Cupido en Halloween Capítulo 24
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Capítulo 24

B rena ha caminado tanto por su apartamento que tiene la sensación de que si lo sigue haciendo acabará abriendo una zanja en el suelo. Le duele la mano derecha de apretar el móvil con fuerza y siente la frente perlada de sudor por los nervios.

—Esto es una gilipollez —se dice en cuanto pasa por decimoquinta vez frente al espejo que tiene al lado de su habitación.

Lo cierto es que después de que cenara con sus amigas hace varias noches y estas la empujaran a pedirle una cita a Natalie, Brena no ha dejado de pensar en si realmente merece la pena hacerlo.

No porque la editora de The Current Magazine no sea suficiente, sino porque a sus cuarenta y seis años, la inseguridad de dar un paso hacia algo nuevo la paraliza de una forma que no comprende.

Ayer por la tarde se enfadó consigo misma, levantando la voz como si hubiera perdido la cabeza porque se preguntaba cómo había sido capaz de ponerse frente a su móvil, grabarse y subir vídeos para diferentes redes sociales, pero se cagaba de miedo de pensar en invitar a una amiga a tomar una copa.

—Cobarde —farfulla con el ceño fruncido mientras mira por la ventana del salón.

Claro, el tema es que Brena sabe que en esa «salida de amigas» se oculta un interés que le pone la piel de gallina, porque lo que ella quiere es acercarse a Natalie, sentir un poco de piel y saber lo que se siente con los labios de una mujer sobre los suyos.

Tiene la certeza de que no tendrá la velocidad que tuvo Hollis con Megan porque además ella prefiere un inicio más tranquilo, pero sabe que si quiere que al final suceda algo entre ellas, tiene que avanzar.

—Venga, vamos. —Exhala una cantidad de aire razonable para casi desmayarse y busca el contacto de Natalie en su agenda.

Pasa de mandar un mensaje, le parecen muy impersonales para lo que quiere, prefiere llamarla, sonar casual e invitarla a algún bar poco concurrido.

Se lleva el aparato a la oreja y el sonido del tono es como pequeñas descargas eléctricas directas a su pecho, la ansiedad le trepa por la espalda, pero con rapidez se convierte en decepción cuando, tras unos segundos, suena la voz seca de Natalie, pero en una grabación para el contestador.

Soy Natalie Grant, deja el mensaje y te devuelvo la llamada a la mayor brevedad posible.

La influencer chasquea la lengua y se deja caer en el sofá en un gesto lleno de drama, como si acabara de recibir una noticia desalentadora. Se queda en silencio viendo la pared que tiene frente a ella y casi sufre un infarto cuando su móvil empieza a sonar de repente.

—Joder. —Se lleva la mano al pecho y abre mucho los ojos cuando en la pantalla aparece el nombre de la editora.

Carraspea un par de veces, toma una respiración honda y contesta con voz de sorpresa, como si no se esperara este contacto.

—¿Natalie?, ¿a qué se debe el honor?

Cierra los ojos de inmediato, sintiéndose patética con su burda actuación.

—Me has llamado tú —dice la mujer del otro lado de la línea—. ¿Qué pasa?

A Brena se le congela hasta la última gota de sangre que circula por su cuerpo, no le llega oxígeno al cerebro y, por supuesto, es incapaz de hablar. ¿Qué va a decirle? Joder, quiere darse cabezazos contra la mesa.

—¿Hola? —Natalie parece impaciente y eso la pone más nerviosa.

—Hola, sí, perdona, es que no te oía. —Dios, qué horror de conversación.

Natalie tararea algo que ella no entiende y la línea vuelve a quedar en silencio. Entonces Brena toma una valentía que no sabe de dónde sale, se yergue y habla.

—Solo llamaba para preguntarte si te apetecía tomar un café conmigo o una copa, lo que prefieras. —La voz le sale más firme de lo que en realidad se siente y se enorgullece de no tartamudear y de ir directa al grano.

—¿Qué? —La sorpresa en la voz de Natalie parece real, de verdad no se lo esperaba.

—Que si quieres tomar…

—Sí, sí, eso lo he entendido, pero ¿por qué motivo?

