Curso Grado 12 Capítulo 9
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Capítulo 9

“El Cumpleaños”

Yokohama—Japón

Con impaciencia contenida, Ai se levantó esa mañana y su mirada se posó en el calendario, donde un círculo rojo envolvía una fecha crucial. Marcaba su cumpleaños, que dentro de una semana celebrarían en un terreno propiedad del padre de Shun Miura.

Pero no era por eso por lo que sentía ese nerviosismo. La verdadera razón era otra: este mismo día tenía programado algo que llevaba meses esperando, algo que consideraba verdaderamente importante.

A pesar de llevar más de un año saliendo con Shun, había mantenido su virginidad.

Esto no significaba que no hubieran tenido momentos íntimos, pero nunca habían llegado al acto final.

Ai siempre había idealizado aquel momento, imaginándolo perfecto, y había sabido esperar el indicado.

Por eso eligió esta fecha, una semana antes de cumplir dieciocho años.

Siempre había sentido curiosidad, y no era ajena a los comentarios que sus amigas compartían en el vestuario del instituto.

Pero nunca había quebrantado su propia norma.

Buena parte de la culpa la tenían aquellas novelas y películas románticas que idolatraba, que pintaban el amor de forma hermosa e idealizada, como un recuerdo que perduraría para siempre.

Esa tarde, Ai quedó con Kasumi en el parque antes de la hora acordada. El resto de sus amigas llegarían un poco más tarde.

—Hoy es el día, ¿no? —mencionó Kasumi—. Se te ve algo ilusionada.

—Así es. Lo he visualizado en mi mente miles de veces y estoy segura de que será algo mágico. Primero, una cena romántica... y después, la primera vez...

—¿Te vas a acostar con Shun? —soltó Karai.

Ambas se sobresaltaron al verla salir de entre los arbustos.

—¿Lo has escuchado todo? —preguntó Ai, algo avergonzada—. ¿Nos estabas espiando?

—Lo siento, pero no pude evitarlo. Estaba meando detrás de estos arbustos. Pero, viniendo de ti, no me sorprende nada —sonrió Karai—. Eres demasiado entusiasta y lo idealizas todo, igual que en esos doramas ñoños que ves.

—¡No te burles de Ai! —exclamó Kasumi—. Está muy ilusionada, y no hace falta decirte que no lo comentes con nadie.

—Tranquilas. Seré como una tumba. Aunque no deberías idealizarlo tanto —señaló Karai—. Al fin y al cabo, solo es un polvo.

Bastante interesada, Ai decidió aprovechar la experiencia de Karai con los chicos. Se sabía que ella estaba bastante experimentada en ese tipo de cosas.

—¿Cómo es la primera vez? ¿Es realmente inolvidable?

—Yo, en tu lugar, no me preocuparía por eso. La primera vez suele ser más rara que placentera; la recordarás más como un desastre... Los nervios y la incomodidad siempre están presentes.

—¡Karai! No la asustes —intervino Kasumi—. Le estás quitando las ilusiones.

—Solo soy honesta. Pero tranquila, en cuanto te la metan unas cuantas veces, se te quitará toda la tontería —rio Karai.

Ai seguía con dudas.

—¿Duele tanto como he escuchado?

—No es exactamente dolor, es más bien algo incómodo. Lo ideal es que uno de los dos lleve la iniciativa... Deja que Shun te maneje con soltura. De lo contrario, será muy aburrido.

—¡No bromees! Esto es importante para mí. Lo he estado preparando durante mucho tiempo.

—No quiero quitarte las ilusiones, pero eres muy tradicional... A veces es mejor dejar que todo fluya por sí solo y dejar de lado esas fantasías tuyas —señaló Karai—La vida real es muy diferente, pero tranquila, después de un tiempo te reirás de todo esto. Seréis como dos conejitos follando.

—No le hagas caso, Ai —dijo Kasumi—. Karai solo está exagerando. Tú haz lo que tenías planeado; seguro que todo sale bien.

—Gracias, Kasumi. Estoy segura de que será mágico.

Adosado Miura.

El padre de Shun, un reconocido empresario, poseía varias propiedades de lujo que alquilaba a su clientela más exclusiva. Para la ocasión, su hijo había conseguido las llaves de un elegante adosado, y no había escatimado esfuerzos en acondicionarlo con esmero.

Al traspasar el umbral, Ai contuvo la respiración.

El comedor estaba transformado: una larga mesa presidida por candelabros proyectaba destellos dorados sobre la vajilla de porcelana, y el aroma de las velas perfumadas se mezclaba con el tentador olor de la cena recién preparada.

Shun había solicitado los servicios del personal doméstico familiar, y cada detalle reflejaba su meticulosa preparación.

Mientras degustaban los exquisitos platos, Ai sentía cómo una cálida certeza la embargaba. Contrariamente a lo que Karai le había advertido, aquella noche se desenvolvía con la perfección de sus sueños más íntimos. Cada instante confirmaba que la magia, en efecto, podía existir.

La habitación olía a velas de vainilla y pétalos de rosa esparcidos sobre las sábanas blancas. Ai, con un vestido sencillo pero elegante, miraba alrededor con nerviosismo. Era la primera vez que estaban solos en un lugar así, y sus manos temblaban levemente.

