Curso Grado 12 Capítulo 4
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Capítulo 4

“El Examen”

El curso académico japonés era un tanto diferente al europeo. Se iniciaba en abril y acababa en marzo del año siguiente. El mes de agosto estaba establecido como el periodo más avanzado de vacaciones en todo el año y proseguía con el comienzo del segundo trimestre en septiembre.

Yokohama—Japón.

Pensión Hikari

Yuki preparó el desayuno para su hija: unos deliciosos onigiri rellenos de salmón y umeboshi. Mientras tanto, Seiya atendía en la barra y con esmero preparaba té verde para los inquilinos que comenzaban a bajar a desayunar.

Cercana a las escaleras, Ai comenzaba a perder la entereza al ver que John no aparecía.

—¿Por qué no baja? —refunfuñó, consultando su reloj—. Encima que tengo que acompañarle, se retrasa.

—Estará a punto de bajar —tranquilizó su padre desde detrás de la barra—. Un poco de paciencia.

Finalmente, John bajó las escaleras con paso tranquilo.

Nada más observar el rostro impaciente de Ai, comprendió que el día se haría bastante largo.

Tras un escueto saludo entre ambos, Seiya les deseó con calidez un buen día de tareas escolares, observándolos salir por la puerta con una mezcla de esperanza y preocupación en la mirada.

Eran las 08:00 a.m. Se presentaba un día despejado y el rocío mañanero comenzaba a acariciar sus rostros. Los primeros minutos de camino fueron un tanto incómodos, pues todavía coleaba la tensión del día anterior.

Ai presentaba cara larga y a menudo observaba a John de reojo, esperando alguna reacción. Ella iba bien conjuntada con el uniforme del instituto: blusa blanca y lazo rojo, con una falda corta azulada con vuelo.

Unas botas negras y calcetines blancos que superaban los tobillos completaban su outfit. Llevaba el maletín protegiendo los muslos de sus piernas, con los brazos entrecruzados sosteniendo el asa.

Por el contrario, John todavía no iba conjuntado —llevaba unos jeans desgastados y una sudadera holgada—, lo que aumentaba el contraste entre ambos.

—¿No tienes nada qué decir? —rompió el silencio Ai, con tono cortante.

—Está claro que ayer no empezamos con buen pie —respondió John, manteniendo la mirada al frente—. Esperemos que hoy tengamos un buen día.

—Eso dependerá de ti. Mi padre me ha pedido que te eche un ojo, pero no me apetece ser tu niñera... espero que te comportes en el instituto y no me dejes en mal lugar.

—Eso dependerá de cómo sean tus compañeros del Kōtōgakkō —advirtió él—. Porque si son igual de pedantes que tú, estaremos apañados.

—Voy a hacer como que no te he escuchado —replicó Ai, apretando el maletín contra su pecho—.

Tus groserías ya no me afectan lo más mínimo.

Pero debes saber que al Masaru van alumnos de buena familia, de padres pudientes, y suelen ser bastantes exigentes con la disciplina.

En resumen... todo lo contrario a ti —le devolvió el golpe—.

¿Sueles meterte en peleas? ¿Por qué estabas en un reformatorio?

—Haces muchas preguntas por la mañana —respondió John, esbozando un bostezo—. Y algunas son un poco tontas. La misma palabra "reformatorio" lleva implícito su significado. ¿No te lo han enseñado en tu instituto de gente pudiente?

Ai perdió la compostura.

—¡Solo me interesa que te comportes! Solo eso...

—No todos hemos tenido la suerte de tener una familia adinerada —respondió John, y su tono, ahora serio, hizo que Ai notara que ya no estaba bromeando.

Ella bajó la mirada, sintiendo un leve peso de incomodidad.

—Al menos podrías hablar un poco de tu pasado... así se hace difícil que podamos llegar a conocerte.

—Realmente no tengo pasado… —murmuró John, con los ojos fijos en el camino que se extendía ante ellos.

—Claro. Eres el hombre-misterioso —dijo Ai, con un deje de ironía, aunque esta vez sin la intención de herir.

A pocos metros, un par de chicas esperaban en un banco. Eran buenas amigas de Ai y, como casi siempre, quedaban a medio camino al Masaru.

Ambas llevaban el mismo uniforme y asistían a su misma clase.

—Aquellas chicas que están en el banco van a mi clase...

—explicó Ai en un susurro rápido—. Quedamos bastante a menudo en el trayecto.

Espero que te comportes y no digas nada raro —advirtió, con una mirada cargada de advertencia—.

Aún no he tenido la oportunidad de explicarles la situación. ¡No sueltes la bomba! ¿Está claro?

—Lo que diga la jefa —respondió John con un deje de burla—. Estaré calladito.

—¡No me llames así! —replicó ella, irritada—. No soy una mandona...

John dejó escapar una sonrisa leve, pero guardó silencio mientras se acercaban.

Ai saludó a sus amigas con una energía un tanto forzada, y algo avergonzada, no se atrevió a presentar a su acompañante. Las dos jóvenes miraron a John con curiosidad, intercambiando miradas significativas, pero tampoco preguntaron.

John, por su parte, se mantuvo en segundo plano, observando el entorno con indiferencia y sin pronunciar una sola palabra.

KAORI AYANAMI: Edad: 17 años. Cabello moreno y siempre iba con adornos infantiles. Charlatana y enérgica. Le gustaba charlar y los cotilleos. Un tanto tímida con los chicos que le gustaban. Estaba cursando el grado 12 J en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru e inscrita en el Club de voleibol.

