Capítulo 5 #5
—¡Esto no es el reformatorio! No puedes generar peleas en cada enfrentamiento. Solo conseguirás que todos te teman —le sermoneó—. Llevas dos días aquí y ya te conocen por tu comportamiento inestable; no quiero estar pendiente cada vez de que metes la pata. ¡Ahora olvídalo todo y termina el partido!
Todos esperaban que John estallara, pero no fue así. Tras ver la reacción de Ai, bajó la cabeza y permaneció en silencio. Pensativo, sin articular palabra, lanzó el balón a Kiyoshi.
—El campo es todo vuestro... disfrutadlo.
—No tienes por qué irte —dijo Ai, suavizando su tono al verlo desanimado—. ¡No es eso lo que quise decir!
—Ya no me apetece jugar —respondió John con sequedad.
Con el rostro serio, abandonó el campo. Ai intentó seguirlo, sintiéndose culpable por el golpe, pero Shun la detuvo.
—¡Déjalo que se vaya! Él mismo se lo ha buscado.
Apenada, Ai observó cómo John se alejaba del patio.
Makoto se acercó al grupo y se disculpó.
—¡Perdonadle! —rogó—. Estaba jugando bien y todos estábamos disfrutando... pero de repente cambió.
—¡Su único problema es que no sabe controlarse! —replicó Shun—. No puedes meter a alguien así en una institución prestigiosa como el Masaru. ¡Vámonos, aquí ya no hay nada que ver!
El grupo siguió a Shun, aunque la tensión aún flotaba en el aire.
Antes de marcharse, Kasumi se acercó a Makoto.
—¡Buen partido! Por un momento, parecíais un equipo de verdad. Deberíais formalizar uno.
—¡Gracias, Asamiya! —respondió Makoto, sonrojado—. Agradezco el cumplido. Estaría bien tener un equipo.
—¡No me llames por mi apellido! —rio Kasumi—. Hay confianza, nos conocemos desde hace mucho.
—¡Lo siento! Es la costumbre.
—Si creáis un equipo, podré animaros —añadió ella—. Después de todo, soy la sub-capitana de animadoras, y debo apoyar a todos los equipos del Masaru.
Una voz llamó a Kasumi desde la distancia; era Nagano, haciéndole señas para que se uniera a ellos. Tengo que irme... —dijo la animadora, despidiéndose con una sonrisa cálida.
Makoto se quedó mirándola alejarse, sin poder creer que le hubiera dedicado ese momento. Aunque se conocían desde la primaria, la distancia entre ellos parecía haberse acortado, aunque fuera brevemente.
Con renovada confianza, se unió al resto del equipo, que aún parecía afectado por el incidente.
—¡Has estado bien, Makoto! —exclamó Nanahara—. ¿Desde cuándo eres tan seguro con las chicas? Asamiya es de las más populares.
—¡Todos hemos estado grandes! —respondió Makoto—. Sobre todo, Daigo. El partido me dio confianza, aunque de ahí a pedirle salir a Kasumi hay un mundo.
—Si no lo haces en este último curso, ya no habrá oportunidad —advirtió Daigo—Has dejado pasar demasiado tiempo. ¡Y Nagano te ha tomado la delantera!
—¡Mira quién fue a hablar! —replicó Makoto—. ¿Desde cuándo tú hablas con chicas?
Mori intervino, intentando calmar los ánimos.
—¡No peleéis! Ya hemos tenido suficiente por hoy. Después de todo, seguimos siendo el equipo de los "frikis".
—Por cierto... ¿adónde vamos? —preguntó Kujo.
—Quiero ver cómo está John —dijo Makoto, con determinación.
—¡Estás loco! —protestó Daigo—. ¿Quieres que nos destroce? Ya viste lo que le hizo a Kimura, ¡incluso se atrevió a desafiar a Miura!
—¡Casi meo los pantalones! —añadió Ito—. Esos ojos daban miedo de verdad.
—¡Qué decís! —exclamó Makoto, enfadado—. Él está con nosotros. ¡Nunca nos haría nada!
(Gradas)
Cercano a las escaleras, Shun y Nagano conversaban animadamente; un peldaño más abajo, Ai permanecía en silencio, sumida en sus pensamientos.
A su lado, Kasumi inició una conversación en voz baja:
—Estás muy callada, Ai. ¿Te ocurre algo?
—¿Crees que me pasé con John? —preguntó Ai, con los dedos entrelazados—Puede que me excediera, pero no vi otra opción. Estaba aterrada.
—Hiciste lo correcto —afirmó Kasumi con seguridad—. Si no lo hubieras detenido, ahora estaría metido en un problema grave. Esos ojos iracundos... nunca los había visto en él.
—La verdad es que el comentario del reformatorio fue heavy —comentó Karai, con una sonrisa pícara—, y el tortazo fue brutal. Le has echado ovarios...
—Eso mismo pensé después —reconoció Ai, con voz apesadumbrada—. Incluso tuve miedo de su reacción.
—No te sientas culpable —la consoló Kasumi—. Sabes que no lo hiciste con maldad. No conozco a nadie más generosa ni que se preocupe más por los demás que tú. —Sonrió con calidez—. Además, Hole nunca te haría nada. Lo vi en sus ojos cuando te miró algo lastimada: se desactivó como un robot.
Kaori también intentó animarla.
—¡Oye, Ai! ¿Qué se siente al ser la única que puede controlarle? ¿No te sientes poderosa?
Ai se sonrojó.
—¿Eso creéis?
—¿Podrías decirle que me haga una chapuzilla? —rio Karai, rozándose sus partes íntimas con descaro—.
—¡Qué zorra eres! —exclamó Kaori, fingiendo escándalo—.
