Curso Grado 12 Capítulo 6 #4
34%

Capítulo 6 #4

Ai se dejó contagiar por su determinación. Poco a poco, su voz se unió a la de él, primero con timidez, luego con más confianza. Disfrutaba de ese momento, y más aún de ver a John tan entregado a algo que no fuera una pelea o una provocación.

Pronto, el salón de actos se llenó de sus voces entrelazadas:

this is real, this is meI'm exactly where I'm supposed to be, nowgonna let the light, shine on me

now I've found who I amthere's no way to hold it inno more hiding who I wanna be

Cantaban con un ritmo constante, alternándose en las estrofas y uniéndose en los coros con una armonía natural que parecía surgir de una complicidad invisible. Por un instante, todo lo demás desapareció.

Sin embargo, justo cuando se preparaban para la última estrofa, un aplauso firme y acompasado resonó desde la penumbra de las butacas.

Ambos se giraron al unísono. Allí estaba la profesora de canto, una mujer de rostro sereno pero mirada analítica, que había regresado al salón sin que se dieran cuenta.

John, sobresaltado, desafinó la guitarra y por poco se le cae de las manos. Ai cortó su canto de golpe, con el rostro teñido de rubor.

MAI NANAMI: Cabello recogido de color caoba intenso. Profesora del Club de Teatro. En su juventud fue bailarina profesional y en la actualidad dominaba variados registros respecto al canto.

—Siento lo ocurrido, profesora —se disculpó Ai, haciendo una reverencia rápida.

—No tienes por qué disculparte —respondió la profesora, acercándose al escenario—. Por un momento, pensé que estabas ensayando con Yagami. Pero enseguida me di cuenta de que no eran vuestras voces. O, más bien, que estas sonaban… mejor. Tenéis muy buena sintonía. ¿Hace tiempo que ensayáis juntos?

—No, es la primera vez, profesora —confesó Ai, todavía nerviosa—. Incluso es una sorpresa para mí. No sabía que John tuviese esa cualidad escondida.

Decidido, John se inclinó levemente en un saludo de cortesía, asumiendo su responsabilidad con una seriedad inusual.

—Quiero que sepa que esto ha sido culpa mía —dijo, con la voz firme—. Si alguien debe ser reprendido, soy yo.

La profesora Nanami esbozó una sonrisa sutil.

—No te preocupes, ha sido una agradable sorpresa —respondió, con una mirada que parecía ver más allá de su reputación—Por fin tengo el honor de conocerte en persona.

Se habla mucho de ti en este centro, aunque no precisamente bien, debo admitir.

Sin embargo, te esperaba… distinto. Tienes porte para el teatro y una voz con potencial.

Al final va a ser cierto eso de que la música amansa a las fieras.

John bajó ligeramente la cabeza, un gesto inusual en él.

—Agradezco sus halagos, profesora Nanami. Lamento que mi reputación no sea la mejor.

—Ya sé que mi club no es el más popular entre los deportistas —continuó ella, con un tono persuasivo—, pero… ¿has pensado en ingresar? Podrías encajar bien. Y elegancia, desde luego, no te falta.

Por primera vez en mucho tiempo, John se sintió descolocado. Un leve rubor le subió por el cuello.

—Lo siento —respondió, recuperando la compostura—. Acabo de inscribirme en el club de fútbol. Además, tengo los estudios y un trabajo fuera de clase. La verdad es que no me sobra el tiempo.

—Es una lástima —concluyó la profesora—. Pero las puertas estarán abiertas si cambias de opinión.

Ai, que había permanecido en silencio, se acercó con curiosidad.

—¿Cómo es que cantas tan bien? —preguntó, con los ojos brillantes—. Nunca lo habías mencionado, y siempre te burlas de mí por esto.

—Solo me burlo de tus cursiladas —replicó John, con una sonrisa pícara—. Te metes demasiado en el papel.

Ai le dio un codazo discreto, incluso frente a la profesora.

—Hace tiempo formé un grupo con unos amigos —continuó él, encogiéndose de hombros—. Ensayábamos a menudo, sobre todo canciones roqueras.

—Por cómo lo dices, parece que ya no lo hacéis —observó la profesora, con interés.

—Ahora trabajo los fines de semana en un pub —explicó John—. Mi jefe a veces nos deja tocar. A los clientes les gustan las versiones de canciones conocidas.

—Es bueno tocar todo tipo de registros —concluyó Nanami—. Eso te hace más versátil como artista. Me alegro de haberte conocido, John. Recuerda, si cambias de opinión, aquí nos tienes.

—Agradezco su interés —dijo John, con un respeto genuino—Ha sido un placer.

—¡Hasta mañana, profesora! —exclamó Ai, con una sonrisa amplia y un brillo de complicidad en la mirada.

Ai estaba realmente sorprendida por lo que acababa de descubrir.

—Cuando te vi coger esa guitarra, pensé que ibas a hacer el ridículo —admitió, con una sonrisa que delataba su asombro—. Pero al final, me has dejado anonadada.

—Ya te lo dije una vez —respondió John, con un deje de misterio—. Soy un tipo con muchos secretos.

Ai rio suavemente, sintiendo cómo la complicidad entre ellos crecía.

—La profesora Nanami parecía muy interesada en ti. Solo la había visto mostrar ese entusiasmo con Yuu —comentó, sin poder evitar el elogio—. Por cierto, hoy no ha venido al ensayo. No sé qué estará haciendo.

John recordó la escena que había presenciado entre Yuu y la nueva alumna en el vestuario, pero guardó silencio.

—La verdad —continuó Ai, distraída— es que en el club hay pocos chicos agradables para la vista…

—¿Estás adulándome? —preguntó John, con una ceja arqueada y una sonrisa burlona.

Ai se ruborizó al darse cuenta de sus palabras.

—¡No he dicho eso! —protestó, aunque sin convicción—. Incluso la profesora se dio cuenta. Además, eres bastante popular entre las chicas. En estos pocos días, estás subiendo como la espuma.

—Todavía recuerdo el primer día —reflexionó John—. Nadie quería acercarse a mí. Fue cortarme el pelo y cambiar de ropa, y ahora todos me tratan diferente.

—Hasta yo me negaba a hacerlo —rio Ai, sin poder evitarlo—.

—Estás muy animada hoy —observó John, con complicidad—. Parece que no soy el único que gasta bromas. (Risas)

Al salir por la puerta principal, se toparon con Shun, quien regresaba del entrenamiento y se dirigía al salón de actos para recoger a Ai. El rostro del genio se nubló al verlos juntos.

—No sé cómo lo haces —dijo Shun, con un tono cortante—, pero siempre terminas en el mismo lugar que mi novia. ¿No tienes nada mejor que hacer?

—Tranquilo, Miura —respondió John, con calma—. No soy yo de quien debes preocuparte. Yo me fijaría más en ese "guaperas" que actúa con Ai. ¡Ese sí que tiene peligro!

—¿Qué? —preguntó Shun, frunciendo el ceño—. ¿Se refiere a Yagami?

—No es nada —intervino Ai rápidamente, intentando calmar la situación—. Solo lo dice para picarte.

Pero John, con su característica astucia, ya se alejaba por el pasillo, dejando atrás la tensión que había sembrado.

—¡John, vuelve aquí! —exclamó Ai, frustrada por cómo la había dejado en una encrucijada.

Inteligentemente, John había logrado desviar la atención de Shun, pero su compañera tendría que enfrentar las consecuencias de sus palabras… y de los celos que siempre acechaban.