Capítulo 2 #4
—¡Están increíbles! —respondió John, con la boca medio llena—.
—Dale las gracias a mi mujer —rio Seiya—. Ella los preparó. Tiene un don para la cocina.
John tragó rápidamente antes de hablar:
—Usted debe ser el señor Koishikawa —dijo, señalándolo con el palillo—
Sasuke habla mucho de usted y su comida. ¡Y con razón!
—Puedes llamarme Seiya —respondió el hostelero, con un gesto amable—. Hay confianza.
—Claro —asintió John—. Después de todo, lleváis meses espiándome en el patio. En ese caso, llámame, Johnny.
En ese momento, Sasuke regresó a la oficina con una lista de reparaciones en la mano.
—Arréglame todas estas máquinas —ordenó—, y te ganarás un buen extra.
—Hecho —respondió John, levantándose—. Por cierto, esos fideos estaban espectaculares.
Sasuke miró el cuenco vacío y puso los ojos en blanco.
—¿¡Te los has comido todos!?
John, sin inmutarse, agitó la mano con una sonrisa burlona.
—Hasta luego, jefes.
Y salió del despacho riéndose, dejando a Sasuke y Seiya solos.
El director se dejó caer en su silla, todavía sonriendo.
—En el fondo, es un buen chico —reflexionó—. Solo ha tenido una infancia difícil. Aunque nunca he sabido exactamente qué le pasó. Es un misterio.
Seiya asintió.
—Se nota que tiene sentido de la responsabilidad. Cualquier otro te habría contestado mal.
—Exacto —coincidió Sasuke—. Sabe respetar a la gente.
Solo ha tenido mala suerte... Si hubiera nacido en una familia adinerada, como esos muchachos que van al instituto de tu querida hija, ahora sería un joven respetable.
Pero así es la vida: unos lo tienen todo, y otros luchan por sobrevivir en las calles.
22 agosto 2016
Reformatorio Nozomi.
Seiya llegó al reformatorio con su entrega semanal, pero algo era distinto. El ambiente pesaba más que de costumbre. Al entrar en la oficina, encontró a Sasuke hundido en su silla, el rostro sombrío, los ojos clavados en un documento oficial.
A través del ventanal, el patio estaba vacío. Ningún partido. Ningún grito. Nadie corriendo tras el balón.
—¡Buenos días! —anunció Seiya, dejando el paquete de comida sobre el escritorio—. Como estabas ocupado, ya he descargado la furgoneta.
—Gracias —murmuró Sasuke, sin levantar la vista.
Seiya frunció el ceño.
—¿Qué pasa? No tienes buen aspecto… ¿Es por eso por lo que hoy no hay partido?
Sasuke alzó lentamente el documento, con un gesto de derrota.
—Se acabó, Seiya. Todo.
El hostelero cogió el papel y lo visualizó rápidamente. Lista de expulsiones: nombres, edades, fechas. Y entonces lo vio:
John Hole. 18 años (cumple 19 en 4 meses). Baja inmediata.
¿John tiene que irse? —preguntó, atónito.
Sasuke asintió, la voz cargada de frustración.
—Mis superiores revisaron los registros antes de tiempo. No he tenido tiempo para manipular los datos. Se va la próxima semana.
Seiya palideció.
—¿Ya se lo has dicho?
—No he tenido valor todavía —confesó Sasuke, frotándose los ojos—. Saber que todo su esfuerzo se va al traste…
Seiya intentó animarlo:
—Él es diferente, Sasuke. Tiene cabeza.
Pero el director negó con amargura.
—Las calles no perdonan, Seiya. Sin estructura, sin guía… todos caen. Johnny no será diferente. Todos acaban destrozándose la vida entrando en bandas o trapicheando con drogas.
John irrumpió en la oficina con su habitual energía, agitando la lista de reparaciones completadas.
—¡Todo listo! —anunció, orgulloso—. Hasta la lavadora que chirriaba como un tren destartalado. Esto te va a costar un buen extra...
Su sonrisa se desvaneció al ver las caras largas de Sasuke y Seiya.
—Vaya caretos... ¿Os habéis puesto así porque hoy no hubo partido? Lo vuestro roza lo enfermizo.
—No es eso, Johnny —respondió Sasuke, con voz grave.
John captó el tono y se tensó.
—Ah... cosas de jefes. Bueno, ya volveré luego.
Dio media vuelta, pero Sasuke lo detuvo.
—Espera. Siéntate. Tenemos que hablar.
John frunció el ceño, desconcertado.
—¿He hecho algo mal? Que yo recuerde, esta semana me he portado bien.
—Tranquilo, no es un regaño —lo calmó Sasuke—. Una pregunta... cuando sales del centro con permisos, ¿con qué tipo de gente te juntas?
John se puso a la defensiva.
—¿Ahora me controláis hasta en mi tiempo libre?
—No es control —aclaró Sasuke—. Es preocupación. Tus amistades...
—Ya dejé atrás a esa gente —cortó John, firme—. Ese ambiente solo me traía problemas.
Sasuke respiró hondo antes de soltar la noticia.
—Esta mañana llegó una notificación de mis superiores... —su voz se quebró levemente—. Debes abandonar el centro. Según ellos, tienes edad suficiente para valerte por ti mismo.
John permaneció quieto por un segundo, luego esbozó una sonrisa resignada.
—Vaya... No esperaba irme tan pronto. Pero era cuestión de tiempo, ¿no? Al fin y al cabo, no somos más que un gasto para el Gobierno.
Sasuke golpeó el escritorio con frustración.
—Lo siento mucho, Johnny. De verdad.
—No te disculpes —respondió John, con genuina calma—. Has hecho más de lo que nadie hizo por mí. Estoy agradecido.
El director asintió, recuperando algo de compostura.
—Recibirás una compensación económica, más un extra del centro —dijo, sacando un sobre grueso del cajón—. Úsalo con cabeza. Y mantente lejos de... ya sabes.
John tomó el sobre y, antes de irse, extendió la mano hacia Seiya.
—Ha sido un placer —dijo con sinceridad—. Ojalá pueda probar más de esos fideos algún día.
El apretón de manos entre Seiya y John fue firme, cargado de un significado no dicho.