Vale, no se lo está poniendo fácil, pero Brena ya está subida al burro y no se amilanará.

—Te dije en la cena que lo había pasado muy bien contigo, somos contemporáneas y tenemos buena conversación —hace una pausa para darle tiempo a la otra mujer a que entienda sus palabras—. Esta semana tengo poco trabajo y pensé que podríamos vernos.

Ahora la que parece engullida por algún animal es Natalie, apenas se escucha su respiración y el sonido tenue de lo que parece una impresora.

—¿Sigues ahí? —quiere saber Brena.

Unos segundos después, otro tarareo ininteligible y luego la voz seca de la editora.

—Mmm, vale, ¿esta tarde te viene bien? —pregunta, y Brena siente que le falta el aire, pensaba que tendría unos días para prepararse—. Hoy acabo pronto y me vendría bien una buena copa de vino.

—Genial. —Su voz suena demasiado aguda, como la de una adolescente en plena pubertad. Se aclara la garganta—. ¿A las seis?

—Es buena hora.

La conversación apenas dura unos segundos más en la que Natalie le habla de un bar que tiene una terraza con vistas increíbles y que entre semana apenas se llena. Brena toma nota y cuando cuelga se da cuenta de que le tiemblan los dedos.

● ● ●

La influencer llega diez minutos antes de la hora acordada y para su sorpresa, Natalie ya la espera en la puerta del sitio.

Eso le gusta, aunque para muchos quizá sea una tontería, Brena piensa que la puntualidad es sinónimo de respeto y, en este caso, que la editora le está dando importancia al encuentro.

—Hola —sonríe Brena y aunque está nerviosa, se siente muy cómoda cuando se acerca a la otra mujer—. Hemos llegado pronto.

Natalie la mira durante un instante y sus ojos la escanean con algo que no es precisamente intriga. Brena podría decir que le ha gustado volver a verla.

—Hola, el metro hoy tuvo piedad de mí —encoge los hombros—. Cuando llegué a la estación, pude subirme directamente en un vagón. Había un tipo cagando en uno de los asientos, pero al menos no tuve que esperar por el siguiente.

Brena arruga la nariz antes de reírse de la situación espantosa. Por eso odia el metro, situaciones así se viven a diario.

—Qué suerte —contesta con ironía y se tiene que morder los labios cuando a la editora se le forman diminutas arrugas alrededor de los ojos.

—Esto es Nueva York. —Natalie abre los brazos y ladea la cabeza—. ¿Subimos?

Brena asiente y las dos mujeres atraviesan el pasillo de la planta baja hasta llegar al ascensor. Suben en silencio y cuando las puertas se abren en la última planta, la influencer abre la boca, impresionada.

—Vaya, las vistas son preciosas. —Mira de una esquina a otra, completamente embelesada.

El Hudson se extiende por el horizonte, reflejando la luz anaranjada del atardecer. Brena, que lleva toda su vida en esa ciudad, sabe que jamás podría marcharse de allí.

—Es uno de mis lugares favoritos. —Natalie la saca de sus pensamientos—. Los fines de semana es mejor no venir, pero un martes, es perfecto.

La editora le hace un gesto con la mano y caminan hacia una de las mesas. Eligen la zona interior, ya que el frío se empieza a sentir en los huesos y no les apetece estar temblando toda la velada.

Piden al camarero dos copas de vino blanco y enseguida empiezan una conversación fluida. Se dan cuenta de lo fácil que es hablar entre ellas, pero ninguna dice nada al respecto. Natalie le cuenta los días que ha tenido de mucho trabajo y por lo que hoy ha decidido salir antes.

—He hecho tantas horas extra que acabarán echándome por la cantidad de dinero que tendrán que pagarme a final de mes.

Brena le dice que al menos se las pagan y no como en algunos —muchos— sitios que explotan a los empleados. La influencer le explica sobre las invitaciones que ha recibido esa semana de un par de aperturas de tiendas y le habla acerca de una publicidad que tiene que grabar a finales de mes.

—A veces no me creo que haya llegado hasta aquí —toma un sorbo de vino—. ¿Sabías que comencé en esto por joder a la mujer por la que me dejó mi marido?

Natalie abre mucho los ojos y luego suelta una risa incrédula.

