Capítulo 8 #2
—Quería agradecerte lo que hiciste por mí. Me alegro de verte mejor.
Con cierta timidez, Kaori sacó de su fiambrera un paquete cuidadosamente envuelto y se lo tendió a John. Él pudo percibir el aroma incluso antes de tomarlo entre sus manos.
—¡Es el almuerzo! —explicó Kaori, ruborizándose—. Lo preparé yo misma. Una pena que ya haya pasado la hora de comer... Pensé que vendrías desde primera hora.
Aun así, John tomó los palillos y destapó el paquete. El aroma, intenso y tentador, le incitó a probarlo de inmediato.
—No importa —respondió—, lo comeré ahora mismo y me sobrará tiempo antes de la siguiente clase. Después de todo, hoy también olvidé traer mi almuerzo.
Desde la fila contigua, Karai observaba la escena con incredulidad. No pudo evitar susurrarle a Kasumi, quien esperaba a su lado:
—¿Son imaginaciones mías, o Kaori está mostrando un interés... particular en John?
—Creo que solo está agradecida por lo que hizo —respondió Kasumi en voz baja—. Aunque lo del almuerzo... sí ha sido un gesto bastante atrevido.
John comenzó a comer con evidente disfrute, sus palillos moviéndose con ágil determinación entre los ingredientes.
—Está increíblemente bueno, Kaori —dijo entre bocado y bocado—. Que no te engañe mi expresión, es que este labio me duele cada vez que lo muevo... Pero tienes una mano excelente para la cocina.
—Me alegro mucho —respondió ella, con una sonrisa genuina que le iluminó el rostro.
—¡Eres un desastre, Johnny! —intervino Ai, acercándose a la mesa con alivio y cariño—. Tendré que pedirle a mi madre que te prepare el almuerzo todos los días, ¡siempre se te olvida! Aunque, espera... ¿cuánto tiempo hace que no comes?
—La verdad es que llevaba días sin probar bocado —reconoció él—, las heridas me lo han puesto difícil. ¡Pero esto está delicioso!
Sin embargo, hubo algo que lo hizo detenerse de repente. El mismo Shun Miura se acercaba a la mesa con visible incomodidad. Era evidente que la situación le resultaba forzada, pero también sabía que estaba en deuda: John había salvado a su novia y a sus amigas de aquellos vándalos.
—Está claro que tú y yo no nos llevamos bien —comenzó Shun, evitando mirarlo directamente—. Pero, sin que sirva de precedente, quería agradecerte lo que hiciste por Ai y las demás. Significa mucho para nosotros.
—Es un detalle inesperado viniendo de ti, Miura —respondió John con un dejo de ironía—. Eres el último que esperaba ver acercarse a mí.
Ambos se dieron un apretón de manos breve pero significativo.
Por un momento, Ai sintió una oleada de esperanza al verlos interactuar sin hostilidad. Aunque, en el fondo, sabía perfectamente que aquello no era más que una tregua temporal, un espejismo en la compleja geografía de sus relaciones.
Poco a poco, más alumnos se acercaron a la mesa para agradecer su gesta. El foco de atención sobre John comenzó a disiparse conforme se acercaba la hora de la siguiente clase.
Inclinando su silla hacia atrás, John conversaba ahora con Makoto, ubicado en el pupitre trasero. Hasta ese momento, Makoto se había mostrado reservado, probablemente por la presencia de los demás compañeros.
Sin embargo, Karai aún no había tenido su momento y, respetando los turnos de los demás, decidió tomar protagonismo quedándose para la última.
John abría su mochila en el suelo para guardar la chaqueta, cuando de pronto percibió una sombra y un delicado perfume invadiendo su espacio.
Al alzar la vista, se encontró con que Karai se había sentado directamente sobre su pupitre.
Desde el suelo, su mirada ascendió por unas piernas largas y esbeltas, hasta detenerse en el borde de su falda.
Con un gesto audaz, Karai separó ligeramente los muslos, dejando entrever por un instante sus bragas blancas.
Con una sonrisa pícara, John volvió a su asiento, encontrándola ahora sentada donde antes estaban sus libros.
—Tienes una forma muy... particular de animar a los chicos, Karai.
—Solo lo hago por quienes me interesan —dijo ella, acercándose a su rostro—. ¡Vaya! Es una pena que hayan maltratado esa cara tan linda...
—Es más aparatoso de lo que parece. Lo más molesto es este labio partido; apenas he podido comer bien en días.
—¿Sabes? Tengo un remedio muy efectivo para el dolor de esa herida...
John mostró genuino interés.
—En ese caso, cuéntame... Te lo agradecería mucho.
En lugar de explicarlo con palabras, Karai se inclinó y posó sus labios sobre los de él en un beso ardiente, introduciendo incluso la lengua con descarada provocación. Un estruendoso murmullo recorrió el aula ante tal atrevimiento.
Desde su pupitre, Ai observó incrédula; el lápiz se le escapó de los dedos hasta cimbrear contra la mesa. Con el rostro congestionado, buscó la mirada de Kasumi en el pupitre trasero, donde esta ya cuchicheaba con Kaori, con cierto rubor y sobresalto.
Pero la inesperada llegada del nuevo profesor cortó de raíz todos los rumores, congelando el escándalo en un silencio repentino.
Instituto Masaru.
