Curso Grado 12 Capítulo 2 #5
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Capítulo 2 #5

—Cuídate, hijo —murmuró Seiya—. En "Hikari" siempre habrá un plato para ti.

John respondió con una inclinación de cabeza, respetuosa pero distante, y salió del despacho sin añadir una palabra. La puerta se cerró con un click sordo.

Sasuke permaneció sentado, la mirada perdida en el vacío. La mano de Seiya en su hombro era un intento de consuelo, pero el peso de la despedida era demasiado.

—Se me olvidaba… —susurró Seiya, deslizando el paquete con ramen sobre la mesa—. Te lo he traído especial hoy.

—Gracias —respondió Sasuke, sin mirarlo—. Pero no tengo hambre. Nos vemos la semana que viene.

Se levantó y salió de la oficina, dejando a Seiya solo frente al ventanal.

El hostelero contempló el patio vacío, donde meses atrás habían visto partidos interesantes. Los gritos, las risas, los goles imposibles… ahora solo eran ecos.

Con un suspiro, recogió sus cosas y se marchó, llevándose consigo el ramen intacto y una tristeza que no sabía cómo nombrar.

23 agosto 2016

Pensión Hikari

La pensión "Hikari" transcurría con normalidad. Seiya, detrás del mostrador, revisaba la contabilidad con gesto ausente. Los últimos clientes de la noche tomaban sus copas antes de retirarse, mientras el timbre de la entrada solo sonaría si algún inquilino regresaba tarde.

En la cocina, Yuki Koishikawa, su esposa, terminaba de preparar los ingredientes para el día siguiente. Su talento culinario era el alma del negocio, y su dedicación, el pilar que sostenía a su familia.

YUKI KOISHIKAWA: Esposa de Seiya. Llevaba la pensión junto a su marido, aunque se limitaba más a la elaboración de las comidas y cáterin del restaurante.

Ante todo, era una esposa servicial y ayudaba en todo momento a su esposo; aunque una de las razones por las que se enamoró de él fue por su gran corazón.

Al salir a la barra, encontró a Seiya en un estado inusual: las gafas subidas a la frente, la libreta abierta, pero sin anotaciones, la mirada perdida en el aire.

—¡Querido! —lo sacudió suavemente del ensimismamiento—. ¿Estás soñando despierto? Llevas todo el día distraído… ¿Qué te preocupa?

Seiya intentó esquivar la pregunta.

—Nada, cariño. Solo estoy cansado.

Pero Yuki no era fácil de engañar.

—Te conozco hace años —replicó, cruzando los brazos—. Esa cara no es de cansancio. Algo te ronda la cabeza. Dímelo.

Seiya suspiró, derrotado.

—Pensarás que estoy loco…

—Inténtalo —insistió ella, con una sonrisa paciente.

—¿Recuerdas al chico del reformatorio? —preguntó, buscando las palabras—Aquel del que siempre hablo cuando vuelvo de ver a Sasuke…

Yuki asintió, los ojos brillando de comprensión.

—¿El que juega tan bien al fútbol?

Seiya asintió con gravedad.

—Esta semana es su última estancia en el reformatorio. Su mayoría de edad ha causado que ya no pueda quedarse por más tiempo. Ya no habrá más partidos interesantes...

—Una pena. Siempre te pasas las horas hablando de él en la comida.

—Es un buen muchacho y no ha tenido una infancia fácil. Es algo revoltoso, y a veces se mete en algún lío, pero solo necesita algo de cariño, alguien que se ocupe de él. La calle solo hará que se pierda en el camino como tantos otros adolescentes marginados por la Sociedad.

—¿Estás pensando en lo que creo? Puede que te estés precipitando... apenas le conoces bien, aparte de verlo jugar en el patio. Tenemos una hija adolescente en casa y no sé si es lo más adecuado...

—Puede parecer una locura, pero sé leer el interior de las personas... No tiene mal corazón y obtiene un gran sentido de la responsabilidad—dijo Seiya convencido— Sabe respetar a los que le dan una oportunidad.

Yuki suspiró, rozando la mano de su marido.

—Sabes que siempre te apoyé. Me enamoré de ese corazón tuyo que quiere salvar al mundo… Pero esto…

Seiya aprovechó el momento de duda:

—Míralo así: sería como un inquilino más, pero fijo.

¡Y necesito urgentemente a alguien que arregle las máquinas de lavandería!

Gastamos demasiado en reparaciones. ¡Johnny es un manitas!

—exclamó Seiya, los ojos brillando de entusiasmo—.

Podrá pagar su estancia arreglando cosas y ayudando en la barra.

Por las mañanas, irá al instituto… Es listo, seguro que pasa el examen de acceso. ¡Hablaré con el director Akira!

Yuki lo miró con una sonrisa cómplice.

—Para no querer hablar de ello… lo tenías todo planeado.

—Me gusta ayudar, ya lo sabes —respondió él, encogiéndose de hombros.

Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla.

—Lo sé. Eres increíble —susurró—. Pero no te hagas demasiadas ilusiones. Un chico de la calle, criado en un reformatorio… puede que las normas le cuesten.

Seiya asintió, serio.

—Si no se adapta, lo hablaré con él. La familia es lo primero. Pero dale una oportunidad… Solo necesita tiempo.

—De acuerdo —cedió Yuki—. Pero tendrás que hablar con Ai. Está en una edad difícil… No será fácil convencerla.

Seiya le dio un beso en la frente, eufórico.

—¡Eres la mejor! ¡Mañana se lo diré a Sasuke! ¡Se pondrá contentísimo!

Yuki sonrió, reconociendo en su marido una ilusión que no veía desde hacía años.