Capítulo 9 #2
En cuanto a la fiesta... —John hizo una pausa, considerándolo—.
Si te has molestado tanto, puedo pasarme un rato.
Aunque no me entusiasma la idea de rodearme de todos esos pijos con sus carteras llenas de dinero.
Seguro que sus regalos son espectaculares.
Si me hubieras avisado antes, podría haberte comprado algo.
—¿Lo prometes? —insistió Ai, con los ojos brillantes—. Me haría mucha ilusión que estuvieras. Y no te preocupes por el regalo, con tu presencia me basta. Además, ya eres bastante popular en el Masaru, seguro que no desentonas en absoluto.
—Te lo prometo —aceptó John—, aunque no puedo asegurarte a qué hora llegaré. Hoy tengo bastante trabajo.
—Perfecto —concluyó Ai, levantándose—. Esperaré tu llegada, no me falles, ¿eh? Ahora debo irme, tengo mucho que preparar.
Horas más tarde...
La mañana había transcurrido entre el trajín de la barra y los encargos de cáterin que John repartió en bicicleta con eficiencia metódica. Para su sorpresa, terminó antes de lo previsto, y el sol de la tarde aún bañaba las calles cuando emprendió el regreso a la pensión.
Fue en un callejón estrecho, de esos que siempre parecen esconder historias entre sus sombras, donde algo captó su atención: un mercadillo ambulante se extendía como un parche de color entre el gris de la ciudad.
Puestos improvisados exhibían objetos diversos, algunos brillantes, otros con el desgaste del tiempo.
John sabía que no estaba obligado a llevar ningún regalo.
Ai había sido clara al respecto. Sin embargo, también era consciente del mundo de apariencias en el que se movería esa noche, entre los hijos de familias adineradas cuyos presentes seguramente reflejarían su estatus.
No tenía mucho dinero en el bolsillo, apenas lo justo, pero entendía que un detalle, por pequeño que fuera, era un gesto de respeto hacia quien lo había invitado con genuina calidez.
Decidió, pues, detenerse y dar una oportunidad al azar de aquel mercadillo callejero.
Alejado del bullicio urbano se extendía una urbanización exclusiva, un refugio para familias de influencia donde el padre de Shun poseía una propiedad que reservaba para ocasiones especiales.
Shun, cuya popularidad en el Masaru trascendía su liderazgo deportivo —recordado por organizar las fiestas más memorables—, había transformado el espacio para conmemorar un hito único: la mayoría de edad de su novia.
El terreno, amplio y discreto, garantizaba privacidad —ideal para una celebración multitudinaria sin molestar a vecinos—. Un jardín meticulosamente cuidado precedía al adosado de dos plantas, cuya cochera techada había sido adaptada como salón principal para la fiesta.
Aquel lugar acogió esa noche a lo más notable del instituto: desde estudiantes populares hasta otros menos habituados a tales eventos. En el interior, decorado con esmero, una larga mesa al fondo exhibía un surtido impresionante de bebidas, entre las que el alcohol fluía sin restricciones.
La energía del lugar era palpable, alimentada por los graves de enormes altavoces que difundían los éxitos más vibrantes del K-pop. Aunque el grupo en general parecía cohesionado, no tardaron en formarse pequeños círculos donde cada uno buscaba su zona de confort.
Cerca de una de las mesas auxiliares, Makoto y otros miembros del club de Washinosuke compartían cócteles elaborados que brillaban bajo la luz tenue.
—¡Es increíble! —exclamó Nanahara, con los ojos iluminados por la emoción—. Nunca pensé que nos invitarían a una de estas fiestas. Y aquí estamos, ¡disfrutándola!
—Nos deben esta invitación a Johnny —recordó Makoto, con incomodidad—. Aunque todavía no aparece. Cuanto antes llegue, mejor; puedo sentir cómo nos observan.
—¡Relájate! —intervino Daigo, brindando con entusiasmo—. Lo importante es que estamos aquí, en el corazón de la élite. ¡Y mira todas estas chicas! Si ganamos la eliminatoria contra el Sarunosuke, esto se volverá habitual.
—No cuentes los milagros antes de tiempo —lo frenó Nanahara—. Ahora, disfrutemos. Lástima que los otros no se animaran a venir.
—¡Mirad a la izquierda! —señaló Daigo, bajando la voz—. ¡El equipo de animadoras está completo! Suzuki está… impresionante.
—Es la capitana —precisó Makoto—. La única que rivaliza en popularidad con Asamiya. Fíjate bien: todas la rodean, pendientes de cada gesto. Y no solo sus compañeras… también todos los chicos.
MEI SUZUKI: Edad: 18 años. Cabello largo con tirabuzones.
Color castaño. Presumida y dominadora. Le gustaba reclamar la atención y sentirse la líder en todo momento.
Sus amigas la seguían allá donde iba y ninguna la objetaba en nada, incluso si no llevaba razón.
Cursaba el grado 12 C en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru.
Estaba inscrita en el Club de animadoras y era la capitana.
Suzuki se encontraba a escasos metros, acorralando una mesa de bocadillos con la seguridad de quien sabe que su territorio se extiende hasta donde alcanza su mirada.
Sus amigas formaban un círculo devoto a su alrededor, absortas en cada una de sus historias; habría permanecido allí toda la noche sin que ninguna de ellas osara interrumpirla con una palabra propia.
