Curso Grado 12 Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

El silencio en el vestuario solo era roto por el leve zumbido de la luz fluorescente.

Yuu Yagami, con su sonrisa fácil y su mirada penetrante, se apoyaba contra una fila de taquillas metálicas.

Frente a él, una estudiante de primer año —miembro nuevo del club de teatro— jugueteaba nerviosa con el borde de su falda.

—Lo entiendes, ¿verdad? —dijo Yuu, con una voz sedosa que parecía acariciar el aire—. El papel de Aiko no es para cualquiera. Requiere… entrega.

La chica, llamada Natsumi, tragó saliva. Sus ojos iban de la sonrisa de Yuu al suelo, dudando. Sabía lo que él insinuaba. Los rumores en el club eran claros: Yagami tenía sus métodos para "ayudar" a las chicas a ascender.

—Solo… solo quiero una oportunidad —murmuró Natsumi, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello.

—Y la tendrás —respondió él, bajando la voz—. Pero la confianza se gana. ¿Estás dispuesta a… consolidar nuestra colaboración?

Natsumi cerró los ojos un instante. Por su mente pasaron imágenes del escenario, de los focos, del aplauso del público. Asintió lentamente, casi sin aire en los pulmones.

—Bien —susurró Yuu, sin apartar los ojos de ella.

Natsumi se arrodilló, sus manos temblorosas se acercaron a su cinturón.

Sus manos recorrieron los muslos firmes de Yuu mientras desabrochaba su pantalón.

Cuando lo liberó, contuvo la respiración un momento antes de inclinarse.

Yuu dejó escapar un suspiro satisfecho, reclinando la cabeza contra la taquilla.

El primer contacto de sus labios fue suave, casi experimental. Pero pronto encontró el ritmo, usando lengua y labios en una coreografía que hizo que Yuu cerrara los ojos y dejara escapar un gemido ronco.

—Diablos, Natsumi...— jadeó, enredando los dedos en su cabello.

De pronto, Natsumi se detuvo. Su voz, ahora cargada de una determinación que no tenía antes, cortó la tensión:

—Prométemelo. El papel de Aiko. Dilo—dijo, mientras le agitaba el miembro con la mano—

Yuu abrió los ojos, desconcertado por la interrupción. Una sombra de irritación cruzó su rostro, pero la urgencia del momento pudo más.

—Sí, claro que sí. Es tuyo —respondió con voz ronca.

Ella aceleró el movimiento con su boca, ahogándose voluntariamente en su profundidad mientras sus uñas se clavaban en sus muslos. Yuu comenzó a mover las caderas, perdiendo el ritmo ante la urgencia del placer.

—Voy a...— intentó advertir, pero Natsumi solo profundizó su boca, aceptando cada gota de su climax con ojos llorosos y determinación.

Minutos después, Yuu se recomponía, alisando su uniforme con manos aún inestables. Natsumi se levantó, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

—No olvides tu promesa, Yagami.

—No lo haré —respondió él, ajustándose el uniforme—. Ensayamos mañana. No llegues tarde.

Tras salir de los vestuarios, John se despidió de sus compañeros y tomó el pasillo principal hacia la salida.

Nada más salir al pasillo, John se cruzó con una chica que salía algo apresurada del vestuario de las chicas.

Unos segundos más tarde, chocó con un guaperas teñido de rubio que también salía del mismo lugar.

—Tranquilo, chaval —lo sujetó John para evitar que cayera.

Al verlo, lo reconoció al instante. Por boca de Ai, John había oído hablar de él, aunque todavía no había tenido el gusto de conocerlo personalmente. Solo sabía que había sido su primer amor y que ahora era él quien quería conquistarla por todos los medios, sabiendo que era novia de Miura.

—Perdona, iba con prisas.

—Ya veo —dijo John, mirando a la chica que se marchaba.

Por la ropa desajustada que llevaba puesta, supo de inmediato cómo se las gastaba el guaperas con las nuevas promesas. Solo fueron unos segundos, pero ya lo había calado por completo.

Yagami lo miró detenidamente.

—Eres John Hole, ¿no? Había escuchado rumores, pero no te conocía en persona.

—Yo también he oído hablar de ti. Y mucho, por cierto.

—Gracias —dijo con indiferencia, consciente de su don—. Yo también he oído hablar de ti, aunque los comentarios no han sido muy buenos —dejó escapar una sonrisa pícara.

—La gente tiende a exagerar mucho; luego suele resultar que no es para tanto —le insinuó John, mirándolo a los ojos.

Yuu captó la indirecta al instante, conocedor de su propio descaro arrogante.

—Dicen que eres bastante bueno en el deporte. Solo espero que le pongas el mismo empeño que cuando montas esas peleas tuyas —soltó sin cortarse—. Miura lleva mucho tiempo siendo el Rey del fútbol. Ya es hora de que alguien lo baje de las nubes. Bueno, tengo que marcharme.

Yuu se alejó corriendo.

El instituto estaba inusualmente tranquilo a esa hora, con solo unos pocos alumnos dispersos que asistían a clases extracurriculares. El silencio era tan profundo que cada paso suyo resonaba en el corredor vacío.

