Curso Grado 12 Capítulo 13 #5
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Capítulo 13 #5

Karai llegó del brazo de un chico alto y atlético, de esos que destacaban en cualquier multitud.

Su fama de alocada precedía, y los candidatos se habían agolpado para intentar conseguir algo con ella esa noche.

Pero Karai era selectiva: solo elegía a los chicos indicados, y esta vez se había decantado por el más apto, no por amor, sino por no ser parte de los descartes.

Después de todo, John había rechazado su invitación directa, y ella no era de las que se quedaban esperando.

Kaori, en cambio, caminaba con paso lento junto a uno de sus pretendientes, un chico amable que la miraba con adoración.

Pero su expresión era apática, ausente. Nada más entrar, sus ojos buscaron instintivamente la barra, y allí lo encontró: John, sirviendo bebidas con ese traje azul que le sentaba tan bien.

El corazón le dio un vuelco, seguido de un vacío profundo.

Allí estaba él, tan cerca y tan lejos, sin haber leído su carta, sin saber lo que ella sentía.

Entre los más felices de la noche estaban, sin duda, los compañeros de equipo de John.

Era la primera vez que asistían a un evento como este con parejas de baile, y su alegría resultaba contagiosa.

Gracias al deporte, por fin habían conseguido escalar en la escala de popularidad del instituto.

John observó su llegada desde la barra y no pudo evitar esbozar una sonrisa divertida: entraban con un aire tan triunfal que parecía que hubiesen ganado un campeonato.

Aunque, bien mirado, para ellos ir del brazo de una chica ya era su propio trofeo.

Los grupos más populares del instituto no les quitaban ojo.

De algún modo, Washinosuke se había convertido en el centro de atención de muchos murmullos.

Sin embargo, no todos compartían el entusiasmo; algunos estudiantes, especialmente los de las élites más exclusivas, consideraban que sus acompañantes no eran más que chicas de segundo nivel, indignas de tanta celebración.

Makoto también decidió asistir al baile, aunque su entrada fue más discreta.

Llegó de la mano de Kaede Morisato, una alumna del grado 12 B perteneciente al Club de Manualidades.

Lo había hecho por presión de sus compañeros, que no soportaban verlo tan decaído después de que Kasumi rechazara su invitación.

Aunque al cruzar la entrada y encontrarse con la mirada de ella, algo cambió.

Kasumi, al verlo llegar con otra chica, esbozó una mueca de sorpresa que no pudo disimular.

Por un instante, sus ojos se encontraron, y en los de ella brilló un destello de algo parecido al fastidio.

Le molestó, en el fondo, que Makoto hubiera tenido las agallas para venir con otra cuando con ella no fue capaz de dar el paso a tiempo. Pero pronto desvió la atención.

Aceptó el brazo que Nagano le ofrecía por encima del hombro y se dejó llevar hacia la pista. Ella estaba allí para divertirse, no para lamentar lo que pudo haber sido.

Los asistentes no tardaron en ocupar la pista de baile.

Bueno, solo los afortunados que tenían pareja; los descartes, aquellos que no habían conseguido acompañante, aguardaban en los asientos de las gradas, algunos con expresión resignada, otros con la esperanza de que la noche aún les deparase una oportunidad.

Desde su privilegiada posición, observaban el espectáculo con una mezcla de envidia y anhelo.

Los altavoces estallaron con potencia mientras el DJ, instalado tras su mesa de mezclas, demostraba su oficio.

Sabía perfectamente qué canciones elegir para sacar el máximo partido a los estudiantes.

El K-pop más bailable, el rock con guitarras eléctricas y la música alternativa se fusionaban en una mezcla vibrante.

Las luces de colores parpadeaban sobre la pista, creando destellos que envolvían a los bailarines.

Saltos, gritos y coreografías alocadas sacudían el ambiente; la energía era contagiosa y el sudor comenzaba a brillar en los rostros de los más entregados.

Minutos más tarde, cuando las luces se volvieron más tenues y los ritmos acelerados dieron paso a una melodía suave, todos supieron lo que vendría después. Era el momento del aclamado baile lento. Con sutileza, cada acompañante tomó de la mano a su pareja y comenzó a ocupar la pista.

La anfitriona fue la primera en acceder al centro.

Ai avanzó con elegancia, su vestido azul meciéndose suavemente, mientras Shun Miura la guiaba de la mano con porte orgulloso.

Ambos se convirtieron en el centro de atención, la pareja perfecta sobre la que recaían todas las miradas.

Alrededor de ellos, las demás parejas fueron completando el aforo, formando un círculo de cuerpos que se mecían al compás de la música lenta.

Desde la barra, John observaba la escena mientras secaba un vaso con un paño, una y otra vez. Ai en brazos de Shun, girando suavemente bajo las luces tenues. Era una estampa perfecta. Demasiado perfecta.

Una sensación extraña se instaló en su pecho, una punzada que no supo identificar. No era dolor exactamente, pero tampoco era indiferencia. Algo incómodo, como un zapato que no termina de ajustar.

