Curso Grado 12 Capítulo 4 #5
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Capítulo 4 #5

—Mirar por la ventana y no prestar atención también es una falta de respeto —objetó Takumi con dureza—.

Estas clases traen de cabeza a muchos de mis alumnos, y tú no eres una excepción.

¡Deberías atender, ya que te has incorporado un trimestre más tarde!

¡El curso ya ha empezado! —sermoneó con voz cortante.

—¡Sólo miraba por la ventana! No es para tanto...

—¿Acaso te aburrías? ¿O es que... eres demasiado listo y ya sabes la solución? —insistió la profesora, con un deje de sarcasmo.

John se indignó. Y por ello se levantó de la silla.

—¿Dónde vas, Hole? —advirtió la profesora—. ¿Te enfadas por mi réplica e intentas abandonar el aula?

—No —respondió John con calma—. Pensaba que querría que resolviese el enigma... pero si no, me vuelvo a sentar y sigo con lo mío.

—¿Te burlas? —La profesora lo miró fijamente—. La tiza te espera —lo desafió, señalando la pizarra.

John no se lo pensó dos veces. Con las manos en los bolsillos, caminó con determinación hacia la pizarra.

Por el camino, Ai le susurró con urgencia:

—¿Dónde vas? No te hagas el valiente y vuelve a tu asiento... solo conseguirás hacer el ridículo.

—¡Déjalo! —intervino Shun con una sonrisa burlona—. Esto promete...

Desde unos asientos más atrás, Karai hacía gestos con las manos; su mirada era risueña y no podía disimular que la situación empezaba a divertirla.

John llegó a la pizarra y tomó la tiza que la profesora le ofrecía. Observó la compleja matriz impresa en la superficie verde, y por un momento permaneció inmóvil, lo que aumentó los murmullos y risas entre sus compañeros.

—¡Entiendes el idioma, lumbreras! —gritó uno de los alumnos, desatando nuevas carcajadas.

Impaciente, la profesora se acercó con intención de retirarle la tiza, pero en ese instante John comenzó a escribir con velocidad sorprendente.

Sus dedos apenas parecían titubear; deslizaba la tiza de forma constante y ordenada, combinando números, signos y funciones con una precisión que dejaba a todos en silencio. Finalmente, rodeó el resultado con un círculo firme.

Takumi se acercó, revisó cada paso y comprobó que la solución era correcta. Su expresión de escepticismo se transformó en incredulidad.

Confiado, John emprendió el regreso a su asiento. Ahora caminaba con la cabeza alta, dejando atrás cualquier rastro de timidez. Al pasar frente a Shun, se detuvo, recordando su burla anterior. Ai contuvo el aliento, intuyendo que su lado más desafiante estaba a punto de estallar.

—¿Qué miras, Hole? —preguntó Shun con incomodidad.

—Perdona... ¿tu nombre era? —preguntó John con fingida inocencia.

—No te hagas el interesante. ¡Sabes de sobra mi nombre!

—Ah... sí. Eres el genio, ¿no? —dijo John, cargando la palabra de ironía.

—Así es —respondió Shun, irguiéndose con arrogancia.

—Bueno... a juzgar por los borrones de tu cuaderno, yo diría que muy genio no eres...

—John señaló el cuaderno abierto de Shun—.

No has sabido ni siquiera empezar la matriz.

Y aún es más vergonzoso que tenga que venir uno del reformatorio para resolverla...

Visto que el nivel de la clase deja algo que desear, me puedo permitir estar observando por la ventana un ratito más...

Shun se mordió el labio, conteniendo la rabia que hervía en su interior. El comentario lo había dejado sin respuesta.

—¡Tengamos paz! —intervino la profesora, intentando calmar los ánimos—.

Parece que nos has dado una lección, ya que nadie esperaba semejante resultado.

Eso demuestra que no importa de dónde vengamos; podemos tener un talento oculto.

¡A ti está claro que se te dan bien las matemáticas!

—elogió, antes de añadir con curiosidad— Pero...

procediendo de un lugar humilde como vienes... ¿quién te ha enseñado?

—Soy un tipo con muchos secretos —respondió John, adoptando un tono intrigante—. Si los contara ahora, destaparía todo el misterio. ¡Ya me iréis conociendo poco a poco!

La profesora no pudo evitar esbozar una leve sonrisa ante su respuesta.

John regresó a su pupitre, y aunque poco después volvió a distraerse mirando por la ventana, ahora lo hacía con una actitud diferente.

Ai lo observaba desde su asiento, impresionada por lo que acababa de presenciar.

Nunca esperó que demostrara semejante habilidad, y lo más importante: había conseguido dar la vuelta a la situación y hacerse respetar.

A pesar de su pasado humilde y lleno de obstáculos, estaba claro que John seguía siendo un desconocido, pero ese día, con un gesto inesperado, se había ganado parte del respeto de quienes lo rodeaban.

