Capítulo 4 #3
Decidido a acabar con el desafío, Sasaki se abalanzó sobre John, alzando sus poderosos brazos.
Con un puñetazo desmedido, pretendió partirle el carrillo, pero John, con un movimiento rápido y preciso, lo esquivó y lo empujó con fuerza contra una taquilla metálica.
El impacto resonó en el pasillo, y el judoca, sorprendido y dolorido, se lastimó con el metal.
Estupefactos, los amigos de Sasaki no salían de su asombro. Riki, ahora furioso y humillado, se levantó con dificultad mientras la noticia comenzaba a propagarse como un reguero de pólvora por los pasillos del Masaru.
Clase 12 J.
Ai se encontraba con sus compañeros en la puerta de clase cuando el barullo comenzó a extenderse por el pasillo. Los rumores, como siempre, volaban más rápido que la propia verdad.
Karai, con su oído siempre atento a los chismes, captó fragmentos de una conversación cercana.
—¿Qué ocurre, Karai? —preguntó Kaori, notando su expresión intrigada.
—El amigo de Ai está haciendo... "amigos" en la primera planta —respondió Karai con una sonrisa burlona.
—¿Cómo? —preguntó Ai, acercándose con interés.
En ese momento, Shun, el compañero que solía acompañar a Ai, se unió al grupo, colocando sus manos sobre sus hombros con familiaridad.
—¿Qué amigo es ese? —preguntó, con curiosidad y un deje de preocupación.
—El que ha acompañado a Ai hoy al Instituto —respondió Karai, sin evitar soltar más de lo debido.
—Un conocido de mi padre —aclaró Ai rápidamente, evitando detalles—. Me ha pedido que le acompañe... Es nuevo y está algo perdido.
—¿No será ese que dicen que tiene malas pintas? —preguntó Shun con un tono de desprecio.
—Ese, ese... —confirmó Karai, disfrutando cada momento.
De pronto, una compañera de clase se detuvo frente al grupo, con los ojos brillantes de emoción.
—¡El nuevo se ha encarado a Sasaki! ¡Y están a punto de matarse! —anunció antes de salir corriendo hacia el primer piso.
—¡Esto no me lo pierdo! —exclamó Karai, siguiendo de inmediato a la alumna.
Sin pensarlo dos veces, los demás hicieron lo mismo, uniéndose a la corriente de estudiantes que se dirigía hacia el escándalo. Ai, con un nudo en el estómago, no tuvo más remedio que seguirlos.
[Pasillos. Aulas]
—¡Demuéstrale a este desgraciado lo que sabes hacer! —gritó uno de los amigos de Sasaki, animando a su capitán.
—Eso está hecho. Voy a mostrarte por qué me apodan “El Fuerte” —declaró el judoca, con los ojos fijos en John.
Sasaki se abalanzó con la fuerza de un toro, pero John permaneció impasible, aguardando su llegada sin inmutarse.
Cuando el judoca intentó sujetarlo para aplicar una llave peligrosa, John se zafó con un movimiento fluido y preciso.
Con una sutil patada al tobillo, desequilibró a su oponente, tomó su brazo y, acomodándolo sobre su hombro, hizo palanca sobre su espalda para elevarlo y lanzarlo con fuerza contra el suelo.
El espaldarazo de Sasaki resonó en el pasillo, dejándolo aturdido y sin aliento. Sus compañeros avanzaron instintivamente, pero se detuvieron al encontrar la mirada fría y desafiante de John, que parecía advertirles sin palabras que no se metieran.
Entre los presentes, cundió la incredulidad. Nadie esperaba que el nuevo, con su aspecto descuidado, pudiera derrotar tan fácilmente al capitán del Club de Judo, y además con una técnica que parecía superar incluso el estilo que ellos practicaban.
—¿Este es el nivel que os enseñan en el Club de Judo? —preguntó John con ironía, dirigiéndose a los amigos de Sasaki.
Desde el suelo, dolorido y humillado, el judoca no se atrevió a replicar.
Ai atravesó el barullo que habían formado sus compañeros, llegando hasta John con el rostro encendido de frustración.
—¡Te dije que no te metieras en líos! —le reprochó, bajando la voz, pero con intensidad—. ¡Todo el mundo está mirando!
—Yo no he hecho nada... —respondió John con calma, aunque sus puños aún estaban cerrados.
—¿Cómo qué no? —Ai señaló a Sasaki, que seguía en el suelo, recuperándose del golpe—. ¿Y esto qué es?
—¡Solo defendía a éste! —objetó John, señalando a Makoto, quien permanecía callado y pálido a un lado.
En ese momento, Shun se abrió paso entre los presentes y se colocó frente a John, con una actitud protectora hacia Ai.
—¡No te atrevas a replicarla! —le espetó—. Esta institución no está hecha para maleantes como tú.
John lo observó con apatía, sin alterarse.
—¿Y tú quién eres, si puede saberse? ¿Quién te ha llamado a meterte en esto?
Algo avergonzada, Ai intentaba calmar la situación, pero Shun, herido en su orgullo, no cedió.
—¿Perdona? —replicó con arrogancia—. Me apodan "el genio" en esta institución, y todos aquí me respetan.
SHUN MIURA: Edad: 18 años. Cabello castaño y melena cuidada.
Con dos pendientes de brillantes en ambas orejas.
Apuesto y elegante. Apodado el “genio” por el Kōtōgakkō.
Sin duda un adonis para las chicas. De familia rica e importante, con un padre que se involucraba en sus estudios y carrera deportiva.
