Curso Grado 12 Capítulo 6
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Capítulo 6

“Rivalidad”

Yokohama—Japón

Un nuevo día llegó y, como era habitual, Ai saludó a sus padres y tomó el bocadillo que su madre le preparaba.

Poco después, John bajó y ambos emprendieron juntos el camino al instituto.

Esa mañana, el chico rebelde parecía más relajado, incluso risueño.

Sin duda, la conversación íntima de la noche anterior había acortado distancias entre ellos, aunque Ai no tardó en recordar que las impertinencias de John parecían formar parte de su esencia.

Como de costumbre, Kaori y Kasumi las esperaban a medio camino, y entre saludos, continuaron el trayecto. Tras el episodio del día anterior, nadie quería perderse nada, por lo que Karai no tardó en unirse al grupo.

Matsumoto, con su descaro característico, inició la conversación:

—Se te ve muy animado, Hole.

—Lo estaba hasta que has llegado.

—En el fondo sé que me aprecias —insistió ella, sin inmutarse—, lo que pasa es que aún no te has dado cuenta. ¿Cuándo vas a salir conmigo para compensarte lo del primer día?

—Lo siento mucho —respondió John con una sonrisa burlona—, pero tengo novia.

Todas se quedaron en silencio, sorprendidas por la noticia.

—¿En serio? —preguntó Ai, con curiosidad—. ¿La conocemos?

John carcajeó.

—Preguntadle a Kaori. Ayer me nombró su novio de pega. Si quieres concertar una cita, Karai, habla con ella… a ver qué le parece.

Y, como solía hacer, John se despegó del grupo, alzando la mano en un gesto de despedida.

—¡No cotilleéis mucho!

—¿Habéis visto? —dijo Karai, con los ojos brillantes—. Me ha llamado por mi nombre de pila.

—¡No te ilusiones! —replicó Kaori, riendo—. Pronto te dará un buen corte. (Risas)

[Instituto Masaru]

Las clases prosiguieron con normalidad en el grado 12 J.

A segunda hora, los alumnos cambiaron sus uniformes por ropa deportiva. ¡Llegaba la temida clase de gimnasia! Para los menos habituados al ejercicio, era una hora angustiosa, mientras que los miembros de clubes deportivos la afrontaban con naturalidad.

La sesión incluía carrera continua, salto de potro y lanzamiento de peso, actividades que, incluso para los más entrenados, resultaban monótonas. Por eso, el profesor decidió dar un giro y propuso algo más divertido: ¡un partido de balón prisionero!

El juego consistía en dos equipos enfrentados, cada uno en un lado de la pista de tenis, usando la red como división.

El objetivo era golpear con el balón a los jugadores del equipo rival para eliminarlos, enviándolos al "cementerio" detrás del campo contrario.

Solo podrían ser rescatados bajo ciertas reglas, y el equipo que eliminara a todos sus oponentes primero ganaría.

Inicialmente, los equipos se formaron de manera predecible: los más deportistas se agruparon entre sí, mientras que los menos atléticos se vieron obligados a unirse por descarte.

Sin embargo, el profesor, alerta ante esto, decidió mezclar a todos los participantes para hacer el juego más equilibrado y entretenido.

Así, formó dos equipos de diez jugadores cada uno, combinando habilidades y niveles.

La tensión y la emoción se palparon en el aire: el juego prometía ser más interesante de lo esperado.

El destino quiso que el bando Kuro[18] estuviese formado por una mayoría de integrantes de clubes culturales, aunque con notables excepciones: John Hole y Makoto, quienes desde primera hora de la mañana ya formaban parte del incipiente equipo de fútbol Washinosuke (Makoto se había encargado de presentar la solicitud para la plaza no federada).

Por otro lado, Karai también destacaba en este equipo; aunque pertenecía al club de animadoras, sus habilidades gimnásticas y acrobacias la convertían en una rival excepcional.

El bando Shiro[19], en cambio, contaba con el genio del balón Shun Miura y su compañero Nagano, además de Ai, quien, aunque miembro del club de teatro, no estaba tan familiarizada con el deporte.

Los jugadores tomaron sus posiciones en el campo.

El equipo Shiro se veía motivado no solo por contar con figuras deportivas, sino por agrupar a la mayoría de los “populares”. Mientras, el equipo Kuro, a excepción de Karai, estaba formado por aquellos a quienes solían llamar “raritos”.

La pelota cayó del lado de Kuro, y John la sostuvo con determinación.

—Parece que el reparto no te ha ayudado, Karai —comentó con una sonrisa—. ¿Serás capaz de atentar contra los populares?

—El destino ha querido ponerme en este bando —respondió ella, con los ojos brillantes—, y al menos estoy a tu lado… Espero que no me dejes en mal lugar. ¡No soporto perder!

—En ese caso, tendrás que machacar a estos pedantes.—¿A quién llamas pedante, John? —replicó Ai desde el otro lado, con energía—¡Os vamos a machacar!

(El partido dio inicio)

Los alumnos se movían por la pista con agilidad, lanzando la pelota con fuerza para eliminar a sus rivales. Los más lentos o distraídos caían uno a uno, enviados al “cementerio”. La dupla John-Karai resultó letal: sus habilidades se complementaban a la perfección.