—¿En serio?

—Y tan en serio —confirma Brena—. Una chica demasiado joven como para aguantar al capullo de George. Yo estaba herida, me sentía humillada, así que empecé a hacerle la competencia. Ella tiene un canal de belleza con muchos seguidores y me propuse conseguir muchos más.

—¿Lo lograste? —quiere saber la editora.

Brena no contesta, le guiña un ojo y se lleva la copa a los labios.

Piden pizza para cenar porque Natalie le asegura que los dueños son napolitanos y la comida es una maravilla. No se equivoca, porque Brena ha hecho ruiditos satisfactorios cada vez que ha dado un bocado a la masa cubierta de mucho queso.

Un par de horas después, piden la cuenta y es el momento en el que Brena entiende que quiere seguir viendo a esta mujer. Le parece una compañía extraordinaria, a pesar de ese filo que Natalie Grant tiene, debajo hay alguien divertida, inteligente y muy madura.

—Me encantaría repetir —dice sin pensárselo, completamente lanzada.

Natalie levanta la mirada, estaba revisando la cuenta que acaban de traerle.

No responde de inmediato, algo se le ha tensado en el pecho cuando ha reconocido la forma en la que Brena lo ha dicho.

Hay algo más que una simple quedada entre dos personas que acaban de conocerse y ella no está muy segura de querer ir por ese camino.

—No sé si me estoy equivocando aquí —dice la editora como respuesta—, pero ¿hay alguna intención adicional en ese comentario?

Brena puede decir que sí o, simplemente, negarlo y dejarlo estar, pero, joder, no quiere dejarlo estar, aunque tiene un miedo espantoso.

—Sí, eh, bueno… —se pasa los dedos por la frente—.

Me gustaría seguir conociéndote, Natalie.

Hay cosas en ti que me gustan y no solo es lo agradable de un encuentro.

Hace mucho que no me sentía así de bien con alguien y no puedo ocultar que he fantaseado con que esto se convierta en algo más que una amistad.

Natalie agradece que Brena no camine por los bordes ni parafrasee lo que quiere decir, pero aun así, sigue sin estar segura.

—Hace tiempo que me cerré a esto, ya sabes —la editora señala el espacio entre las dos—.

Porque me cansé de los dramas, de las mujeres que al principio daban y después, simplemente se convertían en jarrones de cerámica.

No estoy segura de que yo sea la mujer adecuada para ti si lo que buscas es una relación.

Brena niega con la cabeza y mira su copa vacía sobre la mesa deseando tenerla llena.

—Ni siquiera he besado a una mujer en mi vida —deja claro—. No estoy buscando nada en concreto, solo quiero dejarte claro que tengo mucho interés en ti y si estás dispuesta a seguir con estas citas, a mí me encantaría verte. Sin expectativas, porque yo tampoco puedo prometer que sea la adecuada.

Natalie entorna la mirada y aunque no estaba del todo convencida, la sinceridad de Brena la motiva.

La mujer no solo es atractiva sino interesante, y ella no se sentía así con nadie desde…

bueno, con la única que se ha sentido así de bien es con Megan y viendo los últimos acontecimientos, se ha quedado sin polvo y sin conversaciones después de los orgasmos.

—Sin expectativas —repite la editora, y Brena extiende la mano para sellar un pacto entre mujeres.

—La siguiente cita va por mi cuenta —se muerde los labios—. Conozco un lugar que seguro te encantará.

Cuando salen a la calle, el frío ha apretado un poco más y mientras se ajustan los abrigos, ambas parecen pensar cuál será su próximo movimiento.

—Yo voy hacia allá —señala con la barbilla Natalie.

—Yo hacia el otro lado.

Entonces Brena, que estaba buscando la manera correcta de despedirse, nota la cercanía de Natalie de manera inesperada. La editora se inclina un poco y le deja un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura derecha, haciendo que la influencer suelte un sonido bajo, pero bastante sucio.

Natalie sonríe satisfecha.

—Nos vemos —dice la mujer, y se despide con la mano antes de caminar hacia la boca de metro.

Brena se queda en el mismo sitio, con los ojos tan abiertos que le duelen y el corazón ejecutando una batucada brutal.