Capítulo 13 #12
La animadora comenzó a bailar de manera provocadora.
Con sensuales gestos se contoneaba sobre la figura del héroe de la noche, enroscándose a su alrededor como una llama.
John, por su parte, interactuaba con ella dejándose llevar por la vibrante música.
Sus movimientos eran más sobrios, pero había algo magnético en la forma en que seguía el ritmo, en cómo sus ojos azules brillaban bajo las luces de colores.
Poco a poco, los estudiantes se fueron contagiando. Como si una ola invisible los empujara, comenzaron a completar el aforo de la pista. Primero fueron los más atrevidos, luego los grupos, después las parejas. El ambiente se transformó.
"we're goin' up, up, up, it's our moment
you know together we're glowing
gonna be, gonna be golden
oh, up, up, up, with our voices
yeong-wonhi kkaejil su eomneun
gonna be, gonna be golden"
Ai se alegró al verlo. Gracias al gesto de John, la fiesta recobraba el sentido. La gente se estaba animando, y con un cerco vistoso bordeaban a la nueva pareja con chispa, convirtiéndolos en el epicentro de la noche.
—Creo que deberíamos ir a la pista —dijo Ai con una sonrisa, tirando suavemente de la mano de Shun—. Olvidemos lo que ha pasado.
Shun, contrariado, pero sin fuerzas para oponerse, se dejó arrastrar por su novia. A medio camino, se encontraron con Kasumi y Kaori. Kasumi sonreía, pero Kaori tenía una expresión extraña, una mezcla de resignación y disgusto.
—Parece que John ha conseguido hacer olvidar el desgraciado incidente del patio —señaló Kasumi, señalando la pista con un gesto—Todos se suman al baile. Como buena anfitriona, deberías acercarte y hacer lo mismo.
—Eso mismo pienso hacer —respondió Ai, y continuó su camino hacia la pista.
Kasumi notó algo disgustada a Kaori. Esperó a que Ai y Shun se alejaran un poco para preguntar:
—¿Qué te ocurre?
—Al final Karai se ha salido con la suya —murmuró Kaori, con un dejo de amargura—. Ha atosigado a John hasta el final. Lo peor es que ha dejado plantada a su pareja de baile. ¿Has visto su cara?
Kasumi miró hacia los asientos. El chico que había acompañado a Karai permanecía solo en una mesa, con una expresión de humillación y rabia mal disimulada.
—Karai es tan impulsiva —suspiró Kasumi— que acaba olvidándose de los demás. Puede llegar a ser muy egoísta. Pero tenemos que quererla así, es nuestra amiga.
—Pobre chico —Kaori negó con la cabeza—. Hasta yo siento lástima por él.
Ambas observaron la pista, donde Karai continuaba bailando pegada a John, ajena por completo al daño colateral que dejaba a su paso.
Con el ambiente más distendido, y en mitad de las risas y cantos, John recibió muchos agradecimientos por lo que había hecho.
Los estudiantes se acercaban, ahora sí, para felicitarlo, para decirle que se sentían seguros con su presencia.
Estaba claro que todos habían olvidado ya el infortunio de hacía unas horas. La noche recuperaba su brillo.
Ai disfrutaba de su baile con Shun. O al menos lo intentaba.
Pero no podía dejar de mirar de reojo cómo John se dolía del brazo constantemente, cómo cada movimiento le arrancaba una mueca de dolor que intentaba disimular.
A pesar de ello, él estaba bien acompañado.
Karai le rondaba muy acaramelada, pegada a su cuerpo como una enredadera, sonriendo con cada gesto que le brindaba.
Aunque también estaba preocupada por Shun.
Después de que todo el mundo halagase a John por su gesta, su rostro era todo un poema.
Una mezcla de frustración, orgullo herido y una tristeza profunda que no lograba ocultar.
Fue por eso por lo que no se atrevió a interesarse por John, sabiendo que cualquier gesto hacia él haría que su novio se sintiera aún más afectado.
—Intenta disfrutar un poco —le susurró Ai, apretando su mano—. Esta es nuestra canción, ¿recuerdas? La que bailamos antes de pedirme salir.
Shun la miró, y por un instante, algo brilló en sus ojos. Pero fue fugaz. A los pocos segundos, dejó de bailar.
—Lo siento —dijo, apartándose ligeramente—. No estoy con ánimos para continuar con la fiesta. La imagen de ese malnacido me sigue perturbando. —Pasó una mano por su cabello, nervioso—. Tenía que haber actuado antes de que sacase la pistola.
—Olvídalo —insistió Ai, tomando sus manos con suavidad—. Sé que hiciste todo lo que estaba en tu mano por solucionarlo. Lo importante es que yo lo sé. Y al final todo se ha solucionado.
Shun, con el orgullo herido, pensaba en la gran actuación del chico del Reformatorio. En cómo todos lo alababan, en cómo su novia no podía dejar de mirarlo de reojo. Algo estalló dentro de él.
Se apartó bruscamente de su lado.
—¡¿Intentas decir que tengo que aceptar que Hole sea el héroe?! —exclamó, con la voz tensa—. ¿¡Qué fue él quien te salvó!?
—No he querido decir eso —Ai negó con la cabeza, angustiada—. No tienes motivos para sentir celos, Shun. Lo que ha ocurrido es algo a lo que no estamos acostumbrados. Cualquiera se habría sentido aterrorizado.
