Curso Grado 12 Capítulo 5 #4
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Capítulo 5 #4

—¡Lo sé! —reconoció él, conteniéndose a regañadientes—. Pero a veces... sí es cierto que esas actuaciones os permiten acercaros más de la cuenta. —Su voz sonaba vulnerable, casi quejumbrosa—. De ti me fío, pero de él...

Yagami, satisfecho por haber logrado su objetivo, se retiró del campo con un aire de triunfo discreto, dejando atrás una tensión que ahora se concentraba entre Shun y Ai, y un partido que estaba a punto de comenzar con mucho más en juego que solo la posesión del campo.

—¡Déjalo estar! —Nagano le quitó importancia, dándole una palmada en la espalda a Shun—. Ahora disfrutemos y veamos al "matón de clase" y a su marioneta hacer el ridículo.

—¡No os burléis! —replicó Kasumi, con el ceño ligeramente fruncido.

Ai se unió de inmediato.

—Eso, es de mala educación burlarse de los demás.

—¿Qué te molesta más —preguntó Karai con malicia, dirigiéndose a Kasumi—, que se burlen de Aoyama o de Hole?

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Nagano, súbitamente interesado.

—Nada —respondió Karai con inocencia fingida—. Es que Kasumi últimamente se preocupa mucho por Aoyama.

—¡Ya estás otra vez, Karai! —exclamó Kasumi, con las mejillas sonrojadas—. ¡Eres muy chismosa!

—¿Te gusta ese friki? —insistió Nagano, mirándola fijamente—¿Es por eso por lo que no quieres salir conmigo?

—No me gusta —negó Kasumi, desviando la mirada—. Lo conozco desde la infancia. Además, ya fui al cine contigo el otro día...

—¿Habéis ido al cine? —preguntó Karai, con los ojos brillantes de curiosidad—. Y luego soy yo la descarada... ¡Seguro que ya le has metido mano!

Algo nervioso, Nagano negó con la cabeza.

—¡No digas groserías, Karai! —replicó Kasumi, cada vez más colorada—. Sólo somos amigos.

—Pues creo que Nagano aspira a algo más —concluyó Karai con una sonrisa pícara.

Sin embargo, pronto el partido captó toda la atención.

(El rostro serio de Shun lo delataba)

El corpulento Daigo, ayudado por la contundencia de Kujo, cortó en seco el avance de la delantera del Sarunosuke.

Rechazaron el balón con un patadón claro.

La pelota cayó en los pies de Nanahara, quien, con decisión, la envió directamente a John.

Sin dejar que tocara el suelo, John la controló con el pecho y, antes de que cayera, ejecutó una pisadita rápida que desequilibró a su marcador.

—¡Es bueno! —admitió Nagano, sorprendido, fijándose ahora en el juego.

Ai asintió.

—Mi padre dice que es bastante habilidoso con la pelota...

—Tu padre es un entusiasta del deporte —restó Shun importancia—. Tiende a exagerar mucho.

Unos metros más atrás, Karai bostezaba.

—Me gustaba más la conversación cuando hablábamos de chismes y cotilleos.

John se incorporó sobre la banda cuando un lateral rival entró con fuerza.

Con elegancia, elevó la pelota saltando por encima de su rival, esquivando la entrada con facilidad.

Shun ya no sonreía; cuando vio a John penetrar en el área contraria y llevarse a los defensas hacia la derecha, nunca imaginó lo que ocurriría después...

John arrastraba a los centrales, rodeado por tres jugadores, pero eso formaba parte de su plan. Justo cuando estaban a punto de cerrarle el paso, ejecutó un taconazo hacia atrás. ¡Ante la mirada atónita de todos!

Makoto avanzó hasta primera línea, recibió el balón y pateó con fuerza hacia la portería.

¡El primer gol subió al marcador!

Con júbilo, Makoto alzó los brazos, incrédulo ante su propio lanzamiento. Agradeció a John con una mirada y celebraron el tanto con un choque de manos.

Kasumi sonrió.

—Parece que se compenetran bien. Nadie diría que es su primer partido juntos.

—La verdad es que desde que conoció a John, está más animado y con más confianza —comentó Ai—. ¿Verdad?

—¿Desde cuándo lo llamas por su nombre de pila? —preguntó Shun, extrañado.

—Bueno... —Ai bajó la voz—. Me lo pidió esta mañana. Según él, hay confianza.

—¡Qué idiota! —refunfuñó Shun—. Él y sus costumbres occidentales.

La jugada no había sido casualidad. Minutos después, John volvió a deshacerse de tres rivales, y esta vez lo tomaron en serio.

Encaró la defensa y, a pesar de estar marcado estrechamente, eligió la opción más arriesgada: al ver al portero adelantado, elevó el balón con precisión, ejecutando una vaselina que burló sus manos.

¡Segundo gol!

Kiyoshi estalló de rabia. Pateó la red con furia y sermoneó a sus compañeros, gesticulando con los brazos en alto.

Colocó el balón en el centro del campo, consciente de que solo un gol los separaba de la humillación.

Habían subestimado a sus rivales, y ahora solo deseaba que la tierra se lo tragara.

La zaga del Sarunosuke adelantó líneas, presionando la portería de Ito.

Pero el portero, concentrado, rechazó un potente disparo de Kiyoshi, quien se golpeó los muslos con frustración.

El rebote cayó en el segundo delantero rival, pero Daigo, con una entrada firme, barrió el balón.