Shun, percibiendo su ansiedad, la tomó suavemente por la cintura y comenzó a besarla con una ternura que la derritió. Sus labios se movieron despacio, explorando los suyos como si memorizaran cada detalle, mientras sus manos acariciaban su espalda a través del fino tejido del vestido.

—Eres tan hermosa— murmuró él contra su boca, deslizando los dedos por su nuca para profundizar el beso.

Ai cerró los ojos, dejándose llevar por la fantasía romántica que había imaginado. Shun desabrochó su vestido con paciencia, dejando que la tela resbalara al suelo. Cuando por fin quedó desnuda frente a él, bajo la tenue luz de las velas, su respiración se cortó.

—Dios mío, Ai...— Shun la miró con una mezcla de admiración y deseo puro, pero algo en su expresión cambió de repente. La ternura inicial se transformó en lujuria.

Enloqueció.

Sin previo aviso, la llevó hasta la cama y la tumbó sobre los pétalos, cubriendo su cuerpo con el suyo. Sus besos se volvieron ásperos y apresurados, y antes de que Ai pudiera procesarlo, ya estaba manoseándola con sus dedos bajo sus bragas blancas, con un ansia frenética.

Shun notó su tensión y se detuvo:

—¿Estás bien?— preguntó, pegado a sus labios.

Ai asintió, pero su voz fue un hilillo:

—Es solo que... estoy nerviosa.

—Tranquila, todo irá bien.

—Shun, espera...— intentó decir, pero él enterró el rostro en su cuello.

Ai alcanzó a sentir el roce de la punta, húmeda y ardiente, antes de que Shun la penetrara de un empujón seco.

Ningún miramiento, ningún ritmo lento. Solo el sonido de sus caderas estrellándose contra sus muslos, en una cadencia frenética que la hizo agarrar las sábanas.

Ai lo abrazó con fuerza, sus uñas hundiéndose levemente en sus hombros, como si temiera que la sensación la arrastrara demasiado lejos.

Entonces lo sintió: aquello de lo que Karai había hablado. Un calor que no nacía en la piel, sino en algún lugar entre el estómago y el pecho, una corriente eléctrica que le hacía contener la respiración.

—Mierda… Ai…— gruñó él, los músculos de su espalda tensándose como cuerdas. Es que... me vuelves loco.

En menos de dos minutos, un gemido ronco escapó de su garganta y colapsó sobre ella, sin aliento y satisfecho. Ella asintió en silencio, sintiendo cómo la fantasía romántica se esfumaba, reemplazada por la cruda realidad de un polvo rápido y simplón.

Ai quedó inmóvil bajo su peso, mirando el techo con desilusión. Las velas seguían parpadeando, pero su cuerpo ardía de frustración.

No hubo tiempo para caricias prolongadas ni para palabras tiernas; apenas si pudieron disfrutar del calor mutuo entre las sábanas revueltas cuando la realidad los alcanzó: había que abandonar el adosado antes de que el Sr. Miura pudiera necesitarlo para algún cliente.

Ai se vistió en silencio al borde de la cama, sintiendo el peso de las emociones encontradas.

No había sido aquel momento mágico que tantas veces había idealizado, lejos de las escenas de ensueño de sus libros y películas.

Tal vez se había obcecado demasiado en la fantasía, olvidando que la vida rara vez se pliega a los guiones preconcebidos.

Pero, de una manera u otra, había dado un paso crucial, sabiendo que a partir de ahora todo sería mucho más fluido que antes.

22 octubre 2016

Pensión Hikari.

Atendiendo a la barra de la pensión, John observó cómo Ai entraba y se acercaba directamente hacia los taburetes con una sonrisa desbordante que iluminaba su rostro.

—Se te ve especialmente animada esta mañana —comentó John mientras limpiaba una copa—. ¿A qué se debe tanta alegría?

—¿Tan evidente es? —respondió Ai, ruborizándose levemente—. Es que... ¡hoy es mi cumpleaños!

—Vaya, ¡felicidades! —exclamó John con una sonrisa genuina—. ¿Y qué se siente al cumplir los dieciocho?

—Por ahora no noto gran cambio —confesó Ai—, aunque es una edad especial, ¿no crees?

—¿Tenéis algún plan familiar?

—Esta tarde celebraremos algo con mis padres, pero la fiesta importante será esta noche.

Shun ha conseguido un terreno de su familia, no muy lejos de aquí, aunque es una zona bastante exclusiva —explicó Ai, jugueteando con el borde de la barra—Deberías venir, habrá mucha gente, principalmente del club de fútbol y las animadoras.

—Lo agradezco, pero paso —declinó John con suavidad—. No termino de encajar con ese ambiente. Si fuera algo con tu familia, no tendría problema.

—¡Eres un antipático! —bromeó Ai, haciendo un falso gesto de ofensa—. ¿Rechazas mi invitación así? Incluso había pensado en invitar a los chicos de Washinosuke para que no te sintieras incómodo.

—¿Washinosuke? —rio John, sorprendido—. Muy ingenioso.

—¿No es así como os llamáis? —preguntó Ai, con picardía—. Por cierto, en una semana se disputa el partido por la plaza no-federada contra el Sarunosuke. ¿Estás nervioso?

—En absoluto —respondió John, encogiéndose de hombros—Aunque no cuentan mucho con nosotros. Nos ven más como intrusos que pretenden usurpar la plaza, pese a ser del mismo instituto.