Curso Grado 12 Capítulo 5 #8
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Capítulo 5 #8

Al golpear suavemente la puerta, Ai se estremeció al otro lado. No esperaba visitas, y menos aún la voz de John. Solo unos minutos antes había tenido un sueño intenso y descarado con él, y ahora estaba ahí, en la puerta.

—¿Qué ocurre? ¿Necesitas algo? —preguntó Ai, abriendo la puerta con cautela.

—Siento lo de antes —dijo John, con un tono más suave de lo habitual—. Sé que es tarde, pero creo que necesitabas ayuda con algo, y por mi salida de tono te asusté.

Ai relajó el gesto. Tenía que recordar que el sueño era solo eso, un sueño. Debía mantenerse en la realidad.

—Sí, solo necesitaba ayuda con un ejercicio. Pasa...

John entró y observó el cuarto: ordenado, con paredes rosa pálido y cortinas rojo intenso. Una cama baja y acolchada, estanterías con peluches que delataban una infancia no tan lejana, y al fondo, un escritorio de cerezo bajo la ventana.

—Aguarda un segundo, hago espacio en el escritorio —dijo Ai, despejando libros y lápices de colores.

John recorrió la habitación con la mirada: estantes llenos de libros, musicales, películas y posters enmarcados.

—Es justo como me lo había imaginado.

—¿Fantaseas con mi habitación? ¡Pervertido! —replicó Ai, aunque con un deje de complicidad.

—Tranquila, no te emociones —sonrió él—. Se te ve muy acalorada. ¿Qué estabas haciendo?

Ai enrojeció al recordar el sueño.

—Nada. ¿A ti qué te importa?

—Te gustan mucho los libros y las series, ¿no? Sobre todo, los doramas[17] y la literatura romántica —comentó John, tomando uno de los libros de la estantería.

—Sí —admitió Ai, observándolo—. Soy una enferma de los musicales y las novelas de amor. Por eso me gusta la interpretación. Me encanta imitar situaciones idílicas y hacerlas realidad.

—Eres un poco cursi —rio John, quitándole romanticismo al comentario.

—¡Qué sabrás tú de eso! Eres el tío más borde que conozco.

John ignoró su reproche y leyó en voz baja la sinopsis del libro que sostenía:

—Una historia de dos enamorados que se verá truncada por la llegada de un apuesto vecino... Tras mucho resistirse, ¿sucumbirá a su esencia provocadora? Un triángulo amoroso, ¿eh?

—¡No sigas leyendo! —Ai le arrebató el libro de las manos—. A las chicas nos gustan estas cosas: el amor, el romance, y los finales idílicos...

—Eso solo pasa en las películas —respondió John con suavidad—. Deberías bajar más a menudo al mundo real.

—Ahora que lo pienso, no sé si ha sido buena idea que vinieras —dijo Ai, nerviosa—Este es un lugar muy personal, y estás cotilleando mis cosas...

—Vamos, Ai —John se rio—. Tus padres están al lado, y hemos venido a estudiar. ¿O acaso tenías pensado otra cosa?

Ai se sonrojó de nuevo. Por un momento, aquellas cuatro paredes parecían el escenario perfecto para una de sus fantasías novelescas, sin mencionar el sueño que aún tenía fresco en la memoria.

—¡Eres un pervertido!

—¿De verdad? —él arqueó una ceja—. Eres tú la que está pensando en ese tipo de cosas. Yo solo he formulado una pregunta.

El rostro de Ai se encendió aún más.

Al ver su reacción, John cambió de tema.

—Te gusta mucho ese libro, ¿no? Parece que le tienes mucho cariño.

—¿Te has dado cuenta? —dijo Ai, su voz suavizándose—. Este libro es mi favorito, Dark Temptation. Es una pena que haya extraviado el segundo volumen.

Bueno... más bien se lo presté a una amiga, pero se mudó de ciudad y no volví a saber de él —explicó, con un deje de tristeza—. Por más que lo he buscado, no lo he encontrado. Ya está descatalogado.

—Una pena —dijo John—. Se ve que lo aprecias mucho.

Tomó asiento y cogió el cuaderno de ejercicios.

—¿Qué opinas? He resuelto los otros, pero este se me resiste.

—Veo que está todo emborronado —rio John.

Ai le golpeó el hombro con un manotazo juguetón.

—¡Vuelve a burlarte y te echo de mi cuarto!

—Vale, vale —cedió él, sonriendo—. Primero me das una bofetada y ahora esto.

Ai bajó la mirada, recordando el incidente en el patio.

—Siento lo del golpe. Estuvo fuera de lugar.

—Tranquila —respondió John—. Fue como si me restregaras una pluma por la cara.

Ai sonrió, aliviada por su manera de quitarle importancia.

—Entonces, la próxima vez te daré más fuerte. (Risas)

Tras observar el ejercicio unos segundos, John encontró el error: una función mal aplicada que había arrastrado al resto del desarrollo.

—¡Es verdad! —exclamó Ai—. ¡Qué tonta! Y eso que lo revisé mil veces...

John le dio un suave toque con el lápiz en la cabeza.

—Eres una descuidada. Y creo que tienes falta de atención.

Ai sonrió plácidamente.

—Puede ser. Últimamente tengo la mente en otra parte.

¿Puedo hacerte una pregunta? —continuó, mirándolo con curiosidad—¿Por qué no eres así durante todo el tiempo? Por un momento pensé que no podrías ser amable... pero me he dado cuenta de que también puedes ser encantador.

—¿Y perder mi reputación en el Masaru? (Risas)

Me estás adulando mucho. ¿Qué pensaría tu novio de esto?

Ai guardó silencio. El sueño, la confianza que estaban compartiendo... Alzó la mirada y notó que la puerta de su habitación se había cerrado; hasta entonces no se había percatado. Ambos estaban cerca, y el rubor regresó a sus mejillas.