Capítulo 22
H ollis sonríe a la pantalla de su móvil como si estuviera viendo a cientos de cachorros de golden retriever correr sobre un amplio patio.
El sonido a su alrededor no le molesta, de hecho, ni siquiera lo oye porque ella está concentrada a la vez que aporrea con los dedos su teléfono en la aplicación de mensajería.
—Mírala, en cualquier momento habrá que ponerle un babero.
Ese comentario se afinca en el oído de Hollis y le hace levantar la mirada para encontrarse con Melissa y Brena observándola. La pelirroja tiene la nariz arrugada y la mayor de las tres parpadea tan rápido que Hollis tiene miedo de que esté sufriendo algún tipo de ataque epiléptico.
—¿Qué os pasa? —quiere saber Hollis mientras coloca el móvil con la pantalla hacia abajo sobre la mesa.
Melissa suelta un bufido a la vez que niega con la cabeza.
—¿A nosotras? Espero que puedas mirarte en un espejo cuando te mensajeas con tu amorcito porque la estampa es penosa.
—Alguien está celosa —canturrea la influencer y luego suelta una carcajada cuando Melissa le da un puñetazo flojo en el hombro.
—Me has hecho mucho daño. —Brena hace un drama digno de una buena telenovela al mismo tiempo que se masajea la zona afectada por el ataque de su amiga—. Puedo denunciarte y sacarme una buena pasta.
Melissa pone los ojos en blanco y se lleva el cóctel de color rosa pálido a los labios.
—Bueno, ¿vas a contarnos qué tal te va con la periodista guapa? —pregunta la pelirroja dejando su copa con cuidado sobre la mesa—. No nos cuentas nada.
Hollis no puede tener amigas más teatreras.
—Muy bien —sonríe con ganas—. Aunque no hemos vuelto a vernos desde que fuimos a la galería. He estado tan ocupada que voy a empezar a creer que salir con ella me ha traído buena suerte en el negocio.
Hollis lleva toda la semana cerrando contratos, yendo de compras con algunas clientas de lo más exigentes y supervisando que los diseños estén quedando como ella los ha creado.
No ha parado ni un solo día, de hecho ha tenido que malcomer la mayoría de ellos y ya ha llegado tan exhausta a casa que se ha desplomado sobre su cama con el estómago vacío.
Hoy es la primera tarde que tiene despejada, pero Megan está encerrada en la revista escribiendo varios artículos y será imposible que se vean.
—Yo tengo una duda. —Melissa levanta la mano como si estuviera en una clase del colegio—. ¿Esto significa que eres oficialmente lesbiana?
Hollis arruga la frente, Brena da un manotazo en el brazo a la pelirroja.
—No seas anticuada, por favor, y menos después de haberte escuchado cientos de veces decir que las etiquetas no deberían existir.
—La influencer alisa con la palma de la mano el chaleco verde que lleva puesto—.
Nuestra querida Hollis aquí presente no se ha quedado en la aburrida heteronorma de solo comer penes.
Melissa suelta una carcajada estruendosa mientras que la diseñadora mira hacia un lado y otro, muerta de vergüenza.
—¿Podéis parar? —susurra echándose hacia adelante sobre la mesa—. Y para tu información —mira a su mejor amiga—, no sé lo que soy, solo te puedo asegurar que estar con una chica es la mejor experiencia que he vivido nunca.
Los ojos de Melissa se entrecierran, curiosos.
—Me cuesta aceptar que el sexo sea mejor con esto —levanta la mano y mueve los dedos—, que con esto —señala su brazo como ejemplo de objeto fálico—. Es imposible.
—Sé que tú eres la más... experimentada —Hollis lo dice y eleva las cejas, Melissa es, con diferencia, la que más folla—, pero yo también he practicado una cantidad considerable de sexo y nunca me había corrido tan fuerte en un cuarto de baño.
Estaba tan excitada que solo bastaron unos pocos besos y un poco de —imita el movimiento de dedos que acaba de hacer su mejor amiga.
—Joder —exhala Brena, que de repente parece muy acalorada. Coge una servilleta y se da toques en el cuello.
