Curso Grado 12 Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

—¡Lo siento, Hole! —respondió Daigo, señalando hacia la banda—. Los del Sarunosuke[8] vienen para jugar... y ya están entrando al campo. ¿Los ves?

—¿Acaso tienen reservado el campo para su club? —preguntó John, con los brazos en jarras.

—No —intervino Mori, resignado—. Ellos no están federados, pero siempre escogen esta hora para jugar... y nos echan sin más.

—¡Sois unos pringados! —John arrebató el balón de las manos de Daigo con gesto irritado—. No me extraña que se cachondeen de vosotros.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Makoto, con preocupación—Vienen equipados y son más...

—Dejádmelo a mí —ordenó John, con firmeza—. Colocaos por ahí y no os mováis. Si ven esas caras de acongojados, se echarán a reír.

Con aires de superioridad, los miembros del equipo Sarunosuke se acercaban. A la cabeza, su capitán, un joven alto y con el cabello teñido de rubio platino, lanzaba una mirada desafiante que dejaba claro su mensaje: el campo les pertenecía.

KIYOSHI KIMURA: Edad: 18 años. Cabello encrestado con laterales rasurados. Presuntuoso y divertido. Cursaba el grado 12 A en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru. Pertenecía al Club de Fútbol Sarunosuke (No Federado).

Kimura llegó al centro del campo con paso arrogante, pero se detuvo sorprendido al ver que el grupo de "frikis", como solía llamarlos, no se retiraba como de costumbre.

Solo permanecían quietos, con la mirada baja, pero sin ceder terreno.

Entonces vio avanzar a John, con el rostro tenso y el balón firmemente sujeto entre sus manos.

Aunque era nuevo, Kimura lo reconoció de inmediato: los rumores sobre su enfrentamiento con Riki del club de judo ya circulaban por el instituto.

El semblante de Kimura se volvió serio; intuía que no sería fácil manejar esta situación.

—Ya que eres nuevo, te pondré al corriente —dijo Kiyoshi, con un tono que pretendía ser condescendiente—. ¡Estos perdedores siempre se van cuando llegamos! Si estás con ellos, sal de aquí.

Pero John se plantó frente a él, y sus ojos transmitieron un mensaje más elocuente que cualquier palabra.

—Parece que las cosas van a cambiar a partir de ahora —respondió John, con una calma que resultaba amenazante.

—¡No me hagas perder el tiempo y llévate a estos frikis! —insistió Kimura, estirando el brazo para arrebatarle el balón.

Con un gesto brusco, John golpeó el pecho de Kimura con el esférico, haciéndolo retroceder unos pasos. El rostro de Kiyoshi perdió su arrogancia inicial, y sus compañeros, titubeantes, se acercaron para apoyarlo, aunque sus expresiones delataban la misma inseguridad.

Makoto y sus amigos se aproximaron con cautela.

—¿Queréis pelea? —desafió uno de los miembros del Sarunosuke, intentando sonar convincente.

—¡Vamos, John! Déjalo pasar, no merece la pena... —rogó Makoto—. ¡Qué se queden el campo!

—Haz caso a tu amigo —añadió Kiyoshi, recuperando algo de su actitud—. ¡No nos intimidáis!

Pero John apartó a Makoto con suavidad y se interpuso de nuevo.

—No pienso ceder ante estos mamones —declaró, con los ojos encendidos—. Y si no salís en cinco segundos, os patearé la cara a los ocho.

Kiyoshi tragó saliva. Sus compañeros, lejos de cerrar filas, parecían tan acongojados como él.

La estrategia de intimidarles había fracasado por completo: John no solo no se amedrentaba, sino que estaba claramente dispuesto a llevar las cosas hasta el final.

Realmente estaba acostumbrado a la gresca.

(Gradas)

La clase 12J seguía conversando animadamente —todos excepto Nagano, que pertenecía a otra clase—, cuando de repente un revuelo llamó su atención.

Varios chicos de gradas cercanas bajaban rápidamente hacia el campo, formando un murmullo creciente.

—¿Qué ocurre? Han salido disparados hacia las pistas —comentó Kaori, inclinándose hacia delante con curiosidad.

—Esto solo pasa por una razón, y creo que sé cuál es —dijo Nagano, poniéndose de pie—. ¡Mirad, se están concentrando alrededor del campo!

—Tengo curiosidad por saber qué está pasando... se están formando corros —agregó Karai, impaciente por unirse al espectáculo.

—¡Dejadlo estar! —restó importancia Shun, con gesto de fastidio—. Esta gente le da importancia a cualquier tontería que ocurre en el patio.

De pronto, Yuu se acercó al grupo con una sonrisa intrigada.

—¡Koishikawa! ¿Ese Hole no está en tu clase? Ese que dice vivir contigo.

—No vive conmigo —aclaró Ai, sintiendo la mirada punzante de Shun—. Reside en la pensión de mi padre. ¿Por qué lo preguntas?

Yuu sonrió, disfrutando del momento.

—Al parecer, está haciendo amigos en el campo. Hay que reconocer que le echa huevos.

—¿Qué ha hecho ahora? —preguntó Ai, con un presentimiento.

—Al parecer, estaba jugando con Aoyama y sus amigos frikis —explicó Yuu—. Y entonces llegó Kiyoshi con su equipo y, como siempre, los quisieron echar. Pero Hole se puso gallito y los tiene a todos amedrentados. ¡La disputa es inminente! Yo no me lo perdería...

Ai se levantó de inmediato.

—¿Dónde vas? —preguntó Shun, con el ceño fruncido.