(Gradas)
Al término de las clases, muchos alumnos se dirigían a sus respectivos clubes para continuar con sus actividades.
Sin embargo, algunos disfrutaban de su tarde libre.
Shun y Nagano estaban ausentes por entrenamiento, pero Ai y sus amigas decidieron esperarlos para luego ir juntos a tomar algo; ninguna tenía obligaciones en ningún club.
—¿Habéis visto lo mismo que yo? —preguntó Ai, con una sonrisa pícara.
—Sí —confirmó Kasumi, devolviéndole la sonrisa—. Le ha dado un beso delante de todo el mundo...
—Cada día me sorprende menos su descaro —comentó Kaori, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
En ese momento, guardaron silencio al ver acercarse a Karai.
—¿Qué tal estáis, chicas?
—¡No tan bien como tú, por lo visto! —respondió Kasumi con picardía.
—¿Y qué ha venido eso? —intervino Kaori, con un dejo de irritación. ¡Le has robado un beso!
—¿A qué vienen estos humos? —replicó Karai, encogiéndose de hombros—. Solo fue para animarlo un poco. Pero por tu reacción... casi diría que te gusta.
—No me gusta —protestó Kaori, ruborizándose al instante—. Solo le estoy agradecida, eso es todo.
—¿Y el almuerzo casero que le preparaste? —insistió Karai con una sonrisa traviesa—. Con eso no te lo ganarás... ¡No tenemos diez años! Si quieres algo, ¡ponte a la cola!
—Chicas, chicas... —intervino Ai, tratando de calmar los ánimos con una sonrisa conciliadora—. Hemos pasado unos días muy duros, y se agradece volver a esta normalidad. ¿Qué sería de una tarde sin estos chismorreos? (risas)
—¿Sabíais que el otro día John me pidió que lo llamara por su nombre de pila? —comentó Kasumi, cambiando sutilmente de tema—Dijo que es lo normal entre sus amigos, que en Occidente es muy común.
—Yo también pienso hacerlo a partir de ahora —afirmó Kaori con determinación—. Después de todo, ya hay confianza.
—Aunque Ai siempre nos lleva ventaja —señaló Karai, mirando a su amiga con complicidad—. ¿Me lo he imaginado, o hace tiempo que lo llamas «Johnny»?
—Bueno... es verdad —reconoció Ai, ruborizándose a su vez—Últimamente hemos ganado mucha confianza. Pero es normal, ¿no? Al fin y al cabo, nos vemos a diario en la pensión.
Una hora después...
John se había reunido con sus compañeros de Washinosuke, y durante largos minutos estuvieron conversando sobre lo sucedido días atrás. Luego se despidió, pues el cansancio empezaba a pesar sobre sus hombros.
Sin embargo, al acercarse a las gradas, una figura extraña le interceptó el paso.
SORA UTAGAWA: 18 años. Cabello moreno cortado como un cuenco, con una distinguida raya al medio.
Gafas de cristales gruesos que amplificaban sus ojos, y dientes ligeramente sobresalientes que reposaban sobre su labio inferior.
Cursaba el grado 12-F en el Kōtōgakkō del Instituto Masaru.
Miembro fundador y editor jefe del Club de Periodismo, y creador de la revista semanal de mayor circulación local.
El meticuloso reportero bloqueó deliberadamente su camino.
John lo observó, estupefacto: el joven llevaba una costosa cámara colgada del cuello, y tras él, dos ayudantes lo seguían como una sombra.
Uno cargaba un pesado trípode sobre los hombros, y el otro sujetaba bajo el brazo un fajo de apuntes y carpetas.
¿Quién diablos es este friki?, pensó John.
Con una sonrisa profesional, pero cargada de determinación, el reportero le ofreció su tarjeta de presentación. John la tomó y le echó un vistazo: estaba genuinamente impresionado por su diseño pulcro y la originalidad de la tipografía.
—¡Por fin encuentro al hombre del momento! —anunció Sora, ajustándose las gafas—. Eres el único que se me había resistido hasta ahora...
—¿Qué significa todo esto? —preguntó John, desconcertado—No entiendo nada.
Utagawa hizo una seña casi imperceptible con la mano, y al instante su ayudante extrajo una revista de entre el cúmulo de papeles que llevaba.
—Esta es mi obra maestra —declaró, entregándole la publicación a John con un gesto casi ceremonial—. Soy el encargado de informar y representar a todo el alumnado. Mi revista es la más leída y aclamada de todo el Masaru.
Según cómo avancen los acontecimientos...
o adelantamos el número, o respetamos la fecha de publicación original —prosiguió Utagawa sin pausa—.
Como podrás ver, aquí documentamos los logros de los alumnos más destacados de esta institución, con sus marcas y hazañas —señaló con el dedo índice—.
Pero en la parte final... está la sección más popular.
La llamo "la prensa del corazón". Ahí recopilo todos los chismes y enredos amorosos más jugosos del instituto. ¡Es una bomba!
—¿Así que Suzu de 12-F sale con Kato de 12-C? —comentó John, hojeando las páginas con una sonrisa pícara, disfrutando de los cotilleos impresos. Nunca lo hubiese imaginado.
—Necesito una entrevista contigo —declaró el reportero, recuperando la seriedad—. El incidente del parque Hebi debe ser contado. ¡Se lo debes a nuestros lectores!