—Parece que te gusta mucho, ¿no? —preguntó Ai, ya más relajada—
—La verdad es que es diferente —admitió Karai, con un tono más serio—. Tiene carisma y defiende lo que cree justo... sin mencionar esos pectorales marcados, esos ojos de ensueño y esa cara esculpida por los dioses.
—¡Cámbiate las bragas, Karai! —bromeó Kaori entre risas—.
Aturdidos por el escándalo, Shun y Nagano volvieron la mirada hacia ellas.
—¿¡Qué pasa por ahí abajo!? —preguntó Shun, con curiosidad—.
—A lo vuestro... cosas de chicas —respondió Karai, riendo sin vergüenza—
Patio.
Makoto observó a John recostado en uno de los bancos, con la mirada perdida en el horizonte. Con determinación, se sentó a su lado; el resto del equipo se mantuvo a una distancia prudente.
—Si has venido a sermonearme, puedes largarte con los demás —dijo John, con un tono desagradable—.
—Veo que sigues enfadado —rio Makoto, nervioso—. Solo quería decirte que ha sido genial patear a esos arrogantes. ¡Por un momento nos hemos sentido poderosos! Incluso los populares nos prestaron atención.
—¿Qué te pasa? Estás muy contento —observó John, con curiosidad—.
—Es que Asamiya nos alabó por el partido —confesó Daigo, tímidamente—.
—¡Kazuo! —se irritó Makoto—.
John alzó los pies y se sentó correctamente. Su semblante se suavizó ligeramente.
—¿Te gusta Kasumi?
—No —mintió Makoto, demasiado rápido.
—Entonces... si le pido salir, no te importará, ¿no? —preguntó John, con una sonrisa burlona—.
El rostro de Makoto se tensó, y sus ojos reflejaron indignación, aunque no se atrevió a replicarle.
—¡Era broma! —carcajeó John—.
—La cara que ha puesto —rio Ito—. (Risas)
Poco a poco, el ambiente se relajó, contagiado por la complicidad del grupo.
—Ya le hemos dicho que, si no espabila, Nagano se la acabará quitando —comentó Kujo, burlándose—. Pero es así de idiota... cinco cursos y sigue sin atreverse.
—Me gustaba más cuando no hablabais y le teníais miedo a John —frunció Makoto el ceño—. ¡Aunque puede que lo convenza para que os atice!
Asustados, todos guardaron silencio tras el comentario.
Pero John rompió la tensión.
—¡Qué va! Te daré a ti por ser tan pringado, Makoto. (Risas)
Aoyama cambió de tercio.
—¿Ya te has inscrito en algún Club?
—¿Club? Primera noticia que tengo.
—¿No te has leído el manual del director?
—La verdad es que se me ha pasado por completo...
—¡Qué desastre, John! Pues debes apuntarte a alguno, es obligatorio para todos los alumnos. Los clubes ayudan a desarrollar creatividad y habilidades, y son como una segunda actividad después de las clases. Nosotros ya estamos en uno.
—Todavía no me he interesado por ninguno, pero un deporte estaría bien... ¿Qué hacéis vosotros?
Cada uno fue nombrando sus respectivos clubes: manualidades, dibujo, juegos de mesa, ajedrez, taller de matemáticas...
John resopló.
—¡Joder! No me extraña que os tilden de raritos... Manualidades, dibujo, juegos de mesa, ajedrez... ¿Acaso no os gusta el deporte? El fútbol está bien.
—La verdad es que nos hemos encaminado por nuestro propio camino —explicó Makoto—.
El deporte aquí está muy demandado y se necesitan recursos para ello.
Solo los clubes federados del Masaru compiten seriamente en el campeonato regional, donde vienen equipos de los institutos más importantes.
Por eso, debido a nuestra... escasa popularidad, nos hemos orientado a otros entretenimientos más acordes a nuestros gustos.
—Entonces, ¿el fútbol no es una opción?
—¡Hay una! —intervino Nanahara con energía—. Pero es bastante remota. En tu caso, no creo que tengas problemas: juegas bastante bien y podrías ingresar en un club federado.
—¿Qué clubes federados hay en el Masaru?
—Tres. Sin duda, el más aclamado es el Ryunosuke —dijo Nanahara—. Ahí están Nagano y, sobre todo, su capitán y genio absoluto: Shun Miura.
—¿Es tan bueno como dicen?
—Es un virtuoso del balompié —confirmó Makoto—.
Además, su padre es uno de los principales inversionistas del equipo.
Gracias a su dinero, el club ha crecido mucho.
El año pasado ganaron el torneo regional, y Miura fue seleccionado para el combinado nacional juvenil.
Al equipo no le falta de nada: entrenador, equipaciones, instalaciones...
El señor Miura también invierte grandes fondos en el Masaru, ya que es uno de los ilustres de la PTA[10].
Gracias a él, el deporte aquí es uno de los pilares más prósperos.
—Resumiendo... que los equipos federados se sustentan con la pasta del papá de Miura —concluyó John, contrariado.
—Por eso nosotros nunca nos hemos planteado crear un equipo serio —admitió Makoto—. La única opción que queda es acceder a la única plaza que ofrece el instituto para un equipo no federado.
—¿Hay una plaza?
—Una sola —bufó Daigo—. En total, solo cuatro equipos representan a cada instituto de Yokohama en el torneo intercolegial. Los más representativos académicamente son los elegidos. El año pasado, el Sarunosuke de Kimura ganó esa plaza.
John se mostró pensativo.
—¡Podríamos presentarnos nosotros! Entrenando un poco, seremos todavía mejores.
—¡Eso sería grande! —exclamó Daigo, emocionado—. Por primera vez, me he sentido partícipe de un equipo.