Capítulo 7 #5
—Será mejor dejar a Shun fuera de esto. Ya hemos tenido suficiente drama por hoy como para iniciar otra disputa...
John dejó escapar una risa débil, derrotado.
—Está bien. Me has pillado.
El doctor interrumpió su complicidad con seriedad, terminando el examen. Se quitó los guantes con gesto profesional.
—¿Qué opina, doctor? ¿Está todo bien? —preguntó Ai, acercándose inquieta.
—La buena noticia es que no hay fracturas. Las heridas cicatrizarán con el tiempo, pero una semana de reposo sería lo ideal. A partir de mañana, los dolores se intensificarán.
—¡Qué alivio! Al final todo ha salido bien.
—Te dije que no era para tanto —murmuró John, alcanzando su camiseta con movimientos lentos.
Con gesto prudente, el doctor se acercó a Ai mientras se ajustaba las gafas.
—¿Podrías salir un momento de la sala? Tengo algo importante que hablar con John.
Ella dejó de sonreír de inmediato. Nunca esperó semejante petición; el doctor solía ser tan afable, pero la seriedad en su rostro le hizo intuir que algo no iba bien.
—Claro. Esperaré fuera.
Extrañado, John aguardó a que el médico se acercara. Este lo miró fijamente a los ojos y soltó de pronto:
—Para ti todo esto es un juego, ¿verdad?
—Solo intento quitarle hierro al asunto.
—Los dos sabemos que no todos esos moretones son de hoy, y dudo que en el Reformatorio te dejaran así —el doctor habló con voz grave—.
Algunos hematomas ya están cicatrizando, pero noto fisuras en la estructura ósea.
Si sigues por este camino, cuando dejes de ser tan joven, tu cuerpo pagará las consecuencias.
—Es usted muy bueno. Seiya no se equivocaba. Entonces es inútil que siga mintiendo.
—No te equivoques, John. No quiero ser tu enemigo, solo ayudarte. Seiya me ha hablado de tu pasado difícil. Sé que es fácil para ti actuar como un pandillero, pero debes cambiar de hábitos. Dime, ¿estás en alguna banda? Puedes confiar en mí; tengo el deber de guardar secreto profesional.
—No. Tranquilo. Ya no —respondió John, con un dejo de desconfianza—. Hace tiempo que no frecuento a esa gente. Aunque debo reconocer que la iniciación con ellos fue bastante dura. La sensación... se pareció a la de hoy. Me ardía todo el cuerpo...
El doctor tragó saliva. No sabía si John se estaba abriendo de verdad o solo bromeaba de nuevo, pero aquellos ojos profundos y sin brillo delataban un sufrimiento interno.
—En ese caso, me quedo más tranquilo —cambió de tercio el doctor—. Asegúrate de descansar bien; tu cuerpo te lo agradecerá.
El doctor solo curó la herida de su frente y desinfectó las demás de menor gravedad. John le agradeció su atención con un apretón de manos.
Al salir de la consulta, Ai se levantó rápidamente del sillón de espera.
—Todo está resuelto. En unas semanas estará como nuevo —dijo el doctor con tono alegre, dirigiéndose a ella.
—Agradezco mucho su dedicación.
—Saluda a tu padre de mi parte.
—Así lo haré —respondió, inclinándose levemente antes de despedirse.
Una vez en la calle, Ai no pudo contener su inquietud.
—¿Por qué te ha citado a solas? La expresión del doctor me tenía preocupada. ¿Vio algo grave?
—No es nada, secreto profesional.
—¿Otra vez con misterios?
—Te aseguro que no es importante.
—No te creo —replicó ella, cruzando los brazos—. Eres capaz de ocultar cualquier cosa tras esa cara impasible. Así que no piensas decírmelo, ¿verdad?
—Solo hay una manera.
—¿En serio? —preguntó Ai, con un destello de esperanza—. ¿Cuál?
—Si fueras mi novia, te lo diría sin dudar.
Ai se sonrojó al instante, como teñida por el arrebol del atardecer.
—¿Tu... novia? —murmuró, casi sin aliento—. ¿Me lo estás pidiendo...?
Al ver su reacción, John le tocó suavemente la punta de la nariz con los dedos.
—Bromeaba. Deberías ver la cara que has puesto.
Ella sonrió, todavía ruborizada. Con John, nunca sabía por dónde iba a salir. Aunque todavía seguía dudosa por su petición. ¿había sido broma o iba realmente en serio? Ai siguió presa de sus pensamientos.
Pensión Hikari.
Cerca de las escaleras, Ai se detuvo para despedirse.
—Entonces, ¿cumplirás con el reposo que te indicó el doctor, o harás como siempre y seguirás tu propio criterio?
—El lunes estaré como nuevo. Con todo el día de mañana durmiendo, mejoraré seguro. Sé que el doctor es bueno, pero conozco bien mi cuerpo. Te aseguro que el lunes me verás esperando aquí, listo para ir al Masaru.
—En ese caso, te esperaré como siempre. Incluso dejaré que llegues tarde sin rechistar.
—Muy bien. Por cierto… ¿me lo he imaginado, o me llamaste «Johnny» antes?
—Dijiste que solo quienes consideras tus mejores amigos pueden llamarte así —respondió Ai, desviando la mirada—. Y está claro que ahora eres alguien importante para mí… quiero decir, para la familia.
John esbozó una amplia sonrisa.
—Tranquila. Sé lo que querías decir. Que pases buena noche.
Ai subió a su habitación sumida en sus pensamientos.
¿Por qué había dicho eso? Podía dar lugar a confusión.
Aunque él también había soltado un comentario similar…
¿Era solo agradecimiento, o había algo más?
Entonces, como un fogonazo, le vino a la memoria aquel sueño húmedo que había tenido con él semanas atrás.
Se sintió preocupada. Sí, de eso estaba segura. Había pasado mucho miedo esa noche, cuando estuvo a punto de que lo mataran en el parque. ¿Quién no se habría preocupado? De eso… al amor…había un trecho.
A Ai, esa noche, le costaría conciliar el sueño.
19 septiembre 2016
Yokohama—Japón
Ai esperaba como siempre bajo la recepción.
Una y otra vez, su mirada se elevaba hacia las escaleras, esperando ver a John descender para ir juntos al Masaru.
Esta vez, ni siquiera le importaba su tardanza.
De algún modo, lo ocurrido en el parque los había unido con un lazo más fuerte; Ai había llegado a esa conclusión tras darle vueltas en su cabeza.
Aún recordaba con cierta ironía lo mucho que lo detestaba la primera vez que se cruzaron en este mismo lugar.
Pero el doctor no se había equivocado. Las heridas de John eran más serias de lo que aparentaban, y él no bajó, rompiendo la promesa que tan seguro había hecho.
Una punzada de tristeza se apoderó de Ai, que se sintió repentinamente sola. El golpe fue mayor cuando Kasumi y Kaori informaron mediante un escueto mensaje que tampoco acudirían al instituto. ¿Estarían realmente bien? ¿Y John? ¿Necesitaría ayuda?
La preocupación, y la incertidumbre fueron demasiado. Ai rompió a llorar en silencio y, como los demás, se refugió en la soledad de su cuarto.
Nunca antes cuatro alumnos de la misma clase habían faltado a clase simultáneamente, y menos siendo estudiantes tan responsables.
Aquello encendió todas las alarmas. La situación obligó al director a hacer llamadas, descubriendo así los terribles sucesos ocurridos en el parque Hebi.
Dada la gravedad de los hechos, no tuvo más remedio que convocar a la PTA en una reunión de urgencia.
El rumor, corrió como la pólvora.