Curso Grado 12 Capítulo 5 #9
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Capítulo 5 #9

—La verdad es que no hice bien en traerte a mi cuarto —dijo, nerviosa—. Y si Shun lo viera, seguro que no lo entendería. Pero realmente no estoy haciendo nada malo. (Intentaba convencerse a sí misma)

—No te castigues —respondió John—. No tienes culpa de que tu novio sea celoso. Aunque, la verdad, sois muy diferentes... Tú eres romántica y apasionada, y tiendes a fantasear como en las películas. Pero Miura es... cómo decirlo, ¡un arrogante!

—Mira quién fue a hablar —replicó Ai, con una sonrisa—. Él piensa lo mismo de ti.

John rio, y por un instante, la habitación se llenó de una complicidad que ninguno de los dos había anticipado.

—Me has pillado —respondió John con una sonrisa ligera—. No te preocupes, si quieres puedo guardarte el secreto de esta reunión.

—Shun no siempre fue así de celoso —confesó Ai, bajando un poco la guardia—Solo es que todo esto se le ha hecho un poco grande…

bueno, incluso a mí. Mi padre a veces no piensa mucho las cosas.

—Tomó aire, como si decidiera abrirse—. Al principio, Shun le tenía envidia a Yuu, mi compañero de teatro.

En primaria, a mí me gustaba Yuu, pero fue en secundaria cuando él me pidió salir.

Con el tiempo, mis sentimientos cambiaron y me decanté por Shun.

—Hizo una pausa breve—. A veces, en las obras hay escenas muy románticas, y Yuu aprovecha para intentar conquistarme.

Por eso a Shun no le gusta verme actuar.

Y con tu llegada, las cosas se han complicado aún más.

—Entiendo —asintió John—. No sabía que eras tan popular…

—Bueno, la verdad es que los dos tenemos muchos admiradores —reconoció Ai—Sobre todo Shun, que como es capitán del equipo de fútbol más importante, atrae a muchas chicas.

Pero… solo estoy hablando de mí. ¿Por qué no me cuentas algo sobre ti?

Y no me digas eso de que eres un tipo misterioso. ¿Cómo es que eres tan inteligente?

—Te cuesta creer que alguien que viene de un reformatorio pueda darte clases de matemáticas, ¿eh? —preguntó John, con un deje de ironía.

—Lo siento, no quise decir eso.

—En realidad, no hay mucho que contar —suspiró John—. No puedo decirte nada porque… no recuerdo nada de antes del 2014.

—¿Cómo? No te entiendo.

—Verás —explicó John, con un tono más serio—, tuve un accidente grave y perdí la memoria. No sé quién soy realmente.

—Pero… ¿y eso que dijiste en clase de que venías del Reino Unido?

—Solo lo dije para salir del paso —admitió—. No quería dar explicaciones. Sé que domino el inglés y es evidente que soy occidental. Tengo cierta certeza de que soy europeo, por eso lo dije.

—Hizo una pausa—. Me dijeron en el hospital que no volvería a caminar, pero alguien pagó mi recuperación. Después, esa persona desapareció sin dejar rastro, y me dejaron tirado en la calle sin un lugar adónde ir.

—¿No sabes quién pagó tus facturas?

—No recuerdo el nombre. Todo fue muy extraño. Una vez en la calle, tuve que empezar de cero… no estoy orgulloso de algunas cosas que hice, pero eso me convirtió en quien soy ahora.

—Es horrible —murmuró Ai—. ¿No pudiste pedir ayuda?

—Cuando estás desamparado, solo te preocupas por sobrevivir. La calle es dura, y no piensas en otra cosa.

—Entonces… ¿podrías tener una familia y un pasado sobresaliente?

—Quién sabe —respondió John, con una sonrisa amarga—. Quizás nunca lo sepamos. Afortunadamente, tu padre me dio esta oportunidad. La verdad, no sé por qué te estoy contando esto. Nunca se lo he contado a nadie, ni siquiera a tu padre. No suelo abrirme así.

—Agradezco que lo hayas hecho —dijo Ai, sonriendo con calidez—. Eso me ha ayudado a conocerte mejor.

Pensativo, John alzó la mirada hacia la ventana y reconoció su balcón al otro lado del tejado.

—¡Qué casualidad! Ese balcón de ahí da a mi habitación.

Ai lo miró también.

—¡Es verdad! Estamos en el mismo piso.

—Tu padre debería tener cuidado —comentó John, con un tono juguetón—. Cualquiera podría colarse en tu habitación saltando por la cornisa. Es bastante fácil.

—¡Solo un pervertido haría eso! —protestó Ai—. Si veo que lo intentas, te daré con la escoba en la cabeza.

—Entonces me lo pensaré —rio John—. Bueno, tengo que irme. Mañana será otro día. Y si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en avisarme. Aunque no lo hagas cuando me esté duchando… ¡Pervertida!

—¡Eres un idiota! —exclamó Ai, recordando su sueño con una mezcla de vergüenza y risa.

Ya se estaba acostumbrando a sus bromas, y eso la tranquilizaba.

John salió de la habitación y se dirigió al salón, donde lo esperaba el resto de la familia Koishikawa.

—¿Habéis estudiado mucho? —preguntó Seiya, con su habitual energía.

—La verdad es que Ai es un poco descuidada —respondió John, recuperando su actitud arrogante—. Sin mi ayuda, seguro que suspenderá.

Desde la distancia, Ai lo escuchó y sonrió.

En el fondo, se alegraba de haberlo conocido un poco mejor.

Ahora entendía que detrás de su actitud áspera había un pasado doloroso y una lucha silenciosa.

Aunque la vida había sido dura con él, en el fondo de su corazón, ella sabía que aún conservaba un rescoldo de ternura.