Fue entonces cuando una voz melodiosa, clara y llena de emoción, lo detuvo en seco. Provenía del salón de actos. Curioso, se acercó sigilosamente a la entrada y vislumbró a Ai en el centro del escenario, completamente sola, inmersa en su propio mundo.

Ella no se había percatado de su presencia.

Con los ojos cerrados y las manos extendidas, cantaba una canción que John reconoció al instante: "This is me", un tema clásico de Disney Channel que trascendía fronteras y generaciones.

Aunque la canción apenas comenzaba, la voz de Ai poseía una pureza y una calidez que llenaban el vacío del auditorio.

No era solo técnica; había una vulnerabilidad genuina en su tono, como si cada palabra saliera directamente de su corazón.

I've always been the kind of girlThat hid my faceSo afraid to tell the worldWhat I've got to say

But I have this dreamBright inside of meI'm gonna let it show, it's timeTo let you know, to let you know

This is real, this is meI'm exactly where I'm supposed to be, nowGonna let the light shine on me…

John se apoyó contra una columna cerca de la entrada, cruzando los brazos. No quería interrumpirla. Observó cómo se movía con gracia natural entre los instrumentos esparcidos por el escenario, como si cada objeto fuera parte de su escenografía imaginaria.

Por un momento, John olvidó el caos del día, incluso su propio pasado incierto. Solo existía esa voz, ese instante frágil y perfecto en el que Ai Koishikawa, lejos de ser la hija responsable del hostelero o la novia de Miura, era simplemente una artista soñando en voz alta.

Cuando la última nota se desvaneció en el aire, Ai abrió los ojos y respiró hondo, satisfecha. Fue entonces cuando su mirada se encontró con la de John, que seguía inmóvil en la penumbra. Ella se sobresaltó levemente, llevándose una mano al pecho.

—¡John! ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó, con una mezcla de vergüenza y sorpresa.

Él sonrió, un gesto genuino y raro en él.

—El suficiente —respondió— La verdad es que me iba para casa —comenzó John, acercándose al borde del escenario—, pero una voz me detuvo. Y resultó ser la tuya.

—¿Te estás burlando de mí? —preguntó Ai, con desconfianza, aunque una leve sonrisa asomaba en sus labios.

—Esta vez no —respondió él, con un tono inusualmente sereno—. Hablo en serio. Tienes algo especial.

Ai bajó la mirada, sintiendo cómo el calor le subía por las mejillas. No estaba acostumbrada a recibir elogios de él, y menos aún de forma tan directa.

—Es para el musical —explicó, intentando mantener la compostura—. Requiere mucha técnica vocal y destreza en el baile. Mi profesora es bastante exigente.

John asintió, pero en lugar de responder, se acercó a los instrumentos dispersos por el escenario. Con gesto seguro, tomó una de las guitarras acústicas y se sentó en el borde del escenario, a su lado.

—¿Qué estás haciendo? —protestó Ai—. Deberías dejarla. No quiero que la rompas y que luego me echen la culpa.

—Qué poca confianza tienes —rio John, ajustando las clavijas—. Pero no eres la única con arte en las venas.

—¡No me hagas reír! —replicó Ai, cruzando los brazos—. ¿Tú, interactuando con el arte? Siempre dices que es una ñoñería.

John no respondió. En lugar de eso, sus dedos comenzaron a deslizarse por las cuerdas, primero con torpeza, luego con una fluidez sorprendente.

Los primeros acordes, titubeantes, pronto se convirtieron en una melodía reconocible.

Era la misma canción que Ai acababa de cantar, pero transformada por el sonido cálido y resonante de la guitarra.

Ai contuvo la respiración. No solo la conocía, sino que la ejecutaba con una naturalidad que desmentía por completo su actitud despectiva hacia "lo ñoño". Cada nota, cada traste, parecía encajar perfectamente, como si hubiera practicado esa canción una y otra vez.

—¿Cómo…? —murmuró Ai, sin poder disimular su asombro.

John alzó brevemente la vista, con una sonrisa casi imperceptible.

—Solía tocar en un grupo —explicó, sin dejar de puntear—. Hacíamos rock, pero a veces nos contrataban para versiones más comerciales. Cosas que la gente reconocía y pagaban bien. —Hizo una pausa, marcando un cambio de acorde—Esta canción… la versionaban Demi Lovato y Joe Jonas, ¿verdad?

Ai asintió, sin palabras. Por primera vez, veía a John no como el chico problemático del reformatorio, sino como alguien con capas que nunca había imaginado. Y en ese instante, entre las cuerdas de la guitarra y el eco de su propia voz, algo entre ellos cambió para siempre.

—Vamos, Ai, canta conmigo... —insistió John, con una sonrisa que desafiaba su habitual actitud.

You're the voice I hear inside my headthe reason that I'm singingI need to find you, I gotta find you

Ai estaba realmente abrumada. La voz de John era sorprendentemente clara y afinada, con un tono que capturaba la esencia de Joe Jonas en la canción. Era irónico pensar que esa misma voz, que ahora sonaba tan llena de arte, la había usado antes para lanzar improperios y burlas.

—¿Quieres que cante? —preguntó Ai, aun dudando.

—¿Te da vergüenza? —respondió John, sin dejar de rasguear—. Estás en el club de teatro... si no actúas aquí, ¿dónde lo harás?