Curso Grado 12 Capítulo 8
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Capítulo 8

“Aceptación”

Yokohama—Japón

Ai emprendió sola el camino al Masaru aquella mañana. John aún no se había recuperado; apenas lograba levantarse de la cama, y solo Seiya lo atendía formalmente cuando necesitaba algo. Lo que ocurría tras la puerta de su habitación permanecía en el más absoluto secreto.

A mitad de camino, encontró a sus compañeras esperándola en el banco de siempre.

Habían quedado para ir juntas, creyendo que la unión las haría más fuertes después del triste incidente.

Al verse, se abrazaron con un cariño especial, conteniendo a duras penas algunas lágrimas.

Sabían que los rumores ya habían trascendido por todo el instituto.

—¡Tienes mejor aspecto, Kaori! —dijo Kasumi con alivio—. Me alegro mucho de verte así.

—Quedar juntas me ha dado ánimos —confesó Kaori—. Por lo que veo, John sigue sin haberse recuperado...

—Sí, aún está convaleciente. Ni siquiera lo he visto estos días —comentó Ai con tristeza—. Solo mi padre me cuenta algo, y a cuentagotas.

—Qué pena. Le había traído su chaqueta, incluso la lavé —dijo Kaori mostrando una leve sonrisa—.

—Si quieres, me la puedes dar a mí. Se la entregaré con gusto.

—No importa, prefiero dársela yo en persona —insistió Kaori con suavidad—. Después de todo, soy la única que aún no le ha agradecido lo que hizo.

—No te preocupes —la tranquilizó Kasumi—. Él no da importancia a ese tipo de gestos. Además, estaba muy preocupado por ti; me lo comentó en casa.

—Espero que se recupere pronto —susurró Kaori.

Instituto Masaru.

Nada más cruzar las puertas del instituto, varios compañeros les dieron la bienvenida, aunque no faltaron los murmullos incómodos de quienes solo conocían el rumor. Sin embargo, su grupo más cercano las rodeó de inmediato, haciéndolas sentir casi como antes del incidente.

Shun, muy preocupado, abrazó con fuerza a Ai —llevaban días sin verse, sosteniéndose solo por mensajes—.

Nagano hizo lo propio con Kasumi, y Karai logró arrancarle una sonrisa a Kaori.

Incluso Makoto se acercó a interesarse por Kasumi y, de paso, preguntar por el convaleciente John.

Muchos de ese grupo querían agradecerle su acto heroico.

Un inusual silencio envolvió el aula hasta el primer descanso.

Tal vez todos imaginaban lo que podría haber pasado si John Hole no hubiera intervenido.

Desde aquel día, el parque Hebi se tiñó de un nuevo respeto.

Y por primera vez, muchos se alegraron de que el "matón" de la clase hubiera hecho algo bueno.

(Gradas)

—Cuando escuchamos la noticia, no lo podíamos creer —comenzó Nagano, con voz grave—. Hemos pasado unos días muy angustiosos.

—Nunca debimos dejaros solas en ese pub, y menos a esas horas —se lamentó Shun, con el ceño fruncido.

—No es culpa de nadie —intervino Ai, tratando de calmar los ánimos—. Ni nosotras mismas imaginábamos que el parque Hebi fuera tan peligroso.

—Y hablando de eso… —Nagano bajó la voz mientras Kaori se alejaba hacia la fuente—. ¿Cómo está? Nos han dicho que fue la que peor lo pasó.

—Está mejorando. Los primeros días estaba muy afectada —confesó Ai en un tono más bajo—. Le desgarraron la blusa y… hubo tocamientos.

—¡Malditos cabrones! —estalló Shun, apretando los puños.

—De mí también hubieran abusado si Johnny no hubiera aparecido justo a tiempo —añadió Ai, con la voz quebrada por el recuerdo—. Aún puedo ver a aquel salvaje apuntándome con la navaja, obligándome a arrodillarme frente a sus pantalones…

—¡No sigas, por favor! —la interrumpió Shun, envolviéndola en un abrazo firme—. No quiero que rememores esa pesadilla.

—Y todo por culpa de ese imbécil de Kato —señaló Karai con desprecio—. ¡Míralo! Ahí está, riendo con sus amigos como si no hubiera pasado nada.

Kaori regresó en ese momento, con una leve sonrisa que se desvaneció en cuanto vio a Kato. La visión de él riendo sin preocupación le hizo revivir todo el horror. La culpa comenzó a carcomerla por dentro, su mirada se nubló y agachó la cabeza como si le pesara el alma.

Shun no podía dejar de pensar en lo ocurrido; la rabia le hervía por dentro. Por culpa de Kato, casi… violan a mi chica. Dejó de consolar a Ai y se levantó con determinación.

—¿Qué ocurre? ¿Dónde vas? —preguntó Ai, alarmada.

—¡Ese hijo de puta lo va a pagar!

—¡Déjalo, Shun! —suplicó ella, agarrándole del brazo—. ¡Ya hemos tenido suficientes problemas! Pero él se liberó con un suave empujón y continuó avanzando.

Sin mediar palabra, Shun descargó un puñetazo directo en el rostro de Kato, que cayó al suelo con un gruñido.

Cuando los amigos de este intentaron reaccionar, Nagano se interpuso de un salto, empujando con fiereza a cualquiera que osara alzar la voz.

En segundos, se desató una trifulca en mitad de las gradas, y hasta las chicas tuvieron que meterse en la refriega para intentar separarlos.

