Curso Grado 12 Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Justo cuando la profesora Takumi comenzaba a organizar sus libros en el escritorio, John apareció en la puerta.

El timbre aún no había sonado. Con las manos en los bolsillos, avanzó con calma por el pasillo central hacia su asiento.

Un silencio incómodo se apoderó del aula.

Las miradas de las chicas lo seguían sin disimulo, y los murmullos no tardaron en estallar.

Hasta Shun parecía desconcertado, sin comprender quién era ese joven de aspecto pulcro y seguro.

Sorprendida, la profesora Takumi lo detuvo con un gesto. Estaba claro que no lo había reconocido.

John resopló, pero sin perder la compostura, se dirigió al centro de la clase, frente a la pizarra. Ya conocía el protocolo. Con una energía que contrastaba marcadamente con la del día anterior, comenzó a hablar:

—Ya que veo que existe cierta confusión, volveré a presentarme —dijo, con un tono que rayaba en lo descarado—. No me apetece tener que hacerlo cada dos por tres.

Mi nombre es John Hole, y soy ese maleante, andrajoso y delincuente con el que os metíais ayer —declaró sin inmutarse—. A los que consigáis ser mis amigos, podéis llamarme Johnny; a los que no, simplemente John, o mejor aún... podéis no llamarme directamente.

Ai negaba con la cabeza, conteniendo una mezcla de vergüenza y exasperación. Sin duda, ese discurso quedaría grabado en la memoria de todos. Tras su intervención, la profesora Takumi, aunque visiblemente irritada, le permitió ocupar su asiento.

Al pasar frente a Shun, John lo miró fijo, desafiante. Shun no parecía nada contento, con el ceño fruncido y los labios apretados. Desde atrás, Ai podía sentir la tensión palpable entre ambos.

Las clases transcurrieron con normalidad.

Sin embargo, para muchos alumnos, la jornada no terminaba ahí.

La mayoría participaba en alguna actividad extracurricular, enriqueciendo sus habilidades y bienestar mental a través de los distintos clubes del instituto.

Desde deportes como el fútbol, judo o voleibol, hasta disciplinas culturales como el teatro, la ceremonia del té o el club de arte, el Instituto Masaru fomentaba el desarrollo integral de sus estudiantes.

Y, aunque John aún no formaba parte de ninguno, era solo cuestión de tiempo antes de que su presencia comenzara a dejarse notar también en ese ámbito.

Patio.

Era la primera vez que John deambulaba por los magníficos patios del Masaru.

Gran cantidad de pistas de tenis alojaban a alumnos practicando con intensidad, mientras en las pistas de atletismo, corredores trotaban sobre el asfalto de goma.

Pero lo que realmente capturó su atención fueron los inmensos campos de fútbol, con su césped verde y perfectamente cuidado, un mundo aparte del barro y la arena a los que estaba acostumbrado.

Se notaba que el instituto invertía fuertemente en sus instalaciones.

Las gradas junto a las pistas estaban llenas de estudiantes charlando o simplemente disfrutando del tiempo libre, formando pequeños grupos aquí y allá.

John se acercó al campo de césped. Unos chicos estaban pateando un balón que rodaba con fluidez sobre la hierba húmeda. Entre ellos, reconoció a Makoto, quien, al verlo acercarse, detuvo el juego de inmediato.

Aoyama se acercó a la banda.

—¿Qué pasa, John?

John clavó la mirada en el balón y respondió con determinación:

—¡Quiero jugar ahora!

Uno de los compañeros de Makoto, algo nervioso, tomó el balón con las manos y se lo lanzó.

—No te preocupes, solo estábamos de paso. El campo es todo tuyo —comentó, con voz tímida.

Todos comenzaron a salir del campo cuando John, molesto, los increpó.

—¿Dónde vais? ¿Acaso me tenéis miedo?

—Tranquilo, John —rio Makoto, intentando calmar la situación—. Pensábamos que te habías unido a algún club. Pero si quieres jugar de verdad, te aconsejo que esperes a los federados.

—Solo quiero relajarme un poco. ¡Vamos, todos al campo!

—Como quieras... —aceptó Makoto—. Y perdona a mis amigos, no suelen ser así de tímidos… es más, normalmente son unos pesados. Pero te tienen un poco de respeto, después de lo de Sasaki, ya sabes…

Ninguno de ellos se movía. Miraron al suelo, incómodos.

—¡Sois muy raros! Si no os movéis... os atizaré...

Todos se sobrecogieron, sin saber si era una broma o una amenaza.

—¡No le hagáis caso! Es un bromista... —intervino Makoto, sonriendo con nerviosismo—. ¡Te los presentaré!

KAZUO DAIGO: Edad: 18 años. Cabello estilo "cacerola". Lento y gordito. Cursaba el grado 12 B. Pertenecía al Club de Go.

KAITO ITO: Edad: 18 años. Cabello alborotado. Esbelto y larguirucho. Cursaba el grado 12 C. Pertenecía al Club de Juegos de Mesa.

SHIN KUJO: Edad: 18 años. Cabello desoxigenado, con tonos rubio claro. Dicharachero y nervioso. Cursaba el grado 12 D. Pertenecía al Club de Taller de Matemáticas.

HAYATO MORI: Edad: 18 años. Cabello oscuro, flequillo que le tapaba media cara. Introvertido y friki. Cursaba el grado 12 E. Pertenecía al Club de Dibujo.

YAMATO NANAHARA: Edad: 18 años. Cabello anaranjado. Habilidoso y charlatán. Cursaba el grado 12 C. Pertenecía al Club de Manualidades.