Cursaba el grado 12 J en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru.
Pertenecía al Club de Fútbol, en un equipo federado a nivel regional.
El año anterior fue nombrado mejor jugador del torneo regional y consiguió debutar en el torneo Nacional televisado.
John resopló con desdén.
—Otro pedante...
—¿Qué has dicho? —replicó Shun, irritado por el comentario.
Preocupada, Ai se interpuso de nuevo.
—¡No más peleas, por favor!
En ese momento, Makoto también dio un paso al frente, con una determinación inusual en su voz:
—¡Él está diciendo la verdad! Solo me ha defendido —declaró, mostrando por primera vez agallas frente al grupo—. Han sido los del Club de Judo los que han creado problemas.
Karai no perdió la oportunidad de añadir leña al fuego:
—¡Parece que se te ha pegado algo del nuevo, eh, Aoyama! ¡Qué ímpetu!
Shun, molesto por la intervención de Makoto, replicó con sarcasmo:
—Solo lo defiende porque se ha convertido en su guardaespaldas particular... cuando estás solo... ¿por qué no muestras esa entereza, Aoyama?
—¿Es eso cierto, Makoto? —preguntó Kasumi, acercándose con genuina curiosidad.
Makoto se sonrojó al verla tan cerca, interesándose por él.
—Hola, Asamiya... ¡Juro que es verdad!
Kasumi se sorprendió al verlo con tanta convicción.
Normalmente era un chico reservado que rara vez expresaba sus sentimientos con firmeza.
Pero esta vez, ella creyó en su palabra.
Ambos habían sido buenos amigos en la Shōgakkō, pero desde que ingresaron en el Kōtōgakkō, sus caminos se habían distanciado: ella pertenecía al grupo de los populares, y él al de los "raritos".
Sin embargo, el coraje de Makoto fue eclipsado por la llegada de Kazuma, quien inmediatamente rodeó a Kasumi con un brazo sobre sus hombros, reafirmando su lugar en la jerarquía social del instituto.
KAZUMA NAGANO: Edad: 18 años. Cabello con tonos claros.
Atrevido y extrovertido. Cursaba el grado 12 F en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru.
Pertenecía al Club de Fútbol y jugaba en el mismo equipo federado que Shun Miura.
Se sabía que Kasumi era su debilidad y siempre intentaba encandilarla con su elocuencia.
—¡Dejemos a estos perdedores! —exclamó Kazuma con una risa burlona—. Estos nacen y después se juntan... Nunca se sabe cómo lo hacen, pero acaban por encontrarse.
Kasumi agachó la cabeza y miró al suelo, pero no se rio del comentario de su íntimo amigo. Solo se dejó guiar por su brazo, permitiendo que la llevara de vuelta hacia las aulas. Makoto observó la escena con amargura, pero no dijo nada.
John, por su parte, se desentendió por completo del grupo, pasando de quienes consideraba unos "pijos" con una indiferencia que rayaba en el desprecio.
Ai, al marcharse junto a Shun, no pudo evitar notar cómo el nuevo inquilino de su pensión parecía completamente impasible ante lo ocurrido.
En cuestión de segundos, el pasillo se desalojó, quedando solo John y Makoto en el espacio ahora silencioso.
Un tanto tímido, Makoto se acercó a John.
—Aún no te he agradecido lo que has hecho por mí... ¡Gracias por defenderme!
John se giró y se acercó con determinación.
—¿Por qué eres tan pringado? —preguntó sin rodeos—. No sé cómo puedes permitir que esos gilipollas te traten así.
—De ti es fácil decirlo... —respondió Makoto, bajando la mirada—. Eres fuerte. Yo solo soy débil y poco valiente.
—Si desde el primer día les hubieses plantado cara, ahora no se burlarían de esa manera.
—Lo sé. Intentaré ser más atrevido.
—No te preocupes —dijo John, con un tono más cercano—. No dejaré que te hagan nada. Odio a los abusones. Me dan tirria.
—Gracias. ¿A qué clase vas?
—Acabo de hacer la prueba de acceso, y estoy esperando la resolución.
—Espero que ingreses y, a ser posible, en nuestra clase —dijo Makoto, esbozando una sonrisa tímida.
—Ya veremos. John extendió su mano.
—John Hole.
—Makoto Aoyama. ¡Qué tengas suerte! Tengo que irme a clase.
Le ofreció un saludo de cortesía antes de dirigirse hacia el aula, dejando a John solo en el pasillo, pero con la sensación de haber tendido, quizás sin planearlo, su primer lazo real en el Masaru.
Clase 12 J.
Los alumnos llegaron a clase y se fueron incorporando a sus pupitres a la espera de la profesora. El ambiente, sin embargo, seguía cargado de la tensión del altercado en el pasillo.
—¿Dónde has dejado ese coraje, Aoyama? —le vaciló Shun al ver a Makoto sentarse discretamente en su asiento.
—No seas duro con él... —intervino Karai con una sonrisa burlona—. Para una vez que se expresa...
—Está claro que nunca has sabido elegir los bandos —continuó Shun, ignorando a Karai—. ¿Dónde has dejado al maleante?
Ai se mantuvo callada, evitando miradas y enredando los dedos sobre su pupitre.
—Se ha quedado esperando la calificación de acceso. Eso determinará su ingreso —respondió Makoto, con más firmeza de la esperada—. Espero que lo acepten...
—¡Sigue soñando, Aoyama! —se burló Shun—. Ese no tiene nivel ni para superar la Shōgakkō. ¿Acaso lo has visto?