Capítulo 8 #3
—Eres un tipo eficiente, y me gusta tu trabajo —reconoció John, cerrando la revista—. Pero no sé si debería prestarme a esto.
—Tengo entendido que tu reputación en el Masaru no es nada buena, pero poco a poco estás destacando en los deportes.
Las chicas empiezan a susurrar tu nombre —argumentó Utagawa, bajando la voz como si compartiera un secreto— Si accedes a esta entrevista, te convertirás en el héroe que todos admiran...
—prosiguió, envalentonado—. En este instituto ya tenemos al romántico empedernido que hipnotiza a las adolescentes, como Yagami, y al genio adulador en los deportes, como Miura.
Pero tú... tú puedes ser ese chico malo con corazón de oro que todas adoran en secreto. Tu popularidad se dispararía.
John meditó el ofrecimiento por un instante, consciente del peso de la propuesta.
—Le pones mucho entusiasmo, y me caes bien —concedió al fin—. Y si todo el mundo ha pasado por tu revista... no veo motivo para ser la excepción.
—¡Fantástico! —la cara de Utagawa se iluminó como un reflector—. Déjalo en mis manos... Eso sí, al final necesitaré una sesión personal, todos lo han hecho. Quiero captar tu lado más íntimo, tu verdadero yo.
28 septiembre 2016
Yokohama—Japón
Instituto Masaru
La revista semanal del periódico estudiantil salió a la luz. Los alumnos no dudaron en dejar su importe en el aula del club; todos ansiaban conocer los detalles de la hazaña, y la portada era irresistible.
John aparecía en primera plana con un titular que preguntaba:
“¿realmente es un chico malo?”
En cada pasillo y rincón del instituto se veían grupos de estudiantes leyendo la publicación. Sin embargo, más allá de conocer su heroicidad, las chicas estaban fascinadas con la entrevista personal. ¡Todas querían saber más de él!
La clase 12-J no era la excepción. Kaori ya tenía un ejemplar sobre su pupitre, y sus amigas no tardaron en agruparse a su alrededor.
—¡La verdad es que sale muy bien en la portada! —comentó Kasumi—. Utagawa supo vender bien la historia. Es un éxito...
—Con esto, John limpiará su reputación —añadió Kaori—. A partir de ahora será muy popular. ¡El chico malo con corazón de oro!
—Lo mejor es la entrevista final —intervino Karai, hojeando las páginas—. Dice cosas que no sabíamos de él. Habla muy bien de nosotras, aunque no tanto de Miura —soltó una carcajada—. Pero a quien realmente idolatra es a Ai. Dice que es "una chica especial"... ¿Qué querrá decir con eso?
Ai se ruborizó al oírlo, pero se puso aún más colorada al leer los siguientes párrafos.
Sin embargo, no solo las chicas eran asiduas a la revista.
Los chicos también se interesaban por los chismes amorosos.
Al verlos divertirse mucho, Shun no tardó en hacerse con un ejemplar.
Aunque al leer los últimos párrafos su rostro empalideció de golpe.
Sin más se dirigió con paso firme hacia John.
Miura desplomó la revista sobre el pupitre de John con malos modos.
—¡¿Me puedes explicar esto?!
John tomó la publicación entre sus manos con calma.
—¡Vaya! Ese Utagawa es un genio... realmente eficiente —comentó, ilusionado al verse en portada. Con curiosidad, comenzó a leer la entrevista.
—¡Déjate de tonterías y ve a la parte final! —exigió Shun, pasando las páginas con brusquedad.
John leyó en voz baja los párrafos que recogían sus propias palabras:
“Ai es una chica muy especial. Nos vemos siempre que podemos en la pensión. No entiendo cómo es que sale con Miura, pues es un arrogante. Espero que recapacite. Esperaré ese momento...”
Y justo debajo, la revista añadía un titular final que hacía arder las miradas de todos:
¿habrá triángulo amoroso a la vista? ¿podrán soportar la tentación de verse día tras día?
El próximo número podría contener la respuesta…
—¡Si te atreves, mírame a la cara y dime que no has dicho nada de esto! —explotó Shun, con los nudillos blancos de tanto apretar los puños.
—Es cierto… —reconoció John con una sonrisa burlona que parecía tallada en hielo.
—¿Estás... jugando conmigo?
—Vamos, deberías ser más inteligente. Ese Utagawa sabe bien cómo vender su producto —John se encogió de hombros con desdén—. Está claro que todo está sacado de contexto. Solo dije que eras un pedante, nada más.
Shun ardía por dentro, y cada palabra de John echaba más leña al fuego.
—Dime la verdad, Hole: ¿esto es cosa de Utagawa, o eres tú quien se está entrometiendo, seduciendo a mi novia?
—Para tener tantas pretendientas a tu favor, eres demasiado celoso —John soltó una risa cortante—. Deberías mirártelo.
—¡No me jodas, Hole! No estoy para tus putas bromas.
Shun golpeó la revista con tanta fuerza que salió volando por los aires.
De repente, el aire en el aula se volvió espeso, cargado de una tensión que podía cortarse con un cuchillo. Un círculo de espectadores se formó alrededor, aislando a ambos en un escenario invisible.
La sonrisa de John se desvaneció de sus labios como si nunca hubiera estado allí.
Y entonces, como si un demonio despertara en su interior, se levantó con una lentitud amenazante.
A escasos centímetros, Ai pudo ver de cerca esa mirada suya más peligrosa —la misma que adoptaba justo antes de destrozarlo todo—.
Ella se lanzó entre los dos, con los brazos extendidos.
—¡Por favor, parad! ¡Es solo una entrevista manipulada!
Al ver el dolor dibujado en el rostro de Ai, los rasgos de John se suavizaron. Una sonrisa forzada, fría y distante, apareció en sus labios.
—No hay problema —dijo, con una voz que ya no contenía emoción alguna—. Solo ha sido un malentendido.
Su mirada se clavó en Shun. Aunque dile a tu novio que debería relajarse... solo un poquito. Sólo por su bien.
John abandonó el aula sin volver la vista atrás, dejando atrás un silencio pesado.
Ai tomó a Shun del brazo con firmeza, arrastrándolo lejos de las miradas curiosas que comenzaban a congregarse.
—Basta ya. Esto no está bien, y todos nos están observando.
—¿Y qué quieres que haga? —Su voz retumbó en el pasillo vacío—.
Tú sabes bien que la culpa es de ese maldito imbécil.
Me está provocando, buscándome una y otra vez.
—Cada palabra salía entre dientes, envenenada—.
Y no me vengas con que lo sacaron de contexto.
Esas palabras en la revista salieron de su boca.
Lo está haciendo a propósito, tanteando hasta dónde puede llegar.
—¿Y se te olvida acaso que soy yo la que debería decidir algo en todo esto?
—La voz de Ai, antes contenida, ahora temblaba de indignación—.
¿O es que ya ni siquiera me consideras? ¡Estoy contigo!
Pero esto… esto que haces, no me gusta. Te vuelves así, igual que cuando Yuu se me acerca, igual que cuando cualquier hombre respira cerca de mí. ¡Como si fuera tu propiedad!
—Ai, por favor… —Shun alargó la mano, pero ella ya se alejaba—. No te enfades.
Pero Ai ya se volvía, alejándose con pasos rápidos por el corredor, sin mirar atrás. Y Shun se quedó allí, plantado en medio del pasillo vacío, con una certeza desgarradora clavada en el pecho.