TAIGA MINAMI: Edad: 18 años. Cabello rapado. Elocuente y discreto. Cursaba el grado 12 B. Pertenecía al Club de Ajedrez.

—Como ya te habrás dado cuenta —dijo Nanahara con una sonrisa—, no formamos parte de los más populares... Esos están en las gradas, con sus temas guais.

—No hay que ser muy listo para darse cuenta... —ironizó John.

Entonces, observó hacia las gradas. Efectivamente, allí estaban los grupos selectos, ocupando los escalones como si fueran tronos, riendo y conversando con una seguridad que parecía tallada en mármol.

(Gradas)

A media altura del graderío, un distinguido grupo conversaba con ánimo. Shun Miura y Nagano ocupaban uno de los escalones centrales, mientras Kaori y Kasumi se situaban un poco más abajo. En el escalón superior, como reinando sobre todos, estaba Karai, con su actitud desafiante y su sonrisa pícara.

—¿Qué tal te ha parecido el nuevo, Miura? —preguntó Karai, clavando sus ojos en Shun.

—¡No me hables de ese! —replicó Shun, con el ceño fruncido—. Bastante disgusto he tenido con la noticia. ¡Encima se ha atrevido a replicarme!

Sin embargo, Shun no podía dejar de observar a Ai, quien, unos pasos más adelante, conversaba animadamente con otro chico de porte elegante y atractivo innegable.

Era Yuu Yagami, miembro del Club de Teatro, al que Ai también pertenecía.

Su cabello rubio y su estilo refinado hacían que todas las chicas volvieran la cabeza; sin duda, no le faltaban admiradoras.

YUU YAGAMI: Edad: 18 años. Cabello rubio estilizado y porte elegante.

Seductor y talentoso. Cursaba el grado 12 D en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru.

Pertenecía al Club de Teatro. Era considerado un genio de la interpretación y cantaba como los dioses.

Su destreza lo había llevado a rodar algún anuncio y participar en prestigiosos concursos de baile.

—Habla mucho con Ai, ¿no? —rio Karai, disfrutando del rostro contrariado de Shun—. A pesar de saber que te eligió a ti, ese Yagami no pierde el tiempo, eh... Después de todo, tienen mucho trato en el Club de Teatro.

—¡No me piques, Matsumoto! —replicó Shun, molesto—. Sabes de sobra que este tema me incomoda bastante...

—¡No te lo tomes a mal! Ai nunca te traicionaría... a pesar de lo bueno que está Yagami. (Risas)

En ese momento, Ai regresó al grupo.

—¡Buenas tardes, chicos! ¿Qué hacéis?

—Aquí disfrutando del tiempo libre... —respondió Kasumi con calma—. ¿Hoy no tienes Teatro?

—Hoy no —explicó Ai—. Por eso estaba concretando la obra que tenemos entre manos. Yuu está al tanto de todo.

—¡Se os ve muy compenetrados! —volvió a insinuar Karai, con una sonrisa traviesa.

—No seas mala... —replicó Ai, lanzando una mirada comprensiva a Shun—. Shun sabe que lo nuestro es solo profesional. Pero... ¡qué tonta! Si solo lo haces para picarle...

—¡Estáis muy graciosas hoy! —intervino Nagano, riendo.

Karai, sin perder el hilo, continuó:

—Estábamos hablando de Hole. Y a juzgar por el corte que le ha dado antes a Miura en clase... ¡ya no lo aguanta! Creo que le cae peor que Yagami.

—Ese Hole, por mucho cambio de look que se haya hecho, no deja de ser un idiota y un maleante —señaló Shun con desdén—. Con un poco de suerte, le echarán del instituto en pocas semanas.

—¿No lo habéis visto? —preguntó Ai, mirando a su alrededor—Hace tiempo que no lo veo, y no sé si se habrá marchado a casa.

—A ver si hace amigos pronto y deja a mi chica tranquila... —exclamó Shun, con evidente incomodidad—. ¡Me molesta mucho todo esto!

—Pues a mí me pone cachonda —confesó Karai, con una sonrisa pícara—. ¿Qué te parecería que me lo ligase y lo integrase en el grupo?

—¡Cómo se te ocurra traerle, te echamos a patadas! —respondió Shun, tajante.

—Después de lo que le dijiste anteriormente, lo tienes muy complicado —se burló Kaori, riendo—.

Campo de Juego.

John tomó la pelota en el centro del campo y alzó la mirada hacia la portería contraria.

Inhaló aire profundamente y echó a correr.

Esquivó con agilidad a uno, luego a otro, realizó una finta[7] a la derecha y con un rápido taconazo dejó atrás al último defensor.

Encaró el arco y, con un zurdazo preciso, estrelló el balón en el ángulo superior.

Sus compañeros quedaron atónitos, sin poder ocultar su asombro ante tal demostración de técnica.

—¡Qué pasada, John! —exclamó Makoto, con admiración—. No sabía que eras tan bueno... Nos has sorteado a todos como si nada.

—Deberías dejar de perder el tiempo con nosotros y apuntarte con los federados —sugirió Nanahara, convencido—. ¡Seguro que te hacen un hueco!

—¡Paso de esos pijos! —replicó John, secándose el sudor de la frente—. Solo juego para disfrutar y evadirme de todo.

—En ese caso, sigamos jugando... —propuso Makoto, con una sonrisa.

Sin embargo, en mitad de una nueva jugada, Daigo agarró el balón con las manos y se dirigió al centro del campo con expresión preocupada.

—¿Qué haces? —preguntó John, con un tono que delataba su fastidio.