Varios chicos merodeaban cerca, expectantes, pero ella solo posaba su atención en los más populares; de hecho, había intentado conquistar a Shun Miura poco después de que este comenzara a salir con Ai Koishikawa.
Al fondo de la cochera, un pequeño escenario improvisado para karaoke permanecía vacío. En esa ocasión, Ai y sus amigas conversaban junto a la tarima; un poco más a la derecha, Shun compartía con su grupo de amigos más cercanos y varios miembros del club.
—¡Menuda fiesta! —comentó Kasumi, mirando a su alrededor—. Al final hemos logrado reunir a un buen grupo.
—Me lo estoy pasando genial —respondió Ai, con una sonrisa sincera.
—¿No habías dicho que vendría John? —preguntó Kaori, con interés—. A estas horas, parece que ya no aparecerá...
—Estoy un poco disgustada —admitió Ai—. Me prometió que vendría. Lo siento especialmente por los chicos de Washinosuke; solo aceptaron venir por él.
Karai se acercó en ese momento con un cóctel en la mano.
—Sigue sin aparecer, ¿eh? Lo más triste es el papelón de esos chicos raritos. Allí están, aislados, sin interactuar con nadie. Solo saben mirar fijamente hacia la mesa de "la víbora" y sus lacayas.
—¿Cuánto has bebido ya? —preguntó Kaori, con cierta preocupación—. No sabía que Suzuki te cayera tan mal.
—No lo suficiente —respondió Karai, con una sonrisa torcida—Esa zorra es puro peligro.
—¡No hables así de nuestra capitana! —protestó Kasumi, con un tono respetuoso pero firme.
—Ahí donde la ves, es una tramposa —insistió Karai—. Y más de una vez ha intentado quitarme algún chico. Se cree la más popular de todas. ¿Sabías que intentó arrebatarte a Miura cuando empezaste a salir con él?
—¿En serio? —preguntó Ai, sorprendida—. No sabía que fuera tan desconsiderada.
—Pues sí —afirmó Karai—. La escuché contarles a sus amigas cómo pensaba seducirlo y que tú no eras rival para ella.
—¡No saques porquería, Karai! —exclamó Kasumi—. Eso fue hace mucho tiempo... y no quiero que arruines el cumpleaños.
—¡Estás muy estresada! ¿Por qué no vas a hablar con Aoyama? Seguro que no se lo espera.
—Voy a hacer como que no te he oído... Deberías dejar de beber un rato —concluyó Kasumi, con un suspiro de fastidio.
John llegó a la dirección indicada y contuvo el aliento al ver el despliegue ante sus ojos. El terreno era mucho más extenso de lo que había imaginado, y la multitud que se agolpaba en el interior hacía que el lugar se asemejara más a un pub de lujo que a una fiesta privada.
Al traspasar la entrada de la cochera, comprendió de inmediato el nivel del evento.
Largas mesas rebosaban de aperitivos y bebidas, la decoración mostraba un gusto exquisito —y sin duda costoso—, y el equipo de sonido era comparable al de un concierto profesional.
La escena era tan abrumadora que le costó reconocer entre la multitud a alguien de su clase.
Sin embargo, apenas había avanzado unos metros entre grupos de estudiantes cuando la capitana de las animadoras, Mei Suzuki, fijó su mirada en él.
Dejando atrás a sus admiradores, Mei se acercó a John con determinación.—Tú eres John Hole, ¿verdad? Soy Mei Suzuki, la capitana de las animadoras. ¡Encantada!
—Un placer. Había oído hablar de ti por Kasumi, pero no había tenido el honor de conocerte en persona.
—Pues yo he escuchado cosas muy interesantes sobre ti —respondió Mei, con una sonrisa aduladora—. Eres bastante popular entre las chicas, ¿sabes?
—Me alegra escuchar eso —repuso John, manteniendo un tono cordial.
Con naturalidad, Mei enlazó su brazo con el de John y, pegándose a él, lo condujo hacia donde se encontraba su grupo de animadoras.
Desde la mesa opuesta, Makoto y sus amigos finalmente divisaron su llegada. Pero, tras ver cómo la capitana se lo llevaba, su esperanza de integrarse se desvaneció.
—¡No sé cómo lo hace! —exclamó Nanahara, asombrado—. Acaba de llegar y, sin mediar palabra, las animadoras se lo han llevado.
—Es que tiene carisma —refunfuñó Makoto, desesperado—. Y nosotros seguimos en la misma situación patética de antes.
—¿Por qué no vas a por más bebidas? —sugirió Daigo—. Se están agotando, y de paso puedes saludar a Asamiya.
—¿Por qué tengo que ir yo?
—Porque es tu amiga de la infancia, y nosotros tenemos sed.
Makoto dudó unos instantes, pero reconoció que era una buena oportunidad para acercarse a Kasumi. Tras unos minutos atrapado en sus pensamientos, se dirigió finalmente hacia la mesa de las bebidas.
Ai conversaba tranquilamente con sus amigas. Aunque no solía compartir asuntos íntimos, entre ellas era un secreto a voces que había intimado con Shun días atrás.
—Y bien, Ai —preguntó Karai con su habitual descaro—, ¿ya eres toda una zorra en la cama?
—¡Karai! —la reprendió Kasumi—. ¿Siempre tienes que ser tan descarada? No tienes remedio.