Comenzaba a aburrirse tras la barra. Sabía que en los próximos minutos nadie vendría a conversar. Entonces recordó las palabras de Ai, y su advertencia: "¿Seguro que quieres pasar toda la noche en una barra sin poder hacer nada más?".

La barra se quedó más solitaria que nunca.

Los vasos, ordenados. Las botellas, alineadas.

Y él, detrás de todo eso, observando un baile en el que no participaba.

Rápidamente desvió la mirada y continuó con su trabajo, aunque algo malhumorado.

No estaba arrepentido, no exactamente. Pero aquella punzada en el pecho no terminaba de desaparecer.

Cada pareja era un mundo diferente. Las había de las más acarameladas, aquellas que parecían fundidas en un solo abrazo, y otras más distantes, donde el baile resultaba casi un encuentro fortuito con un desconocido.

Kaede Morisato, sin embargo, se divertía enormemente con la forma de bailar de Makoto.

Era un desastre con pies, un torpe sin remedio que pisaba fuera de compás y giraba en direcciones opuestas a la música.

Pero le hizo sacar más de una carcajada genuina, de esas que nacen del estómago y no se pueden disimular.

A pocos metros, Kasumi observaba el espectáculo.

No podía evitarlo; su mirada se desviaba una y otra vez hacia esa pareja improbable que parecía divertirse de verdad.

Algo se removía en su interior, una turbación incómoda, una molestia que no sabía cómo nombrar.

¿Por qué Makoto podía reír así con Kaede y con ella siempre había sido un manojo de nervios?

¿Acaso ella, por ser popular, resultaba inalcanzable? ¿Difícil de conquistar?

—¿Qué? —la voz de Nagano la sacó de sus pensamientos—. ¿También has visto lo ridículo que es Aoyama? Es un maldito chiste.

Kasumi esbozó una mueca nerviosa, pero le sonrió por el comentario, aunque por dentro algo le chirriaba.

—¿Al fin has decidido salir conmigo? —preguntó Nagano, acercándose más de la cuenta—. Llevas un tiempo dándome largas.

—Que yo sepa —respondió ella con claridad—, nunca te has declarado formalmente. Tú solo quieres tontear un poco, ¿no? Como todos los chicos.

—No voy a negar que me pones un montón —admitió Nagano, bajando la voz—. Pero en realidad es que me vuelves loco. Eres muy hermosa.

Kasumi se dejó embriagar por sus halagos.

La música lenta envolvía el ambiente, el baile se volvía más estrecho, más íntimo.

En cuestión de segundos, notó el cuerpo de Nagano demasiado cerca del suyo, y algo cambió.

Sus labios se encontraron y pasaron a besarse con una soltura que sorprendió incluso a ella misma.

Fue entonces cuando Makoto alzó la vista. El mundo se detuvo. La imagen de Kasumi en brazos de Nagano, besándose apasionadamente, le golpeó como un puñetazo directo al corazón. Pisó a Kaede sin siquiera notarlo, demasiado absorbido por esa escena que se repetía una y otra vez ante sus ojos.

Intentaba apartar la mirada, verdaderamente lo intentaba, pero la insistencia con la que Nagano la besaba, la forma en que sus manos se deslizaban, el magreo descarado... todo le incendiaba por dentro.

—¿Makoto? —la voz de Kaede sonó lejana—. ¿Estás bien?

No respondió. No podía. Solo observaba, con el alma hecha trizas, cómo el amor de su vida se entregaba a otro en la pista de baile.

En ese momento, el DJ decidió dar una tregua a los estudiantes. Había llegado la hora de volver a las mesas, saciarse con los aperitivos y reponer fuerzas después de tanto mover el cuerpo. Quedaba mucha noche por delante para seguir bailando.

Desde una de las mesas principales, la anfitriona observaba el panorama con una sonrisa de satisfacción. Todo estaba saliendo a pedir de boca, exactamente como lo había planeado hasta el más mínimo detalle. Ai estaba pletórica.

—Debo decir que al final la decoración ha quedado genial —sugirió Kasumi, acomodándose en su asiento—. Has hecho un buen trabajo, Ai.

—Muchas gracias, chicas —respondió Ai con gratitud—. Sin vuestra ayuda, todo esto no habría sido posible.

—Todos se lo pasan en grande —interrumpió Karai, escaneando el salón con la mirada—. Bueno... todos menos John. —Resopló—. Aún no puedo creer que no aceptara mi invitación. Por su culpa he tenido que darle el gusto a Kun Maeda. Seguro que ahora mismo está pensando en cómo sobarme las tetas.

—¡No seas descarada! —rio Ai, dándole un golpecito en el brazo—.

Después de todo, es tu pareja de baile. —Hizo una pausa, pensativa—.

Aunque aún no puedo creer que Johnny no haya aceptado ninguna invitación, con todas las que tenía.

Y solo ha aceptado venir haciéndose cargo de la barra. ¡Qué aburrido!

—No parece estar muy aburrido ahora —apuntó Kaori, con un dejo de molestia en la voz—. Está acaparando toda la atención en la barra.