(El timbre sonó, dando por finalizada la clase)

Animados, los alumnos tomaron sus maletines y abandonaron el aula entre charlas y risas.

Kaori y Kasumi se acercaron de inmediato a Ai, ansiosas por conocer más detalles después de la revelación. Sin embargo, su entusiasmo se vio interrumpido por la llegada de Shun, quien se plantó frente a ellas con gesto severo.

Ai aguardó en su pupitre, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba de ella.

—¿Cómo que ese está viviendo contigo? ¡No me habías dicho nada!

—No vive exactamente en mi casa —aclaró Ai, riendo con nerviosismo—. Estaba esperando el momento adecuado para decirlo... pero Hole se ha adelantado.

—¡No lo menciones como si lo conocieras de toda la vida! —replicó Shun—. Apenas sabes nada de él. ¡Solo es un delincuente!

—Venga, no lo llames así... —protestó Ai—. Solo necesita un poco de ayuda, por eso mi padre se ha hecho cargo de él.

—Recapacita, Ai... ¡Ha salido de un reformatorio! ¿Qué esperas que pensemos? Y no me hace ninguna gracia verte con él, podría ser peligroso.

Karai se inmiscuyó en la conversación, como era habitual.

—¡Pues eso va a ser difícil! Están condenados a verse en casa, y hoy mismo han venido juntos por el camino.

—¡Gracias por la ayuda, Karai! —dijo Ai con sarcasmo.

—¿También habéis venido juntos? —preguntó Shun, con un deje de celos en la voz.

—Mi padre quiere que le acompañe hasta que se adapte. ¿Qué quieres que haga? Esto también es algo nuevo para mí. ¡No lo esperaba!

—Sé del buen corazón de tu padre, pero esto ya es irresponsable.

—No deberías ponerte así, Miura... —intervino Karai, esta vez en defensa de Ai—. Solo es un cualquiera comparado contigo. Si fuese Yagami, lo entendería; ese sí que es un adulador con clase.

—¡No me hables de ese! —replicó Shun, irritado—. Bastante tengo con aguantarlo en el Club de Teatro, intentando engatusar a mi novia.

—Aunque hay que reconocer que el nuevo te ha pegado un buen planchazo —rio Karai—. ¡Menudo ingenio!

—¿¡Por qué no te pierdes, Matsumoto!? Eres un poco molesta.

—Vale, vale, ya me voy... —dijo Karai, alejándose con una sonrisa burlona—. ¡Menudo genio!.

Karai se desentendió del conflicto. Por otro lado, Kasumi y Kaori la siguieron, prefiriendo no entrometerse en la discusión.

A un lado del aula, Makoto conversaba animadamente con John, siendo el único que parecía prestarle atención genuina, a pesar de su usual timidez.

—Aoyama parece más animado... si no lo viera, no lo creería. ¡Qué manera de conversar! —exclamó Kaori, observándolos desde la distancia.

—Si mostrase el mismo interés por las chicas, todo sería diferente... ¿Verdad, Kasumi? —le punzó Karai con el codo, lanzando una mirada picarona.

Kasumi se enrojeció al instante.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¡Ya sabes lo que quiero decir! —Karai soltó una risa baja—. Es un secreto a voces que Aoyama está coladito por ti... si pudiera, te comería enterita.

—Él nunca ha dicho nada, así que no inventes... —replicó Kasumi, aún con las mejillas sonrosadas.

—La pregunta es... ¿qué sientes tú? ¿O prefieres a Nagano? —insistió Karai, sin dar tregua—. Últimamente no se separa de ti.

—Makoto solo es un amigo de la infancia, y Nagano sale en nuestro grupo —respondió Kasumi, evasiva.

—Pues... ¿por qué no te decides por alguno? —Karai bajó la voz a un susurro provocador—. El que la tenga más grande y sepa moverla mejor.

—¡Déjame! ¡Eres una chismosa y una descarada! —Kasumi se alejó con pasos rápidos, visiblemente turbada.

—¡Te has pasado, Karai! —reprendió Kaori—. Ella es muy reservada con su vida privada, no es tan atrevida como tú.

—¡Cómo estáis todos hoy! No se puede hablar de nada —se quejó Karai, encogiéndose de hombros—. Lo único interesante ha sido la llegada del nuevo, aunque es una pena que sea tan pordiosero.

Mientras, John se marchaba del aula junto a Makoto. Ai los observaba mientras aguantaba mecánicamente la charla de Shun, hasta que un gesto de este la desconcentró por completo: él tomó sus manos con suavidad y la miró fijamente.

—¿Qué harás esta tarde? Yo tengo entrenamiento en el Club a partir de las 16:00 —preguntó Shun.

—Supongo que estudiaré —respondió Ai, recuperando poco a poco la compostura—. Llevo las matemáticas un tanto descuidadas...

—En ese caso, te veré mañana.

Shun se acercó y la besó en los labios.

Patio.