Kujo se deshizo de él rápidamente, y Nanahara lo envió al centro del campo.

Con habilidad, John controló el esférico, avanzó unos metros y, tras intercambiar dos paredes con Makoto, se posicionó fuera del área.

Echó un vistazo a la portería y, antes de que la defensa pudiera reaccionar, golpeó el balón con fuerza.

El esférico describió una trayectoria imparable, bajando en folha seca[9] hasta estrellarse en la red.

¡Tercer gol!

Muy encendido, Kiyoshi colocaba el balón en el centro del campo, decidido a continuar el partido y lavar la derrota con una victoria.

Pero entonces ocurrió algo inesperado (aunque no para John), quien se acercó con determinación y cogió el balón con las manos. El capitán del Sarunosuke se irritó al instante y se abalanzó con un gesto airado hacia el esférico.

Sin embargo, John lo rechazó golpeándole el pecho con la palma de la mano. Kiyoshi, aún más enfurecido, se encaró a él, pero John respondió acercando su frente a la del rival hasta casi tocarla. Sus ojos, ahora fríos y afilados, habían perdido todo rastro de la camaradería ficticia del partido.

—¡Lárgate del campo! —ordenó John con voz alta pero cargada de amenaza—Coge a tus amiguitos y salid... ¡Ahora!

—¡No pienso irme! —replicó Kiyoshi, aunque un temblor en su voz delataba su inseguridad—. ¡El partido no ha acabado!

—¿Acaso no tienes palabra? —preguntó John, con un tono que cortaba el aire—¿O pensabas que el resultado sería diferente? O te marchas ahora, o te... piso la cabeza.

Makoto se acercó rápidamente, intentando mediar entre ambos.

—Chicos, por favor, calmémonos...

Pero los demás jugadores ya habían perdido interés en el partido. Formaban un corro expectante, y los estudiantes en las bandas contenían la respiración, anticipando el estallido de una pelea.

Kiyoshi estaba paralizado. No podía permitir que este nuevo alumno lo humillara frente a todos, pero la mirada de John irradiaba una determinación aterradora. Justo cuando John alzó el puño, alguien intervino.

Ai apareció de repente entre ellos.

—¿Se puede saber qué haces? —lo reprendió, empujando a John con firmeza, aunque sin violencia.

Él la miró fijamente; ella nunca había visto una expresión tan fría en él, y por un instante dudó. Aunque no cedió.

—¿Acaso no puedes estar sin crear problemas? —continuó Ai, con la voz temblorosa pero clara—. Estabais disfrutando como un equipo... ¿y ahora lo paras para esto?

—Acordamos un pacto al mejor de tres —respondió John, sin apartar los ojos de Kiyoshi—. Una promesa es sagrada. Pero este arrogante parece que no tiene palabra, y en realidad pensaba dejarnos en ridículo delante de todos. —Hizo una pausa—. Aunque al final el tiro le ha salido por la culata.

Ai intentó mediar de nuevo.

—¡Intenta ser más tolerante!

—¡Olvídalo, John! —intervino Makoto, colocándose a su lado.

—Esto no va con vosotros —replicó John, apartándolos con la mirada—. Largaos...

Volvió a concentrarse en Kiyoshi, pero entonces Ai tomó su brazo en alza, que aún mantenía tenso, con ambas manos.

—¡Te lo pido por favor! —suplicó, con los ojos llenos de una mezcla de preocupación y súplica.

John observó su mirada. En ella vio el temor y la impotencia que sus actos le causaban.

Algo en su interior cedió. Bajó el brazo lentamente, y por unos segundos, sus manos permanecieron entrelazadas, en un gesto que era a la vez tenso e íntimo.

Se miraron fijamente, como si el mundo a su alrededor se hubiera desvanecido.

Hasta que Shun llegó, enfurecido, y empujó a John con fuerza, separándolo de Ai.

—¡Empiezo a estar cansado de esto! —gritó Shun, con el rostro congestionado—¿Crees que puedes disponer del tiempo de mi novia en cualquier momento?

—¿Tu novia? —preguntó John, con una ceja arqueada.

—¡Así es! Ai Koishikawa es mi novia, y tu presencia aquí me molesta —declaró Shun, plantándose entre ellos—. Desde que llegaste, solo creas problemas y acaparas su atención constantemente. ¡Ahora... lárgate!

Ai nunca lo había visto tan furioso. El silencio en el campo era absoluto.

John cambió de semblante de nuevo y se acercó directamente a la cara de Shun. Sus ojos brillaban con una intensidad que hizo temer a Ai por lo que pudiera ocurrir.

Con voz grave y cargada de advertencia, John le encaró:

—No me toques los huevos, Miura. Debes saber que yo solo respondo ante Ai y su familia —declaró, tan irritado que Shun no se atrevió a responder—. ¡Atrévete a ponerme la mano encima otra vez y te borraré esa arrogancia de un tortazo!

La situación se descontrolaba, y aunque temblorosa, Ai se interpuso entre ellos. Con un empujón firme, apartó a John.

—¡No seas odioso, John! Te estás comportando como un indeseable.

John la miró con frialdad.

—¿Por qué no te marchas? Eres muy pesada.

Humillada, los ojos de Ai se llenaron de lágrimas, pero antes de que pudiera contenerse, le dio un sonoro tortazo en la mejilla. El golpe resonó en el silencio del campo. John, sorprendido, giró el rostro y la vio herida, afectada por su falta de respeto.

Con voz temblorosa pero firme, Ai le recriminó: