Curso Grado 12 Capítulo 5 #6
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Capítulo 5 #6

—Es una buena idea —dijo Makoto, con cautela—, pero debes saber que el Sarunosuke de hoy solo jugó con la mitad de su equipo titular. La otra mitad es mucho más eficiente y tiene buenos jugadores de otras clases.

—¿Te estás acongojando otra vez, Makoto? —le recriminó John—. Es cierto que no tenemos el apoyo de los clubes federados, pero ellos tampoco. Y si logramos ganar, estaremos con la élite. Incluso nos respetarían más, y eso a las chicas les gusta.

—¡Quiero ser popular! —alzó la voz Ito—. Estoy cansado de que nos encasillen como los raritos. Además, ya es hora de que me eche novia... Y a ti, Makoto, podría animarte Asamiya...

Aoyama fantaseó un instante al ver a Kasumi con el traje de animadoras animándole.

—Es cierto —dijo Kujo, más animado—. Llevamos mucho tiempo recluidos en nuestros clubes de siempre. Es hora de soñar un poco.

—Si ganamos, tendríamos un lugar reservado para entrenar —añadió Mori, entusiasmado—. ¡Y Nanahara podría diseñar las camisetas! Él es un genio de las manualidades y la rotulación.

—¡Esa es la actitud! —animó John—. No tenemos nada que perder. Si no lo conseguimos, cada uno vuelve a su club. Yo ya me buscaré alguna ocupación.

Makoto, contagiado por el entusiasmo, alzó la voz con determinación.

—¡Entonces tenemos que buscar un nombre!

—Parece que ahora estás más animado, ¿eh, Makoto? —se burló Minami—. ¿Quizás por ver a Asamiya con su traje de animadoras?

—¡Déjame en paz! (Risas)

—Los animales son históricamente importantes en la cultura japonesa —profundizó Makoto—.

Su poder y destreza han inspirado a grandes hombres y equipos.

Sin duda, el animal rey es el dragón, por eso el equipo de Miura se llama Ryunosuke[11].

También está Taka[12] y Raion[13]... Eso nos deja opciones como Tora[14] o Washi[15].

El tigre es feroz y constante, pero el águila es más veloz.

—Me gusta el águila —dijo John, convencido—. Además, representa libertad y movimiento. No hay mayor virtud que ser libre.

—En ese caso... ¡seremos los Washinosuke[16]!

Todos asintieron, unidos por una nueva esperanza.

—Con Johnny en el equipo... ¡todo es posible! —exclamó Daigo—. ¿Estás seguro de que no quieres ingresar en un equipo federado? Con tu potencial, es una pena malgastarlo en el nuestro.

—La verdad, sería nuestra ruina —admitió Makoto—, pero siendo justos, creo que lo mejor sería que hablaras con el entrenador del Ryunosuke.

—¿De verdad me veis con esos pijos? —se burló John—. ¡Hablemos en serio! Además, soy un tipo de palabra, y me gusta nuestra nueva formación.

—En eso tienes razón... Contigo y Miura en el mismo equipo, saltarían chispas. (Risas)

Una hora después…

Kaori y Kasumi regresaban a casa tras salir del Masaru; la casa de Ayanami estaba muy cerca, apenas a tres intersecciones.

Aún llevaban sus uniformes y maletines, pues no habían pasado por sus hogares desde la mañana.

En una esquina cercana, conversaban cuando un grupo de chicos que deambulaba por la acera les lanzó miradas descaradas.

Ambas sonrieron incómodas ante los comentarios, pero la situación cambió cuando el más decidido se acercó directamente.

Interesado, intentó seducir a Kaori:

—¡Sois del Masaru! ¿Verdad?

—Eres muy observador... aunque el uniforme nos delata —respondió Kaori con ironía.

—Bonitas coletitas, aunque me gusta más otra cosa—dijo, repasándola de arriba abajo—. ¿Tienes novio?

