Curso Grado 12 Capítulo 15 #8
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Capítulo 15 #8

John pudo ver en ella mucho sufrimiento. Sus ojos brillaban con una mezcla de cansancio y preocupación, y su mandíbula estaba tensa, como si estuviera conteniendo emociones que amenazaban con desbordarse. Por eso, no dudó en acceder a su petición.

—Te lo prometo —dijo, con voz firme—. No volveré con esa gentuza.

Al escucharlo, al fin una sonrisa se perpetuó en su rostro. El alivio fue inmediato, como si una carga enorme se hubiera desprendido de sus hombros.

—Siento haberte ocasionado tantas molestias —añadió John, bajando la mirada—. Seguro que has tenido problemas con Miura por mi culpa.

—No importa —respondió Ai, con un suspiro—. Aunque es cierto que hoy me he llevado una buena bronca. Shun sigue pensando que me preocupo más por tu bienestar que por el suyo mismo.

—Perdóname —dijo John, levantando la vista hacia ella—. Pero al igual que tú me estás conociendo más, yo también lo hago contigo. Y sé de sobra que hay algo más que perturba tu mente. Eres bastante transparente, ¿sabes?

Ai desvió la mirada, sonrojándose ligeramente.

—Me conoces bien... —admitió—. Pero no sé cómo decirlo. Me da un poco de vergüenza.

—Ya deberíamos tener la suficiente confianza como para contarnos cualquier cosa —la animó John, con un tono suave—. Adelante.

Ai respiró hondo y le contó lo sucedido en el tiempo de recreo, cómo Kaori y Karai habían discutido por lo ocurrido en el baile. En ese momento, John supo que lo ocurrido en el aula había salido a la luz.

—¿Cómo has podido hacer algo así? —Ai lo miró con reproche—.

¿Sabes en el lío en que podéis meteros? Y sobre todo a mí, que era la responsable de salvaguardar el control del centro.

¡Utilizar las aulas como habitaciones privadas está prohibido!

—Su voz se quebró—. ¡Me prometiste que velarías por el orden!

John suspiró profundamente, pasándose una mano por el cabello.

—No tengo excusa, la verdad —admitió—. Solo estaba algo confundido con todo lo que ocurrió en el patio. En realidad, estaba discutiendo con Karai cuando pasó eso. Se creó demasiada tensión entre nosotros. En condiciones normales, suelo liberarla liándome a golpes con otras personas.

—¿Y cómo era una chica... te acuestas con ella? —preguntó Ai, con una mezcla de incredulidad y decepción.

—Pase lo que pase —respondió John, con firmeza—, niégalo todo. Asumiré toda la responsabilidad de lo sucedido. Juro que no volveré a crearte más problemas.

—En realidad —dijo Ai, con un suspiro—, estoy enfadada conmigo misma. Pensé que la fiesta sería recordada por todos, y ha sido un desastre.

—No digas eso —respondió John, negando con la cabeza—. Has hecho un gran trabajo. Todos comentaban el nivel de la preparación.

—Seguro que solo lo dices para animarme —sonrió ella, con un dejo de timidez.

Después de una pausa, Ai retomó la conversación con un tono más ligero, aunque sus ojos delataban una curiosidad que no podía ocultar.

—Entonces... después de lo ocurrido con Karai en la fiesta... ¿Has olvidado a la chica misteriosa que te gustaba?

John sonrió plenamente. Siempre lo hacía cuando Ai intentaba sonsacarle quién era esa misteriosa chica. Su sonrisa era vacía, como si guardara un secreto que no estaba dispuesto a compartir.

—Es mejor no obsesionarse con ella —dijo, con un tono triste—Es algo... imposible.

—¿Acaso lo has intentado como para darte por vencido? —preguntó Ai, con un tono de decepción—. Te creía más valiente.

—No hace falta —respondió John, con desdén—. A veces uno sabe cuándo no puede ganar.

Ai lo miró fijamente, como si intentara descifrar un enigma detrás de sus palabras.

—¿Eso significa que a partir de ahora Karai será tu nueva novia? —preguntó, con una mezcla de curiosidad.

John desvió la mirada hacia otro lado, evitando sus ojos.

—Es posible... —murmuró.

—¿eso vas a decir? Ai no esperó semejante respuesta.

Luego, como si quisiera escapar de la conversación, se levantó de la silla.

—Creo que será mejor que me vaya ya. —Señaló John la ventana—. Es tarde y necesitas dormir. No querrás despertarte con unas buenas ojeras.

Aunque cuando estaba a punto de saltar por la ventana, Ai lo detuvo por el brazo, con una fuerza que lo sorprendió.

—¿Qué ocurre? —dijo John, sorprendido al sentir el tirón.

Entonces vio a Ai colocarse enfrente de él. Su rostro no parecía risueño; al contrario, había una determinación en sus ojos que no había visto antes. Lo miró de arriba abajo y luego soltó de golpe:

—Quiero que te quites la camiseta.

Eso descolocó a John tanto como un puñetazo directo a la mandíbula. Parpadeó, incrédulo.

—¿Qué has dicho? —preguntó, con una mezcla de sorpresa y diversión—¿Desde cuándo te has vuelto tan decidida? —Se inclinó ligeramente hacia ella—¿Acaso quieres tontear?

—No estoy para bromas, Johnny —respondió Ai, con voz firme—. He visto las manchas de sangre en las mangas de tu camisa. Una vez me mentiste y dijiste que estabas bien, pero tenías golpes por todo el cuerpo. —Lo miró fijamente—. Quiero asegurarme de que estás bien. Por eso, retírate la camisa.

—¿Sabes qué pasaría si entran tus padres en este momento? —John arqueó una ceja—. ¿Y qué pensaría Miura de todo esto?

—Me da igual lo que digas —respondió Ai, sin inmutarse—. No vas a conseguir ponerme nerviosa. ¡Quiero que te desnudes, ya!

John cambió de semblante al ver que no daba su brazo a torcer. Estaba claro que no se achantaría con nada que él dijera. Su determinación era tan sólida como la de él en una pelea.

—Muy bien —dijo, con un suspiro de resignación.

Se retiró la camiseta de malos modos y la arrojó al escritorio. Luego se acercó tanto a ella que pareció que iba a besarla, sus ojos azules fijos en los suyos con un brillo desafiante.

Ai tragó saliva al tenerlo tan cerca. Sintió el calor de su piel. Pero se obligó a mantener la compostura y disimular su nerviosismo.

—¿Y ahora qué quieres que haga? —preguntó John, con un tono provocador—. ¿Los pantalones?

Ai pudo ver la rojez en la piel de su cuerpo, las marcas de los golpes recientes que se extendían por sus costados y hombros. Estaba claro que eran de una fuerte pelea.

—Una vez disimulaste cuando te toqué en la clínica del doctor Sanjo —dijo Ai, con voz más suave pero igual de firme—. Pero esta vez me aseguraré de que no mientes.

—Como gustes —John alzó los brazos, como dispuesto a que lo cachearan—. Haz lo que quieras conmigo.