Capítulo 13 #11
—¡Perdonadme, por favor! ¡Perdonadme! —Una pausa, y luego añadió—: Una suerte que Hole estuviese aquí. Finalmente ha solventado la situación.
Shun encogió una ceja, molesto.
—¿Qué has querido decir con eso? ¿Insinúas que no he sido capaz de proteger a mi novia? Él le dio un puñetazo en la cara a su amigo.
—¡Ya basta, Shun! —rogó Ai, intentando sujetarle— Ya hemos tenido bastante violencia por hoy.
—Tranquilo, Miura —Sanosuke se encogió de hombros, tratando de calmar las aguas—. No era mi intención insinuar nada. Aunque... —dudó— no me gustaría estar en el pellejo de Hole.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Ai, interesada de repente.
—¿Acaso no has oído hablar de Sasori?
—No…no me suena, ¿Quiénes son?
—¿En qué mundo vives? —Sanosuke la miró incrédulo—. Es una de las dos bandas más influyentes de esta región. —Bajó la voz—¡Nunca te metas con la Yakuza japonesa!
Ai sintió un escalofrío.
—¿Yakuza? —repitió, procesando la información—. Esto es más serio de lo que creía. Creo que deberíamos avisar a Johnny de esto.
—¿Avisarle? —Nagano negó con la cabeza—. ¿Has visto cómo ha manipulado esa pistola? Creo que sabe más de lo que parece. —Hizo una pausa, recordando—. Además... me ha parecido oír que le han llamado Akuma. Nagano miró a Sanosuke con expresión seria.
¿Sabes algo de eso? —preguntó.
Sanosuke se encogió de hombros, pero en sus ojos había un destello de conocimiento que no pasó desapercibido.
—Claro. Tengo entendido que ese apodo es para aquel que es escogido como liquidador en una banda. —Hizo una pausa, bajando la voz—. Alguien que se encarga de los trabajos sucios. De los que nadie quiere hablar.
Ai sintió que la sangre se le helaba.
—¿Qué estás diciendo? —señaló, incrédula—. ¿Insinúas que Johnny forma parte de una de esas bandas? —Negó con la cabeza con vehemencia—. Solo es una suposición de uno de esos vándalos. Incluso su jefe no sabía de lo que hablaba.
—No deberías descartarlo —afirmó Shun, con una expresión convencida—. Está claro que Hole oculta bastantes cosas.
Su pasado, su forma de pelear, esa facilidad con las armas... —La miró directamente—. Es por eso por lo que no me gusta que te acerques a él.
Ai meditó unos segundos. Las palabras de Shun resonaban en su cabeza, pero chocaban con la imagen que ella tenía de John. El chico que la ayudaba con los preparativos, que la defendía sin dudar, que le sacaba la lengua cuando se enfadaba. ¿Podía ser todo una fachada?
En el fondo, deseaba solucionar sus dudas. Y, ante todo, hablar con John. Necesitaba escucharlo de su propia boca, mirarlo a los ojos y saber si el chico que conocía era real o solo una máscara.
Pista Cubierta.
Los estudiantes comenzaron a acceder al salón de nuevo.
No estaban dispuestos a permitir que el incidente les estropeara la fiesta, aunque en un principio nadie se atrevía a ocupar la pista de baile.
Tan solo eran corros de murmullos, conversaciones en voz baja que giraban todas alrededor del mismo tema.
Ai era un mar de dudas respecto a John. Y en ese momento, casi ya no le importaba que los delegados de clase tuviesen toda una hoja de incidentes apuntados en su libreta. Las consecuencias, las sanciones, todo eso podía esperar. Ahora deseaba saber la verdad.
John estaba en la barra, pero ésta se hallaba más solitaria que nunca. Nadie se atrevía a solicitarle una bebida. Él daba bastante miedo después de lo visto. Con afán, casi con violencia, limpiaba los vasos una y otra vez, restregando el paño con fuerza. Aún perduraba su mal humor por lo ocurrido.
Desde una de las mesas, Karai observó la escena. Con su característico desparpajo, se levantó y se dirigió hacia la barra.
—¡Por fin he tenido el honor de verte en acción! —sonrió, apoyando los codos en la barra—. Esos cabrones se lo tenían merecido.
—No estoy de humor, Karai —respondió John sin levantar la vista del vaso que limpiaba—. Esto no es un juego.
—¿Por qué estás tan enojado? —Karai inclinó la cabeza, confundida—. Te has convertido en el héroe del campus.
—¿Héroe? —John soltó una risa amarga—. Si lo fuese, no estarían tan asustados después de lo sucedido. Nadie se ha acercado a la barra excepto tú.
—No es eso, hombre —Karai negó con la cabeza—. Solo es que lo están asimilando. Puedo asegurarte de que en cada rincón de la pista no se habla de otra cosa. ¡Eres la sensación, sin duda!
—Si tú lo dices...
En uno de sus gestos automáticos con el trapo, apretó demasiado fuerte. El vaso se rompió en su mano, los cristales tintineando sobre la barra, al mismo tiempo que un superficial corte deslizaba la sangre por su piel.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Karai, preocupada por primera vez.
John dejó el trapo a un lado y se limpió la mano, aunque no parecía importarle si sangraba o no.