Kaori, molesta, guardó silencio. El chico, al ver su reacción, se dirigió a Kasumi:

—¿Y tú? —preguntó, notando su timidez.

Al ver que la situación se volvía incómoda, Kaori improvisó:

—Las dos tenemos novio, lo siento. Puedes largarte con tus amigos.

—Da igual —insistió él—. ¿Seguro que no quieres probar emociones fuertes conmigo?

—¡No insistas! —replicó Kaori, exasperada—. Está a punto de llegar... ¡Y es bastante celoso!

El chico no cedió, y sus amigos, riendo, se acercaron también. Abrumadas, lo que antes parecía una broma ahora las intimidaba.

Por la acera de enfrente, John regresaba del instituto. Desde el incidente en el patio, no parecía muy animado. Caminaba con las manos en los bolsillos, absorto, cuando Kasumi, más tímida que de costumbre, lo divisó y con un codazo alertó a Kaori. Esta, con ímpetu, no dudó en reclamar su atención:

—¡Cariño! ¡Aquí estoy!

Kasumi miraba incrédula su audacia.

Sorprendido, John observó el reclamo y se acercó, intrigado por los aspavientos.

Al llegar, Kaori se aferró a su brazo con una sonrisa nerviosa.

John, desconcertado, no entendía nada, pero los chicos que molestaban a las chicas sí lo reconocieron al instante: su reputación traspasaba los muros del Masaru.

—¿Os están molestando estos imbéciles? —preguntó John con el ceño fruncido.

—¡Tranquilo! Ya nos íbamos —dijo el chico pesado, retrocediendo y arrastrando a sus amigos.

Kaori se separó de John y rio aliviada. Kasumi hizo lo mismo.

—¿Alguien me va a decir qué está pasando? —preguntó John, aún confundido.

—Menos mal... —suspiró Kaori—. Ya se han ido esos pesados. Por un momento parecía divertido, pero se pasaron.

—¿No os han gustado vuestros admiradores? —bromeó John—. Si queréis, todavía puedo despacharme a gusto con ellos.

—No, no —respondió Kaori rápidamente—. Ya hemos tenido suficiente caos hoy en el Masaru. Deberías relajarte un poco.

—Reconozco que me he pasado —admitió John—. Ese Kimura me calentó.

Preocupada, Kasumi cambió de tema:

—Ai se ha quedado un poco inquieta por lo del bofetón de antes. ¿Te has enfadado?

—No, tranquila. Todo controlado —respondió John con una sonrisa—. Me lo tengo merecido por ser una cabra loca. Aunque su mirada angelical puede llegar a confundir... menudo carácter tiene. (Risas) Por cierto... ¿Ya se ha ido a casa?

—Está con Miura —contestó Kaori—. Han ido a tomar un refresco.

—Entiendo.—¿Has estado con los chicos? —preguntó Kasumi, curiosa.

—Sí. Makoto me estaba poniendo al día sobre los clubes, pues aún no me había apuntado a ninguno.

—¡Qué desastre, Hole! No puedes ser tan dejado... —le recriminó Kaori.

—La verdad es que sí —admitió John—. Pero les he convencido para formar un equipo de fútbol. ¡Al fin saldrán de esos clubes tan frikis! Están muy ilusionados.

—¡Qué gran noticia! —exclamó Kasumi.

—Makoto me ha dicho que eres la mejor animadora del Masaru. Eres la sub-capitana, ¿no?

Kasumi se sonrojó.

—Así es. Si conseguís la plaza, podré animaros. Nosotras somos las animadoras oficiales de los cuatro equipos del Masaru.

—En ese caso, vete preparando —dijo John, alzando el puño con determinación—, ¡porque esa plaza será nuestra!

—Luego, miró a Kaori con complicidad—. Tú también puedes animar.

Después de todo, soy tu novio de pega, ¿no?

