Curso Grado 12 Capítulo 14 #4
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Capítulo 14 #4

En su interior, Ai se estremeció. No comprendía por qué esa gente le buscaba, y mucho menos por qué lo llamaban amistosamente por su nombre de pila. "Johnny". Como si lo conocieran de toda la vida.

—No sé de quién me habláis —respondió, intentando mantener la voz firme—, pero creo que os habéis confundido de instituto.

Nobu sonrió, una sonrisa lenta que no llegaba a sus ojos.

—No me equivoco, preciosa. Sé que estás mintiendo —dijo, inclinándose ligeramente—. Puedo leer las facciones de la cara. Las tuyas son muy evidentes.

Un calor sofocante inundó a Ai por las entrañas. Se sintió desnuda, expuesta, como si aquel hombre pudiera ver a través de ella.

—Está claro que es tu amiguito —continuó Nobu—. Y también sabemos que vivís en la misma pensión. Nos gusta estudiar a la gente.

—Eso explica por qué John se volvió loco cuando Kuchiki la apuntó con la navaja —cercioró Matsuda, con una sonrisa torcida—. ¿Te lo cepillas a espaldas de tu novio?

La pregunta cayó como un latigazo. Ai sintió que la sangre se le subía a la cara, una mezcla de indignación y vergüenza. No sabía por qué estos extraños tenían tanta información sobre ellos, pero de algún modo sentía que su intimidad estaba siendo quebrantada. Eso la aterraba profundamente.

Molesto por las burlas, Shun decidió actuar. No estaba dispuesto a tolerar que a su novia la tacharan de ligera. Dio un paso al frente, el puño cerrado, listo para golpear a Matsuda.

Aunque Nobu fue más rápido.

El golpe impactó en el pecho de Shun con una fuerza brutal, dejándolo descolocado. El deportista retrocedió varios pasos, jadeando, sintiendo cómo el aire se le escapaba de los pulmones.

El genio pudo comprobar entonces que aquel que parecía el jefe ya no se lo tomaba a broma. La expresión de su rostro había cambiado, dejando salir una mirada odiosa como la que John solía sacar a la luz en sus momentos más oscuros.

—El tiempo de bromas se ha acabado —sentenció Nobu, con voz fría—. Lo de Johnny puede esperar. Si no sale, siempre podemos atormentar a esta muñequita. —su mirada se posó en Ai con inquina, recorriéndola lentamente—. Tarde o temprano saldrá.

Shun pudo notar en los ojos de su novia un temor que le atravesó el pecho. No era el miedo de antes, era algo más profundo, una vulnerabilidad que le recordó que no podía fallar otra vez.

—¡A qué vienen esas amenazas! —exclamó Shun, interponiéndose entre Nobu y Ai—. Arreglad con Hole lo que tengáis que hacer, pero dejadnos a nosotros fuera de esto.

—¡Silencio! —espetó Nobu, y su voz cortó el aire como un cuchillo—. Odio las faltas de respeto. Y más odio a los que se creen por encima de mí. —Lo miró de arriba abajo—. Mírate. Pijo. Buen porte, magníficas piernas. ¿Eres deportista de élite?

El genio se quedó sorprendido por su cambio de actitud. No comprendía por qué ahora se iba de un tema a otro —continuó Nobu, con una sonrisa que no presagiaba nada bueno—. ¿Fútbol? —Preguntó, admirando las proporciones de su cuerpo.

—Capitán de fútbol —respondió Shun, con orgullo, aunque su voz sonó más insegura de lo que quería—. El mejor de todos ellos.

Nobu asintió lentamente, como si saboreara las palabras.

—Esas piernas seguro que han perforado muchas porterías, llevándote a la gloria —sonrió—. Una pena... no poder competir más, al más alto nivel.

Las palabras cayeron como un cubo de agua helada sobre Shun. Su rostro se desencajó por completo. ¿Era una amenaza? ¿O se haría realidad?

—¿Qué has querido decir con eso? —preguntó, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies.

Con sus labios, Nobu efectuó un silbido. El yakuza se volvió hacia su grupo y alzó la mano al alza. Un gesto breve, preciso. Pronto, un bate cayó en sus manos, arrojado por otro integrante alojado mucho más atrás del grupo.

Shun podía contemplar cómo los miembros de la banda sonreían de manera agradable, como si aquello fuera un juego. Incluso algunos espetaban alguna carcajada.

Ai estaba bastante asustada. Sobre todo, cuando vio a Nobu zarandear el bate de un lado a otro. Por la forma de moverlo, comprobó que no se trataba de madera; estaba fabricado por un material más pesado. Sin duda era metálico.

—Olvídate de correr como lo conocías —soltó Nobu, con una sonrisa cruel—. Y reza para que al menos puedas andar. ¡Serás un pobre lisiado! —Apretó el bate—. Pero esto te servirá para recordar a no meterte con la jodida Sasori.

Shun quedó obnubilado al ver cómo Nobu alzaba el bate con decisión. Sus ojos tenían un objetivo, y no pararía hasta destrozar las rodillas del deportista.

Estaba paralizado, igual que su novia a su lado, esperando un milagro que no llegaba. Al igual que en la fiesta, había fallado. Y nadie movería un dedo para ayudarlo.

Pero antes de que el bate impactara, una voz lo detuvo.

—¡Suelta el bate, Nobu! —vociferó John, apareciendo desde atrás—. Es a mí a quien buscas. Así que para esta escenita de inmediato y déjalos en paz.

John se acercó a pocos centímetros del rostro del yakuza, con los ojos rabiosos.

—Y si vuelves a atormentarla, te partiré ese bate en la maldita cara, ¿entendiste? —Su voz era un susurro helado—. Al igual que hice con el perro que trajiste a la fiesta.

