Capítulo 12 #6
Con un gesto intuitivo y decisivo, se lanzó hacia adelante y selló sus labios contra los de John en un beso profundo.
Él no esperaba semejante acto, y por un momento de incredulidad, se dejó arrastrar por la calidez de su lengua.
En el forcejeo, varios libros cayeron del escritorio mientras ambos rodaban hacia la cama, donde ella lo mantenía rodeado con sus brazos.
Cuando John la vio sobre el edredón, con la respiración entrecortada y los ojos brillantes de determinación, supo que estaba completamente entregada. La confirmación llegó cuando sus dedos temblorosos comenzaron a desabrochar los botones de su propia blusa.
—Puedes hacer lo que quieras conmigo—susurró con una voz cargada de timidez.
La tentación golpeó a John con una fuerza casi abrumadora.
Sin embargo, en el último instante, logró ejercer control sobre la situación.
Se apartó suavemente, respirando hondo. Su mente, nublada por el deseo, recuperó la claridad al recordar el esfuerzo de la madre de Kaori, quien dedicaba tiempo y dinero en estas clases para el progreso académico de su hija.
Una duda repentina lo asaltó: ¿realmente Kaori necesitaba refuerzo en matemáticas?
Nunca había mostrado dificultades significativas.
¿Estaba usando las clases solo como una excusa para estar a solas con él?
—¿Qué ocurre? —preguntó Kaori con voz temblorosa, y desilusión en su rostro—. ¿Acaso no te gusto?
—No se trata de eso —respondió John con calma, aunque su respiración aún era agitada—. Pero esto no está bien. Son horas de estudio, y tu madre invierte mucho en tu educación.
—Eso no es problema —replicó Kaori, bajando la mirada—. Hace tiempo que puedo con los estudios por mí misma.
Una sospecha cruzó la mente de John, y su expresión se tornó más seria.
—¿Estás usando estas clases solo para verme? No es correcto desperdiciar el dinero de esa manera. La gente con recursos a veces no valora lo que tiene. Deberías reflexionar sobre ello.
—No te enfades —suplicó Kaori, con voz suave—. Era la única forma de verte más. No soy buena expresando mis sentimientos, pero ahora que todo ha salido a la luz... ¿saldrías conmigo? Me gustas, de verdad.
John suspiró, conteniendo sus emociones.
—Creo que lo que sientes es una confusión, tal vez por lo que vivimos en el parque Hebi. Estás agradecida. Además, debes de saber que yo... soy algo complicado.
Kaori guardó silencio, sintiendo el peso de sus palabras. Mientras intentaba asimilar el rechazo, vio a John sacar el dinero que su madre le había pagado por la clase.
—¿Me lo devuelves? —preguntó, con voz apenas un susurro.
—Es lo correcto —afirmó John con firmeza—. Si necesitas ayuda, aquí estoy, pero viendo tus avances, es mejor terminar con esto.
—¿Esto significa que no volverás? —preguntó Kaori, con un nudo en la garganta.
—Me temo que sí —respondió John con suavidad.
—Por favor, no le cuentes a nadie lo ocurrido —rogó Kaori, sintiendo cómo la vergüenza teñía sus mejillas—. Solo quería...
—Tranquila —la interrumpió John con una sonrisa amable—. No estoy enfadado. —Se acercó y depositó un beso gentil en su mejilla—. Tu secreto está a salvo conmigo.
Sin decir más, John recogió sus cosas y abandonó la habitación.
Minutos después, Kaori lo observaba desde la ventana mientras él montaba en su bicicleta y emprendía el camino de regreso a la pensión.
Con lágrimas en los ojos, supo que esa sería la última vez que compartirían un momento así, y el vacío que sintió en ese instante fue más elocuente que cualquier palabra.
Contrario a lo que John podía pensar, en el corazón de Kaori no había confusión, sino una certeza que ahora ardía con más fuerza.
La forma en que él se había contenido, su honorable rechazo a aprovecharse de su vulnerabilidad, solo había confirmado lo que ella intuía: John era diferente.
Muchos chicos hubieran aceptado lo que ella ofrecía sin importarles las consecuencias.
Pero él había priorizado su dignidad sobre el deseo momentáneo.