(Kaori rio) Bueno... os dejo, chicas. Tengo que trabajar en la pensión. El padre de Ai me estará esperando.

Ambas se despidieron con una sonrisa.

—Estoy sorprendida, Kasumi —comentó Kaori—. Hole puede llegar a ser bastante apuesto.

—Es cierto —asintió Kasumi—. Parece una persona diferente a la de antes. Si mostrase esta actitud siempre, podría ganarse a mucha gente.

—¿Qué haces? —preguntó Kaori, al ver a Kasumi sacar su teléfono.

—Le mando un mensaje a Ai. Se quedó un poco preocupada por lo sucedido en el patio. Lo pongo en el grupo.

Centro ciudad – Pub.

Sobre la mesa de un local, Ai aguardaba distraída, esperando a Shun, quien había ido a la barra por un par de refrescos. De pronto, su teléfono vibró. Con curiosidad, destapó su funda personalizada y vio las notificaciones del grupo de amigas.

(Teléfono)

KASUMI: ¡Qué fuerte! Hemos estado con Hole ahora mismo. Estaba bastante risueño y ha congeniado bastante con nosotras.

KAORI: ¡Es mi nuevo novio! 😊

AI: ¿Cómo? 😖 ¡Explica eso, por favor!

KARAI: (desde su casa) ¡No es posible!

KASUMI: Es broma. Se ha hecho pasar por el novio de Kaori para espantar a unos pesados que nos estaban molestando. ¡Solo se le ha sujetado del brazo!

AI: ¡Sois un caso! Una pena no haber estado…

KARAI: Siempre me lo pierdo todo. No volverá a pasar... 😔 ¡No te acerques a mi hombre!

KAORI: Jajajajaja.

KASUMI: Por cierto... me ha dicho que no está molesto contigo por lo del tortazo.

Pero que eres ¡una gruñona! 😊

AI: Menos mal. Estaba un poco preocupada, pero ¡esta se la devuelvo!

Shun regresó con los refrescos y los colocó sobre la mesa. Al ver a Ai riendo mientras miraba su teléfono, preguntó:

—¿Qué ocurre?

—Las chicas. Están con sus cosas… —respondió Ai, guardando el móvil con una sonrisa.

Pensión Hikari.

La noche envolvía la pensión. En el bar de copas, Seiya atendía a los huéspedes con su habitual calma.

En la vivienda familiar, Ai, ya de vuelta, intentaba concentrarse en sus tareas educativas. La temida álgebra se le resistía, y zarandeaba el lápiz sobre el cuaderno con frustración creciente.

Con un gesto de exasperación, golpeó el lápiz contra la mesa.

—¿Qué te ocurre, hija mía? —Seiya se asomó por la puerta, viéndola ofuscada.

—¡Hola, papá! Hoy has acabado temprano. —Ella suspiró—. Las malditas matemáticas... últimamente se me resisten.

—Si el problema persiste, puedo buscarte un profesor particular —sugirió Seiya—. No sería bueno descuidar la materia.

—Lo sé. ¿Sabías que a John se le dan bastante bien? El otro día resolvió un ejercicio difícil en la pizarra. No sé cómo lo hace...

—¿Le has preguntado dónde aprendió?

—No suelta prenda, ya le conoces... Se hace el interesante.

—Si se le dan tan bien, ¿por qué no le pides que te ayude? —propuso Seiya—. Hace tiempo que terminó en la lavandería. Seguro que no le importa.

—No sé, papá. Me da cosa —dudó Ai—. Hoy hemos tenido algún problemilla en el Masaru, y no sé si estará por la labor.

—¿Ya habéis vuelto a discutir? No tenéis remedio —suspiró Seiya—. Pero si no quieres intentarlo, no puedo hacer nada más por ti.

—Está bien —aceptó Ai, resignada—. Además, le debo una disculpa.

—Primer piso, pasillo de la derecha. Habitación 13.

—Gracias, papá.