Nobu miró a Ai de reojo, y luego carcajeó en demasía.

—Joder, cómo echaba de menos esa mala hostia que tienes —dijo, comenzando a aplaudir.

Sus secuaces lo imitaron—. Al fin el gran Johnny ha aparecido.

—Se detuvo—. ¿O debería llamarte Akuma? —Lo observó con desdén—.

Pero mírate, ¿Qué diablos te ha pasado? Pareces un maldito universitario.

¿Por estos nos abandonaste? Menuda estupidez.

—¡A mí me parece que está bastante potente! —interrumpió Pinku, pavoneándose alrededor de John y repasándolo con la mirada—. Si de mí dependiera, le reclutaríamos de nuevo.

—¡Déjate de estupideces y vuelve al grupo, joder! —la increpó Nobu.

—¿Acaso solo tú puedes babear sobre estas pijas y yo no puedo alabar al gran Akuma? —Pinku le sacó el dedo—. ¡Qué te den!

Nobu torció el gesto, pero se contuvo.

—¿Qué está pasando, Johnny? —preguntó Ai, incapaz de aguantar tanta incertidumbre.

—Eso, Johnny —dijo Nobu, acercándose a él—.

Por qué no le cuentas... Hizo una pausa, saboreando el momento.

Tengo que reconocer que hiciste un buen trabajo machacando a Kuchiki.

Ese maldito bocazas se lo tenía merecido.

Nunca me cayó especialmente bien. El muy idiota ha quedado totalmente lisiado.

Deberías ver cómo se mueve ahora, parece una jodida abuelita con cojera.

(risas). Eso demuestra que sigues en forma.

Pero... has cabreado al JEFE. ¿Sabes lo que eso significa?

John desvió la mirada. Por primera vez, pareció perder la fuerza. Pero Nobu, con un gesto brusco, le enderezó la cara para que lo mirase fijamente.

—A pesar de que fuiste su ojito derecho, está muy cabreado —soltó—. A mí puedes joderme, ¿pero a él puedes...? —Soltó una carcajada alocada.

—¿Qué es lo que quiere que haga? —preguntó John, con voz tensa.

—Esa actitud sumisa ya está mucho mejor —Nobu le dio un par de suaves guantazos en la cara, casi paternales—.

Quiere verte esta noche, en el suburbio norte.

Y no hace falta decirte que no hagas ninguna tontería.

Conocemos a todos tus amiguitos —rio, golpeándose la mano con el bate—. Sobre todo, a esta preciosidad.

Pellizcó amistosamente la mejilla de Ai, mientras ella soportaba la mirada vacía de John, que no podía hacer nada.

Sonríe un poco, hombre —dijo Nobu, viendo cómo John no rectificaba las facciones de su desencajado rostro—. Si lo haces bien, no tienes por qué preocuparte.

Luego, el cabecilla efectuó un fuerte silbido y el grupo se dispersó. Como la tormenta que había llegado de repente, se difuminó de golpe, dejando escuchar el jaleo y las bromas de los estudiantes que, ajenos al problema, seguían en el patio.

Aún con la amenaza de Nobu resonando en su cabeza, John se giró de golpe, buscando un culpable. Sus ojos ardían con una furia contenida.

—¿Acaso has perdido la maldita cabeza? —espetó a Shun.

Pero Shun no se quedaría callado. Respondería con toda la rabia que llevaba dentro, ardiendo como brasas.

—¿Defendía a mi novia…? —dijo, con voz tensa— ¿Sabes? ¿Acaso siempre quieres llevarte todo el mérito?

—¡Eres un jodido idiota! —John se acercó—. ¿Crees que esta gente es igual a la de la fiesta? ¡Son YAKUZAS[26]! ¿Entiendes? Podrían haberte aplastado con ese bate delante de todos y quedarse tan anchos. Incluso Ai podía haber sufrido un serio percance. —Apretó los puños—. Estúpido.

—¡Basta ya! —interrumpió Ai, alarmada, poniéndose entre ambos—. ¡Dejad de discutir, por favor! —Su voz temblaba—. Tenemos que buscar una solución a esto. Es demasiado peligroso.

—Nosotros no haremos nada —señaló Shun, con frialdad—. Es él quien tiene que solucionar sus problemas con esa gentuza. Solo nos trae quebraderos de cabeza.

—¿Perdona? —John lo encaró—. Fue tu amiguito quien contactó con ellos en la fiesta. Yo solo actué después.

—Soluciona tus PROBLEMAS con tus amigos yakuza, AKUMA —escupió Shun, el nombre como un puñal—. Y no nos involucres en tus miserias.

—No se te ocurra llamarme así —John lo sujetó de la chaqueta con malos modos—. O lo lamentarás.

Shun desquitó su gesto con brusquedad, y cuando todo parecía salirse de control, Ai se interpuso entre los dos, con los brazos extendidos y el corazón latiendo a mil.

—¡Ni se os ocurra pelearos! —chilló Ai con temor. Esto se zanja aquí.

Shun la cogió de la mano, dispuesto a dejar a John con su problema y alejarla de aquel peligro. Pero ella tenía muchas preguntas en la cabeza, y no estaba dispuesta a marcharse sin respuestas. Por eso, Ai se frenó en seco, dejándolo con un aturdimiento mental inesperado.

—¿Qué ocurre? —preguntó Shun, frunciendo el ceño—. ¿Por qué te paras? Ya te he dicho que esto no es problema nuestro.

—No podemos dejarlo así —respondió Ai, con la voz firme a pesar del temblor interior—. Tenemos que buscar una solución. Esto es muy peligroso.