Shun la miró fijamente. Por un instante, su expresión se suavizó, como si quisiera decir algo más. Pero luego negó con la cabeza.
—Sé que no mereces esto —admitió, con la voz más baja—. Has trabajado mucho preparando esta fiesta. Pero no me siento con fuerzas como para seguir simulando bienestar. —Hizo una pausa—. Esta mierda me ha jodido la cabeza.
Y sin añadir nada más, Shun dio media vuelta y se alejó, dejando a Ai sola en mitad del baile lento.
Ella se quedó inmóvil, sintiendo cómo las parejas giraban a su alrededor, ajena a la música, ajena a todo.
Sus ojos buscaron instintivamente a John, que seguía bailando.
Luego miraron hacia la puerta por donde Shun había desaparecido.
Y no supo qué hacer. Solo se marchó sola a llorar a algún rincón del campus.
Karai dejó de bailar con John en cuanto notó que su hematoma empeoraba. El brazo amoratado tenía muy mala pinta, y la pequeña fisura en su frente seguía rezumando un hilo de sangre. Decidida, la animadora lo cogió de la mano sin pedir permiso y se dirigió hacia la mesa de una de las delegadas.
—Necesito la llave de la enfermería —exigió Karai con su habitual desparpajo.
La delegada, una chica de gafas y expresión severa, negó con la cabeza.
—Lo siento, pero tengo órdenes estrictas. Nadie puede acceder al interior del instituto durante la fiesta.
—Mira su brazo —Karai señaló el hematoma, cada vez más inflamado—. Y su frente. ¿De verdad vas a negarle asistencia médica?
La delegada dudó. Observó a John, su palidez, la forma en que sujetaba el brazo instintivamente. Tras unos segundos de silencio, suspiró y sacó un formulario.
—Firma aquí. Y asumes toda responsabilidad.
Karai firmó sin leer, agarró la llave y tiró de John escaleras arriba.
Enfermería.
La luz blanca del pequeño cuarto contrastaba con la penumbra del pasillo.
Karai sentó a John en la camilla y comenzó a trabajar.
Primero la frente: desinfectó con cuidado, alivió la herida con un soplido suave de sus labios, y colocó una tirita transparente con precisión de experta.
Luego el brazo. Lo limpió bien con gasas, extendió una pomada que encontró en el botiquín y le alcanzó un analgésico.
—Eres buena enfermera —admitió John, observándola con una mezcla de curiosidad y gratitud—. Tengo que reconocer que me cuidas bien.
—Todavía estaba en deuda contigo por lo de mi casa —rio Karai, sin apartar la mirada de su trabajo.
John sonrió, recordando el episodio del tejado. Aquella vez no le había hecho ninguna gracia, pero ahora, en retrospectiva, casi podía apreciar el humor de la situación.
Al salir de la enfermería, caminaron por un largo pasillo. Pero en lugar de bajar por las escaleras hacia la pista, Karai se detuvo frente a una de las aulas.
—¿Por qué te paras en nuestra clase? —preguntó John, frunciendo el ceño.
—Tengo una sorpresa para ti.
John la vio sacar una llave del bolsillo y abrir la cerradura. Extrañado, pero también intrigado, la acompañó hasta el interior.
La clase estaba a oscuras, iluminada solo por la tenue luz de la luna que entraba por las ventanas. Las mesas, ordenadas, parecían fantasmas en la penumbra.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó John, recorriendo el aula con la mirada.
La animadora se dirigió al ventanal y bajó solo algunas persianas, dejando que la luz de la luna iluminase parte de la clase. Luego se sentó sobre una de las mesas, cruzando las piernas con gesto desenfadado.
—Estoy cansada de tanto jaleo —dijo, con un suspiro teatral—Aquí estaremos más tranquilos.
John negó con la cabeza.
—No creo que sea buena idea estar aquí. Esto puede ocasionar un problema serio.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan formal? —Karai arqueó una ceja, divertida—Creo que pasas demasiado tiempo con Ai. Se te están pegando todos sus formalismos.
Muy melosa, se levantó y se acercó a él, rodeándole con sus brazos. John se apartó ligeramente, manteniendo la distancia.
—No es el lugar indicado —insistió—. Además, le prometí a Ai que no ocasionaría ningún percance. Bastante ha pasado ya en el patio con esa gentuza.
Karai frunció el ceño tras el rechazo. Una chispa de molestia encendió sus ojos.
—Estoy cansada de siempre lo mismo —sermoneó, soltándolo—. ¿Siempre tienes que tener a Ai en la boca? —Lo miró fijamente—. Empiezo a creer que realmente te gusta. Siempre la defiendes en todo.
John desvió la mirada.
—Tienes mucha imaginación.
—Es la única razón que se me ocurre para que siempre me des largas —insistió Karai—. Porque a veces parece que quieres tontear, y otras no. Aunque si realmente te gusta, pierdes el tiempo con ella.
—¿Sigues con lo mismo? —John se giró hacia la puerta, dispuesto a abandonar la clase.
—Debes saber que Ai es muy tradicional —soltó Karai, con una risa burlona—. Nunca engañaría a Shun por nada en el mundo.
John se detuvo, pero no se giró.
—¿Sabes que esperó a los 18 para tener relaciones íntimas con él? —Karai rio, apoyándose en la mesa—. Está muy anticuada.