Ai logró apartar a Shun del tumulto.

—¿Es que has perdido la cabeza? ¿Quieres que te expulsen?

—Me da igual —espetó él, con la respiración entrecortada—.

Además, ya sabes que mi padre controla la PTA.

Todo esto —dijo, señalando el instituto con un gesto amplio— se sustenta con las contribuciones de mi familia.

¿Por qué te enfadas conmigo? Cuando es Hole el que se mete en peleas, no te pones así de susceptible.

—¿Qué estás insinuando? —replicó Ai, hirviendo de frustración—. Solo quiero lo mejor para ti. Nada más.

—Me he dado cuenta de que lo has llamado Johnny —añadió molesto— Eso significa que es especial para ti ¿no?

—No dramatices. Después de lo que ha ocurrido es normal que hayamos estrechado lazos —explicó— Tuve que llevarlo al médico a raíz del incidente. Tuvimos tiempo de hablar las cosas.

—Lo siento, estoy algo celoso. Esa idea de que haya sido Hole quién te haya protegido en vez de yo me reconcome la cabeza —Shun la tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos—. Nunca debí dejarte sola esa noche.

—Lo sé… Pasé mucho miedo —susurró ella, apoyando la cabeza en su pecho.

—Vayámonos de aquí, a un lugar más tranquilo —propuso él, conteniendo poco a poco su furia—. Si me quedo, no podré evitar patear el culo de estos inútiles.

Pensión Hikari.

John acababa de levantarse de la cama. Durante estos días de reposo forzado, apenas había comido o se había duchado.

Su cuerpo había recibido un castigo mayor del que creía poder soportar; los moretones seguían bien visibles en su torso y brazos, el labio partido compartía espacio con el pómulo amoratado, y el ojo izquierdo permanecía semicerrado.

La brecha en la frente parecía, al lado de todo eso, lo de menos.

Aun así, decidió saltarse la baja médica. Más allá del malestar general, necesitaba salir de aquella habitación y despejar la mente; tanta reclusión estaba acabando de agarrotarle por completo.

Se metió en una ducha larga y plácida, dejando que el agua templada aliviara sus músculos y su ánimo.

Después de asearse, cubrió la herida de la frente con un apósito y vendó los cortes más profundos.

Optó por no ponerse la chaqueta —le rozaba en los antebrazos y le molestaba mucho— y se quedó solo con la camiseta de tirantes, a pesar de las marcas que dejaba al descubierto.

Al bajar las escaleras, entró en el comedor. Seiya no pudo disimular su sorpresa al verlo.

—¿Ya estás en pie? —preguntó, con una mezcla de alivio y preocupación.

—Necesitaba despejarme —respondió John, con voz aún áspera—. Y retomar las clases. Ya he perdido demasiados días.

[Instituto Masaru]

Clase 12-J

La profesora Takumi reanudaba sus entretenidas clases de matemáticas. Un ambiente de calma, aún frágil, se respiraba en el aula después del incidente en las gradas. De pronto, un murmullo creciente surgió en el pasillo, tan intenso que la profesora interrumpió su explicación.

Los alumnos, guiados por el rumor, volvieron sus miradas hacia las ventanas. ¡No podían creerlo! El chico que todos esperaban ver había regresado.

Un silencio palpable llenó el aula cuando John empujó la puerta.

Al abrirse, un suspiro colectivo recorrió la clase al contemplar su aspecto: el rostro marcado por moretones profundos, el labio hinchado, el ojo izquierdo casi cerrado y los brazos al descubierto, mostrando una constelación de cortes y hematomas.

Él, sin embargo, caminaba como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—¡Qué agradable sorpresa, Hole! —exclamó la profesora Takumi, conteniendo su impacto—. No te esperábamos hasta la próxima semana... ¿Estás seguro de que estás bien?

—La verdad es que todavía estoy algo aturdido —reconoció con voz serena—, pero peor era quedarme postrado en esa cama. Necesitaba despejarme.

—Nunca imaginé que estarías tan... lastimado —murmuró la profesora, sin poder apartar la vista de sus heridas.

Al notar la preocupación en su rostro, John recurrió a su humor característico.

—Con este nuevo look me parezco más a vosotros, ¿no? —dijo, señalándose el ojo hinchado—. Estos ojos achinados no me quedan tan mal, ¿eh?

La profesora no pudo evitar sonreír. Entre los compañeros surgieron risas nerviosas, pero aliviadas.

—Me alegra que conserves el sentido del humor después de todo —respondió ella, con un tono más relajado.

—Eso sí —añadió John con media sonrisa—, hoy tengo excusa si no atiendo demasiado.

Mientras se dirigía a su pupitre, todas las miradas lo seguían.

Sus amigos más cercanos contaban los minutos para el cambio de clase, ansiosos por hablar con él.

John se sentó con cierta torpeza, y a los pocos minutos, mientras la profesora retomaba la lección, Ai lo observaba: ya estaba otra vez mirando por la ventana, como siempre. Por fin, algo volvía a la normalidad.

(Al sonar el timbre)

Para sorpresa de todos, Kaori se levantó antes que nadie y se dirigió directamente al pupitre de John. En sus manos llevaba doblada con cuidado la chaqueta que él le había prestado en el parque ahora limpia y planchada.

—Me alegra verte tan bien —dijo John, con franqueza—. No tenías que haberla planchado, pero… queda más radiante que antes.