En un momento clave, John susurró algo al oído de Karai, trazando una estrategia. Al ejecutarla, John amagó un lanzamiento y pasó el balón entre sus piernas; Karai, ágil como una gimnasta, se elevó sobre sus hombros y, con un movimiento preciso, eliminó a Nagano de un solo golpe.

¡La estrategia había funcionado!

Karai saltó de júbilo y chocó la mano con John, mientras los espectadores estallaban en vítores. Incluso Kaori, desde fuera, coreaba:

—¡Eres una traidora, Karai! Te has vendido al equipo contrario.

Shun, al ver a Nagano caer, apretó la mandíbula.

No toleraba perder. Cuando Karai eliminó a Ai con un lanzamiento contundente, Shun ayudó a su novia a levantarse, pero su mirada ardía de resentimiento.

Sabía que su siguiente movimiento era crucial: con un lanzamiento rápido y potente, abatió a Karai, quien no pudo esquivarlo a pesar de su agilidad.

El tiempo hizo que cayeran jugadores de ambos bandos. El partido quedó reducido a sus líderes: John contra Shun.

La regla era clara: cada uno tendría un turno para lanzar, sin moverse de su posición. Si el balón era atrapado por el rival, el lanzador quedaría eliminado.

Los ánimos se encendieron en ambos bandos. Makoto y Karai animaban a John, mientras los seguidores de Shun coreaban su nombre.

Con el balón en sus manos, John midió la distancia y lanzó con efecto…

El esférico se aproximó veloz, y Miura contrapesó su cuerpo para intentar atraparlo sin perder el equilibrio. Logró sujetarlo entre sus brazos, pero el efecto impreso en el balón lo traicionó: la pelota resbaló entre sus dedos como un jabón.

Por un instante, Shun forcejeó por recuperar el control, pero su tobillo cedió bajo la tensión y cayó al suelo antes de poder asegurarla.

El silencio expectante se rompió en un estallido de gritos.

John alzó el puño con una sonrisa triunfal, mientras Shun golpeaba el cemento de la pista con frustración.

Los miembros del equipo Kuro se agolparon alrededor de John, celebrando su victoria.

En solo unos días, había logrado lo impensable: ganarse el respeto en la pista y desafiar la jerarquía invisible del Masaru.

Karai, eufórica, se desprendió de sus compañeras de grupo y corrió hacia John, abrazándolo con fuerza. Él la levantó en un giro vistoso antes de dejarla suavemente en el suelo. Sus ojos se encontraron, y Karai sintió cómo el mundo a su alrededor se desdibujaba.

—Nos compenetramos bastante bien, ¿no crees? —dijo ella, con una sonrisa pícara.

—Tengo que reconocer que te has portado bien —admitió John—. Y solo por ver la cara de Miura, ha valido la pena.

—Entonces… ¿ya me has perdonado por lo del primer día?

—Hoy has ganado bastantes puntos. Sigue así.

—¿Saldrás conmigo? —insistió Karai, sin perder la oportunidad.

—Recuerda que ahora volvemos a ser de bandos diferentes —respondió John con una sonrisa esquiva—. Te esperan los populares, Karai.

Al otro lado de la pista, Ai, Kaori y Kasumi observaban la escena. Shun y Nagano ya se habían retirado al vestuario, el primero con el rostro nublado por la derrota.

—¡La traidora ha vuelto! —bromeó Kaori al ver acercarse a Karai.

—Mi equipo nunca pierde, ¡perdedoras! —respondió Karai, con aire triunfal.

—Parece que te compenetras bien con Hole, ¿eh? —comentó Kasumi, con curiosidad—. Menudo abrazo le has dado.

—Dadle tiempo —dijo Karai, con confianza—, y estará comiendo de mi mano.

—Cuando menos te lo esperes, te dará un buen corte —advirtió Ai, riendo—

(Vestuarios)

John fue uno de los últimos en llegar. Sin perder tiempo, se dirigió directamente a las duchas, disfrutando del agua caliente que le recorría la espalda después de la intensa actividad.

Cuando por fin salió, relajado y renovado, se dio cuenta de que casi todos sus compañeros ya se habían vestido y marchado.

La clase de matemáticas con la profesora Takumi comenzaría pronto.

Al abrir su bolsa, una sensación de frustración lo invadió: había olvidado su ropa limpia en la mochila de clase.

No podía ponerse la ropa sudada del entrenamiento, recién salido de la ducha.

Con suerte, encontró a un compañero que pasaba por allí y le pidió el favor de que le llevara su ropa al vestuario lo antes posible.

Clase 12 J.

Quedaban pocos minutos para que sonara el timbre, y la mayoría de los alumnos ya ocupaban sus pupitres.

—¿Por qué no vuelves con tu nuevo grupo, Karai? —preguntó Shun con sarcasmo—

—Vaya, veo que tienes mal perder —respondió ella, encogiéndose de hombros—. ¡Era solo un juego! Además, estoy demasiado buena para esos frikis.

—¿Y dónde está tu querido Hole? Como siempre, se retrasa.

En ese momento, el compañero al que John había pedido ayuda apareció en el aula y se acercó directamente a Shun, susurrándole algo al oído. Una sonrisa maliciosa se extendió por el rostro del genio, que estalló en carcajadas. Con un gesto, indicó al chico que tomara asiento.

—¿Qué ocurre? —preguntó Ai, intrigada.