KASUMI ASAMIYA: Edad: 17 años. Cabello ondulado y castaño. Discreta y sincera. Le gustaba bailar y el Karaoke. Estaba cursando el grado 12 J en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru e inscrita en el Club de animadoras. Era la actual sub capitana.

Las chicas susurraban entre ellas, curiosas por el nuevo acompañante, pero Ai, inusualmente callada, no encontraba las palabras para explicar la situación.

—Es un nuevo compañero de clase... Bueno... intentará superar la prueba de acceso —dijo finalmente, con voz titubeante y el rostro ligeramente sonrojado—Es un conocido de mi padre... —añadió, evasiva—. Me ha pedido que le acompañe… ya que está algo desorientado.

John observaba la escena con diversión, y no pudo contener una leve risa al ver el esfuerzo de Ai por mantener las apariencias.

—¿Te parece gracioso? —estalló ella, sintiéndose expuesta ante las miradas curiosas de sus amigas—. ¡Eres muy molesto!

—Lo siento —se disculpó John, aunque sin poder borrar del todo la sonrisa—. Pero no he podido contenerme. Ya que a vuestra amiga le cuesta expresarse... ya lo haré yo... Mi nombre es John Hole y estoy viviendo en...

—¡Calla, calla! —interrumpió Ai, llevándose instintivamente la mano hacia su boca para silenciarlo, antes de volverse hacia sus amigas con una sonrisa tensa—. Disculpadle, es un poco borde. Ya le iréis conociendo.

Sus amigas asintieron con educación, saludando a John con una leve inclinación de cabeza, y por un momento pareció que la situación se calmaba.

Sin embargo, justo cuando empezaban a caminar de nuevo, una tercera chica apareció en escena, deteniéndose frente al grupo con una sonrisa amplia y curiosidad en la mirada.

KARAI MATSUMOTO: Edad: 18 años. Cabello liso y largo de color cobrizo.

Extrovertida y descarada. Le gustaba llamar la atención y no se cortaba un pelo.

Sus amigas la tachaban de “ligera” a la hora de abordar a los chicos.

Sus formas eran un tanto insinuantes, aunque era exigente y solo lo hacía con quién consideraba el elegido.

Estaba cursando el grado 12 J en el Kōtōgakkō, en el Instituto Masaru e inscrita en el Club de animadoras.

Karai Matsumoto se acercó al grupo con pasos seguros, su cabello cobrizo ondeando levemente con la brisa matutina. Su mirada se posó directamente en John, ignorando casi por completo a las demás.

—¿Quién es y de dónde se ha escapado? Menudas pintas —dijo Karai con desdén, recorriendo a John de arriba abajo con la mirada.

—¡Karai! —intervino Ai, visiblemente avergonzada—. Sé un poco más respetuosa.

Sus otras dos amigas bajaron la cabeza, incómodas.

John se fijó en ella detenidamente: era una chica hermosa, de cuerpo estilizado y marcado pecho. Sabía que estaba buena, y por eso ese descaro y muestra de superioridad. Se veía irrechazable. Pero John, lejos de amedrentarse, respondió con una calma cortante:

—A tu amiga el tinte del pelo no parece sentarle bien —observó con una sonrisa fría—. Y no sabe distinguir el sentido de la discreción.

Karai, irritada, alzó aún más la voz:

—Dile a tu amigo el pordiosero que he hablado AL-TO para que me escuchase... Y no suelo cortarme un pelo cuando veo algo que no me gusta.

John se acercó a ella lentamente, con tal determinación que Karai, contra su voluntad, dio un paso atrás. Su actitud arrogante se desvaneció ante su presencia.

—¿Qué haces? —preguntó, con un tono que ahora sonaba menos seguro.

—Parece que no eres tan atrevida como decías ser —comentó John, sin apartar la mirada de ella—. Eres bastante asustadiza.

—¡Es que me había parecido que intentabas besarme! —exclamó Karai, recuperando algo de su actitud—. Y me he asustado con tu aspecto.

—¡No te lo crees ni tú! —replicó él con una risa breve—. He besado a chicas más guapas que tú. Solo me he acercado para observar tu cara de cerca... me cuesta recordar a la gente que me es indiferente y fácil de olvidar.

Las palabras de John surtieron efecto: el rostro de Karai se encendió por completo, y por primera vez en mucho tiempo, alguien había logrado traspasar su coraza de seguridad y burla. Un silencio incómodo se extendió entre el grupo.

—¡Basta! ¡Los dos sois igual de bordes! —intervino Ai, colocándose entre ellos—Esta pelea no llevará a ningún lado.

Aún molesta, pero ahora más intrigada que ofendida, Karai preguntó:

—¿De dónde has sacado a este tío y por qué viene contigo?

John, sin esperar respuesta, comenzó a caminar hacia adelante por la acera.

—¿Dónde vas? —preguntó Ai, desconcertada.

—El Instituto Masaru está cruzando la calle y todo recto... ¿verdad? —respondió sin volverse.

—Sí. Pero... ¿te vas? Le prometí a mi padre que te acompañaría.

—Pues se ve que no has hecho bien tu trabajo —replicó él con sequedad.

Ai contuvo su irritación; se había prometido no caer en las provocaciones de John, por muy hirientes que fueran.