Las otras dos amigas fruncen el ceño al verle las mejillas sonrosadas y la forma casi temblorosa de llevarse la copa de vino a los labios.
—¿Estás bien? —pregunta Hollis y cuando le pone una mano sobre el brazo a su amiga, Brena da un respingo que hace que casi se tire el líquido encima.
Hollis retira la mano con rapidez y de inmediato se le hace un nudo en el estómago, ¿su amiga siente repulsión hacia ella porque ahora sale con una mujer?
No, no puede ser. Se niega a creerlo porque ella misma fue la artífice del último encuentro entre ella y Megan sin contar que desde aquella mañana que supo que se había ido a la cama con la periodista, aplaudió eufórica como si estuviera en un concierto.
Brena parece darse cuenta de las cavilaciones de Hollis y de inmediato levanta ambas manos para empezar a explicarse.
—No soy homófoba ni nada de eso. —Se pasa la mano por el pelo—. Dios sabe que prefiero cortarme una pierna antes de formar parte de ese grupo infernal que se empeña en joder al colectivo.
—Entonces, ¿qué pasa? —Hollis lo pregunta con cautela porque no sabe qué pensar al respecto.
La mayor de las amigas se toma unos segundos para serenarse. Melissa se acomoda en su silla y lo único que le falta es pedir al camarero un cuenco de palomitas.
—Ya sabes que me afectó mucho verte tan triste después de que Megan no quisiera saber más de ti —comienza la influencer—. Eso me llevó a buscar a Megan y como no estaba, acabé hablando con Natalie.
Al final, todo ocurrió tan rápido que Hollis y Brena nunca profundizaron sobre los preparativos de esa encerrona que le hicieron a ambas mujeres.
Luego los días sucedieron y la diseñadora no tuvo el ingenio de preguntar, la ilusión y las hormonas revolucionadas por tener una nueva oportunidad con la periodista hicieron que lo demás perdiera importancia.
La pequeña sonrisa que dibuja Brena confunde a Hollis, pero no dice nada, simplemente se queda en silencio, permitiendo que ella siga hablando.
—Los preparativos fueron un poco agónicos, no nos poníamos de acuerdo y Natalie puede ser muy cabezota —niega y se muerde el labio—, además de borde, claro, esa mujer puede llegar a ser muy insoportable.
—¿Te la has tirado? —Melissa alza tanto la voz que los comensales de las mesas cercanas se giran para mirarlas con los ojos muy abiertos. Más de uno pensará que lo que está ocurriendo es un drama lésbico con cuernos.
—Joder, ¿puedes bajar la voz? —pide Hollis azorada—. Déjala terminar.
La pelirroja hace un gesto con los dedos en sus labios de cremallera cerrándose. Hollis solo puede recordar cuando iban al colegio.
—No ha pasado nada entre ella y yo, pero... —Brena toma una bocanada de aire—, me encantaría que pase.
Lo que sucede a continuación es un pequeño desfile de expresiones cargadas de sorpresa. Melissa abre la boca y suelta cualquier cantidad de sonidos obscenos a la vez que Hollis simplemente está asombrada y no es capaz de decir una frase entera.
—Pero, ¿desde cuándo te atraen las mujeres? —logra preguntar la pelirroja—. Joder, al final seré la única aburrida incapaz de comerse un coño.
Sueltan una risa que las hace ver como tres chifladas y Brena no tarda en tomar la palabra.
—Nunca me lo había ni siquiera planteado, simplemente he empezado a sentirme cómoda hablando con ella —toma un sorbo de vino—.
El día de la cena, cuando vosotras salisteis corriendo de allí, la reserva ya estaba hecha.
Yo tenía muchas ganas de comer en ese restaurante así que se lo propuse sin pensarlo y acabamos teniendo una velada magnífica.
Brena suelta un suspiro y sus amigas pueden ver cómo se le empañan los ojos.
Melissa es la primera en cogerle una mano y sonreírle porque sabe perfectamente todo lo que sufrió cuando su hermano, el idiota de George, la dejó de esa forma tan asquerosa.
Brena se hundió tanto que pensó que jamás volvería a ser feliz y aunque definitivamente no necesita a nadie a su lado, verla ilusionada por alguien más le gusta.