Sin embargo, Kaori era consciente de que su método había sido desesperado.
Lo había hecho para ganarle la delantera a Karai, sabiendo que su amiga era más audaz y directa en asuntos de la cama.
Pero ahora comprendía que no necesitaba recurrir a esas tácticas.
Si quería el corazón de John, tendría que ganárselo de verdad.
Sus ojos se posaron en el calendario, donde la fecha del Baile de Invierno destacaba en rojo.
Una determinación tranquila se apoderó de ella.
Allí, entre música y luces, bajo la formalidad del evento, no habría confusiones ni tácticas desesperadas.
Solo dos personas y una pregunta pendiente en el aire.
"Allí te lo diré formalmente, John," susurró para sí, una sonrisa tímida pero decidida asomando a sus labios. "En el baile, te demostraré que esto no es un capricho, y que mi corazón sí sabe lo que quiere."
Pensión Hikari.
John aparcó su bicicleta con un golpe seco y entró en la pensión con el ceño ligeramente fruncido. En el umbral del hall se cruzó con Ai, que salía de la recepción. Ella se detuvo, sorprendida.
—¡Llegas temprano hoy! —comentó, con una sonrisa que se desvaneció al notar su expresión— ¿Va todo bien?
—Sí, claro —respondió él, deteniéndose frente a ella—. ¿Puedo hacerte una pregunta algo personal?
—Claro... —asintió Ai, con curiosidad.
—¿Kaori ha mostrado interés en mí?
Los ojos de Ai se iluminaron con sorpresa.
—¿Te gusta Kaori? ¿Es ella la chica misteriosa que te gusta? —John guardó silencio unos segundos, y ella añadió—: ¡Suéltalo ya! Tanto dramatismo me pone nerviosa.
—No es ella —aclaró él—. Es que ha pasado algo extraño. Kaori... se me ha lanzado.
—Seguro que son imaginaciones tuyas —respondió Ai, incrédula—. Ella es bastante tímida con los chicos. ¿No lo habrás malinterpretado?
—¿Cómo lo entenderías tú —replicó John, mirándola fijamente— si alguien te besa alocadamente y luego te ofrece su cuerpo sobre la cama?
—¿La cama? —Ai se ruborizó de inmediato— ¿Qué has hecho? ¡No te habrás acostado con ella!
—¡Qué clase de tío crees que soy! —exclamó John, con un dejo de frustración—Hasta yo mismo he sabido que eso estaba mal, y más aun utilizando el dinero de su madre para tan solo verme. Sabes que le tengo mucho aprecio, nunca le haría daño.
Ai respiró más tranquila.
—Me cuesta creer que Kaori haya hecho algo así. No es propio de ella.
—Por eso te pregunto —insistió John—. Al principio pensé que estaba en deuda por salvarla de esos matones en el parque, pero después de lo de hoy estoy confuso. Al final le he devuelto el dinero y he cancelado las clases. —Hizo una pausa—. ¿Por qué sonríes?
—Me alegra saber que se puede confiar en ti —respondió Ai, con una sonrisa genuina—. Muchos se habrían aprovechado de la situación. Estás sacando tu lado más sensible otra vez, y eso me gusta.
—Qué extraña eres —dijo John, sacudiendo la cabeza—. Puedo tener muchos defectos, pero no soy un cerdo. Aunque si es cierto que me llevé unos cuantos besos apetecibles.
—¡Eres un pervertido! —exclamó Ai, intentando darle un guantazo.
John esquivó el gesto con agilidad y, con una sonrisa pícara, le sacó la lengua. Ella no pudo evitar reír, sabiendo que bromeaba, y lo vio subir las escaleras con paso ligero.
Una vez a solas, Ai salió a la calle, sumida en sus pensamientos.
No lograba comprender por qué Kaori había actuado de esa manera.
¿Quizás también estaba enamorada, como Karai?
Sus amigas parecían competir cada vez más por la atención de John, y, aunque no quería admitirlo, ella comenzaba a sentir una punzada de envidia sana.
Después de todo, se había acostumbrado a ser quien recibía la mayor parte de su atención, y la idea de compartirla le hacía sentirse menos especial.