Capítulo 11 #4
John se estaba convirtiendo en el centro de un torbellino de atenciones femeninas, y a ella le preocupaba que terminara convertido en ese tipo de chico que jugaba con los sentimientos ajenos.
Un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Al abrir, encontró a John en el marco, con las manos en los bolsillos y una expresión inusualmente seria.
—Quiero que sepas que ya está todo zanjado —dijo sin preámbulos—. Me disculpé con Karai por lo ocurrido. No fue mi intención ofender a nadie. Solo quería que lo supieras.
Un alivio cálido recorrió a Ai. Sus temores se disiparon al ver su sinceridad. Él no era de ese tipo de chicos.
Ambos pasaron dentro de la habitación.
—Tienes que reconocer que es lógico que Karai se molestase un poco—comentó, dejando que una sonrisa asomara—. Después de todo, ambos tenéis un rollo raro. ¿No es así?
—Más o menos —admitió él, con un encogimiento de hombros.
—¡Vamos! —lo presionó Ai, jugueteando—. Karai nos ha contado lo que pasó en mi cumpleaños.
La reacción de John fue instantánea. Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿De verdad? —preguntó, genuinamente sorprendido—. No pensé que contaría lo de su habitación después de lo que pasó.
Ai frunció el ceño, su curiosidad ahora completamente despierta.
—¿Su habitación? —repitió, enfatizando la palabra—. Yo me refería a que nos insinuó que pasó algo entre vosotros cuando estaba algo bebida. ¿Qué hicisteis?
John se dio cuenta de su error demasiado tarde. Un velo de incomodidad cruzó su rostro.
—No pienses cosas raras. Además, fue cosa suya.
Pero la intriga ya se había plantado en Ai. Se acercó un paso, con los ojos brillantes.
—Ahora no puedes dejarme con esta intriga, tienes que contármelo —suplicó, con un tono que no admitía negativa.
—¿Por qué? —se defendió John, buscando una salida—. Tú no me cuentas tus cosas.
—Es diferente —replicó Ai, cruzando los brazos. Un leve rubor tiñó sus mejillas—Las chicas somos más reservadas. No puedo contarte mis... intimidades.
John la miró por un momento, evaluando la situación. Finalmente, suspiró, derrotado.
—Está bien... —cedió, arrastrando las palabras—. Pero esto se queda entre nosotros… La acompañé a casa porque se encontraba mal por la bebida —explicó John, con un tono que intentaba sonar casual—. La llevé hasta su habitación. Sus padres no estaban.
—Una treta muy clásica, ¿no? —comentó Ai, con una sonrisa pícara.
—Conoces bien a Karai, ¿verdad? —respondió él, evadiendo la insinuación—. Al final la cosa... subió un poco de temperatura. Y cuando menos lo esperábamos, aparecieron sus padres abajo.
—¡No te creo! —exclamó Ai, llevándose las manos a la mejilla—. ¿Qué hicisteis?
—Tuve que escapar por la ventana —confesó John, con un gesto de resignación—. Literalmente, Karai me dejó vendido en el tejado y me cerró la puerta en las narices.
Ai no pudo contener la risa, que brotó como un estallido de complicidad.
—La verdad es que ahora tiene gracia —admitió John, con una media sonrisa—pero te aseguro que en su momento no tuvo ninguna.
—Ahora entiendo la tensión entre vosotros —dijo Ai, recuperando la seriedad—. Pero hay algo que no entiendo... ¿Realmente te gusta Karai?
John hizo una pausa, buscando las palabras.
—Es una chica guapa... y popular...
—Por tus palabras —interrumpió Ai, con mirada perspicaz—, yo diría que tienes en mente a alguien más importante. ¿No es así?
John se puso rojo. El rubor le subió por el cuello hasta las orejas, delatándolo por completo.
—Haces muchas preguntas... —murmuró, desviando la mirada hacia un punto fijo en la pared, incapaz de sostener la intensidad curiosa y ligeramente esperanzada de la mirada de Ai.
—Eso es un sí —concluyó Ai con una sonrisa suave, casi tierna—. Sé que en el instituto eres muy popular. Seguro que podrías estar con cualquiera que te interesara.
—No soy un adonis, ¿sabes? —respondió él, mirándola con una intensidad que no era habitual en él—. No todas sucumben a mis encantos.
—Me extraña muchísimo pensar que alguien podría rechazarte —dijo Ai, sosteniendo su mirada por un instante antes de bajar la voz—Deberías declararte a esa chica que te gusta. Seguro que te dice que sí. Eres un chico guapo... e interesante.
John se quedó quieto, observándola como si estuviera viendo algo que no había notado antes. El elogio, tan directo y sincero, lo tomó por sorpresa.
—¿Crees que debería arriesgarme con ella? —preguntó, con un tono más bajo, casi vulnerable.
Ai sintió que el calor le subía a las mejillas.
—Pues... creo que sí —susurró, conteniendo la respiración sin saber muy bien por qué.
—Eres demasiado ñoña —dijo él de pronto, rompiendo el hechizo y volviendo a su tono áspero, como si se arrepintiera de haber bajado la guardia—. No sé qué hago hablando de estas cosas contigo.
—Pues haz lo que quieras —replicó Ai, cruzándose de brazos—. Encima de que te doy consejos...
Frustrado, John se levantó de la silla y salió del cuarto sin mirar atrás, dejando a Ai sumida en un mar de preguntas. Ella se quedó allí, con el corazón latiendo más rápido de lo normal, preguntándose quién sería esa chica que había logrado conmover a alguien como John.