—Aún recuerdo a ese bastardo haciendo llorar a Ai con sus gilipolleces —confesó, con la voz tensa—. Me gustaría buscarlo y acabar lo que he empezado.
—¡Tranquilízate! —Karai alzó la voz, pero con un tono cercano, casi maternal—¿Tan perdedor eres que no sabes cuándo ganas?
Deberías desconectar un poco y disfrutar de la fiesta.
Estoy segura de que, si te ven bailando, romperás el hielo y todos se irán contagiando por la normalidad.
Ayudarás a Ai con la fiesta, y a mí me pondrás a tono... —Le guiñó un ojo—. Son todo ventajas.
John la miró fijamente. Por un instante, su expresión tensa se suavizó. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, asomó a sus labios.
—Tengo que reconocer —dijo, sacudiendo la cabeza— que sabes cómo animarme.
Quizás tengas razón y sea lo mejor para la fiesta.
Todo se ha quedado un poco muerto después de lo ocurrido.
—Miró alrededor, observando el ambiente apagado—.
Ai ha trabajado mucho para preparar este evento.
Merece que se recuerde como una de las mejores fiestas.
Karai sonrió, triunfante.
—Entonces... ¿bailas conmigo?
John arqueó una ceja, divertido.
—¿De verdad me estás invitando, sabiendo que tu pareja está a pocos metros mirando? —Señaló con un gesto sutil hacia los asientos—. Tiene muy mala cara desde que has llegado a hablar conmigo.
Karai giró la cabeza y efectivamente, su acompañante observaba la escena con expresión malhumorada, los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—¡Qué le den! —exclamó Karai, encogiéndose de hombros—. Solo vine con él porque tú te negaste a venir y necesitaba al siguiente de mi lista. —Le guiñó un ojo—. No es culpa mía que no esté en el top de mi ranking.
John soltó una risa baja, negando con la cabeza.
Desde una de las mesas, Ai no dejaba de contemplar la barra.
De alguna manera deseaba acercarse, interesarse por el estado de John.
Su brazo podía verse amoratado desde la distancia, producto de los golpes, y la imagen de la sangre en su frente aún le quemaba la retina.
Sin embargo, frenó su gesto al notar a Shun inusualmente callado a su lado.
—¿Te ocurre algo? —preguntó, posando una mano sobre su brazo—. Llevas callado mucho rato.
Shun rompió su trance y la miró a los ojos. En ellos había una mezcla de frustración y vergüenza que Ai no estaba acostumbrada a ver.
—Estaba pensando en las palabras de Sanosuke... —admitió con voz baja—. Quizás sea cierto que no estuve a la altura defendiéndote.
Ai frunció el ceño.
—¡Tonterías! ¿Por qué piensas eso? Te enfrentaste a ese salvaje.
—No lo suficiente —Shun desvió la mirada—. Él tenía un arma, yo no. Pero aun así... —Negó con la cabeza—. No sé. Me sentí impotente. Y ver cómo Hole apareció y resolvió todo... —Su mandíbula se tensó—. No es agradable sentir que otro hace lo que tú no pudiste.
Ai apretó suavemente su brazo, intentando transmitirle consuelo.
—Hiciste todo lo que pudiste. Nadie puede pedirte más que eso. Era una situación excepcional —insistió, apretando su brazo con más fuerza—. Nadie está preparado para algo así.
—Pero pasó… —Shun la miró con los ojos vidriosos, una mezcla de rabia asomando en ellos—. ¿Qué crees que hubiese pasado si Hole no hubiese intervenido? —Su voz se quebró ligeramente—. ¿Tendría que haber acatado una de las dos preguntas que me hizo? ¿Elegir entre verte sufrir o morir?
Ai no supo qué responder. La imagen de la navaja jugueteando con su ropa, la pistola apuntando a su cabeza, regresó como un fogonazo.
—Esto es una puta mierda —escupió Shun, apartando la mirada.
Ai se quedó en silencio, observando el perfil de su novio.
Quería consolarlo, decirle que había sido valiente, que enfrentarse a un psicópata con un arma requería un coraje que pocos tenían.
Y de algún modo, John si era capaz de enfrentarse a ese tipo de cosas horribles.
¿Quién era? ¿Qué había vivido exactamente? Pero las palabras no salían.
En lugar de eso, sus ojos se desviaron instintivamente hacia la barra.
John seguía allí, hablando con Karai, aunque su mirada se encontró con la de ella por un instante.
Fue solo un segundo, pero Ai sintió que algo se transmitía en ese cruce: preguntas, secretos que ninguno de los dos se atrevía a pronunciar en voz alta.
—Voy a por una bebida —murmuró Shun, levantándose de repente.
Ai asintió, pero no lo acompañó. Se quedó en la mesa, observando cómo se alejaba, y luego volvió a mirar hacia la barra.
John ya no estaba.
John y Karai se acercaron a la pista de baile; eran los primeros en hacerlo. Por un momento, el vacío del salón pareció tragarlos, pero entonces el DJ decidió romper el cariz apático de todos. Los altavoces escupieron música rompedora, una canción que vibraba en los huesos: Golden- de Huntr/x
"I was a ghost, I was alone, hah
eoduwojin, hah, apgil soge (ah)
given the throne, I didn't know how to believe
I was the queen that I'm meant to be"