—Fue raro —continúa la mujer—, porque fue como si estuviera hablando con una amiga, me sentía a gusto, pero con la diferencia de que a Natalie no dejaba de mirarle los labios. Me gustaba verla gesticular o fruncir el ceño cuando algo le descuadraba.
—¿Y qué vas a hacer? —quiere saber Hollis—. ¿Vais a volver a veros?
Brena se encoge de hombros.
—Hemos intercambiado alguna llamada, pero siempre con una excusa de por medio, al menos por mi parte. —Levanta ambas cejas—. Me gustaría invitarla a ese pequeño café que tiene la librería en la terraza de la calle Crosby porque sé que le gustan esos sitios.
Hollis respira al parecer el mismo aire que Brena en ese momento, esa ilusión que late debajo de la piel cuando te das cuenta de que te atrae alguien y te gustaría darte una oportunidad.
—El Cupido de Halloween le tocó de rebote a una por aquí —canturrea Melissa moviendo los hombros con gracia—. Espero que el año que viene me toque a mí también y en vez de un ladrón de poca monta, me toque un moreno con un buen poll...
—¿Cuándo vas a invitarla? —Hollis interrumpe la vulgaridad que Melissa pretendía soltar mientras la fulmina con la mirada.
Brena tuerce la boca y levanta la mirada al techo.
—No estoy muy segura —suspira—. Natalie puede ser muy ambigua y me cuesta bastante saber si realmente puede estar interesada.
La pelirroja agita la mano y toma la palabra. Todas en esa mesa temen lo que vaya a decir.
—Lánzate, Brena, y si al final esa mujer no quiere lo mismo que tú, al menos sabes que estás abierta a nuevas experiencias. Eres una mujer estupenda, inteligente y divertida, estoy segura de que cualquier persona estaría loca por tener una cita contigo.
Brena abre tanto los ojos que parece una caricatura famosa y Hollis la mira con exactamente la misma expresión. Melissa siempre ha sido eso, una caja de sorpresas, una descarada burlona que en segundos puede convertirse en el hombro cálido en el que llorar.
—Vaya —contesta la mayor con la voz estrangulada.
—Mi hermano es un capullo y aunque sé que te quiso mucho, lo que te hizo al final de vuestro matrimonio es imperdonable. —Melissa asiente para darle énfasis a su comentario—. Destrozó tu autoestima y te ha costado mucho llegar hasta aquí, así que si quieres esa cita, hazla posible.
La respuesta de Brena Sullivan es abrazar a su excuñada.
Hollis observa la escena con una sonrisa de orgullo y suspira sabiendo que tiene a las mejores amigas del mundo.
No puede quejarse, sus padres son fenomenales, el trabajo le va bien, vive en la ciudad que ama y ahora sale con la chica que le gusta.
Está pensando en Megan cuando su móvil vibra sobre la mesa y al cogerlo, el corazón le da un respingo.
Megan
Echo de menos tus besos.
Hollis aprieta los muslos con fuerza cuando siente esa pequeña vibración en su centro.
Hollis
Son todos para ti, solo dime adónde te los llevo.
Megan
🙂Me encanta que sean míos, espero reclamarlos pronto. ¿Tienes planes mañana por la noche?
La diseñadora se moja los labios mientras sus pulgares toquetean la pantalla.
Hollis
A partir de las cinco puedo ser toda tuya.
Megan
Entonces a las seis te recojo en tu casa, ¿te parece bien?
Hollis
Más que bien. Estoy deseando verte.
Megan
Entonces, hasta mañana, bonita.
—Por favor, que alguien le traiga un babero a esta mujer —farfulla Melissa y las tres mujeres rompen en una carcajada.
—Estás completamente perdida —dice Brena con gracia.
Hollis ladea la cabeza y sonríe.
—Al igual que lo estarás tú. Ya lo verás.
La morena le guiña un ojo y Brena se tensa. No está segura de que pueda ser así, pero ha leído eso de que estar con otra mujer es bastante más intenso y tan solo de ver el ejemplo que tiene frente a ella, siente un escalofrío muy bueno.