—Tengo que evitar que se meta en otro lío.

—¿Por qué siempre tienes que salvarle el culo? —replicó Shun, con voz cargada de frustración—. ¡No es tu problema!

—¡Entiéndelo, por favor! —suplicó Ai—. Le prometí a mi padre que lo vigilaría.

—Estoy cansado de esto —bufó Shun, mirándola fijamente—. No sé cómo lo hace, pero siempre dispone de tu tiempo.

Campo de Juego.

Los alumnos se agolpaban en la banda. Si algo gustaba en el Masaru era un buen chisme, y lo segundo, ¡una buena disputa!

La situación se complicaba por momentos, especialmente porque John parecía estar al borde de estallar. Sin embargo, Makoto, con ingenio, propuso una alternativa:

—¿Por qué no jugamos? Está claro que los dos equipos queremos jugar. Y la disputa no llevará a nada.

Kiyoshi rio con sarcasmo.

—¿Jugar con vosotros? Pero si sois unos tuercebotas...

—¿Prefieres que nos peguemos? —insistió Makoto, dirigiéndose ahora a John—¿Te parece buena idea? Vamos, no nos obligues a pelear...

—Nadie ha dicho que vayáis a pelear vosotros —respondió John, con una mirada que heló la sangre a más de uno.

Los miembros del Sarunosuke se miraron entre sí, claramente acongojados.

Pero justo cuando todo parecía decidido, John cambió de idea, relajando su rostro.

—¡Juguemos! No me apetece perder el tiempo con esta gente. ¡Al mejor de tres! Y el que gane, podrá disponer del campo cuando quiera.

Makoto respiró aliviado, y el resto de su equipo recuperó la sonrisa.

—¡Como queráis! —carcajeó Kiyoshi—. Pero cuando os barramos, no vengáis con vuestra chulería... —añadió, mirando fijamente a John.

John lo ignoró por completo y se dirigió al campo junto a sus compañeros. Ellos estaban nerviosos; no querían quedar en evidencia frente a John, y menos aún enfadarlo.

Desde el primer momento, John actuó como un capitán nato. Dirigió al equipo con firmeza, comunicando las directrices con claridad:

—¡Ito! Te quiero en la portería. Eres alto y ágil. ¡Daigo, central!

—¡A sus órdenes, capitán!

—Eres algo lento, pero serás una roca en defensa. Junto con Kujo, no dejéis pasar a nadie. ¡Entendido! —gritó John—. Hay una norma: o pasa el balón, o el futbolista. ¡Los dos, nunca!

—¡Entendido! —respondieron ambos, contagiados por su seguridad.

—¡Entrad duro y al tobillo! Sed contundentes... eso os hará ganaros el respeto.

—¿Y si se molestan por nuestra dureza y la emprenden con nosotros? —preguntó Daigo, temeroso.

—¡Entrad y punto! No os preocupéis, yo estaré ahí por si algo pasa.

Sus palabras transmitieron una confianza que el equipo nunca había sentido.

—¡Minami y Mori, a los laterales! Buscad a los medios en todo momento. Si os veis en problemas, sacad la pelota al área contraria. —John continuó—. Nanahara y Makoto, os quiero en las puntas. Yo me quedo de mediocentro para equilibrar y crear juego.

(Todos escucharon atentamente. Por primera vez, se sintieron un verdadero equipo)

Poco después, Ai y sus amigos llegaron a la banda, sumándose a los espectadores. Los alumnos no se habían dispersado; si una disputa les gustaba y un desafío les emocionaba, un partido con tanto en juego era un espectáculo que nadie quería perderse.

—¿Qué ha ocurrido? ¿No estaban a punto de pelearse? —preguntó Ai, impaciente.

Yuu, que estaba cerca, respondió con aire de conocedor:

—Al parecer, Aoyama los convenció para que desistieran. Aunque Hole parecía dispuesto a zanjar el asunto a golpes. ¡Y al final se les ocurrió jugar un partido para resolverlo!

Kaori se unió a la conversación.

—Muy típico de Aoyama, siempre evitando conflictos.

—Es un alivio —susurró Ai, más tranquila.

—Al final, me va a parecer buena idea haber venido —rio Shun con sarcasmo—Vamos a asistir al ridículo de John Hole y sus frikis.

—¡Qué tal, Miura! —lo saludó Yuu con una sonrisa amplia—. No te había visto llegar... Hace tiempo que no vienes al Club de Teatro. Deberías pasar más a menudo, Ai está haciendo muchos progresos.

Shun se mordió la lengua, pues el atrevimiento del "genio del teatro" no le gustaba lo más mínimo. Sabía que Yuu anhelaba pasar todo el tiempo posible a solas con Ai, intentando reconquistarla, tal como ella había mostrado interés por él en el pasado.

—¡Este no es tu lugar, Yagami! —replicó Shun con desdén—. Deberías estar afinando la voz o memorizando pasos de baile. —Se burlaba de sus habilidades de manera indirecta.

—¿Insinúas que soy poco hombre? —preguntó Yuu, manteniendo la sonrisa, pero con un brillo desafiante en la mirada.

—Eso lo has dicho tú.

—Pues cuando me toque meter la lengua a tu novia en una próxima actuación —respondió Yuu, con una risa suave pero cargada de intención—, te enviaré una entrada en primera fila. ¡Así lo verás mejor!

Shun se irguió de inmediato, con los puños apretados y el rostro encendido. Ai, alerta, lo tomó del brazo con firmeza.

—¡Tranquilo, Shun! No le hagas caso —le susurró, intentando calmarle—. Solo lo hace para provocarte.