una sonrisa dulce y unos ojos tan azules, tan hermosos, que juro que puedo ver a través de ellos. Directamente hasta su corazón. Es bueno. Y puro. Y dulce.

—Es agradable recordar —digo.

Twila se muerde el labio inferior mientras nos separamos del abrazo. —¿De verdad te gusta bailar? ¿En plan, que te encanta?

Suelto una risita, negando con la cabeza. —Sinceramente, soy un bailarín pésimo.

—Yo también. —Se ríe—. Xander no entiende por qué tiene una mejor amiga que no tiene ritmo, pero si no te importa... quizá podríamos ir a mi lugar favorito de la isla en vez de a una discoteca ruidosa y sudorosa. Es mi rincón secreto.

—¿Me estás preguntando si prefiero ir a algún sitio a solas contigo en lugar de compartirte con cien desconocidos sudorosos?

Me coge de la mano. —Sí, ¿te apuntas?

—Me apunto —digo—. Pero primero...

Me inclino y pongo mi boca sobre la suya y, joder, parece irreal. Estar en una isla paradisíaca con una mujer como Twila en mis brazos. Sus labios son suaves, dulces, y huele a coco y a aire salado. Como una inmersión en el mar y, joder, quiero perderme en sus aguas.

Cuando se aparta, sus ojos de azul claro están más oscuros. —Tanner —susurra, presionando sus dedos contra sus labios—. Ese ha sido mi primer beso.

Niego con la cabeza con incredulidad. —Oh, Dios, no tenía ni idea.

Sin embargo, ella me sonríe con un destello de deseo en su rostro. —Creo que es hora de ir a ese lugar privado del que hablaba.

Cogiendo mi mano, echa a correr riendo por la calle de adoquines, arrastrándome hacia la noche.